/ viernes 15 de septiembre de 2023

De plumas de faisán y hasta de pavorreal, el rebozo mexicano sigue en tendencia

Es un prenda distintiva de la mujer mexicana, cuyo origen data desde hace más de 500 años, y le rinden tributo en la feria artesanal "Tápame con tu rebozo” de la CDMX

Hay diseños que a pesar de las tendencias, se mantienen vigentes a través de la historia gracias al valor de su proceso de fabricación, el arte de sus tejidos que componen su forma y su riqueza estética llena de color que los hace únicos, así es el rebozo mexicano, prenda que nunca pasará de moda.

Bajo esta premisa y con el objetivo de recuperar y fomentar el uso de esta pieza emblemática, así como de resaltar el valor del trabajo de las comunidades tejedoras y artesanas de nuestro país, por segunda ocasión se lleva a cabo la feria artesanal "Tápame con tu rebozo”, del 14 al 17 de septiembre en el Museo Nacional de Culturas Populares.

Artesanos mexicanos / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México


“Estas creaciones forman parte de la historia artesanal, que tiene su origen desde la época prehispánica, pasando por la novohispana, el periodo industrial y hasta nuestros días, con prendas elaboradas en el milenario telar de cintura, el telar colonial o con una diversidad de técnicas, estilos, materiales, colores e imaginación de las manos mexicanas”, comentó Antonio Rodríguez, director general de Culturas Populares Indígenas, durante la inauguración de la feria que también fomenta el comercio justo, “sin regateo”.

En esta ocasión se muestra el trabajo de 46 grupos artesanales provenientes de pueblos indígenas del país como tsotsil, chol, maya, mixteco, zapoteco, wixárika, purépecha, entre otros, donde utilizan diferentes nombres para referirse al rebozo, por ejemplo, entre los otomíes, se dice "mini-mahue" mientras que los de Huayapan, Morelos lo llaman "cenzotl", palabra náhualt derivada de "centzontilmantli" o “manta de mil colores”.

Hilos que cuentan la historia de México / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

En esta expo-venta, los asistentes no sólo podrán admirar y adquirir rebozos de algodón, seda, artisela o lana; de bolita, de patakua, emplumados, deshilados, de teñidos naturales o en color natural; tejidos en telar de cintura o de pedal o con rapacejos provenientes de más de 15 estados de la República Mexicana, sino que también se tendrá la oportunidad de dialogar con los creadores de estas piezas que resguardan un legado cultural y conocer de cerca su trabajo artesanal.

“Es gratificante poder exhibir estas prendas tradicionales de nuestra cultura y que la mayoría de las comunidades indígenas mantienen viva su producción gracias a que es un negocio familiar heredado de generación en generación”, añadió Rodríguez.

¿Cómo se crea un rebozo?

En el recorrido que Círculos realizó por la feria que se instaló en la explanada principal del museo ubicado en Coyoacán, conversamos con algunas maestras artesanas sobre la producción de esta icónica pieza.

Nos contaron que el rebozo se sigue elaborando con un telar de cintura y algunos modelos se hacen en el telar de pedal y su única forma es rectangular, “el proceso sigue siendo artesanal y muy delicado. Lo primero que hay que hacer es que se encanilla el hilo devanado, se procede a la urdimbre, (conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para pasar por ellos la trama y formar un tejido) donde se le da la medida al lienzo”, explicó Eloísa Jiménez que tiene su taller y marca denominada Manos mágicas.

Promueven sus tradiciones / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Ya teniendo la medida se comienza con la confección y con el diseño. De acuerdo a la artesana proveniente de San Bartolo Yautepec en Oaxaca, la creación de un rebozo lleva alrededor de un mes en el telar de cintura y a su producción se le invierte 11 horas diarias.

Eloísa vende sus rebozos en línea a partir de dos mil 500 pesos y son hechos de algodón, “muchas personas ya no compran porque les parece muy caro, pero la verdad es que es un precio que refleja el gran trabajo que conlleva crear un rebozo”, dijo.

Dice que el material para su elaboración, antiguamente era el diferenciador de las clases sociales o del poder adquisitivo de quien lo portaba, es decir, la alta sociedad colonial los usaba de seda o bordados con hilos de oro o plata.

Mientras que los rebozos más sencillos se confeccionaban en algodón de color natural o teñido con bordados muy sutiles y con rapacejo corto (adorno en prendas de la indumentaria femenina española y en ornamentos) material que se continúa empleando.

