/ lunes 18 de septiembre de 2017

¡Basta de impunidad!

Este domingo en diversos estados de la República Mexicana, comprendida la flamante Ciudad de México (CdMx) además de Puebla y Veracruz, Coahuila, Estado de México, Jalisco, Michoacán y Nuevo León, contingentes ciudadanos, representantes de una sociedad harta, pero sobre todo lacerada por el dolor y la rabia frente a una impunidad que la desangra sin límites ni fin, marcharon por las principales avenidas de sus respectivas entidades condenando la violencia que -particularmente en contra de las mujeres- crece, imbatible, en nuestro país.

La víctima del feminicidio que les convocó en esta ocasión fue Mara Fernanda Castilla, cuyo rostro y sonrisa, que las redes sociales y los medios dieron a conocer desde el 8 de septiembre en que desapareció con la esperanza de poderla encontrar, hoy son encarnación del símbolo más elocuente de la tragedia social, profunda misoginia, decadencia moral, pero sobre todo psicopatía endémica en que estamos inmersos. ¡Y cómo no serlo, si la hasta hace poco adolescente apenas comenzaba a vivir, tenía solo 19 años de edad y estudiaba la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, cuando la irracional criminalidad cegó su existencia! Pero hay algo peor, Mara no es la más reciente víctima del atroz flagelo del feminicidio, es sólo en estas horas el caso más difundido, es la víctima 83 en Puebla en lo que va de 2017, pues cada día entre 6 y 7 mujeres –casi una decena- son víctimas de feminicidio, al ser asesinada una mujer cada 4 horas, lo que hace un total de 180 víctimas en promedio al mes y de dos mil en lo que va del año. Por eso la sociedad se vuelca en las redes y los hashtags se multiplican: #JusticiaparaMara, #NiUnaMas, #NiUnaMenos, #TodasSomosMara, #NoFueTuCulpa, #NiUnFeminicidioMás, #VivanlasMujeres, #AltoalaViolenciadeGenero, #BastaDeImpunidad, como hace unos meses lo hizo la propia Mara cuando usó, paradójicamente, #SiMeMatan con motivo del feminicidio de Lesvy Berlin en el campus de nuestra máxima Casa de Estudios.

Pero los feminicidios, como los homicidios y la criminalidad en general, no podrán evitarse ni muchos menos ser resueltos, mientras no asumamos la responsabilidad que a todos nos corresponde; mientras empresas como la del presunto homicida “renuncien a cualquier obligación, reclamación o daños surgidos”; mientras no se revisen los tipos penales locales; mientras haya funcionarios como el rector de la Universidad Madero -de la propia Puebla- que declaran: “la culpa la tiene la libertad de las mujeres”; mientras los gobernadores desoigan el clamor social como en el caso del Estado de México, capital nacional del feminicidio, y de la propia CdMx que tan solo entre noviembre de 2016 y junio de 2017 vio incrementar la tasa de este delito en un 100% y, sobre todo, mientras la impunidad prevalezca, rampante y descarnadamente triunfante, como epicentro estructural junto con su alter ego, la letal corrupción, en nuestra Nación.

Amnistía Internacional ha denunciado al respecto: “En México las mujeres están constantemente en riesgo. No puede apelarse al comportamiento de las mujeres, dejando la responsabilidad en las víctimas. No. Estamos frente a un contexto que desprecia la vida de las mujeres, y a un Estado machista que tiene una histórica deuda pendiente, que  debe revisar sus responsabilidades y su deber de diligencia respecto a la vida, la integridad y la dignidad de las mujeres… No es culpa de las víctimas, es culpa del Estado que ha normalizado la violencia”. Sí, pero más lo es de toda la sociedad por haber fracasado y permitido la subsistencia de un sistema que tolera y fomenta la objetivación impune del sujeto y con ello, como diría Simone de Beauvoir, la consumación del objeto deseado hasta su destrucción.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli

Este domingo en diversos estados de la República Mexicana, comprendida la flamante Ciudad de México (CdMx) además de Puebla y Veracruz, Coahuila, Estado de México, Jalisco, Michoacán y Nuevo León, contingentes ciudadanos, representantes de una sociedad harta, pero sobre todo lacerada por el dolor y la rabia frente a una impunidad que la desangra sin límites ni fin, marcharon por las principales avenidas de sus respectivas entidades condenando la violencia que -particularmente en contra de las mujeres- crece, imbatible, en nuestro país.

