/ martes 7 de febrero de 2017

El trayecto a EU cobra factura; asaltos, hambre, lesiones…

Velvet González, El Heraldo de Chihuahua

Los migrantes exponen su vida para conseguir el sueño americano; pasan días sin comer, duermen en la calle, deben trabajar de pueblo en pueblo en lo que sea con tal de seguir y llegan a tomar hasta 20 trenes durante su viaje.

Juan, oriundo de Honduras, relata que ha sido víctima de abusos por parte de personas que intentaron quitarle el poco dinero que logró traer consigo; además, señala, durante el trayecto ha tenido que soportar diversas lesiones en piernas y espalda al subirse a los trenes en movimiento. “Muchos no la libran, se caen y ahí se quedan; es feo ver eso, uno no puede hacer nada. Es triste, pero uno tiene que seguir el camino esperando llegar con bien”.

Además de viajar con gran riesgo y soportar las inclemencias del tiempo, deben soportar una fuerte carga emocional, pues generalmente viajan solos, aunque hay algunos que deciden emprender la aventura con al menos un amigo desde su lugar de origen.

“Es la única forma, hay que arriesgar, más que por uno por la familia que espera, porque en mi tierra no hay trabajo; estuve de jornalero algún tiempo hasta que el trabajo se acabó y aquí andamos, buscando una mejor oportunidad”, comparte Juan mientras bajo un puente toma un poco de café y comida que asociaciones civiles y vecinos de los diferentes puntos donde se encuentran llevan de manera altruista.

Pese a que los inmigrantes aceptan que durante su viaje sufren acoso y abuso, robos, extorsión, intimidación y amenazas, deciden continuar; incluso cuando lo han padecido una vez, están dispuestos a hacerlo de nueva cuenta, y ni la llegada de un presidente como Donald Trump los hará desistir de su sueño americano.

Velvet González, El Heraldo de Chihuahua

Los migrantes exponen su vida para conseguir el sueño americano; pasan días sin comer, duermen en la calle, deben trabajar de pueblo en pueblo en lo que sea con tal de seguir y llegan a tomar hasta 20 trenes durante su viaje.

Juan, oriundo de Honduras, relata que ha sido víctima de abusos por parte de personas que intentaron quitarle el poco dinero que logró traer consigo; además, señala, durante el trayecto ha tenido que soportar diversas lesiones en piernas y espalda al subirse a los trenes en movimiento. “Muchos no la libran, se caen y ahí se quedan; es feo ver eso, uno no puede hacer nada. Es triste, pero uno tiene que seguir el camino esperando llegar con bien”.

Además de viajar con gran riesgo y soportar las inclemencias del tiempo, deben soportar una fuerte carga emocional, pues generalmente viajan solos, aunque hay algunos que deciden emprender la aventura con al menos un amigo desde su lugar de origen.

“Es la única forma, hay que arriesgar, más que por uno por la familia que espera, porque en mi tierra no hay trabajo; estuve de jornalero algún tiempo hasta que el trabajo se acabó y aquí andamos, buscando una mejor oportunidad”, comparte Juan mientras bajo un puente toma un poco de café y comida que asociaciones civiles y vecinos de los diferentes puntos donde se encuentran llevan de manera altruista.

Pese a que los inmigrantes aceptan que durante su viaje sufren acoso y abuso, robos, extorsión, intimidación y amenazas, deciden continuar; incluso cuando lo han padecido una vez, están dispuestos a hacerlo de nueva cuenta, y ni la llegada de un presidente como Donald Trump los hará desistir de su sueño americano.