/ lunes 28 de diciembre de 2015

Jóvenes, blanco de delitos y maltrato

Nidia Marín / El Sol de México

Primera de dos partes

La criminalidad y las adicciones los acechan y a veces los atrapan; el VIH los amenaza; la pobreza es una posibilidad que los aterra; los embarazos tempranos son una realidad y diversas lacras penden sobre sus cabezas. No, no ha sido sencillo ser joven en México. Varones y féminas entre los 12 a 29 años de edad viven sorteando obstáculos, muchos los esquivan y otros (los menos afortunadamente) son enganchados.

Esopo dejó asentado: “Las uvas están verdes” y el irreverente Jardiel Poncela, con el paso del tiempo se desquitó: “la juventud es un defecto que se corrige con el tiempo”. Como fuere, y solo para invitar a la reflexión, en la República mexicana viven, se divierten, sufren, holgazanean o laboran aproximadamente 38 millones de jóvenes.

De acuerdo con la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred) 2014, presentada hace tres meses, se estima que durante el año pasado se generaron 19.8 millones de delitos y actos de maltrato asociados a 4.5 millones de víctimas de 12 a 29 años en las 47 ciudades donde se efectuó la muestra.

“Lo anterior representa una tasa de 4.4 delitos y maltratos por cada joven victimizado; así como una tasa de prevalencia de 46 mil 426 víctimas por cada cien mil jóvenes de 12 a 29 años durante 2014”, señaló el INEGI, institución que implementó la encuesta para atender la iniciativa de la Secretaría de Gobernación de crear un instrumento que respaldara de manera cuantitativa la Política Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia.

Los hallazgos derivados del muestreo son ilustrativos sobre la situación de los jóvenes mexicanos. Por ejemplo, las razones de los “ninis” para no trabajar y estudiar son variadas, pero 28.8 por ciento dice que no hay trabajo o no cuentan con el perfil para ser contratados, mientras que 25.2 por ciento afirma tener a un familiar bajo su cuidado o estar dedicado a los quehaceres del hogar; 15.2 por ciento expresa que no lo necesita o no tiene edad para trabajar y 14.3 por ciento no quiere o no le interesa.

Hay otros renglones también delicados.

De acuerdo a la encuesta 15.2 por ciento ha fumado marihuana o consumido alguna droga; 9.0 por ciento ha ganado dinero participando en algún acto criminal; 8.9 ha participado en algún acto de vandalismo; 7.6 se ha unido a pandillas violentas; 6.8 han sido arrestados; 5.5 ha maltratado animales intencionalmente; 4.2 ha tenido armas; 3.3 ha robado; 3.0 ha vendido drogas; 36.6 se ha embriagado y 40.6 ha dejado de estudiar o de trabajar.

Conforme a la Ecopred, se estima que 71.6 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años cuenta con amigos involucrados en al menos un factor de riesgo individual durante 2014.

Además, en 42.6 por ciento de los casos en los cuales los jóvenes fueron víctimas del delito o de maltrato, hubo compañeros de escuela involucrados como agresores; en 42.5 por ciento de los casos los victimarios eran desconocidos.

No solamente esto, sino que 87.7 por ciento manifiestan algún nivel de desconfianza en la policía. Entre las principales razones para desconfiar está el hecho de que los consideran corruptos, con 36.6 por ciento, y que se encuentran relacionados con la delincuencia, con 27.5 por ciento.

Hay algo que llama mucho la atención: se estima que 62.9 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años considera que la Policía puede atrapar a un delincuente, pero.... 36.1 por ciento de ellos, señala que soltarían al delincuente inmediatamente después de atraparlo.

