/ viernes 18 de noviembre de 2016

Sin Gafete

  • Isabel Arvide
  • Las residencias oficiales
  • De Baja California Sur a Quintana Roo, pasando por Los Pinos

¿Cuántos gobernadores pululan por pisos de madera, escaleras de mármol, lujosas tinas y cortinas de seda sin pagar un peso?  Las “casas de gobierno” son una tradición que debería ser revisada con ojos de modernidad, con mentalidad de “cuenta chiles”.

Lo cierto es que se aprovechan.  Que bajo la costumbre, se esconden los excesos.

Y entre ellos, bajo las siglas PAN-PRD, el peor el de Quintana Roo, que a decir del secretario de Gobierno, Francisco López Mena, se ha mandado “remodelar” la casa oficial para que sea “más cómoda”.

Carlos Joaquín, según estas declaraciones: “decidió que algunas cosas las prefiere más cómodas para su estilo de vida”.  ¿Cuáles pueden ser estas “comodidades” en una casa oficial, con cinco recamaras, tres salas, otros tantos comedores, oficinas, alberca, cocina, cancha de tenis y palapa para eventos oficiales… además de estacionamiento para veinte vehículos?

Una casa, la de Chetumal, que nos cuesta alrededor de 500 mil pesos mensuales.

¿Dónde está la austeridad?  ¿Cómo entender remodelaciones de varios cientos de miles de pesos a una casa “prestada”?

Las casas de Gobierno surgieron porque muchos gobernadores, a principios del siglo pasado, no tenían residencia en donde eran electos.  Otro tanto sucede con Carlos Joaquín, que no vivió nunca en Chetumal.  La “residencia oficial” de los gobernadores que mandaban al entonces territorio de Quintana Roo, era el tercer piso del “palacio de gobierno”.  Ahí vivió Jesús Martínez Ross.

Y por la construcción de la casa de gobierno, vecina de los terrenos donde se construiría años después la universidad del Estado, hubo un divorcio que escandalizó a la sociedad de hace casi cuarenta años.  Esto porque la esposa de Jesús Martínez Ross, gobernador, se acompañaba de la esposa de Pedro Joaquín, secretario de gobierno, a Miami donde compraron los muebles respectivos.  Quien se encargó de la decoración fue el mismo arquitecto que la construyó… y ahí surgió el romance entre la señora Joaquín y el que después sería su marido.

Al final de su gobierno, Mario Villanueva Madrid se construyó una casa mejor que la oficial, en su “rancho” llamado El Mostrenco, a poca distancia de ésta.  Ahí tuvo un aviario igual al del Zoológico de San Diego, California. Casa que la PGR le devolvió a su esposa, y cuyo mantenimiento pagaron gobernadores priistas en turno.

También en 1974, al convertirse Baja California Sur en Estado, el Gobierno federal les regaló la residencia de “descanso” del presidente Miguel Alemán, construida en 1948, para que ahí viviese el gobernador.  Apodada “El Caimancito”, por el nombre de la playa donde se encuentra, después de una renovación de más de 50 millones el sexenio pasado, se utiliza para eventos oficiales.  El actual gobernador, Carlos Mendoza Davis, prefirió no habitarla.

Una casa maravillosa, con una vista privilegiada, que conocí precisamente de la mano de su padre, Ángel Cesar Mendoza Aramburú, el primer gobernador constitucional.

Hoy los niños llegan a la playa de esa “casa oficial” todos los fines de semana…

¿Cuánto nos cuestan Los Pinos?  Paradójicamente, fue Lázaro Cárdenas quien comenzó la costumbre de vivir en la actual casa presidencial.  Justo por no querer vivir en el Castillo de Chapultepec.  La casa, conocida en sus orígenes como “Rancho la Hormiga”, ha sufrido múltiples transformaciones.  Hay que imaginar, con tantos aumentos, los cientos de miles de pesos que se pagan por concepto de luz.

El presidente, priísta, Adolfo López Mateos ha sido el único que no ha vivido en Los Pinos, siempre prefirió su casa de San Jerónimo.

¿Por qué debemos pagar los gastos de un gobernador o de un mandatario? ¿Por qué no pueden vivir en su propia casa?  Ya vimos los excesos innombrables de la “Casa Veracruz” donde vivió Javier Duarte, a la que el gobernador Fidel Herrera le construyó un “cine” para mayor diversión.

¿Queremos tener gobernadores tan ricos, tan acostumbrados a una vida de lujos, que optan por remodelar lo que ya de por sí es lujoso y muy ostentoso?  ¿Para qué querrá cambiar los excusados Carlos Joaquín? ¿Serán de oro y plata? ¿Cuáles son las “necesidades personales” del gobernador?  Aseveró el secretario de gobierno: “… algunas cosas las prefiere más cómodas para su estilo de vida… se trata de una decisión muy personal sobre una casa que hereda… con recursos propios”.

