/ viernes 13 de octubre de 2017

19 de septiembre, otra vez

Por Patricia Ortiz Couturier

Otra vez tembló la tierra un 19 de septiembre. Cayeron edificios y casas nuevamente, pero también se cuartearon las estructuras tradicionales del poder como hace 32 años. Otra vez ocurrió una desgracia, cientos murieron aplastados debajo de los escombros de inmuebles construidos al amparo de la corrupción y los negocios de funcionarios venales.

Pero de nueva cuenta apareció la esperanza: miles de jóvenes sin mayor interés que el de ayudar a salvar vidas inundaron las zonas del desastre con su voluntad, su energía y su amor por la gente, por la vida.

La sociedad rebasó al Estado, como en el 85. Se movió más rápido, con más decisión y sensibilidad. Las autoridades y las instituciones, como en el pasado, como muchas veces, como en muchas tragedias, llegaron tarde, y en algunos casos, a obstaculizar las labores de rescate.

De los escombros y las cenizas resurge lo mejor de nosotros: la entrega, el sacrificio, la juventud. ¿Qué sigue?

Es momento de hacerle justicia a las víctimas, a sus familias, a los damnificados. Hay que establecer responsabilidades. Debe investigarse, debe indagarse. ¿Por qué el INVEA no clausuró El Colegio Rébsamen teniendo una denuncia ciudadana sobre violación a su uso de suelo? ¿Por qué en la delegación Benito Juárez colapsaron inmuebles nuevos avalados por las actuales autoridades? ¿Por qué en Coyoacán cayeron los edificios de Girasoles y Calzada de Tlalpan y no hay ninguna información pública sobre ello?

Debe haber transparencia, responsabilidades y justicia.

Y sobre esa base debe comenzar la reconstrucción. La reconstrucción como responsabilidad pública, con recursos amplios y suficientes. La reconstrucción para ayudar a los damnificados, no a banqueros usureros. La reconstrucción con respeto al arraigo, para que la gente siga viviendo en el mismo lugar donde vivía y no sea enviada a las orillas del Estado de México. La reconstrucción con participación social, incluyendo en su diseño a los propios damnificados y a sus organizaciones ciudadanas y vecinales, en una suerte de creación del hábitat social.

Este proceso debe abarcar a toda la Ciudad. No sólo en Cuauhtémoc y Benito Juárez. También en Contreras, Xochimilco, Iztapalapa y Tlahuac. Hay edificios caídos, pero también casas. Hay colonias afectadas, pero también pueblos y barrios. Hay familias de clase media que perdieron su patrimonio, y también hay familias muy pobres que están viviendo en las calles.

La generación que salió a las calles, debe reapropiarse del espacio público, de participar y vigilar el proceso de reconstrucción de la Ciudad de México y de todo el país. Es responsabilidad de esta generación no descansar hasta que las familias afectadas tengan un lugar digno para reconstruir su vida. Otra vez, como lo hicieron los jóvenes en 1985. Pero tampoco podemos aceptar que se normalice la ausencia del gobierno en prácticamente todos sus niveles.

Por Patricia Ortiz Couturier

Otra vez tembló la tierra un 19 de septiembre. Cayeron edificios y casas nuevamente, pero también se cuartearon las estructuras tradicionales del poder como hace 32 años. Otra vez ocurrió una desgracia, cientos murieron aplastados debajo de los escombros de inmuebles construidos al amparo de la corrupción y los negocios de funcionarios venales.

Pero de nueva cuenta apareció la esperanza: miles de jóvenes sin mayor interés que el de ayudar a salvar vidas inundaron las zonas del desastre con su voluntad, su energía y su amor por la gente, por la vida.

La sociedad rebasó al Estado, como en el 85. Se movió más rápido, con más decisión y sensibilidad. Las autoridades y las instituciones, como en el pasado, como muchas veces, como en muchas tragedias, llegaron tarde, y en algunos casos, a obstaculizar las labores de rescate.

De los escombros y las cenizas resurge lo mejor de nosotros: la entrega, el sacrificio, la juventud. ¿Qué sigue?

Es momento de hacerle justicia a las víctimas, a sus familias, a los damnificados. Hay que establecer responsabilidades. Debe investigarse, debe indagarse. ¿Por qué el INVEA no clausuró El Colegio Rébsamen teniendo una denuncia ciudadana sobre violación a su uso de suelo? ¿Por qué en la delegación Benito Juárez colapsaron inmuebles nuevos avalados por las actuales autoridades? ¿Por qué en Coyoacán cayeron los edificios de Girasoles y Calzada de Tlalpan y no hay ninguna información pública sobre ello?

Debe haber transparencia, responsabilidades y justicia.

Y sobre esa base debe comenzar la reconstrucción. La reconstrucción como responsabilidad pública, con recursos amplios y suficientes. La reconstrucción para ayudar a los damnificados, no a banqueros usureros. La reconstrucción con respeto al arraigo, para que la gente siga viviendo en el mismo lugar donde vivía y no sea enviada a las orillas del Estado de México. La reconstrucción con participación social, incluyendo en su diseño a los propios damnificados y a sus organizaciones ciudadanas y vecinales, en una suerte de creación del hábitat social.

Este proceso debe abarcar a toda la Ciudad. No sólo en Cuauhtémoc y Benito Juárez. También en Contreras, Xochimilco, Iztapalapa y Tlahuac. Hay edificios caídos, pero también casas. Hay colonias afectadas, pero también pueblos y barrios. Hay familias de clase media que perdieron su patrimonio, y también hay familias muy pobres que están viviendo en las calles.

La generación que salió a las calles, debe reapropiarse del espacio público, de participar y vigilar el proceso de reconstrucción de la Ciudad de México y de todo el país. Es responsabilidad de esta generación no descansar hasta que las familias afectadas tengan un lugar digno para reconstruir su vida. Otra vez, como lo hicieron los jóvenes en 1985. Pero tampoco podemos aceptar que se normalice la ausencia del gobierno en prácticamente todos sus niveles.