Y síganme los buenos… La Ecopred permite estimar que 96.4 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años ocupa su tiempo libre escuchando música; mientras que 89.9 por ciento dice ayudar en los quehaceres del hogar o negocio. Por otro lado, solo la mitad de ellos manifiesta que practica un deporte al menos tres veces a la semana; y 18.4 por ciento asiste a algún curso o taller. La vida no es “enchílame otras”

Aprendiendo a vivir, entre tumbos y aciertos la juventud mexicana trascurre, con buenos y malos augurios. Así, de acuerdo con el diagnóstico del Programa Nacional de Juventud 2014-2018, en su momento el Consejo Nacional de Población estimó que la población juvenil en México, durante 2013, había alcanzado los casi 38 millones, lo cual representa un aumento del 4.9 por ciento respecto al Censo General de Población y Vivienda del Inegi de 2010.

¡Y sorpresa! Este incremento fue mayor para los hombres que para las mujeres (5.5 y 4.3 por ciento respectivamente).

Por otra parte, en 2013, la población juvenil (12 a 29 años de edad) representó 32.1 por ciento del total de la población. Para 2020 se estima que dicha proporción será de 30.5 por ciento, momento a partir del cual se reducirá de manera constante hasta alcanzar 24.4 por ciento aproximadamente en 2050.

No hay novedad alguna en el porvenir, si no se toman las medidas adecuadas, porque una de las principales barreras que enfrenta la población juvenil en el desarrollo de su vida es la pobreza. En México, se estima que 45.5 por ciento de la población enfrenta algún tipo de pobreza, mientras que, de manera particular, 44.9 por ciento del grupo de 12 a 29 años de edad vive esta situación.

De las personas que presentan algún nivel de pobreza, dicen, 9.8 por ciento se encuentra en pobreza extrema; en población joven, este porcentaje alcanza 9.4 por ciento.

Derivado de lo anterior, el Gobierno considera necesario atender de manera prioritaria a los 3.5 millones de jóvenes que viven en situación de pobreza extrema mediante acciones que propicien positivamente la ruptura de los circuitos de pobreza generacionales.

Un primer paso, afirman, es identificar la ubicación geográfica de estos jóvenes. En 2012, los estados de Chiapas (75.3 por ciento), Guerrero (70.2 por ciento) y Puebla (63.0 por ciento) registraron los niveles más altos de pobreza en jóvenes de 12 a 29 años; en cambio en Nuevo León (22.9 por ciento), Coahuila (26.1 por ciento) y Sonora (27.3 por ciento) se registró la menor proporción de jóvenes en esta situación. Básicamente la situación no se ha modificado en gran medida.

Al continuar con los planteamientos del Conapo, explica, que los jóvenes se distribuyen en el territorio nacional siguiendo un patrón similar al del conjunto de la población, de tal manera que la mitad de ellos (49.9 por ciento) se concentra en apenas siete de las treinta y dos entidades federativas que conforman el país: Estado de México (13.3 por ciento), Distrito Federal (8.4 por ciento), Veracruz (7.0 por ciento), Jalisco (6.6 por ciento), Puebla (5.1 por ciento), Guanajuato (5.1 por ciento) y Michoacán (4.4 por ciento).

También se puede decir que en tan solo 15 entidades (además de las siete anteriores Chiapas, Nuevo León, Oaxaca, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa y San Luis Potosí) viven tres de cada cuatro jóvenes residentes en México.

Y no se podía esperar otra cosa. Acorde con el proceso de urbanización seguido por el país en las últimas décadas, en la actualidad la población joven es predominantemente urbana. En 1970, 61.2 por ciento de la población de 15 a 24 años residía en localidades de 2 mil 500 y más habitantes y, en 1997, esta proporción ascendió a 75.3 por ciento. Cabe señalar, dice, que la población de 15 a 24 años se concentra en las áreas urbanas en mayor proporción que la población total (58.7 por ciento y 74 por ciento en esos años).

Existen trece entidades federativas, agrega, donde más de 80 por ciento de los jóvenes vive en zonas urbanas: Distrito Federal (99.7 por ciento), Nuevo León (93.1 por ciento), Baja California (91.4 por ciento), Coahuila (89.8 por ciento), Estado de México (86.7 por ciento), Morelos (86.6 por ciento), Colima (85.4 por ciento), Tamaulipas (85.1 por ciento), Quintana Roo (84.2 por ciento), Sonora (82.8 por ciento), Jalisco (82.1 por ciento), Tlaxcala (81.3 por ciento) y Yucatán (80.5 por ciento).

En contraste, existen entidades federativas donde al menos 40 por ciento de su población joven vive en localidades menores de 2,500 habitantes: Oaxaca (52.3 por ciento), Chiapas (52.2 por ciento), Hidalgo (50.8 por ciento), Tabasco (48.4 por ciento), Zacatecas (43.6 por ciento), Veracruz (40.5 por ciento) y Guerrero (40.2 por ciento). “Cotorros” y apresuradas

“Soltero, yo quiero ser / soltero, un día más /soltero, tú sabes te quiero / y el próximo año seré cuarentón…”, cantan Los Intrépidos.

Y sí, en nuestro país la mayoría de los y las adolescentes y jóvenes son personas solteras (74.3 por ciento), aunque se estima que cerca de cinco millones (24.5 por ciento) ya se han casado o viven en unión libre y poco más de 242 mil tienen una unión disuelta (1.2 por ciento).

Para el Consejo Nacional de Población, el tránsito de la soltería a la vida conyugal, que marca en el mundo simbólico el paso de la adolescencia a la edad adulta, ocurre para la mayoría de la población a partir de los veinte años de edad, como resultado de una paulatina postergación del inicio de la vida en pareja.

Estima que la edad mediana a la primera unión se ha recorrido alrededor de un año en las generaciones más jóvenes. La edad mediana al matrimonio de las mujeres nacidas entre 1953-1962 fue de 20.2 años, mientras que para la cohorte nacida entre 1963-1967 fue de 20.8, y para la generación 1968-1972 fue de 21.3 años.

En correspondencia con estos patrones de nupcialidad, casi diez por ciento de las y los jóvenes de 15 a 19 años se encontraba unido o casado, mientras que en el grupo de 20 a 24 años este porcentaje aumentó a 40.6 por ciento.

En ambos grupos de edades, el porcentaje de mujeres unidas supera en alrededor de diez puntos porcentuales al porcentaje de varones que se encuentran en esta condición conyugal, como resultado de la existencia de patrones de matrimonio más tempranos entre las mujeres.

Existen diferencias muy acentuadas en el estado civil de las y los jóvenes residentes de localidades urbanas y rurales, explica el organismo En las zonas urbanas predomina la población soltera tanto en la adolescencia como en la juventud temprana. En el grupo 15 a 19 años, la diferencia relativa entre ambos contextos es de casi 50 por ciento (8.5 por ciento y 13.0 por ciento se encontraba en unión o matrimonio en las localidades urbanas y rurales, respectivamente).

En el grupo de 20 a 24 años, las diferencias se acentúan mucho más, de tal forma que en el medio rural una de cada dos personas de este grupo de edad vive en unión conyugal (50.2 por ciento), contra poco menos de una de cada cuatro en las localidades urbanas.

El grupo que inicia la vida marital más tempranamente es el de las mujeres residentes en localidades rurales. A la edad de 15 a 19 años una de cada cinco está casada o unida, porcentaje que se incrementa a casi seis de cada diez entre las mujeres rurales de 20 a 24 años de edad.

En estos tiempos, señala el INEGI, la situación conyugal que predomina en los jóvenes es la de solteros (63.5 por ciento), mientras que uno de cada tres (33.1 por ciento) está unido (casado o en unión libre) y 3.4 por ciento se encuentra divorciado, separado o viudo (población ex-unida).

Pero, conforme avanza la edad la situación conyugal de los jóvenes tiende a cambiar: en los adolescentes de 15 a 19 años, 89.1 por ciento están solteros, mientras que en los de 25 a 29 años casi seis de cada 10 (58.7 por ciento) están unidos. Y el remate: 6 por ciento de los jóvenes de 25 a 29 años de edad está divorciado, separado o viudo.

