/ viernes 13 de noviembre de 2020

Del VHS al streaming, el calvario de otaku

Los aficionados al anime se cuentan por millones alrededor del mundo, aunque no siempre fue sencillo poder ver sus caricaturas favoritas

Atrás quedaron los tiempos donde el VHS era la opción para ver anime. Junto a los avances tecnológicos de multimedia, ahora cualquier persona puede acceder de forma legal y con calidad HD a las más nuevas producciones de animación japonesa.

Fue un camino forjado de la mano entre los avances tecnológicos y los aficionados mexicanos (y en general de todo el mundo) a series y películas de un país que en ocasiones es cerrado en cuestiones culturales.

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El anime, o animación estilo japonés, no es nuevo en occidente. Ya desde la década de los 80 se venía transmitiendo en la televisión mexicana. Títulos como Astroboy, Mazinger Z o Remi se ganaron un espacio entre la oferta de los dibujos animados producidos en Estados Unidos.

Astro Boy y Mazinger Z son algunos de ellos / Especial

Eran tiempos donde la computación estaba en pañales y la televisión por cable además de ser cara para el grueso de población, también ofrecía una limitada variedad de programas para niños.

La siguiente década, las novedades de caricaturas japonesas continuaron llegando a la televisión nacional. Títulos como Los Caballeros del Zodiaco, Supercampeones o Dragon Ball ganaron adeptos por miles entre la niñez de esa época, mientras que para las niñas Sailor Moon también lograba ser el deleite de las pequeñas.

Estas series lograron diferenciarse rápidamente de las producciones estadounidenses por su estilo tanto estético como de contenido. Los ojos grandes de los personajes y el contenido muchas veces con violencia explícita dieron la primera muestra de que, pese a ser dibujos animados, en Japón esto no es en automático sinónimo de programa infantil.

A la par de la oferta por televisión abierta, el cable comenzó a crecer en contenido, ya no sólo se trataba de transmitir lo que viniera del norte del río Bravo, también se comenzó a abrir la puerta a series del país del Sol Naciente.

Eso permitió que los espectadores mexicanos ya no se tuvieran que conformar con lo que veían en las pantallas de Televisa o Televisión Azteca, sino de otras emisoras de cable, como fue el caso de Loco Motion.

Canal de cable, Loco Motion comenzó a mezclar animaciones americanas con japonesas, pero con la diferencia de que el público para el que fueron creadas no eran niños de primaria, sino para adultos.

Foto: Toei Animation

El surgimiento de este canal de televisión coincidió con una generación que creció en los 80, y que no estaba dispuesta a dejar de ver caricaturas en su adolescencia, y más importante, ya tenía cierto poder adquisitivo para consumir.

Este par de factores favoreció al crecimiento de dos mercados, el de canales lícitos de caricaturas japonesas, y el de la piratería.

Estamos hablando de finales del siglo XX, donde incluso tener un reproductor de CD no era tan común como pudiera ser hoy.

En el mercado ilícito surgieron los VHS piratas, comercializados principalmente en tianguis o convenciones de comics de aquella época.

Mientras Loco Motion daba contenido a los fanáticos más avanzados, la televisión abierta se encargaba de reclutar a nuevos seguidores. En la segunda parte de la década de los 90 la barra de la tarde de Canal 7 estaba repleta de animaciones japonesas como Las Guerreras Mágicas o Escaflowne, series que en su país de origen eran consideradas como producciones de primer nivel.

Televisa no se quedaba atrás. Al éxito de Dragon Ball se le sumaron otras series como Ranma ½ o Pokemón, consolidando a las caricaturas japonesas en el gusto de la gente.

Foto: Especial


EL OTAKU DEL NUEVO SIGLO

La masificación del internet no sólo beneficio al sector académico, también al mundo del entretenimiento. Lo que antes, para el público en general, podría tardar años en llegar, con la red ahora podía llegar en meses o semanas, o al menos de manera indirecta.

A finales de los 90, en las convenciones de comics era común ver que en algunos puestos exhibían capítulos de series conocidas en México pero que hasta ese día no habían sido transmitidos, pero con algunos inconvenientes, el principal, sin doblaje.

La razón era simple, el video había sido traído de manera individual desde Japón, no necesariamente de manera ilegal, pero no para exhibirlo ni mucho menos para venderlo. Podían vender copias piratas de ese video, pero esa era una forma de adelantarse para ver los programas.

