/ domingo 18 de febrero de 2018

Componer en zapoteco: el rap para conservar la lengua indígena

Dulce Nadxielli crea historias musicales donde relaciona la violencia con su lengua materna

JUCHITÁN, Oax.- “Para Gaanu De que Naa' Ru'nda Didxazá, Rusisaca' Xquiidxe Ne Ca Binizá… para que sepan que yo también te canto en zapoteco, hago valer mi tierra y también a los juchitecos”. … la chispa que demuestra al hacer música en el género rap no tiene calificativo, a través de las letras en zapoteco y castellano, la adolescente logra que su voz erice la piel de quién la escuche cantar.

Dulce Nadxielli Escobar Ruiz de 16 años, es la primera mujer que canta rap en esta zona de Oaxaca y lo hace porque quiere que su lengua materna, el zapoteco, siga viva y sea un canto de paz y no violencia.

En Juchitán no es común que las mujeres canten. Si lo hacen, la mayoría evoca boleros o cumbias, pero Dulce tiene una voz ronca, rasposa, ideal para rapear. Cuando lo hace, delante de jóvenes y niños que quieren ser como ella, piensa en tocar los corazones de sus espectadores para que, en vez de involucrarse con drogas y vicios ilegales, le apuesten a cantar.

La mayor de cuatro hermanos, Dulce es originaria de la novena sección, una de las más abandonadas de Juchitán. Esos territorios donde la política social llega escasa comparado con los vientres pegados a las costillas por el hambre que llega con pobreza extrema. Aquí en Juchitán, las mujeres se casan a temprana edad, chicos y grandes consumen alcohol y se drogan al caer la tarde. Ella prefiere acercarse a ellos, cantar y rapear, componer canciones que reflejen el diario vivir.

Dulce Nadxielli anhela que a través de su talento vocal, el rap pueda reivindicarse de los prejuicios que lo ubican como aliado de la drogadicción y la violencia. Por el contrario, para ella ha sido fantástico combinar la rima, la métrica, con su idioma, porque ha logrado que la escuchen, que le pongan atención a su significado.

¿Por qué rap?

Dulce hace un movimiento rápido de ojos. “Porque quiero entender por qué hay tantos disgustos entre padres e hijos adolescentes, porque los hijos quieren irse de casa, porque violentan o asesinan a las mujeres, todo eso se puede cantar”.

En las letras que compone, Dulce sumerge lo que sus abuelos le han contado de la juventud de antaño y lo relaciona con la actual, así como interpreta los rituales de su comunidad que son sus fiestas, describe la violencia que viven los jóvenes, las mujeres y su entorno social.

El gusto por el rap lo heredó de “Juchirap”, un grupo de rapemos que impartió un taller en su escuela porque deseaban que con este género los jóvenes mejoraran sus aptitudes y actitudes. Ella fue la única que terminó el curso y escribió su propia canción. La canción narra cuando sus padres iban a las fiestas y regresaban borrachos. Incluyó la cultura y la gastronomía, sus bailes y sus comidas, con la finalidad de que los oyentes pudieran entender la realidad de su entorno social.

No fue nada fácil concluir su primera estrofa, recuerda la joven, porque “no se canta por cantar” y tampoco se interpretan los temas “con solo escribirlos”, se tiene que tener un dominio mental para poder dominar el escenario. Dulce Nadxielli salió victoriosa.

El amor por la música lo lleva en la sangre. Su papá es un obrero que toca la guitarra y en las fiestas familiares cuando era una niña de siete años, cantaba con él canciones para la abuela.

Mujer, indígena y rapera

Incursionar en el rap como mujer ha sido una hazaña para Dulce Nadxielli. Sus familiares le dijeron que eso era vandalismo y que una mujer no podía convivir con tantos hombres.

“A mi mamá le preguntaba palabras en zapoteco y me preguntaba que para qué lo quería”, cuenta tratando de explicar lo difícil de componer en zapoteco. Optó por ir con sus abuelos, con ellos se crió de niña y fue a quienes les confesó su deseo de ser rapera. “Mi abuela me dijo que si era eso de bailes de locos que se movían de un lugar a otro, le puse una canción y se la canté”, sonríe.