(Continuará)

Nidia Marín / El Sol de México

Primera de dos partes

La criminalidad y las adicciones los acechan y a veces los atrapan; el VIH los amenaza; la pobreza es una posibilidad que los aterra; los embarazos tempranos son una realidad y diversas lacras penden sobre sus cabezas. No, no ha sido sencillo ser joven en México. Varones y féminas entre los 12 a 29 años de edad viven sorteando obstáculos, muchos los esquivan y otros (los menos afortunadamente) son enganchados.

Esopo dejó asentado: “Las uvas están verdes” y el irreverente Jardiel Poncela, con el paso del tiempo se desquitó: “la juventud es un defecto que se corrige con el tiempo”. Como fuere, y solo para invitar a la reflexión, en la República mexicana viven, se divierten, sufren, holgazanean o laboran aproximadamente 38 millones de jóvenes.

De acuerdo con la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (Ecopred) 2014, presentada hace tres meses, se estima que durante el año pasado se generaron 19.8 millones de delitos y actos de maltrato asociados a 4.5 millones de víctimas de 12 a 29 años en las 47 ciudades donde se efectuó la muestra.

“Lo anterior representa una tasa de 4.4 delitos y maltratos por cada joven victimizado; así como una tasa de prevalencia de 46 mil 426 víctimas por cada cien mil jóvenes de 12 a 29 años durante 2014”, señaló el INEGI, institución que implementó la encuesta para atender la iniciativa de la Secretaría de Gobernación de crear un instrumento que respaldara de manera cuantitativa la Política Nacional de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia.

Los hallazgos derivados del muestreo son ilustrativos sobre la situación de los jóvenes mexicanos. Por ejemplo, las razones de los “ninis” para no trabajar y estudiar son variadas, pero 28.8 por ciento dice que no hay trabajo o no cuentan con el perfil para ser contratados, mientras que 25.2 por ciento afirma tener a un familiar bajo su cuidado o estar dedicado a los quehaceres del hogar; 15.2 por ciento expresa que no lo necesita o no tiene edad para trabajar y 14.3 por ciento no quiere o no le interesa.

Hay otros renglones también delicados.

De acuerdo a la encuesta 15.2 por ciento ha fumado marihuana o consumido alguna droga; 9.0 por ciento ha ganado dinero participando en algún acto criminal; 8.9 ha participado en algún acto de vandalismo; 7.6 se ha unido a pandillas violentas; 6.8 han sido arrestados; 5.5 ha maltratado animales intencionalmente; 4.2 ha tenido armas; 3.3 ha robado; 3.0 ha vendido drogas; 36.6 se ha embriagado y 40.6 ha dejado de estudiar o de trabajar.

Conforme a la Ecopred, se estima que 71.6 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años cuenta con amigos involucrados en al menos un factor de riesgo individual durante 2014.

Además, en 42.6 por ciento de los casos en los cuales los jóvenes fueron víctimas del delito o de maltrato, hubo compañeros de escuela involucrados como agresores; en 42.5 por ciento de los casos los victimarios eran desconocidos.

No solamente esto, sino que 87.7 por ciento manifiestan algún nivel de desconfianza en la policía. Entre las principales razones para desconfiar está el hecho de que los consideran corruptos, con 36.6 por ciento, y que se encuentran relacionados con la delincuencia, con 27.5 por ciento.

Hay algo que llama mucho la atención: se estima que 62.9 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años considera que la Policía puede atrapar a un delincuente, pero.... 36.1 por ciento de ellos, señala que soltarían al delincuente inmediatamente después de atraparlo.

