/ lunes 13 de marzo de 2017

Tristeza MX, lo estadios lucieron vacíos

Alejandro Alfaro y Héctor Arreola

Fotos: Ramón Romero, José Luis García y Antonio Meléndez

EL adiós del futbol en las plazas mexicanas dejó al amante al deporte de las patadas sin su pasión, sin eso que lo hace olvidar las preocupaciones y tristezas, sin la emoción y sufrimiento que el balón demuestra cada fin de semana.

Ayer en las plazas del balompié nacional no hubo futbol una vez más.

El culpable puede ser cualquiera. Aunque al aficionado poco le interesan los intereses de los árbitros, jugadores o directivos. Lo hinchas quieren sentimiento y agitación. Conmocionarse con la técnica individual de la figura de su equipo. Una jugada individual, un drible, un festejo y hasta el canto de los seguidores, el futbol demuestra cada semana que es más que un deporte.

La pelota no rodó en el Nemesio Díez. El anuncio de boletos agotados solamente adornó las paredes de las taquillas del Infierno. El de Toluca no era un partido más. La visita de Cruz Azul prometía con ser una espectacular, no solamente por el estilo de ambos entrenadores, sino por la desesperación que tienen ambos, la ansiedad de unan victoria y simplemente demostrar que uno es mejor que otro. El rostro desencajado se presentó en el Víctor Manuel Reyna. La gente se dio cita en la explanada principal del también denominado “Zoque”. Las puertas se abrirían a las dos de la tarde, pero incluso a un minuto de que supuestamente iniciara el encuentro, todavía seguían con candados.

El seguidor fue el más dolido con el parón. Incluso en Torreón, una de las plazas que más acompaña a su equipo, prefirieron dejarlo para otra ocasión. El choque ante Monterrey no es uno más. Pero ayer prefirieron dejar la emoción para abandonar el TSM Corona vacío y sin el sentimiento que los caracteriza.

En una jornada complicada, todos los aficionados perdieron. No hubo burlas en redes sociales, los memes no aparecieron y la gente no saboreó el fin de semana como siempre, al contrario, fue un dolor no ver el balón rodar en los estadios. La guerra MX con los de pantalón largo mató la felicidad del deporte más hermoso del mundo.

Alejandro Alfaro y Héctor Arreola

Fotos: Ramón Romero, José Luis García y Antonio Meléndez

EL adiós del futbol en las plazas mexicanas dejó al amante al deporte de las patadas sin su pasión, sin eso que lo hace olvidar las preocupaciones y tristezas, sin la emoción y sufrimiento que el balón demuestra cada fin de semana.

Ayer en las plazas del balompié nacional no hubo futbol una vez más.

El culpable puede ser cualquiera. Aunque al aficionado poco le interesan los intereses de los árbitros, jugadores o directivos. Lo hinchas quieren sentimiento y agitación. Conmocionarse con la técnica individual de la figura de su equipo. Una jugada individual, un drible, un festejo y hasta el canto de los seguidores, el futbol demuestra cada semana que es más que un deporte.

La pelota no rodó en el Nemesio Díez. El anuncio de boletos agotados solamente adornó las paredes de las taquillas del Infierno. El de Toluca no era un partido más. La visita de Cruz Azul prometía con ser una espectacular, no solamente por el estilo de ambos entrenadores, sino por la desesperación que tienen ambos, la ansiedad de unan victoria y simplemente demostrar que uno es mejor que otro. El rostro desencajado se presentó en el Víctor Manuel Reyna. La gente se dio cita en la explanada principal del también denominado “Zoque”. Las puertas se abrirían a las dos de la tarde, pero incluso a un minuto de que supuestamente iniciara el encuentro, todavía seguían con candados.

El seguidor fue el más dolido con el parón. Incluso en Torreón, una de las plazas que más acompaña a su equipo, prefirieron dejarlo para otra ocasión. El choque ante Monterrey no es uno más. Pero ayer prefirieron dejar la emoción para abandonar el TSM Corona vacío y sin el sentimiento que los caracteriza.

En una jornada complicada, todos los aficionados perdieron. No hubo burlas en redes sociales, los memes no aparecieron y la gente no saboreó el fin de semana como siempre, al contrario, fue un dolor no ver el balón rodar en los estadios. La guerra MX con los de pantalón largo mató la felicidad del deporte más hermoso del mundo.