/ domingo 30 de abril de 2017

Pasó por Celaya el Viacrucis del Migrante

José Sánchez

Una docena de elementos del Ejército y otros diez policías federales no pudieron frenar el Viacrucis del Migrante conformado por un contingente de más de 500 indocumentados, que llegaron ayer a las vías y después de subir al tren lanzaron gritos de victoria y cantos sureños, sobre todo cuando los vagones iniciaron su lenta y pesada marcha con rumbo al norte.

Desde las diez de la mañana de ayer, empezaron a llegar cientos de migrantes a las vías que se encuentran a la altura de la colonia Las Américas, y entre los indocumentados se encontraban niños, señoras embarazadas, jovencitas y hombres de todas las edades que llevaban sobre los hombros cobijas y bolsas de comida.

A los pocos momentos, llegó una docena de soldados, y casi de inmediato unos diez policías federales, que no pudieron impedir que los contingentes subieran a los diez vagones que desde un día antes se encontraba estacionado con la máquina.

El operador de la máquina dijo que había dicho en repetidas ocasiones a los migrantes que el tren sólo iba a Bachoco, pero ni aun así desistieron de su propósito de viajar con rumbo al norte.

Por su parte, el migrante Víctor Samuel, de El Salvador, comentó que siempre les dicen que sólo van tras lomita, y les piden que se bajen, pero aseguró que eso es mentira y por tal motivo abordaron niños, señoras y hombres de todas las edades.

“Como dicen los mexicanos, siempre nos dicen “vamos tras lomita”, pero ese cuento ya lo sabemos, y todos empezaron a subir, incluso niños, niñas, señoras embarazadas y hombres de todos los lugares del sur”, comentó.

Antes de partir, afirmó que todos van con dirección a Guadalajara, y después trasbordan para tomar otro tren con rumbo al norte, y cruzar la frontera en busca del sueño americano.

Afirmó que salieron de Centro América en Semana Santa, como una caravana pacífica y como el Viacrucis del Migrante, pero en Celaya se han encontrado la peor oposición para ir al vecino país del norte, porque los policías los acusan de que llevan drogas, pero son mentiras.

“Venimos de El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Panamá. Salimos el ocho de abril; hemos caminado horas y horas, pero hemos llegado hasta aquí a pura fuerza de voluntad y gracias a la unión de todos los centroamericanos. Y vamos a seguir. No nos detendrá el hambre y ni el ejército, ni el calor y menos la policía federal”, dijo Elviro Rutio, otro de los migrantes, al momento en que empezó a arrancar la pesada máquina, mientras que en la parte superior de los vagones se expandió el grito de libertad, triunfo; y abajo, entre vías oxidadas, los serios e inmóviles soldados que fueron quedando solos bajo el sol del mediodía.

José Sánchez

Una docena de elementos del Ejército y otros diez policías federales no pudieron frenar el Viacrucis del Migrante conformado por un contingente de más de 500 indocumentados, que llegaron ayer a las vías y después de subir al tren lanzaron gritos de victoria y cantos sureños, sobre todo cuando los vagones iniciaron su lenta y pesada marcha con rumbo al norte.

Desde las diez de la mañana de ayer, empezaron a llegar cientos de migrantes a las vías que se encuentran a la altura de la colonia Las Américas, y entre los indocumentados se encontraban niños, señoras embarazadas, jovencitas y hombres de todas las edades que llevaban sobre los hombros cobijas y bolsas de comida.

A los pocos momentos, llegó una docena de soldados, y casi de inmediato unos diez policías federales, que no pudieron impedir que los contingentes subieran a los diez vagones que desde un día antes se encontraba estacionado con la máquina.

El operador de la máquina dijo que había dicho en repetidas ocasiones a los migrantes que el tren sólo iba a Bachoco, pero ni aun así desistieron de su propósito de viajar con rumbo al norte.

Por su parte, el migrante Víctor Samuel, de El Salvador, comentó que siempre les dicen que sólo van tras lomita, y les piden que se bajen, pero aseguró que eso es mentira y por tal motivo abordaron niños, señoras y hombres de todas las edades.

“Como dicen los mexicanos, siempre nos dicen “vamos tras lomita”, pero ese cuento ya lo sabemos, y todos empezaron a subir, incluso niños, niñas, señoras embarazadas y hombres de todos los lugares del sur”, comentó.

Antes de partir, afirmó que todos van con dirección a Guadalajara, y después trasbordan para tomar otro tren con rumbo al norte, y cruzar la frontera en busca del sueño americano.

Afirmó que salieron de Centro América en Semana Santa, como una caravana pacífica y como el Viacrucis del Migrante, pero en Celaya se han encontrado la peor oposición para ir al vecino país del norte, porque los policías los acusan de que llevan drogas, pero son mentiras.

“Venimos de El Salvador, Honduras, Nicaragua, Guatemala, Panamá. Salimos el ocho de abril; hemos caminado horas y horas, pero hemos llegado hasta aquí a pura fuerza de voluntad y gracias a la unión de todos los centroamericanos. Y vamos a seguir. No nos detendrá el hambre y ni el ejército, ni el calor y menos la policía federal”, dijo Elviro Rutio, otro de los migrantes, al momento en que empezó a arrancar la pesada máquina, mientras que en la parte superior de los vagones se expandió el grito de libertad, triunfo; y abajo, entre vías oxidadas, los serios e inmóviles soldados que fueron quedando solos bajo el sol del mediodía.