/ viernes 28 de mayo de 2021

La increíble y triste historia de Colombia y el Mundial 86

Las exigencias económicas y de infraestructura de la FIFA, la lucha contra el narco, el conflicto armado y el desinterés político hundieron el sueño de toda una nación

Era 1974 y Colombia estaba de fiesta. La Federación Internacional de Fútbol Asociación acaba de elegir al país sudamericano como la sede del Mundial para 1986.

Los visionarios sueños del director deportivo colombiano, Alfonso Senior, se cumplían y la gente estallaba de júbilo al ver que su país estaba para cosas grandes en un momento de crisis política y social.

El presidente en turno, Alfonso López Michelsen, estaba muy entusiasmado de llevar a su país a la cima de los eventos internacionales, así es que se comprometió a cumplir cada uno de los requisitos impuestos por la FIFA.

EL SUEÑO SE DERRUMBA

Entonces, ¿cómo es que llegamos a vivir el Mundial en México en 1986? ¿Qué pasó en Colombia para que perdieran el estatus de sede mundialista del 86? Hay bastantes respuestas.

Desde que se planteó a Colombia como candidato para recibir el mayor evento del futbol en 1970, los detractores, encabezados por la oposición del gobierno, comenzaron a cuestionar la posibilidad de que su país albergara el evento; por un lado, el plan económico no estaría a la altura para solventar una inversión de tal magnitud, y por otro, la situación política y social no daba cabida a que el mundo pusiera los ojos en Colombia: la guerra de guerrillas y el narcotráfico dominaban la agenda local e internacional.

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Los cárteles de la droga estaban hasta en los huesos del futbol local, eran dueños de equipos y blanqueaban su dinero a través del deporte. En 1983, el Ministerio de Justicia denunció la infiltración del narco en seis clubes importantes y también en la selección nacional, tanto en jugadores, técnicos, funcionarios deportivos y en los resultados de los partidos.

Este deporte estaba contaminado por el narcotráfico y se sumaba al terror que se vivía en las ciudades y la violencia en las calles. Este problema mantuvo muy ocupado al gobierno por un lado, porque por otro también lidiaban con las negociaciones de paz con grupos guerrilleros, como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Movimiento 19 de abril (M-19) y el Ejército Popular de Liberación, que desde el inicio de la década de los 70 se vivía un conflicto armado.

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Los conflictos sociales era lo menos que deseaba mostrar Colombia al mundo, pero existieron otros factores que impulsaron la caída de la sede mundialista.

El ámbito económico tampoco sonreía a la nación sudamericana, las exigencias de la FIFA para llevar a cabo el mundial sobrepasaban por mucho a la infraestructura local. Se requerían seis estadios con capacidad de 40 mil asistentes, cuatro con 60 mil y dos más para 80 espectadores, así mismo exigían una red de carreteras y ferrocarriles capaces de conectar a todas las sedes donde se jugaría el torneo, una misión casi imposible en un terreno montañoso en el que no se podrían conectar las ciudades importantes. También se exigía un complejo de telecomunicaciones, aeropuertos en cada sede, flotas de limosinas para los directivos de la FIFA y medidas tributarias como la congelación de tarifas hoteleras, que los impuestos de las entradas no superaran el 15 por ciento y las comisiones para las agencias de venta fueran menores al 10 por ciento.

Foto: Cortesía

Así, el tiempo pasó y no pasaba nada, el desinterés político mermó en la organización, el sector privado trató de tomar el control a través de un corporativo que recaudaría fondos, pero los organizadores lo desconocieron, así se fueron cerrando las puertas de la gran ilusión de la nación colombiana.

Ocho años transcurrieron desde el anuncio de ratificación de la sede y la FIFA ya mostraba sus dudas sobre la capacidad colombiana de llevar a cabo la copa Mundial, pero no tuvieron que esperar más porque en ese mismo año, 1982, el presidente en la silla Belisario Bentacur tomaba una decisión y la daba a conocer al pueblo colombiano: “El mundial de fútbol de 1986 no se hará en Colombia. No se cumplió la regla de oro, consistente a que el Mundial debería servir a Colombia, y no Colombia a la multinacional del Mundial… Aquí en el país tenemos muchas otras cosas que hacer y no hay ni siquiera tiempo para las extravagancias de la FIFA y sus socios”, mencionó en un mensaje en cadena nacional por televisión y radio.

De esta manera, Colombia se convirtió en el primer y único país que renunciaba a ser sede de la justa mundialista.

