/ miércoles 1 de marzo de 2023

Cuchillito de palo | Fuera bananerismos

No creo que haya muchos mexicanos a los que les haga gracia tener un presidente malhablado, pendenciero, sin el mínimo respeto por la investidura y capaz, por el contrario, de rebajarla a extremos inconcebibles.

Por muy poco cívico que se sea, menos patriota, o tan ineducado que la majadería sea el comportamiento habitual, de siempre hemos sido un país con ciudadanos dignos. Habría que recordar la pérdida de puntuación que tuvo AMLO, cuando le gritó aquel “cállate chachalaca” a un Fox. Hubo una condena pública a sus palabras y su descalabro electorero fue contundente.

Sin lugar a dudas, la llegada de Morena al panorama político, vulgarizó el lenguaje y las actitudes, en seguimiento de un gurú que está encasillado en una postura repudiable. El emperadorzuelo de palacio vive de la peladería, a la que no para de sumar terminajos abyectos para insultar a cualquiera que no comparta su triste, famélica y desafortunada línea.

Triste y famélica, porque si bien acusan a la oposición de no tener un plan estructurado a futuro, tampoco se ve que ellos cuenten con algo más que “ocurrencias”. Ha desgobernado a base de inventos de última hora y decisiones arbitrarias como la de cancelar el aeropuerto de Texcoco, que ya confesó que se le vino a la cabeza a última hora, “porque no sabía qué hacer”. Una determinación que, a la sociedad le ha costado miles de millones de pesos en indemnizaciones y pagos por incumplimiento de contratos, además de destrozo de lo que ya era el importante avance de la obra.

Tampoco hay memoria de un ejecutivo federal tan ignorante e impreparado como este, por más que le publiquen “libros de su autoría”. Con este personaje se han tenido que lidiar cuatro años de una espeluznante destrucción. El domingo pasado, miles y miles de persona le dijeron ya basta a sus demenciales caprichos e intentos de coartar libertades y ejercicio democrático. El zócalo se pintó de rosa y, ni sus provocaciones de querer involucrar el tema de García Luna -que nada que ver con la sociedad- ni sus insultos aberrantes contra los asistentes y los oradores, pudieron quitarle un ápice de brillo a la manifestación espontánea de tantísimos mexicanos.

El México real, clasemediero para arriba y para abajo, definió su postura en relación al esencial respeto al órgano electoral y dejó en claro que hay un profundo rechazo al tabasqueño. Se exigía su salida con el grito de “ya vete”, sin necesidad de que hubiera de por medio ningún complot o algunos grupos habrían convencido a quienes lo lanzaban. Fue una manifestación de auténtica libertad individual y colectiva, contundente en cuanto a concientizarlo de que hay un hartazgo a su autoritarismo y afanes dictatoriales.

¿Servirá para detenerlo y que reflexione? No lo creo y, por el contrario, hará más barbaridades. De sobra con la ministra Jazmín Esquivel, vergüenza internacional. Lo peor es que la sostiene en el cargo para simular, a la hora de las votaciones en la Suprema Corte, que todo era dentro de la legalidad. La necesita, sobre todo, para litigar las denuncias, que ya empiezan por el Plan B de su reforma electoral.

Inaudito el que una persona, después del destape de su segundo fusil de tesis de doctorado, sea tan cínica como para quedarse en el cargo. He conocido muchos corruptos; pocos, a este grado de podredumbre.

El tlatoani no cambia: los que sí somos capaces de cambiar y movilizarnos somos nosotros. ¡Ya era hora!

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

No creo que haya muchos mexicanos a los que les haga gracia tener un presidente malhablado, pendenciero, sin el mínimo respeto por la investidura y capaz, por el contrario, de rebajarla a extremos inconcebibles.

Por muy poco cívico que se sea, menos patriota, o tan ineducado que la majadería sea el comportamiento habitual, de siempre hemos sido un país con ciudadanos dignos. Habría que recordar la pérdida de puntuación que tuvo AMLO, cuando le gritó aquel “cállate chachalaca” a un Fox. Hubo una condena pública a sus palabras y su descalabro electorero fue contundente.

Sin lugar a dudas, la llegada de Morena al panorama político, vulgarizó el lenguaje y las actitudes, en seguimiento de un gurú que está encasillado en una postura repudiable. El emperadorzuelo de palacio vive de la peladería, a la que no para de sumar terminajos abyectos para insultar a cualquiera que no comparta su triste, famélica y desafortunada línea.

Triste y famélica, porque si bien acusan a la oposición de no tener un plan estructurado a futuro, tampoco se ve que ellos cuenten con algo más que “ocurrencias”. Ha desgobernado a base de inventos de última hora y decisiones arbitrarias como la de cancelar el aeropuerto de Texcoco, que ya confesó que se le vino a la cabeza a última hora, “porque no sabía qué hacer”. Una determinación que, a la sociedad le ha costado miles de millones de pesos en indemnizaciones y pagos por incumplimiento de contratos, además de destrozo de lo que ya era el importante avance de la obra.

Tampoco hay memoria de un ejecutivo federal tan ignorante e impreparado como este, por más que le publiquen “libros de su autoría”. Con este personaje se han tenido que lidiar cuatro años de una espeluznante destrucción. El domingo pasado, miles y miles de persona le dijeron ya basta a sus demenciales caprichos e intentos de coartar libertades y ejercicio democrático. El zócalo se pintó de rosa y, ni sus provocaciones de querer involucrar el tema de García Luna -que nada que ver con la sociedad- ni sus insultos aberrantes contra los asistentes y los oradores, pudieron quitarle un ápice de brillo a la manifestación espontánea de tantísimos mexicanos.

El México real, clasemediero para arriba y para abajo, definió su postura en relación al esencial respeto al órgano electoral y dejó en claro que hay un profundo rechazo al tabasqueño. Se exigía su salida con el grito de “ya vete”, sin necesidad de que hubiera de por medio ningún complot o algunos grupos habrían convencido a quienes lo lanzaban. Fue una manifestación de auténtica libertad individual y colectiva, contundente en cuanto a concientizarlo de que hay un hartazgo a su autoritarismo y afanes dictatoriales.

¿Servirá para detenerlo y que reflexione? No lo creo y, por el contrario, hará más barbaridades. De sobra con la ministra Jazmín Esquivel, vergüenza internacional. Lo peor es que la sostiene en el cargo para simular, a la hora de las votaciones en la Suprema Corte, que todo era dentro de la legalidad. La necesita, sobre todo, para litigar las denuncias, que ya empiezan por el Plan B de su reforma electoral.

Inaudito el que una persona, después del destape de su segundo fusil de tesis de doctorado, sea tan cínica como para quedarse en el cargo. He conocido muchos corruptos; pocos, a este grado de podredumbre.

El tlatoani no cambia: los que sí somos capaces de cambiar y movilizarnos somos nosotros. ¡Ya era hora!

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq