/ sábado 24 de junio de 2017

Folclor árabe y ruso ambientará los conciertos de la OECCh

Obras de Glinka y Rimski-Kórsakov integran el programa musical que la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh) interpretará en el cierre de este primer semestre, en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes, en el que un halo árabe y de folclor ruso se extenderá por todo el recinto.

Bajo el título Sheherezade, la orquesta realizará dos presentaciones que tendrán como director invitado a José Guadalupe Flores, quien será el encargado de conducir a los jóvenes músicos por las líneas musicales que marcan las obras de Mijaíl Ivanovich Glinka, inspiración del grupo de Los Cinco -camarilla de compositores cuyo propósito fue crear obras musicales que exacerbaran el nacionalismo ruso- y de Nikolai Rimski-Kórsakov, miembro de este círculo.

Kamarinskaya, escrita en 1849 por Glinka, será la primera obra a interpretar por la OECCh. Se trata de una fantasía orquestal que tiempo después influyó en el grupo de Los Cinco para que basaran sus obras en melodías folclóricas y que, en opinión del musicólogo estadounidense Richard Taruskin, es una melodía de danza rápida, por sus longitudes de frase que se juegan en un sinfín de variaciones.

En Rusia, dicha obra suele acompañar un baile en cuclillas a menudo llamado Kazatsky -asociado de manera romántica a los cosacos, pastores o guerreros de una comunidad establecida en las estepas del sur de Rusia en el siglo XV- y es interpretada tradicionalmente por un violinista o un ejecutante de balalika. De hecho la pieza es tan popular que varias veces es referida en la literatura rusa, por ejemplo en Recuerdos de la casa de los muertos (1862) de Fiódor Dostoyevski.

Además y para no menguar el halo árabe, ni el de la música rusa, la OECCh interpretará Sheherezade, suite sinfónica compuesta en 1888 por Nikolai Rimski-Kórsakov, obra inspirada en el libro Las mil y una noches.

En este sentido, es importante señalar que Sheherezade no es una obra programática, de hecho el compositor siempre se pronunció para evitarlo, pues negó que los personajes evolucionaban claramente dentro de la obra musical, tal y cómo lo redactó en su libro Crónicas de mi vida musical (o Diario de mi vida musical).

“Es en vano buscar leitmotivs siempre vinculados a tales imágenes. Por el contrario, en la mayoría de los casos, todos estos aparentes leitmotivs no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando cada vez distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden cada vez a imágenes y cuadros diferentes”.

Al ser una obra tan popular, el público puede escuchar algunos fragmentos de ésta, en las bandas sonoras de películas como Lost in a Harem (1935) de Charles Reisner, A clockworkorange (1971) de Stanley Kubrick; Simbad e ilcaliffo di Bagdad (1973) de Pietro Francisci, y Nizhinski (1980) de Herbert Ross, entre otras más.

Obras de Glinka y Rimski-Kórsakov integran el programa musical que la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh) interpretará en el cierre de este primer semestre, en el Auditorio Blas Galindo del Centro Nacional de las Artes, en el que un halo árabe y de folclor ruso se extenderá por todo el recinto.

Bajo el título Sheherezade, la orquesta realizará dos presentaciones que tendrán como director invitado a José Guadalupe Flores, quien será el encargado de conducir a los jóvenes músicos por las líneas musicales que marcan las obras de Mijaíl Ivanovich Glinka, inspiración del grupo de Los Cinco -camarilla de compositores cuyo propósito fue crear obras musicales que exacerbaran el nacionalismo ruso- y de Nikolai Rimski-Kórsakov, miembro de este círculo.

Kamarinskaya, escrita en 1849 por Glinka, será la primera obra a interpretar por la OECCh. Se trata de una fantasía orquestal que tiempo después influyó en el grupo de Los Cinco para que basaran sus obras en melodías folclóricas y que, en opinión del musicólogo estadounidense Richard Taruskin, es una melodía de danza rápida, por sus longitudes de frase que se juegan en un sinfín de variaciones.

En Rusia, dicha obra suele acompañar un baile en cuclillas a menudo llamado Kazatsky -asociado de manera romántica a los cosacos, pastores o guerreros de una comunidad establecida en las estepas del sur de Rusia en el siglo XV- y es interpretada tradicionalmente por un violinista o un ejecutante de balalika. De hecho la pieza es tan popular que varias veces es referida en la literatura rusa, por ejemplo en Recuerdos de la casa de los muertos (1862) de Fiódor Dostoyevski.

Además y para no menguar el halo árabe, ni el de la música rusa, la OECCh interpretará Sheherezade, suite sinfónica compuesta en 1888 por Nikolai Rimski-Kórsakov, obra inspirada en el libro Las mil y una noches.

En este sentido, es importante señalar que Sheherezade no es una obra programática, de hecho el compositor siempre se pronunció para evitarlo, pues negó que los personajes evolucionaban claramente dentro de la obra musical, tal y cómo lo redactó en su libro Crónicas de mi vida musical (o Diario de mi vida musical).

“Es en vano buscar leitmotivs siempre vinculados a tales imágenes. Por el contrario, en la mayoría de los casos, todos estos aparentes leitmotivs no son más que materiales puramente musicales para el desarrollo sinfónico. Estos motivos pasan y se extienden por toda la obra, uniéndose sucesivamente y entrelazándose. Aparecen cada vez bajo diferente luz, mostrando cada vez distintas características y expresando nuevas situaciones, y corresponden cada vez a imágenes y cuadros diferentes”.

Al ser una obra tan popular, el público puede escuchar algunos fragmentos de ésta, en las bandas sonoras de películas como Lost in a Harem (1935) de Charles Reisner, A clockworkorange (1971) de Stanley Kubrick; Simbad e ilcaliffo di Bagdad (1973) de Pietro Francisci, y Nizhinski (1980) de Herbert Ross, entre otras más.