“Aún existen los rebozos que son de gala o para fiesta, y los que se utilizan para el diario, estos que traigo son de gala porque son ligeros, con detalles y bordados finos para lucir con una sola vuelta en el cuerpo”, refirió.

Antonio Rodríguez, Jessica Morales, Irene Gómez, María Crist{obal Lobo y Elena Vázquez / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Asimismo, explicó que los rebozos que se utilizan para arropar a los niños y cargarlos en la espalda tienen que ser de algodón, con más hilado para que soporten el peso.

Por su parte, Liliana Pascual, quien trabaja junto a su madre, Albertina Bautista en el taller familiar Úkata, en Ahuirán, Michoacán, siempre han fabricado rebozos con plumas de gallina de guinea, faisán, pavorreal, gallo granizo, cola de guacamaya, entre otras. “Las plumas son símbolo de elegancia en un rebozo de gala”, comentó.

En la actualidad existe una gran diversidad de combinaciones, colores y diseños que respetan las técnicas tradicionales.

Hilos que tejen la historia

El origen del rebozo data desde hace más de 500 años, específicamente en la época de la Colonia. Era utilizado para cubrirse antes de entrar a los templos religiosos, sin embargo, a través del tiempo se volvió indispensable, pues su uso se diversificó y se adoptó como una manta que ayudaba a cubrirse del frío, la lluvia, o del sol.

Las parteras lo empleaban durante un alumbramiento y hasta nuestros días, en algunas regiones, se emplea para envolver al bebé recién nacido y cargarlo ya sea en la espalda o el pecho.

En la Revolución Mexicana, las Adelitas lo convirtieron en un icono de la vestimenta de la época; lo lucían cruzado sobre el pecho para guardar sus municiones. Mientras que para la pintora mexicana, Frida Kahlo, era símbolo de indigenismo, y representación de las mujeres trabajadoras.

Promueven sus tradiciones / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Así, ha ido tomado un papel relevante a lo largo de la cultura e historia mexicana; una prenda típica que aún se sigue produciendo en diferentes comunidades artesanas del país originarias del Estado de México, Michoacán, Puebla, Oaxaca, entre otras, pero desafortunadamente su uso ha ido disminuyendo, como afirman las artesanas.

Hay diseños que a pesar de las tendencias, se mantienen vigentes a través de la historia gracias al valor de su proceso de fabricación, el arte de sus tejidos que componen su forma y su riqueza estética llena de color que los hace únicos, así es el rebozo mexicano, prenda que nunca pasará de moda.

Bajo esta premisa y con el objetivo de recuperar y fomentar el uso de esta pieza emblemática, así como de resaltar el valor del trabajo de las comunidades tejedoras y artesanas de nuestro país, por segunda ocasión se lleva a cabo la feria artesanal "Tápame con tu rebozo”, del 14 al 17 de septiembre en el Museo Nacional de Culturas Populares.

Artesanos mexicanos / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México


“Estas creaciones forman parte de la historia artesanal, que tiene su origen desde la época prehispánica, pasando por la novohispana, el periodo industrial y hasta nuestros días, con prendas elaboradas en el milenario telar de cintura, el telar colonial o con una diversidad de técnicas, estilos, materiales, colores e imaginación de las manos mexicanas”, comentó Antonio Rodríguez, director general de Culturas Populares Indígenas, durante la inauguración de la feria que también fomenta el comercio justo, “sin regateo”.

En esta ocasión se muestra el trabajo de 46 grupos artesanales provenientes de pueblos indígenas del país como tsotsil, chol, maya, mixteco, zapoteco, wixárika, purépecha, entre otros, donde utilizan diferentes nombres para referirse al rebozo, por ejemplo, entre los otomíes, se dice "mini-mahue" mientras que los de Huayapan, Morelos lo llaman "cenzotl", palabra náhualt derivada de "centzontilmantli" o “manta de mil colores”.

Hilos que cuentan la historia de México / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

En esta expo-venta, los asistentes no sólo podrán admirar y adquirir rebozos de algodón, seda, artisela o lana; de bolita, de patakua, emplumados, deshilados, de teñidos naturales o en color natural; tejidos en telar de cintura o de pedal o con rapacejos provenientes de más de 15 estados de la República Mexicana, sino que también se tendrá la oportunidad de dialogar con los creadores de estas piezas que resguardan un legado cultural y conocer de cerca su trabajo artesanal.