Y síganme los buenos… La Ecopred permite estimar que 96.4 por ciento de los jóvenes de 12 a 29 años ocupa su tiempo libre escuchando música; mientras que 89.9 por ciento dice ayudar en los quehaceres del hogar o negocio. Por otro lado, solo la mitad de ellos manifiesta que practica un deporte al menos tres veces a la semana; y 18.4 por ciento asiste a algún curso o taller. La vida no es “enchílame otras”

Aprendiendo a vivir, entre tumbos y aciertos la juventud mexicana trascurre, con buenos y malos augurios. Así, de acuerdo con el diagnóstico del Programa Nacional de Juventud 2014-2018, en su momento el Consejo Nacional de Población estimó que la población juvenil en México, durante 2013, había alcanzado los casi 38 millones, lo cual representa un aumento del 4.9 por ciento respecto al Censo General de Población y Vivienda del Inegi de 2010.

¡Y sorpresa! Este incremento fue mayor para los hombres que para las mujeres (5.5 y 4.3 por ciento respectivamente).

Por otra parte, en 2013, la población juvenil (12 a 29 años de edad) representó 32.1 por ciento del total de la población. Para 2020 se estima que dicha proporción será de 30.5 por ciento, momento a partir del cual se reducirá de manera constante hasta alcanzar 24.4 por ciento aproximadamente en 2050.

No hay novedad alguna en el porvenir, si no se toman las medidas adecuadas, porque una de las principales barreras que enfrenta la población juvenil en el desarrollo de su vida es la pobreza. En México, se estima que 45.5 por ciento de la población enfrenta algún tipo de pobreza, mientras que, de manera particular, 44.9 por ciento del grupo de 12 a 29 años de edad vive esta situación.

De las personas que presentan algún nivel de pobreza, dicen, 9.8 por ciento se encuentra en pobreza extrema; en población joven, este porcentaje alcanza 9.4 por ciento.

Derivado de lo anterior, el Gobierno considera necesario atender de manera prioritaria a los 3.5 millones de jóvenes que viven en situación de pobreza extrema mediante acciones que propicien positivamente la ruptura de los circuitos de pobreza generacionales.

Un primer paso, afirman, es identificar la ubicación geográfica de estos jóvenes. En 2012, los estados de Chiapas (75.3 por ciento), Guerrero (70.2 por ciento) y Puebla (63.0 por ciento) registraron los niveles más altos de pobreza en jóvenes de 12 a 29 años; en cambio en Nuevo León (22.9 por ciento), Coahuila (26.1 por ciento) y Sonora (27.3 por ciento) se registró la menor proporción de jóvenes en esta situación. Básicamente la situación no se ha modificado en gran medida.

Al continuar con los planteamientos del Conapo, explica, que los jóvenes se distribuyen en el territorio nacional siguiendo un patrón similar al del conjunto de la población, de tal manera que la mitad de ellos (49.9 por ciento) se concentra en apenas siete de las treinta y dos entidades federativas que conforman el país: Estado de México (13.3 por ciento), Distrito Federal (8.4 por ciento), Veracruz (7.0 por ciento), Jalisco (6.6 por ciento), Puebla (5.1 por ciento), Guanajuato (5.1 por ciento) y Michoacán (4.4 por ciento).

También se puede decir que en tan solo 15 entidades (además de las siete anteriores Chiapas, Nuevo León, Oaxaca, Guerrero, Chihuahua, Tamaulipas, Sinaloa y San Luis Potosí) viven tres de cada cuatro jóvenes residentes en México.

Y no se podía esperar otra cosa. Acorde con el proceso de urbanización seguido por el país en las últimas décadas, en la actualidad la población joven es predominantemente urbana. En 1970, 61.2 por ciento de la población de 15 a 24 años residía en localidades de 2 mil 500 y más habitantes y, en 1997, esta proporción ascendió a 75.3 por ciento. Cabe señalar, dice, que la población de 15 a 24 años se concentra en las áreas urbanas en mayor proporción que la población total (58.7 por ciento y 74 por ciento en esos años).

Existen trece entidades federativas, agrega, donde más de 80 por ciento de los jóvenes vive en zonas urbanas: Distrito Federal (99.7 por ciento), Nuevo León (93.1 por ciento), Baja California (91.4 por ciento), Coahuila (89.8 por ciento), Estado de México (86.7 por ciento), Morelos (86.6 por ciento), Colima (85.4 por ciento), Tamaulipas (85.1 por ciento), Quintana Roo (84.2 por ciento), Sonora (82.8 por ciento), Jalisco (82.1 por ciento), Tlaxcala (81.3 por ciento) y Yucatán (80.5 por ciento).