Pensar que su padre vivió en una casa modesta, sin dejar de ir a la tienda cada día…

En Tuiter: @isabelarvide

Blog: EstadoMayor.mx

Blog: CambioQRR.com

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¿Cuántos gobernadores pululan por pisos de madera, escaleras de mármol, lujosas tinas y cortinas de seda sin pagar un peso?  Las “casas de gobierno” son una tradición que debería ser revisada con ojos de modernidad, con mentalidad de “cuenta chiles”.

Lo cierto es que se aprovechan.  Que bajo la costumbre, se esconden los excesos.

Y entre ellos, bajo las siglas PAN-PRD, el peor el de Quintana Roo, que a decir del secretario de Gobierno, Francisco López Mena, se ha mandado “remodelar” la casa oficial para que sea “más cómoda”.

Carlos Joaquín, según estas declaraciones: “decidió que algunas cosas las prefiere más cómodas para su estilo de vida”.  ¿Cuáles pueden ser estas “comodidades” en una casa oficial, con cinco recamaras, tres salas, otros tantos comedores, oficinas, alberca, cocina, cancha de tenis y palapa para eventos oficiales… además de estacionamiento para veinte vehículos?

Una casa, la de Chetumal, que nos cuesta alrededor de 500 mil pesos mensuales.

¿Dónde está la austeridad?  ¿Cómo entender remodelaciones de varios cientos de miles de pesos a una casa “prestada”?

Las casas de Gobierno surgieron porque muchos gobernadores, a principios del siglo pasado, no tenían residencia en donde eran electos.  Otro tanto sucede con Carlos Joaquín, que no vivió nunca en Chetumal.  La “residencia oficial” de los gobernadores que mandaban al entonces territorio de Quintana Roo, era el tercer piso del “palacio de gobierno”.  Ahí vivió Jesús Martínez Ross.

Y por la construcción de la casa de gobierno, vecina de los terrenos donde se construiría años después la universidad del Estado, hubo un divorcio que escandalizó a la sociedad de hace casi cuarenta años.  Esto porque la esposa de Jesús Martínez Ross, gobernador, se acompañaba de la esposa de Pedro Joaquín, secretario de gobierno, a Miami donde compraron los muebles respectivos.  Quien se encargó de la decoración fue el mismo arquitecto que la construyó… y ahí surgió el romance entre la señora Joaquín y el que después sería su marido.

Al final de su gobierno, Mario Villanueva Madrid se construyó una casa mejor que la oficial, en su “rancho” llamado El Mostrenco, a poca distancia de ésta.  Ahí tuvo un aviario igual al del Zoológico de San Diego, California. Casa que la PGR le devolvió a su esposa, y cuyo mantenimiento pagaron gobernadores priistas en turno.

También en 1974, al convertirse Baja California Sur en Estado, el Gobierno federal les regaló la residencia de “descanso” del presidente Miguel Alemán, construida en 1948, para que ahí viviese el gobernador.  Apodada “El Caimancito”, por el nombre de la playa donde se encuentra, después de una renovación de más de 50 millones el sexenio pasado, se utiliza para eventos oficiales.  El actual gobernador, Carlos Mendoza Davis, prefirió no habitarla.

Una casa maravillosa, con una vista privilegiada, que conocí precisamente de la mano de su padre, Ángel Cesar Mendoza Aramburú, el primer gobernador constitucional.

Hoy los niños llegan a la playa de esa “casa oficial” todos los fines de semana…

¿Cuánto nos cuestan Los Pinos?  Paradójicamente, fue Lázaro Cárdenas quien comenzó la costumbre de vivir en la actual casa presidencial.  Justo por no querer vivir en el Castillo de Chapultepec.  La casa, conocida en sus orígenes como “Rancho la Hormiga”, ha sufrido múltiples transformaciones.  Hay que imaginar, con tantos aumentos, los cientos de miles de pesos que se pagan por concepto de luz.

El presidente, priísta, Adolfo López Mateos ha sido el único que no ha vivido en Los Pinos, siempre prefirió su casa de San Jerónimo.

¿Por qué debemos pagar los gastos de un gobernador o de un mandatario? ¿Por qué no pueden vivir en su propia casa?  Ya vimos los excesos innombrables de la “Casa Veracruz” donde vivió Javier Duarte, a la que el gobernador Fidel Herrera le construyó un “cine” para mayor diversión.

¿Queremos tener gobernadores tan ricos, tan acostumbrados a una vida de lujos, que optan por remodelar lo que ya de por sí es lujoso y muy ostentoso?  ¿Para qué querrá cambiar los excusados Carlos Joaquín? ¿Serán de oro y plata? ¿Cuáles son las “necesidades personales” del gobernador?  Aseveró el secretario de gobierno: “… algunas cosas las prefiere más cómodas para su estilo de vida… se trata de una decisión muy personal sobre una casa que hereda… con recursos propios”.

Pensar que su padre vivió en una casa modesta, sin dejar de ir a la tienda cada día…

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