/ domingo 2 de febrero de 2020

Aguacate michoacano rompe récord en el Super Bowl

La mayor parte del fruto consumido por los estadounidenses es producido por jornaleros que tienen sueños

TANCÍTARO. Este año, Michoacán rompió un nuevo récord de exportación de aguacate con cargamentos superiores a las 140 toneladas del fruto, que serán consumidos principalmente en la LIV edición del superbowl de hoy.

La derrama económica para México y Michoacán, que deja la venta del fruto en Estados Unidos, supera también los cinco mil millones de dólares cada año.

La mayor parte del aguacate consumido por los estadounidenses en esta temporada es producido en Michoacán, por jornaleros como Benjamín que el único sueño que tienen es regresar a Estados Unidos.

El día comienza las 4:00 horas para Benjamín y su familia. Un café negro apurado y apenas jalar una chamarra rala, que estaba encima de la mesa. Benjamín piensa en el trayecto que hará con el fin de semana con la raya de 600 pesos que recibirá el sábado. Su decisión se debate entre ir a la feria de su pueblo y cenar unas enchiladas o comprar las cosas que necesita su hija recién nacida.

A lo lejos se escucha la voz grave de Cornelio, uno de los enganchadores de cortadores de aguacate que es más respetado entre los jornaleros porque, dicen, “nos consigue buena paga y a veces desayuno en las huertas”.

A más tardar a las 5:00 horas salen las desvencijadas camionetas de redilas hacia las huertas, repletas de jornaleros armados con sus garrochas y sus morrales. La mayoría son hombres jóvenes, de edades que van de los 13 a los 40 y tantos años y que han desarrollado en manos y pies la fuerza y aspereza suficiente para trepar a mano limpia árboles de más de 20 metros de alto. Cornelio escogerá a los jornaleros más fuertes.

Al llegar a la huerta – en este caso del Cerro de la Vaina- bajan con el ánimo dispuesto y con prisa para empujar un taco de carnitas, más café y un poco de agua. El desayuno no dura más de 15 minutos y algunos se quejan de que el patrón ha mandado quitar el salón que usaban como comedor-vestidor.

“¡Miré, lo tiene cerrado con candado desde hace meses; por lo menos ahí podíamos calentar el agua para café y cambiarnos sin sentir frío!”, señala un cortador que se quita los zapatos para ponerse unas botas con goma especial para trepar los árboles.

Antes de unirse a la cuadrilla que les corresponde, pasan a limpiarse brazos, cara y garrochas, con un líquido especial que incluye agua, cloro y otros químicos según explica Mayra, la ingeniera agrónomo que está supervisando hoy la huerta.

Las ramas de los árboles de aguacate se cubren de una capa de lama verde en tiempo de lluvia y frío. Esa lama las vuelve letales para los cortadores que tienen que trepar a mano limpia a las copas más altas para alcanzar y cortar el mejor fruto.

Los cortadores de aguacate no llevan más protección que sus manos. Resbalan una y otra vez durante el ascenso, pero vuelven a aferrarse con destreza, desarrollando un sexto sentido del peligro.

No miran hacia abajo. Han aprendido mejor a poner la mirada en lo alto y concentrarse en el cálculo de las distancias.

En los morrales de tela que ellos mismos fabrican, los cortadores de aguacate, llegan a recolectar hasta 10 kilos del fruto antes de bajarse de las alturas. Es el caso de Benjamín de 24 años de edad, padre de dos niños, quien trabaja en las huertas hace tres años cuando regresó del otro lado y ya no pudo cruzar.

Ahora, piensa cada vez más en cómo regresar a Estados Unidos pese a las restricciones.

TANCÍTARO. Este año, Michoacán rompió un nuevo récord de exportación de aguacate con cargamentos superiores a las 140 toneladas del fruto, que serán consumidos principalmente en la LIV edición del superbowl de hoy.

La derrama económica para México y Michoacán, que deja la venta del fruto en Estados Unidos, supera también los cinco mil millones de dólares cada año.

La mayor parte del aguacate consumido por los estadounidenses en esta temporada es producido en Michoacán, por jornaleros como Benjamín que el único sueño que tienen es regresar a Estados Unidos.

El día comienza las 4:00 horas para Benjamín y su familia. Un café negro apurado y apenas jalar una chamarra rala, que estaba encima de la mesa. Benjamín piensa en el trayecto que hará con el fin de semana con la raya de 600 pesos que recibirá el sábado. Su decisión se debate entre ir a la feria de su pueblo y cenar unas enchiladas o comprar las cosas que necesita su hija recién nacida.

A lo lejos se escucha la voz grave de Cornelio, uno de los enganchadores de cortadores de aguacate que es más respetado entre los jornaleros porque, dicen, “nos consigue buena paga y a veces desayuno en las huertas”.

A más tardar a las 5:00 horas salen las desvencijadas camionetas de redilas hacia las huertas, repletas de jornaleros armados con sus garrochas y sus morrales. La mayoría son hombres jóvenes, de edades que van de los 13 a los 40 y tantos años y que han desarrollado en manos y pies la fuerza y aspereza suficiente para trepar a mano limpia árboles de más de 20 metros de alto. Cornelio escogerá a los jornaleros más fuertes.

Al llegar a la huerta – en este caso del Cerro de la Vaina- bajan con el ánimo dispuesto y con prisa para empujar un taco de carnitas, más café y un poco de agua. El desayuno no dura más de 15 minutos y algunos se quejan de que el patrón ha mandado quitar el salón que usaban como comedor-vestidor.

“¡Miré, lo tiene cerrado con candado desde hace meses; por lo menos ahí podíamos calentar el agua para café y cambiarnos sin sentir frío!”, señala un cortador que se quita los zapatos para ponerse unas botas con goma especial para trepar los árboles.

Antes de unirse a la cuadrilla que les corresponde, pasan a limpiarse brazos, cara y garrochas, con un líquido especial que incluye agua, cloro y otros químicos según explica Mayra, la ingeniera agrónomo que está supervisando hoy la huerta.

Las ramas de los árboles de aguacate se cubren de una capa de lama verde en tiempo de lluvia y frío. Esa lama las vuelve letales para los cortadores que tienen que trepar a mano limpia a las copas más altas para alcanzar y cortar el mejor fruto.

Los cortadores de aguacate no llevan más protección que sus manos. Resbalan una y otra vez durante el ascenso, pero vuelven a aferrarse con destreza, desarrollando un sexto sentido del peligro.

No miran hacia abajo. Han aprendido mejor a poner la mirada en lo alto y concentrarse en el cálculo de las distancias.

En los morrales de tela que ellos mismos fabrican, los cortadores de aguacate, llegan a recolectar hasta 10 kilos del fruto antes de bajarse de las alturas. Es el caso de Benjamín de 24 años de edad, padre de dos niños, quien trabaja en las huertas hace tres años cuando regresó del otro lado y ya no pudo cruzar.

Ahora, piensa cada vez más en cómo regresar a Estados Unidos pese a las restricciones.

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