/ martes 7 de febrero de 2017

Cruzar, de una manera u otra

  • Trabajadores y estudiantes viven a diario en dos países
  • Actividades económicas  y escolares obligan a madrugar para evitar contratiempos

Joel Olea, Tribuna de San Luis

Para Ana Luisa y Regina, levantarse a las cuatro de la mañana todos los días para ir a la escuela es un verdadero reto, pues tienen que ganarle al tiempo y a las miles de personas que se concentran en el área peatonal del Puente de Entrada de San Luis y así poder cruzar a Estados Unidos.

Con el frío extremo característico de esta ciudad fronteriza, las hermanas siempre acuden en tiempo y forma; no obstante, la tarea se complica cuando otras personas que llegan en ese momento arbitrariamente se meten a las largas filas, sin importar que otros lleven formados un buen rato. En la desesperación se generan verdaderas avalanchas humanas, en las cuales los estudiantes de corta edad, incluidas Ana Luisa y Regina, corren el peligro de ser aplastados por la estampida. La madrugada cuenta la historia, el día desahoga el tumulto y con el sol pareciera desaparecer el alboroto. La fila de autos es un caso aparte.

Lunes, un día muy difícil

Alrededor de las 6:30 horas, una larga fila peatonal alcanza a llegar en ocasiones hasta la altura de las calles Segunda y Tercera, casi 200 metros; prácticamente se ve atiborrada por unas 2,000 personas, entre trabajadores agrícolas temporales, empleados y estudiantes, quienes en la prisa por cruzar y llegar a tiempo provocan estampidas humanas, poniendo en peligro a las personas.

La situación ha generado que incluso elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal acordonen en ocasiones el área de acceso peatonal del lado mexicano, separando a estudiantes y trabajadores para evitar catástrofes. Los jornaleros usualmente entran más temprano a sus lugares de trabajo, por lo que a su paso se descongestiona la zona de acceso.

Sin embargo, cuando los horarios entre agricultores y escolares se empalman, a pesar de contar con la vigilancia de elementos policíacos, la seguridad se ha visto rebasada por la muchedumbre: estampida, congestionamiento y caos.

  • Trabajadores y estudiantes viven a diario en dos países
  • Actividades económicas  y escolares obligan a madrugar para evitar contratiempos

Joel Olea, Tribuna de San Luis

Para Ana Luisa y Regina, levantarse a las cuatro de la mañana todos los días para ir a la escuela es un verdadero reto, pues tienen que ganarle al tiempo y a las miles de personas que se concentran en el área peatonal del Puente de Entrada de San Luis y así poder cruzar a Estados Unidos.

Con el frío extremo característico de esta ciudad fronteriza, las hermanas siempre acuden en tiempo y forma; no obstante, la tarea se complica cuando otras personas que llegan en ese momento arbitrariamente se meten a las largas filas, sin importar que otros lleven formados un buen rato. En la desesperación se generan verdaderas avalanchas humanas, en las cuales los estudiantes de corta edad, incluidas Ana Luisa y Regina, corren el peligro de ser aplastados por la estampida. La madrugada cuenta la historia, el día desahoga el tumulto y con el sol pareciera desaparecer el alboroto. La fila de autos es un caso aparte.

Lunes, un día muy difícil

Alrededor de las 6:30 horas, una larga fila peatonal alcanza a llegar en ocasiones hasta la altura de las calles Segunda y Tercera, casi 200 metros; prácticamente se ve atiborrada por unas 2,000 personas, entre trabajadores agrícolas temporales, empleados y estudiantes, quienes en la prisa por cruzar y llegar a tiempo provocan estampidas humanas, poniendo en peligro a las personas.

La situación ha generado que incluso elementos de la Dirección de Seguridad Pública Municipal acordonen en ocasiones el área de acceso peatonal del lado mexicano, separando a estudiantes y trabajadores para evitar catástrofes. Los jornaleros usualmente entran más temprano a sus lugares de trabajo, por lo que a su paso se descongestiona la zona de acceso.

Sin embargo, cuando los horarios entre agricultores y escolares se empalman, a pesar de contar con la vigilancia de elementos policíacos, la seguridad se ha visto rebasada por la muchedumbre: estampida, congestionamiento y caos.