La víctima del feminicidio que les convocó en esta ocasión fue Mara Fernanda Castilla, cuyo rostro y sonrisa, que las redes sociales y los medios dieron a conocer desde el 8 de septiembre en que desapareció con la esperanza de poderla encontrar, hoy son encarnación del símbolo más elocuente de la tragedia social, profunda misoginia, decadencia moral, pero sobre todo psicopatía endémica en que estamos inmersos. ¡Y cómo no serlo, si la hasta hace poco adolescente apenas comenzaba a vivir, tenía solo 19 años de edad y estudiaba la carrera de Ciencias Políticas en la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla, cuando la irracional criminalidad cegó su existencia! Pero hay algo peor, Mara no es la más reciente víctima del atroz flagelo del feminicidio, es sólo en estas horas el caso más difundido, es la víctima 83 en Puebla en lo que va de 2017, pues cada día entre 6 y 7 mujeres –casi una decena- son víctimas de feminicidio, al ser asesinada una mujer cada 4 horas, lo que hace un total de 180 víctimas en promedio al mes y de dos mil en lo que va del año. Por eso la sociedad se vuelca en las redes y los hashtags se multiplican: #JusticiaparaMara, #NiUnaMas, #NiUnaMenos, #TodasSomosMara, #NoFueTuCulpa, #NiUnFeminicidioMás, #VivanlasMujeres, #AltoalaViolenciadeGenero, #BastaDeImpunidad, como hace unos meses lo hizo la propia Mara cuando usó, paradójicamente, #SiMeMatan con motivo del feminicidio de Lesvy Berlin en el campus de nuestra máxima Casa de Estudios.

Pero los feminicidios, como los homicidios y la criminalidad en general, no podrán evitarse ni muchos menos ser resueltos, mientras no asumamos la responsabilidad que a todos nos corresponde; mientras empresas como la del presunto homicida “renuncien a cualquier obligación, reclamación o daños surgidos”; mientras no se revisen los tipos penales locales; mientras haya funcionarios como el rector de la Universidad Madero -de la propia Puebla- que declaran: “la culpa la tiene la libertad de las mujeres”; mientras los gobernadores desoigan el clamor social como en el caso del Estado de México, capital nacional del feminicidio, y de la propia CdMx que tan solo entre noviembre de 2016 y junio de 2017 vio incrementar la tasa de este delito en un 100% y, sobre todo, mientras la impunidad prevalezca, rampante y descarnadamente triunfante, como epicentro estructural junto con su alter ego, la letal corrupción, en nuestra Nación.

Amnistía Internacional ha denunciado al respecto: “En México las mujeres están constantemente en riesgo. No puede apelarse al comportamiento de las mujeres, dejando la responsabilidad en las víctimas. No. Estamos frente a un contexto que desprecia la vida de las mujeres, y a un Estado machista que tiene una histórica deuda pendiente, que  debe revisar sus responsabilidades y su deber de diligencia respecto a la vida, la integridad y la dignidad de las mujeres… No es culpa de las víctimas, es culpa del Estado que ha normalizado la violencia”. Sí, pero más lo es de toda la sociedad por haber fracasado y permitido la subsistencia de un sistema que tolera y fomenta la objetivación impune del sujeto y con ello, como diría Simone de Beauvoir, la consumación del objeto deseado hasta su destrucción.

bettyzanolli@gmail.com

@BettyZanolli

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