Foto @ToeiAnimation

Con internet los tiempos se redujeron. Pero eso no significaba que solo fuera piratería: mientras en cable Loco Motion evolucionaba para convertirse en Animax, canal dedicado al anime, en tele abierta seguía abierto el espacio para este tipo de programas.

Por eso, no es raro que en la primera década del siglo pasado se hiciera popular el concepto otaku, palabra que se refiera a las personas aficionadas a la cultura japonesa, más específicamente al anime.

De nueva cuenta, esta base de seguidores de productos japoneses se solidificó ya no solamente entre los adolescentes, sino entre adultos jóvenes con mayor poder adquisitivo pues ya no dependían de lo que sus papás les pudieran comprar, sino que ya poseían ingresos propios.

CORTESÍA

Ya no eran sólo series de anime, sino videojuegos, mangas (comics estilo japoneses) y otro tipo de artículos japoneses. En resumen, ya era un negocio.

Fueron más de 10 años en los que los otakus alimentaban sus gustos de diversas fuentes, ya fuera en televisión por cable (para entonces la tv abierta no ofrecía tanto para los verdaderos fanáticos) como por el cada vez más popular YouTube, por decir fuentes legales, de las ilegales seguían vigentes, y seguirán por comodidad y precio.


LLEGA EL STREAMING

Como en el resto del mundo del entretenimiento, el streaming vino a marcar un antes y un después dentro del mundo otaku. Poder ver de manera legal, con buen precio y calidad HD cualquier programa es un aliciente para que un aficionado con suficiente poder adquisitivo se mantenga contento.

Eso fue lo que ocurrió con servicios como Crunchyroll o Funimation, servicios de streaming dedicados exclusivamente al anime.

La ventaja de estos servicios es que ofrecen algo que hasta antes parecía un sueño: los capítulos de las japonesas dobladas al español tan sólo unas horas después de su transmisión en Japón.

Tan grande es el potencial de estas series, que los gigantes del streaming como Netflix y Amazon Prime tienen secciones dedicadas al anime, pues no sólo se trata de caricaturas “comerciales”, sino de otras cosas más “serias”.

Así, entre el catálogo de estos servicios de video en línea uno puede encontrar desde clásicos del cine de anime como El viaje de Chihiro (ganadora del Oscar y del Oso de Oro de Berlín, ambos en 2002), así como largometrajes más recientes como Your name o Amor de gata. Así, en cada una de estas plataformas, sólo por mencionar algunas, hay decenas de series y películas. Lo que hace 20 o 30 años era un sueño.

Desde luego, estos servicios no tienen su origen en el anime, pero sí lo han sabido explotar con oferta en sus catálogos o ya de plano, siendo exclusivo de caricaturas japonesas.

A 20 años del inicio del siglo XXI ya es historia el VHS con los capítulos sin doblar, ahora, lo de hoy, es el streaming.




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Atrás quedaron los tiempos donde el VHS era la opción para ver anime. Junto a los avances tecnológicos de multimedia, ahora cualquier persona puede acceder de forma legal y con calidad HD a las más nuevas producciones de animación japonesa.

Fue un camino forjado de la mano entre los avances tecnológicos y los aficionados mexicanos (y en general de todo el mundo) a series y películas de un país que en ocasiones es cerrado en cuestiones culturales.

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El anime, o animación estilo japonés, no es nuevo en occidente. Ya desde la década de los 80 se venía transmitiendo en la televisión mexicana. Títulos como Astroboy, Mazinger Z o Remi se ganaron un espacio entre la oferta de los dibujos animados producidos en Estados Unidos.

Astro Boy y Mazinger Z son algunos de ellos / Especial

Eran tiempos donde la computación estaba en pañales y la televisión por cable además de ser cara para el grueso de población, también ofrecía una limitada variedad de programas para niños.

La siguiente década, las novedades de caricaturas japonesas continuaron llegando a la televisión nacional. Títulos como Los Caballeros del Zodiaco, Supercampeones o Dragon Ball ganaron adeptos por miles entre la niñez de esa época, mientras que para las niñas Sailor Moon también lograba ser el deleite de las pequeñas.

Estas series lograron diferenciarse rápidamente de las producciones estadounidenses por su estilo tanto estético como de contenido. Los ojos grandes de los personajes y el contenido muchas veces con violencia explícita dieron la primera muestra de que, pese a ser dibujos animados, en Japón esto no es en automático sinónimo de programa infantil.