“Nos vemos en Colombia 86” fue el mensaje que se mostró en el Santiago Bernabeu en la final del Mundial de España 1980, el mensaje que nunca se cumplió.

Era 1974 y Colombia estaba de fiesta. La Federación Internacional de Fútbol Asociación acaba de elegir al país sudamericano como la sede del Mundial para 1986.

Los visionarios sueños del director deportivo colombiano, Alfonso Senior, se cumplían y la gente estallaba de júbilo al ver que su país estaba para cosas grandes en un momento de crisis política y social.

El presidente en turno, Alfonso López Michelsen, estaba muy entusiasmado de llevar a su país a la cima de los eventos internacionales, así es que se comprometió a cumplir cada uno de los requisitos impuestos por la FIFA.

EL SUEÑO SE DERRUMBA

Entonces, ¿cómo es que llegamos a vivir el Mundial en México en 1986? ¿Qué pasó en Colombia para que perdieran el estatus de sede mundialista del 86? Hay bastantes respuestas.

Desde que se planteó a Colombia como candidato para recibir el mayor evento del futbol en 1970, los detractores, encabezados por la oposición del gobierno, comenzaron a cuestionar la posibilidad de que su país albergara el evento; por un lado, el plan económico no estaría a la altura para solventar una inversión de tal magnitud, y por otro, la situación política y social no daba cabida a que el mundo pusiera los ojos en Colombia: la guerra de guerrillas y el narcotráfico dominaban la agenda local e internacional.

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Los cárteles de la droga estaban hasta en los huesos del futbol local, eran dueños de equipos y blanqueaban su dinero a través del deporte. En 1983, el Ministerio de Justicia denunció la infiltración del narco en seis clubes importantes y también en la selección nacional, tanto en jugadores, técnicos, funcionarios deportivos y en los resultados de los partidos.

Este deporte estaba contaminado por el narcotráfico y se sumaba al terror que se vivía en las ciudades y la violencia en las calles. Este problema mantuvo muy ocupado al gobierno por un lado, porque por otro también lidiaban con las negociaciones de paz con grupos guerrilleros, como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el Movimiento 19 de abril (M-19) y el Ejército Popular de Liberación, que desde el inicio de la década de los 70 se vivía un conflicto armado.

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Los conflictos sociales era lo menos que deseaba mostrar Colombia al mundo, pero existieron otros factores que impulsaron la caída de la sede mundialista.

El ámbito económico tampoco sonreía a la nación sudamericana, las exigencias de la FIFA para llevar a cabo el mundial sobrepasaban por mucho a la infraestructura local. Se requerían seis estadios con capacidad de 40 mil asistentes, cuatro con 60 mil y dos más para 80 espectadores, así mismo exigían una red de carreteras y ferrocarriles capaces de conectar a todas las sedes donde se jugaría el torneo, una misión casi imposible en un terreno montañoso en el que no se podrían conectar las ciudades importantes. También se exigía un complejo de telecomunicaciones, aeropuertos en cada sede, flotas de limosinas para los directivos de la FIFA y medidas tributarias como la congelación de tarifas hoteleras, que los impuestos de las entradas no superaran el 15 por ciento y las comisiones para las agencias de venta fueran menores al 10 por ciento.

Foto: Cortesía

Así, el tiempo pasó y no pasaba nada, el desinterés político mermó en la organización, el sector privado trató de tomar el control a través de un corporativo que recaudaría fondos, pero los organizadores lo desconocieron, así se fueron cerrando las puertas de la gran ilusión de la nación colombiana.

Ocho años transcurrieron desde el anuncio de ratificación de la sede y la FIFA ya mostraba sus dudas sobre la capacidad colombiana de llevar a cabo la copa Mundial, pero no tuvieron que esperar más porque en ese mismo año, 1982, el presidente en la silla Belisario Bentacur tomaba una decisión y la daba a conocer al pueblo colombiano: “El mundial de fútbol de 1986 no se hará en Colombia. No se cumplió la regla de oro, consistente a que el Mundial debería servir a Colombia, y no Colombia a la multinacional del Mundial… Aquí en el país tenemos muchas otras cosas que hacer y no hay ni siquiera tiempo para las extravagancias de la FIFA y sus socios”, mencionó en un mensaje en cadena nacional por televisión y radio.

De esta manera, Colombia se convirtió en el primer y único país que renunciaba a ser sede de la justa mundialista.

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