Y siguió su camino. Participó en un encuentro estatal de raperos que organizó el Centro de Artes San Agustín (Casa) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), era la primera vez que se paraba en un escenario, que no era cualquiera, tenía invitados, entre ellos uno de sus admirados, el pintor Francisco Toledo.

Así, cantó frente a un centenar de hombres es una comunidad patriarcal. Un encuentro estatal de jóvenes raperos, que para Dulce Nadxielli ha sido uno de los momentos más importantes de su carrera musical donde perdió el miedo, ganó amigos y admiraron su valentía.

¿Hay discriminación por ser una rapera mujer? Suelta una carcajada, “por supuesto que sí” exclama. Aunque por fortuna muchos varones la guían con la métrica o rima para que sus temas queden listos y los pueda interpretar.

Ella se conforma con ser escuchada, no pretende llegar más lejos. Quiere que los jóvenes de su edad la vean como alguien que está en solidaridad con ellos, que hace música para concientizar y tener una mejor vida.

Padres y abuelos son hoy sus mejores consejeros. Los que califican sus temas, los que le comparten la oralidad y escritura en zapoteco, la apoyan con la rima y opinan si los temas van por buen camino.

Entre ayudar a su mamá a realizar los quehaceres, ir a la preparatoria, realizar tejidos artesanales y escribir, tiene tres temas que está próximo a presentar, ensaya en su casa y sus hermanos son testigos de su lucha por rapear. Su mayor anhelo es ser sicóloga, le preocupa los vicios de los niños y la violencia de los adultos.

Escapar de la violencia

El rap comienza a gustar en Juchitán desde hace cinco años. Uno de los pioneros es el poeta Dalthon Pineda, quien actualmente tiene un programa de radio en una de las estaciones comunitarias en donde entrevista y comparte temas que los jóvenes producen.

Los Juchirap, Cosijopi Ruíz López, Antonio Guadalupe Sánchez Ruiz y Carlos Lenin Pacheco Villafuente, son los pioneros del género pero hay muchos más que siguen sus pasos, Dulce por ejemplo.

El rap ha sido adoptado por muchos jóvenes, “una buena señal” dice Dalthon a manera de reflexión porque a través de la música y los temas que cuentan, ellos intentan cambiar su visión de vida, “hemos dado un gran paso”.

En el Istmo de Tehuanepec no solo hacen rap en zapoteco, también en otras lenguas como el ikoots (huave), zoque y mixe. Dulce Nadxielli sigue siendo la única mujer.

JUCHITÁN, Oax.- “Para Gaanu De que Naa' Ru'nda Didxazá, Rusisaca' Xquiidxe Ne Ca Binizá… para que sepan que yo también te canto en zapoteco, hago valer mi tierra y también a los juchitecos”. … la chispa que demuestra al hacer música en el género rap no tiene calificativo, a través de las letras en zapoteco y castellano, la adolescente logra que su voz erice la piel de quién la escuche cantar.

Dulce Nadxielli Escobar Ruiz de 16 años, es la primera mujer que canta rap en esta zona de Oaxaca y lo hace porque quiere que su lengua materna, el zapoteco, siga viva y sea un canto de paz y no violencia.

En Juchitán no es común que las mujeres canten. Si lo hacen, la mayoría evoca boleros o cumbias, pero Dulce tiene una voz ronca, rasposa, ideal para rapear. Cuando lo hace, delante de jóvenes y niños que quieren ser como ella, piensa en tocar los corazones de sus espectadores para que, en vez de involucrarse con drogas y vicios ilegales, le apuesten a cantar.

La mayor de cuatro hermanos, Dulce es originaria de la novena sección, una de las más abandonadas de Juchitán. Esos territorios donde la política social llega escasa comparado con los vientres pegados a las costillas por el hambre que llega con pobreza extrema. Aquí en Juchitán, las mujeres se casan a temprana edad, chicos y grandes consumen alcohol y se drogan al caer la tarde. Ella prefiere acercarse a ellos, cantar y rapear, componer canciones que reflejen el diario vivir.

