/ miércoles 5 de octubre de 2016

Visita el Papa Francisco a Amatrice, pueblo devastado por terremoto

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Es difícil para un personaje mundialmente célebre como el jefe de la Iglesia católica, visitar en privado una localidad sin la presencia de fotógrafos y camarógrafos. Sin embargo, el papa Francisco lo logró en parte en su imprevista visita, ayer, a algunos de los pueblos del centro de Italia devastados por el terremoto de 6.1 grados del pasado 24 de agosto, que provocó 298 muertos, 388 heridos y más de 4 mil damnificados.

Dos días antes, durante el vuelo de regreso del Cáucaso, Francisco no dijo cuándo habría realizado la visita, precisando únicamente que quería hacerlo “en privado, solo, como sacerdote, como obispo y como Papa, pero solo”. Y así fue, con excepción de miembros de la seguridad vaticana y unos cuantos prelados. Poquísimos lo sabían, incluyendo a algunos medios de comunicación, en particular la televisión.

De todos modos, no obstante su deseo, Francisco fue inmortalizado por los fotógrafos durante sus recorridos en los pueblos de Amatrice, Accumoli y Arquata del Tronto, entre los más afectados por el sismo.

Bergoglio se encontró con los obispos locales, estudiantes y numerosas personas que todavía viven en las tiendas de campaña y con cada uno tuvo palabras de aliento y cercanía. También agradeció a los bomberos, con quienes quiso tomarse una fotografía, por su valiosa labor también en el rescate de centenares de personas aún vivas debajo de las casas y edificios derrumbados. Todos estaban sorprendidos por la imprevista visita del Papa.

“No vine antes porque no quería crear problemas considerando sus condiciones. No quería causar molestias. Vine solamente para demostrarles mi cercanía y mi oración por todos ustedes, las víctimas y sus familiares... Esta es mi oferta”, dijo el Pontífice argentino, que significativamente eligió el día de ayer, la fiesta de San Francisco, de quien tomó el nombre, para visitar las zonas devastadas. Bergoglio rezó el Ave María en medio de la gente a la que exhortó a “ir adelante”. “Siempre hay un futuro –subrayó-, oremos a la Virgen por los seres queridos que nos han dejado, que cayeron aquí debajo de los escombros y que ahora están en el cielo...”.

En Amatrice quiso caminar solo, en silencio, en medio de piedras, escombros y los pocos edificios aun en pie, mudos y trágicos testimonios de la tragedia del 24 de agosto a las 3:36 de la madrugada. En Accumoli también rezó ante la Iglesia destruida. Numerosas fueron las manos que estrechó y las personas que abrazó, para cada una de las cuales tuvo palabras de consuelo.

Poco antes de emprender en automóvil su viaje de regreso a Roma, Francisco experimentó personalmente un temblor de 3.6 grados (una más de las miles y miles de réplicas que se siguen registrando, más de un mes después del sismo).

CIUDAD DEL VATICANO. (OEM-Informex).- Es difícil para un personaje mundialmente célebre como el jefe de la Iglesia católica, visitar en privado una localidad sin la presencia de fotógrafos y camarógrafos. Sin embargo, el papa Francisco lo logró en parte en su imprevista visita, ayer, a algunos de los pueblos del centro de Italia devastados por el terremoto de 6.1 grados del pasado 24 de agosto, que provocó 298 muertos, 388 heridos y más de 4 mil damnificados.

Dos días antes, durante el vuelo de regreso del Cáucaso, Francisco no dijo cuándo habría realizado la visita, precisando únicamente que quería hacerlo “en privado, solo, como sacerdote, como obispo y como Papa, pero solo”. Y así fue, con excepción de miembros de la seguridad vaticana y unos cuantos prelados. Poquísimos lo sabían, incluyendo a algunos medios de comunicación, en particular la televisión.

De todos modos, no obstante su deseo, Francisco fue inmortalizado por los fotógrafos durante sus recorridos en los pueblos de Amatrice, Accumoli y Arquata del Tronto, entre los más afectados por el sismo.

Bergoglio se encontró con los obispos locales, estudiantes y numerosas personas que todavía viven en las tiendas de campaña y con cada uno tuvo palabras de aliento y cercanía. También agradeció a los bomberos, con quienes quiso tomarse una fotografía, por su valiosa labor también en el rescate de centenares de personas aún vivas debajo de las casas y edificios derrumbados. Todos estaban sorprendidos por la imprevista visita del Papa.

“No vine antes porque no quería crear problemas considerando sus condiciones. No quería causar molestias. Vine solamente para demostrarles mi cercanía y mi oración por todos ustedes, las víctimas y sus familiares... Esta es mi oferta”, dijo el Pontífice argentino, que significativamente eligió el día de ayer, la fiesta de San Francisco, de quien tomó el nombre, para visitar las zonas devastadas. Bergoglio rezó el Ave María en medio de la gente a la que exhortó a “ir adelante”. “Siempre hay un futuro –subrayó-, oremos a la Virgen por los seres queridos que nos han dejado, que cayeron aquí debajo de los escombros y que ahora están en el cielo...”.

En Amatrice quiso caminar solo, en silencio, en medio de piedras, escombros y los pocos edificios aun en pie, mudos y trágicos testimonios de la tragedia del 24 de agosto a las 3:36 de la madrugada. En Accumoli también rezó ante la Iglesia destruida. Numerosas fueron las manos que estrechó y las personas que abrazó, para cada una de las cuales tuvo palabras de consuelo.

Poco antes de emprender en automóvil su viaje de regreso a Roma, Francisco experimentó personalmente un temblor de 3.6 grados (una más de las miles y miles de réplicas que se siguen registrando, más de un mes después del sismo).