A la par de la oferta por televisión abierta, el cable comenzó a crecer en contenido, ya no sólo se trataba de transmitir lo que viniera del norte del río Bravo, también se comenzó a abrir la puerta a series del país del Sol Naciente.

Eso permitió que los espectadores mexicanos ya no se tuvieran que conformar con lo que veían en las pantallas de Televisa o Televisión Azteca, sino de otras emisoras de cable, como fue el caso de Loco Motion.

Canal de cable, Loco Motion comenzó a mezclar animaciones americanas con japonesas, pero con la diferencia de que el público para el que fueron creadas no eran niños de primaria, sino para adultos.

Foto: Toei Animation

El surgimiento de este canal de televisión coincidió con una generación que creció en los 80, y que no estaba dispuesta a dejar de ver caricaturas en su adolescencia, y más importante, ya tenía cierto poder adquisitivo para consumir.

Este par de factores favoreció al crecimiento de dos mercados, el de canales lícitos de caricaturas japonesas, y el de la piratería.

Estamos hablando de finales del siglo XX, donde incluso tener un reproductor de CD no era tan común como pudiera ser hoy.

En el mercado ilícito surgieron los VHS piratas, comercializados principalmente en tianguis o convenciones de comics de aquella época.

Mientras Loco Motion daba contenido a los fanáticos más avanzados, la televisión abierta se encargaba de reclutar a nuevos seguidores. En la segunda parte de la década de los 90 la barra de la tarde de Canal 7 estaba repleta de animaciones japonesas como Las Guerreras Mágicas o Escaflowne, series que en su país de origen eran consideradas como producciones de primer nivel.

Televisa no se quedaba atrás. Al éxito de Dragon Ball se le sumaron otras series como Ranma ½ o Pokemón, consolidando a las caricaturas japonesas en el gusto de la gente.

Foto: Especial


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La masificación del internet no sólo beneficio al sector académico, también al mundo del entretenimiento. Lo que antes, para el público en general, podría tardar años en llegar, con la red ahora podía llegar en meses o semanas, o al menos de manera indirecta.

A finales de los 90, en las convenciones de comics era común ver que en algunos puestos exhibían capítulos de series conocidas en México pero que hasta ese día no habían sido transmitidos, pero con algunos inconvenientes, el principal, sin doblaje.

La razón era simple, el video había sido traído de manera individual desde Japón, no necesariamente de manera ilegal, pero no para exhibirlo ni mucho menos para venderlo. Podían vender copias piratas de ese video, pero esa era una forma de adelantarse para ver los programas.

Foto @ToeiAnimation

Con internet los tiempos se redujeron. Pero eso no significaba que solo fuera piratería: mientras en cable Loco Motion evolucionaba para convertirse en Animax, canal dedicado al anime, en tele abierta seguía abierto el espacio para este tipo de programas.

Por eso, no es raro que en la primera década del siglo pasado se hiciera popular el concepto otaku, palabra que se refiera a las personas aficionadas a la cultura japonesa, más específicamente al anime.

De nueva cuenta, esta base de seguidores de productos japoneses se solidificó ya no solamente entre los adolescentes, sino entre adultos jóvenes con mayor poder adquisitivo pues ya no dependían de lo que sus papás les pudieran comprar, sino que ya poseían ingresos propios.

CORTESÍA

Ya no eran sólo series de anime, sino videojuegos, mangas (comics estilo japoneses) y otro tipo de artículos japoneses. En resumen, ya era un negocio.

Fueron más de 10 años en los que los otakus alimentaban sus gustos de diversas fuentes, ya fuera en televisión por cable (para entonces la tv abierta no ofrecía tanto para los verdaderos fanáticos) como por el cada vez más popular YouTube, por decir fuentes legales, de las ilegales seguían vigentes, y seguirán por comodidad y precio.


LLEGA EL STREAMING

Como en el resto del mundo del entretenimiento, el streaming vino a marcar un antes y un después dentro del mundo otaku. Poder ver de manera legal, con buen precio y calidad HD cualquier programa es un aliciente para que un aficionado con suficiente poder adquisitivo se mantenga contento.

Eso fue lo que ocurrió con servicios como Crunchyroll o Funimation, servicios de streaming dedicados exclusivamente al anime.

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