/ lunes 3 de abril de 2017

Educación, la vía para evitar éxodos

  • Jóvenes parten en busca de oportunidades y progreso, pero siempre hay quien decide buscarlos en casa

Óscar Tapia, El Sol de Morelia

La llegada de la telesecundaria y del bachillerato en la modalidad de educación a distancia ha empezado a permear en el criterio de algunos jóvenes; no muchos, pero sí tres o cuatro que ya no ven a Estados Unidos como la única opción para salir adelante, para desarrollarse, para evolucionar, se percibe en el pueblo michoacano de Curimeo, de larga data en el tema migratorio.

Tal es el caso de Gabriela Bribiesca Acosta, de 16 años, quien cursa el cuarto semestre de preparatoria: “la migración se da porque aquí no hay trabajo, es muy poco, pero es muy mal pagado; mi papá se va a Zamora a las faenas al empaque de fresa. Yo quiero estudiar, quiero tener una carrera, pero aún no sabemos si podré, porque la situación económica es muy difícil. Casi todos los jóvenes que vienen de allá traen otra manera de pensar, vienen con otras ideas; tienen otra forma de ser, se visten diferente, y los de aquí quieren imitarlos en la ropa y en el comportamiento”.

Martín López Orozco es un joven que está decidido a no seguir el camino de su papá, a quien ve solamente unos cuantos días al año. “Mi jefe todo el tiempo está en Estados Unidos trabajando para mantenemos, viene dos o tres semanas por año”.

El caso de Martín es singular, él ha cultivado la idea de hacer carrera en nuestro país: “No pienso irme a Estados Unidos, creo que también aquí hay mucho en qué trabajar. Yo quiero estudiar para ser militar de carrera. Quiero ser alguien importante para poner en alto el nombre de Curimeo”.

Le duele, le cala hondo el fenómeno de la discriminación juvenil: “Las muchachas de aquí no nos prefieren, ellas lo que buscan son los papeles de los que vienen de allá. Las mujeres prefieren a los que vienen de Estados Unidos, pero yo no voy a irme a trabajarle a los gringos, yo voy a estudiar, voy a ser militar”. No todos piensan igual Lo que vive Abel López Pérez es diferente: “No estudio porque mi mamá no tiene para ayudarme. Trabajo en lo que me ocupan, pintando, cortando zacate, en lo que sea; me ofrezco puerta por puerta, casa por casa. A mí sí me gustaría irme para el otro lado, allá hay mejor vida que aquí. Se gana más que acá, pero uno tiene que pagar renta y todo. Los norteños viven mejor que uno. Les he dicho a mis tíos que me ayuden, pero no pueden porque también tienen gastos”. Paliativos para el problema Lo desalentador es que no se ven visos de solución. No se le ven porque es un pueblo al que las autoridades tienen en el total olvido y abandono, al que solamente recuerdan los partidos políticos en horas electorales, al que cuando mucho le mandan ‘mejoralitos’ para sus cánceres, sobaditas de lomo para sus gangrenas sociales.

  • Jóvenes parten en busca de oportunidades y progreso, pero siempre hay quien decide buscarlos en casa

Óscar Tapia, El Sol de Morelia

La llegada de la telesecundaria y del bachillerato en la modalidad de educación a distancia ha empezado a permear en el criterio de algunos jóvenes; no muchos, pero sí tres o cuatro que ya no ven a Estados Unidos como la única opción para salir adelante, para desarrollarse, para evolucionar, se percibe en el pueblo michoacano de Curimeo, de larga data en el tema migratorio.

Tal es el caso de Gabriela Bribiesca Acosta, de 16 años, quien cursa el cuarto semestre de preparatoria: “la migración se da porque aquí no hay trabajo, es muy poco, pero es muy mal pagado; mi papá se va a Zamora a las faenas al empaque de fresa. Yo quiero estudiar, quiero tener una carrera, pero aún no sabemos si podré, porque la situación económica es muy difícil. Casi todos los jóvenes que vienen de allá traen otra manera de pensar, vienen con otras ideas; tienen otra forma de ser, se visten diferente, y los de aquí quieren imitarlos en la ropa y en el comportamiento”.

Martín López Orozco es un joven que está decidido a no seguir el camino de su papá, a quien ve solamente unos cuantos días al año. “Mi jefe todo el tiempo está en Estados Unidos trabajando para mantenemos, viene dos o tres semanas por año”.

El caso de Martín es singular, él ha cultivado la idea de hacer carrera en nuestro país: “No pienso irme a Estados Unidos, creo que también aquí hay mucho en qué trabajar. Yo quiero estudiar para ser militar de carrera. Quiero ser alguien importante para poner en alto el nombre de Curimeo”.

Le duele, le cala hondo el fenómeno de la discriminación juvenil: “Las muchachas de aquí no nos prefieren, ellas lo que buscan son los papeles de los que vienen de allá. Las mujeres prefieren a los que vienen de Estados Unidos, pero yo no voy a irme a trabajarle a los gringos, yo voy a estudiar, voy a ser militar”. No todos piensan igual Lo que vive Abel López Pérez es diferente: “No estudio porque mi mamá no tiene para ayudarme. Trabajo en lo que me ocupan, pintando, cortando zacate, en lo que sea; me ofrezco puerta por puerta, casa por casa. A mí sí me gustaría irme para el otro lado, allá hay mejor vida que aquí. Se gana más que acá, pero uno tiene que pagar renta y todo. Los norteños viven mejor que uno. Les he dicho a mis tíos que me ayuden, pero no pueden porque también tienen gastos”. Paliativos para el problema Lo desalentador es que no se ven visos de solución. No se le ven porque es un pueblo al que las autoridades tienen en el total olvido y abandono, al que solamente recuerdan los partidos políticos en horas electorales, al que cuando mucho le mandan ‘mejoralitos’ para sus cánceres, sobaditas de lomo para sus gangrenas sociales.