“Es gratificante poder exhibir estas prendas tradicionales de nuestra cultura y que la mayoría de las comunidades indígenas mantienen viva su producción gracias a que es un negocio familiar heredado de generación en generación”, añadió Rodríguez.

¿Cómo se crea un rebozo?

En el recorrido que Círculos realizó por la feria que se instaló en la explanada principal del museo ubicado en Coyoacán, conversamos con algunas maestras artesanas sobre la producción de esta icónica pieza.

Nos contaron que el rebozo se sigue elaborando con un telar de cintura y algunos modelos se hacen en el telar de pedal y su única forma es rectangular, “el proceso sigue siendo artesanal y muy delicado. Lo primero que hay que hacer es que se encanilla el hilo devanado, se procede a la urdimbre, (conjunto de hilos colocados en paralelo y a lo largo en el telar para pasar por ellos la trama y formar un tejido) donde se le da la medida al lienzo”, explicó Eloísa Jiménez que tiene su taller y marca denominada Manos mágicas.

Promueven sus tradiciones / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Ya teniendo la medida se comienza con la confección y con el diseño. De acuerdo a la artesana proveniente de San Bartolo Yautepec en Oaxaca, la creación de un rebozo lleva alrededor de un mes en el telar de cintura y a su producción se le invierte 11 horas diarias.

Eloísa vende sus rebozos en línea a partir de dos mil 500 pesos y son hechos de algodón, “muchas personas ya no compran porque les parece muy caro, pero la verdad es que es un precio que refleja el gran trabajo que conlleva crear un rebozo”, dijo.

Dice que el material para su elaboración, antiguamente era el diferenciador de las clases sociales o del poder adquisitivo de quien lo portaba, es decir, la alta sociedad colonial los usaba de seda o bordados con hilos de oro o plata.

Mientras que los rebozos más sencillos se confeccionaban en algodón de color natural o teñido con bordados muy sutiles y con rapacejo corto (adorno en prendas de la indumentaria femenina española y en ornamentos) material que se continúa empleando.

“Aún existen los rebozos que son de gala o para fiesta, y los que se utilizan para el diario, estos que traigo son de gala porque son ligeros, con detalles y bordados finos para lucir con una sola vuelta en el cuerpo”, refirió.

Antonio Rodríguez, Jessica Morales, Irene Gómez, María Crist{obal Lobo y Elena Vázquez / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Asimismo, explicó que los rebozos que se utilizan para arropar a los niños y cargarlos en la espalda tienen que ser de algodón, con más hilado para que soporten el peso.

Por su parte, Liliana Pascual, quien trabaja junto a su madre, Albertina Bautista en el taller familiar Úkata, en Ahuirán, Michoacán, siempre han fabricado rebozos con plumas de gallina de guinea, faisán, pavorreal, gallo granizo, cola de guacamaya, entre otras. “Las plumas son símbolo de elegancia en un rebozo de gala”, comentó.

En la actualidad existe una gran diversidad de combinaciones, colores y diseños que respetan las técnicas tradicionales.

Hilos que tejen la historia

El origen del rebozo data desde hace más de 500 años, específicamente en la época de la Colonia. Era utilizado para cubrirse antes de entrar a los templos religiosos, sin embargo, a través del tiempo se volvió indispensable, pues su uso se diversificó y se adoptó como una manta que ayudaba a cubrirse del frío, la lluvia, o del sol.

Las parteras lo empleaban durante un alumbramiento y hasta nuestros días, en algunas regiones, se emplea para envolver al bebé recién nacido y cargarlo ya sea en la espalda o el pecho.

En la Revolución Mexicana, las Adelitas lo convirtieron en un icono de la vestimenta de la época; lo lucían cruzado sobre el pecho para guardar sus municiones. Mientras que para la pintora mexicana, Frida Kahlo, era símbolo de indigenismo, y representación de las mujeres trabajadoras.

Promueven sus tradiciones / Foto Adrián Vázquez / El Sol de México

Así, ha ido tomado un papel relevante a lo largo de la cultura e historia mexicana; una prenda típica que aún se sigue produciendo en diferentes comunidades artesanas del país originarias del Estado de México, Michoacán, Puebla, Oaxaca, entre otras, pero desafortunadamente su uso ha ido disminuyendo, como afirman las artesanas.

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