/ domingo 2 de diciembre de 2018

Nuevas Miradas

Con esta imagen de Santiago Arau (1980) quiero arrancar la primer entrega de mi columna en las páginas de El Sol de México

Rojo atardecer en la Torre Latinoamericana. Son 204 metros de acero en pie desde 1956. Ha resistido cientos de temblores y tres terremotos: el de 1957, 1985 y el más reciente, el de 2017. Es un símbolo colectivo anclado a nuestra historia chilanga desde hace más de 60 años.

Y es precisamente con esta imagen de Santiago Arau (1980); con la que quiero arrancar la primer entrega de mi columna en las páginas de El Sol de México.

Desde hace algunos años y después del tsunami tecnológico que arrasó con la fotografía analógica a inicios del siglo XXI, y una vez superado el susto derivado de la escalofriante “democratización” de la imagen; hoy podemos afirmar que la mirada profesional y educada seguirá vigente a pesar de los casi 90 millones de celulares que circulan en las manos de mexicanos con la posibilidad diaria de hacer foto.

Así las cosas, creo que hoy vale la pena hablar de Santiago Arau por varias razones: para empezar se trata de un fotógrafo profesional incansable, que recién regresó de Asia hace unos días y ya estaba haciendo imágenes del zócalo a las tres de la mañana para mostrarnos una plaza vacía a esas horas de la madrugada.

Santiago es un fotógrafo con 15 años de carrera y que recientemente se sumó a los colegas que lo documentan todo, hace apenas dos años se estrenó con su primer drone y es así como muchos lo empezamos a conocer. Abrió su cuenta de Instagram en 2013 (@santiago_arau) y hoy cuenta con más de 55 mil seguidores.

Santiago a documentado durante los últimos cinco años, la vida en la Ciudad de México y ha registrado con su mirada otras ciudades del país. Pero además de contar con un ojo entrenado también lo caracteriza su entrega y generosidad.

Durante el terremoto del año pasado, aunque ya nos conocíamos, casi de inmediato entramos en contacto de nuevo, para ver su material realizado con drone durante los primeros días de aquella tragedia; cuando le solicité parte de su trabajo para difundirlo en un destacado medio nacional a través de sus distintas plataformas, Santiago no dudo un segundo en poner a nuestra disposición todo su material visual sin cobrar un peso por decisión suya.

Por supuesto, sus imágenes aéreas -tanto fijas como en video-, han sido publicadas por medios de todo el mundo, ahí están sus trabajos en El País, en The Guardian o la BBC; y en medios nacionales como Reforma, El Universal, Aristegui Noticias o Animal Político, entre otros.

Esta imagen de la torre Latino tomada en 2017, en lo personal me estremece por su fuerza, su color, su textura, la simetría y el momento que atrapó al caer el sol apuntando al poniente con su drone.

Creo que no hay expresión más contemporánea en términos de imagen para los tiempos que corren, que la mirada de águila que nos ofrece un buen manejo de drone desde las alturas, con ángulos cenitales o picados imposibles, que por increíble que parezca, esta herramienta todavía nos ofrece un nuevo ángulo por sobre todas las cosas que ya conocíamos de nuestra metrópoli.

Es por ello, que hoy quiero dejarles aquí, en la apertura de este nuevo espacio, esta imagen del corazón de nuestra ardiente ciudad, en lo que es ya la quinta temporada de esta columna desde que vio la luz por primera vez en 2006.

Agradezco la hospitalidad de Hirochi Takahashi, director del diario; la confianza de Alejandro Jiménez, coordinador nacional de Opinión; y la generosidad de Martha Ramos, directora general editorial de la OEM, por abrir este nuevo espacio de reflexión semanal sobre la imagen documental aquí, en el renovado Sol de México.

Tw @MxUlysses


Rojo atardecer en la Torre Latinoamericana. Son 204 metros de acero en pie desde 1956. Ha resistido cientos de temblores y tres terremotos: el de 1957, 1985 y el más reciente, el de 2017. Es un símbolo colectivo anclado a nuestra historia chilanga desde hace más de 60 años.

Y es precisamente con esta imagen de Santiago Arau (1980); con la que quiero arrancar la primer entrega de mi columna en las páginas de El Sol de México.

Desde hace algunos años y después del tsunami tecnológico que arrasó con la fotografía analógica a inicios del siglo XXI, y una vez superado el susto derivado de la escalofriante “democratización” de la imagen; hoy podemos afirmar que la mirada profesional y educada seguirá vigente a pesar de los casi 90 millones de celulares que circulan en las manos de mexicanos con la posibilidad diaria de hacer foto.

Así las cosas, creo que hoy vale la pena hablar de Santiago Arau por varias razones: para empezar se trata de un fotógrafo profesional incansable, que recién regresó de Asia hace unos días y ya estaba haciendo imágenes del zócalo a las tres de la mañana para mostrarnos una plaza vacía a esas horas de la madrugada.

Santiago es un fotógrafo con 15 años de carrera y que recientemente se sumó a los colegas que lo documentan todo, hace apenas dos años se estrenó con su primer drone y es así como muchos lo empezamos a conocer. Abrió su cuenta de Instagram en 2013 (@santiago_arau) y hoy cuenta con más de 55 mil seguidores.

Santiago a documentado durante los últimos cinco años, la vida en la Ciudad de México y ha registrado con su mirada otras ciudades del país. Pero además de contar con un ojo entrenado también lo caracteriza su entrega y generosidad.

Durante el terremoto del año pasado, aunque ya nos conocíamos, casi de inmediato entramos en contacto de nuevo, para ver su material realizado con drone durante los primeros días de aquella tragedia; cuando le solicité parte de su trabajo para difundirlo en un destacado medio nacional a través de sus distintas plataformas, Santiago no dudo un segundo en poner a nuestra disposición todo su material visual sin cobrar un peso por decisión suya.

Por supuesto, sus imágenes aéreas -tanto fijas como en video-, han sido publicadas por medios de todo el mundo, ahí están sus trabajos en El País, en The Guardian o la BBC; y en medios nacionales como Reforma, El Universal, Aristegui Noticias o Animal Político, entre otros.

Esta imagen de la torre Latino tomada en 2017, en lo personal me estremece por su fuerza, su color, su textura, la simetría y el momento que atrapó al caer el sol apuntando al poniente con su drone.

Creo que no hay expresión más contemporánea en términos de imagen para los tiempos que corren, que la mirada de águila que nos ofrece un buen manejo de drone desde las alturas, con ángulos cenitales o picados imposibles, que por increíble que parezca, esta herramienta todavía nos ofrece un nuevo ángulo por sobre todas las cosas que ya conocíamos de nuestra metrópoli.

Es por ello, que hoy quiero dejarles aquí, en la apertura de este nuevo espacio, esta imagen del corazón de nuestra ardiente ciudad, en lo que es ya la quinta temporada de esta columna desde que vio la luz por primera vez en 2006.

Agradezco la hospitalidad de Hirochi Takahashi, director del diario; la confianza de Alejandro Jiménez, coordinador nacional de Opinión; y la generosidad de Martha Ramos, directora general editorial de la OEM, por abrir este nuevo espacio de reflexión semanal sobre la imagen documental aquí, en el renovado Sol de México.

Tw @MxUlysses


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