/ lunes 16 de abril de 2018

Los Estrategas | Desde la campaña de José Antonio Meade

Panistas destacados piden a Anaya renunciar

Comprendo la pena y la vergüenza por la que atraviesa Ricardo Anaya, candidato presidencial de la Coalición Por México al Frente, a quien no pretendo denostar y menos destruir, pues durante nuestro desempeño como integrantes ambos de la LXII Legislatura siempre lo consideré un hombre inteligente, culto y astuto, habiendo llegado a ser Presidente de la Cámara de Diputados.

Hoy estoy francamente decepcionado de su conducta, pues ha cometido acciones que denigran y por ello se encuentra en una muy difícil situación que ofende a su familia, a los partidos que lo postularon, a la democracia mexicana y a la sociedad en general, pues usó los nombres de su familia para realizar operaciones sospechosas, mismas que lo tienen postrado en el ojo de un auténtico huracán político y mediático.

El gozo se le vino al pozo al exsecretario particular del gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, al ser “beneficiario controlador”, de las operaciones de Manuel Barreiro, quien está siendo investigado por presuntas operaciones de lavado de dinero, y quien por cierto se encuentra ilocalizable.

Ricardo Anaya no ha podido comprobar a satisfacción el origen real de su capital, amasado en tan corta edad y en un lapso tan breve de su desempeño profesional como servidor público.

El hecho que nos ocupa conduce a un bello cuento de hadas, en el que un chofer recibe de su generoso patrón un sueldo millonario para poder comprar al suegro del candidato presidencial un inmueble de gran magnitud, y la perversa coincidencia es que el jefe de ese conductor es el ya famoso y tristemente célebre Manuel Barreiro.

Los principales temas que han generado un verdadero escándalo en el panorama político nacional de nuestros días son que Anaya mintió, al expresar mediante un video preparado ex profeso, que la empresa Juniserra, propiedad de su familia, vendió la nave industrial al arquitecto Juan Carlos Reyes García, información que ha quedado al descubierto como falsa, ya que el comprador legal, aunque ficticio por ser prestanombre, fue el chofer de Manuel Barreiro, Luis Alberto “N” quien acaba de hacerle entrega a la PGR la posesión del inmueble, lo cual evidencia que él se prestó a una estrategia falsificadora para engañar con base en un inmueble en el que invirtieron 10.7 millones de pesos y lo vendieron en 53.7 millones de pesos, en un lapso de dos años, ya que adquirió un terreno de 13, 589 metros cuadrados, mismo que vendió con la edificación de una nave industrial en el precio antes señalado.

Se ignora si en realidad la venta se llevó a cabo, habida cuenta de que la empresa fantasma Manhattan Master Plan Development se constituyó apenas cincuenta días antes de la operación de compra venta, con un capital de diez mil pesos.

Aquí caben varias preguntas:

¿Cómo una empresa constituida con un capital de diez mil pesos, propiedad de un modesto chofer puede pagar a la empresa familiar del hoy candidato presidencial Ricardo Anaya 53.7 millones de pesos?

¿Cómo le hizo el chofer y de dónde obtuvo los recursos?

Ya quedó esclarecido que Manuel Barreiro paseó ese dinero por varios países del mundo para finalmente depositárselo a la empresa Manhattan propiedad del “multimillonario” chofer, quien en un acto de miedo y honradez tardía se deslindó y optó por entregar a la justicia el inmueble de marras.

Toda esta historia hace sospechar que el verdadero beneficiario de tal operación ficticia es Ricardo Anaya, y lo hizo para justificar su declaración patrimonial, aunque él se escude diciendo que su nombre no aparece, aunque sí aparecen los nombres del chofer de su amigo Manuel Barreiro y de connotados miembros de su familia.

No es delito poseer bienes, lo que es delito es tener bienes mal habidos y que un hombre público, políticamente expuesto, que posee un patrimonio notable no exponga de manera transparente el origen de esos bienes, conforme a derecho corresponde, y este es el caso.

En esta tormenta en la que hasta el Notario Publico se queja de que le fue falsificada la firma estampada en el testimonio público, está muy borrascoso el panorama de la contienda político electoral, a tal grado que connotados miembros del Partido Acción Nacional como lo son los Senadores Ernesto Cordero, Presidente del Senado de la República, y Jorge Luis Lavalle, han expresado que Ricardo Anaya, por esta falta tan escandalosa debe abandonar la contienda por la Presidencia de la República, para aclarar las sospechas en su contra.

Esto apenas empieza y la crisis al interior del PAN es de pronóstico reservado.