Dulce Nadxielli anhela que a través de su talento vocal, el rap pueda reivindicarse de los prejuicios que lo ubican como aliado de la drogadicción y la violencia. Por el contrario, para ella ha sido fantástico combinar la rima, la métrica, con su idioma, porque ha logrado que la escuchen, que le pongan atención a su significado.

¿Por qué rap?

Dulce hace un movimiento rápido de ojos. “Porque quiero entender por qué hay tantos disgustos entre padres e hijos adolescentes, porque los hijos quieren irse de casa, porque violentan o asesinan a las mujeres, todo eso se puede cantar”.

En las letras que compone, Dulce sumerge lo que sus abuelos le han contado de la juventud de antaño y lo relaciona con la actual, así como interpreta los rituales de su comunidad que son sus fiestas, describe la violencia que viven los jóvenes, las mujeres y su entorno social.

El gusto por el rap lo heredó de “Juchirap”, un grupo de rapemos que impartió un taller en su escuela porque deseaban que con este género los jóvenes mejoraran sus aptitudes y actitudes. Ella fue la única que terminó el curso y escribió su propia canción. La canción narra cuando sus padres iban a las fiestas y regresaban borrachos. Incluyó la cultura y la gastronomía, sus bailes y sus comidas, con la finalidad de que los oyentes pudieran entender la realidad de su entorno social.

No fue nada fácil concluir su primera estrofa, recuerda la joven, porque “no se canta por cantar” y tampoco se interpretan los temas “con solo escribirlos”, se tiene que tener un dominio mental para poder dominar el escenario. Dulce Nadxielli salió victoriosa.

El amor por la música lo lleva en la sangre. Su papá es un obrero que toca la guitarra y en las fiestas familiares cuando era una niña de siete años, cantaba con él canciones para la abuela.

Mujer, indígena y rapera

Incursionar en el rap como mujer ha sido una hazaña para Dulce Nadxielli. Sus familiares le dijeron que eso era vandalismo y que una mujer no podía convivir con tantos hombres.

“A mi mamá le preguntaba palabras en zapoteco y me preguntaba que para qué lo quería”, cuenta tratando de explicar lo difícil de componer en zapoteco. Optó por ir con sus abuelos, con ellos se crió de niña y fue a quienes les confesó su deseo de ser rapera. “Mi abuela me dijo que si era eso de bailes de locos que se movían de un lugar a otro, le puse una canción y se la canté”, sonríe.

Y siguió su camino. Participó en un encuentro estatal de raperos que organizó el Centro de Artes San Agustín (Casa) y el Instituto de Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO), era la primera vez que se paraba en un escenario, que no era cualquiera, tenía invitados, entre ellos uno de sus admirados, el pintor Francisco Toledo.

Así, cantó frente a un centenar de hombres es una comunidad patriarcal. Un encuentro estatal de jóvenes raperos, que para Dulce Nadxielli ha sido uno de los momentos más importantes de su carrera musical donde perdió el miedo, ganó amigos y admiraron su valentía.

¿Hay discriminación por ser una rapera mujer? Suelta una carcajada, “por supuesto que sí” exclama. Aunque por fortuna muchos varones la guían con la métrica o rima para que sus temas queden listos y los pueda interpretar.

Ella se conforma con ser escuchada, no pretende llegar más lejos. Quiere que los jóvenes de su edad la vean como alguien que está en solidaridad con ellos, que hace música para concientizar y tener una mejor vida.

Padres y abuelos son hoy sus mejores consejeros. Los que califican sus temas, los que le comparten la oralidad y escritura en zapoteco, la apoyan con la rima y opinan si los temas van por buen camino.

Entre ayudar a su mamá a realizar los quehaceres, ir a la preparatoria, realizar tejidos artesanales y escribir, tiene tres temas que está próximo a presentar, ensaya en su casa y sus hermanos son testigos de su lucha por rapear. Su mayor anhelo es ser sicóloga, le preocupa los vicios de los niños y la violencia de los adultos.

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