En contraste, existen entidades federativas donde al menos 40 por ciento de su población joven vive en localidades menores de 2,500 habitantes: Oaxaca (52.3 por ciento), Chiapas (52.2 por ciento), Hidalgo (50.8 por ciento), Tabasco (48.4 por ciento), Zacatecas (43.6 por ciento), Veracruz (40.5 por ciento) y Guerrero (40.2 por ciento). “Cotorros” y apresuradas

“Soltero, yo quiero ser / soltero, un día más /soltero, tú sabes te quiero / y el próximo año seré cuarentón…”, cantan Los Intrépidos.

Y sí, en nuestro país la mayoría de los y las adolescentes y jóvenes son personas solteras (74.3 por ciento), aunque se estima que cerca de cinco millones (24.5 por ciento) ya se han casado o viven en unión libre y poco más de 242 mil tienen una unión disuelta (1.2 por ciento).

Para el Consejo Nacional de Población, el tránsito de la soltería a la vida conyugal, que marca en el mundo simbólico el paso de la adolescencia a la edad adulta, ocurre para la mayoría de la población a partir de los veinte años de edad, como resultado de una paulatina postergación del inicio de la vida en pareja.

Estima que la edad mediana a la primera unión se ha recorrido alrededor de un año en las generaciones más jóvenes. La edad mediana al matrimonio de las mujeres nacidas entre 1953-1962 fue de 20.2 años, mientras que para la cohorte nacida entre 1963-1967 fue de 20.8, y para la generación 1968-1972 fue de 21.3 años.

En correspondencia con estos patrones de nupcialidad, casi diez por ciento de las y los jóvenes de 15 a 19 años se encontraba unido o casado, mientras que en el grupo de 20 a 24 años este porcentaje aumentó a 40.6 por ciento.

En ambos grupos de edades, el porcentaje de mujeres unidas supera en alrededor de diez puntos porcentuales al porcentaje de varones que se encuentran en esta condición conyugal, como resultado de la existencia de patrones de matrimonio más tempranos entre las mujeres.

Existen diferencias muy acentuadas en el estado civil de las y los jóvenes residentes de localidades urbanas y rurales, explica el organismo En las zonas urbanas predomina la población soltera tanto en la adolescencia como en la juventud temprana. En el grupo 15 a 19 años, la diferencia relativa entre ambos contextos es de casi 50 por ciento (8.5 por ciento y 13.0 por ciento se encontraba en unión o matrimonio en las localidades urbanas y rurales, respectivamente).

En el grupo de 20 a 24 años, las diferencias se acentúan mucho más, de tal forma que en el medio rural una de cada dos personas de este grupo de edad vive en unión conyugal (50.2 por ciento), contra poco menos de una de cada cuatro en las localidades urbanas.

El grupo que inicia la vida marital más tempranamente es el de las mujeres residentes en localidades rurales. A la edad de 15 a 19 años una de cada cinco está casada o unida, porcentaje que se incrementa a casi seis de cada diez entre las mujeres rurales de 20 a 24 años de edad.

En estos tiempos, señala el INEGI, la situación conyugal que predomina en los jóvenes es la de solteros (63.5 por ciento), mientras que uno de cada tres (33.1 por ciento) está unido (casado o en unión libre) y 3.4 por ciento se encuentra divorciado, separado o viudo (población ex-unida).

Pero, conforme avanza la edad la situación conyugal de los jóvenes tiende a cambiar: en los adolescentes de 15 a 19 años, 89.1 por ciento están solteros, mientras que en los de 25 a 29 años casi seis de cada 10 (58.7 por ciento) están unidos. Y el remate: 6 por ciento de los jóvenes de 25 a 29 años de edad está divorciado, separado o viudo.

(Continuará)