*Asesor político del candidato de Todos por México José Antonio Meade

Panistas destacados piden a Anaya renunciar

Comprendo la pena y la vergüenza por la que atraviesa Ricardo Anaya, candidato presidencial de la Coalición Por México al Frente, a quien no pretendo denostar y menos destruir, pues durante nuestro desempeño como integrantes ambos de la LXII Legislatura siempre lo consideré un hombre inteligente, culto y astuto, habiendo llegado a ser Presidente de la Cámara de Diputados.

Hoy estoy francamente decepcionado de su conducta, pues ha cometido acciones que denigran y por ello se encuentra en una muy difícil situación que ofende a su familia, a los partidos que lo postularon, a la democracia mexicana y a la sociedad en general, pues usó los nombres de su familia para realizar operaciones sospechosas, mismas que lo tienen postrado en el ojo de un auténtico huracán político y mediático.

El gozo se le vino al pozo al exsecretario particular del gobernador de Querétaro, Francisco Garrido Patrón, al ser “beneficiario controlador”, de las operaciones de Manuel Barreiro, quien está siendo investigado por presuntas operaciones de lavado de dinero, y quien por cierto se encuentra ilocalizable.

Ricardo Anaya no ha podido comprobar a satisfacción el origen real de su capital, amasado en tan corta edad y en un lapso tan breve de su desempeño profesional como servidor público.

El hecho que nos ocupa conduce a un bello cuento de hadas, en el que un chofer recibe de su generoso patrón un sueldo millonario para poder comprar al suegro del candidato presidencial un inmueble de gran magnitud, y la perversa coincidencia es que el jefe de ese conductor es el ya famoso y tristemente célebre Manuel Barreiro.

Los principales temas que han generado un verdadero escándalo en el panorama político nacional de nuestros días son que Anaya mintió, al expresar mediante un video preparado ex profeso, que la empresa Juniserra, propiedad de su familia, vendió la nave industrial al arquitecto Juan Carlos Reyes García, información que ha quedado al descubierto como falsa, ya que el comprador legal, aunque ficticio por ser prestanombre, fue el chofer de Manuel Barreiro, Luis Alberto “N” quien acaba de hacerle entrega a la PGR la posesión del inmueble, lo cual evidencia que él se prestó a una estrategia falsificadora para engañar con base en un inmueble en el que invirtieron 10.7 millones de pesos y lo vendieron en 53.7 millones de pesos, en un lapso de dos años, ya que adquirió un terreno de 13, 589 metros cuadrados, mismo que vendió con la edificación de una nave industrial en el precio antes señalado.

Se ignora si en realidad la venta se llevó a cabo, habida cuenta de que la empresa fantasma Manhattan Master Plan Development se constituyó apenas cincuenta días antes de la operación de compra venta, con un capital de diez mil pesos.

Aquí caben varias preguntas:

¿Cómo una empresa constituida con un capital de diez mil pesos, propiedad de un modesto chofer puede pagar a la empresa familiar del hoy candidato presidencial Ricardo Anaya 53.7 millones de pesos?

¿Cómo le hizo el chofer y de dónde obtuvo los recursos?

Ya quedó esclarecido que Manuel Barreiro paseó ese dinero por varios países del mundo para finalmente depositárselo a la empresa Manhattan propiedad del “multimillonario” chofer, quien en un acto de miedo y honradez tardía se deslindó y optó por entregar a la justicia el inmueble de marras.

Toda esta historia hace sospechar que el verdadero beneficiario de tal operación ficticia es Ricardo Anaya, y lo hizo para justificar su declaración patrimonial, aunque él se escude diciendo que su nombre no aparece, aunque sí aparecen los nombres del chofer de su amigo Manuel Barreiro y de connotados miembros de su familia.

No es delito poseer bienes, lo que es delito es tener bienes mal habidos y que un hombre público, políticamente expuesto, que posee un patrimonio notable no exponga de manera transparente el origen de esos bienes, conforme a derecho corresponde, y este es el caso.

En esta tormenta en la que hasta el Notario Publico se queja de que le fue falsificada la firma estampada en el testimonio público, está muy borrascoso el panorama de la contienda político electoral, a tal grado que connotados miembros del Partido Acción Nacional como lo son los Senadores Ernesto Cordero, Presidente del Senado de la República, y Jorge Luis Lavalle, han expresado que Ricardo Anaya, por esta falta tan escandalosa debe abandonar la contienda por la Presidencia de la República, para aclarar las sospechas en su contra.

Esto apenas empieza y la crisis al interior del PAN es de pronóstico reservado.

*Asesor político del candidato de Todos por México José Antonio Meade