/ jueves 6 de junio de 2019

Consolidación

Los triunfos electorales de Morena para gobernador en Baja California y Puebla son muy claros. Hay quien dice que no son contundentes, pero ello es una regla general en política y sobre todo a seis meses de estar en el poder. Todos conocemos de memoria las condiciones políticas por las que atraviesa el país, heredadas del pasado, lo que impulsa al votante a ir paso a paso -por ejemplo en el caso de la abstención, que es una especie de mudez meditativa- y tomar las decisiones, digamos, con cautela; lo que no le resta digamos, ni un ápice de claridad al proceso electoral pasado.

En otros términos, el mandato es evidente y seguir adelante en medio de los tropiezos que son naturales en un acomodo político. Habría que ser ingenuo para pensar que un cambio, que llevó a López Obrador al triunfo, se puede realizar con la celeridad que caracteriza a un deseo que suele ser instantáneo. No es cosa fácil derribar un muro de cemento construido durante mucho tiempo; y a pesar de las palabras dicharacheras del Presidente, de su estilo propio de hablar, incluso de sus contradicciones, el pueblo ordena seguir adelante. Los grandes políticos se han hecho en caminos con obstáculos. Las rutas lisas son con frecuencia trampas.

Ahora bien, se trata de un voto de confianza. Al respecto las impugnaciones y los descontentos debidamente fundados y motivados son lo usual, pues son parte de un proceso político. ¿Pero qué significa en rigor ese voto de confianza? Principalmente dos cosas: atender el grave problema de la inseguridad, de la violencia, y afrontar a Trump con sus desatinos, violaciones constantes al Derecho y al sentido común, y sus consabidas agresiones verbales que se traducen en agresiones físicas. Muro y aranceles son ejemplos de lo que digo. Sin embargo es imprescindible la unidad para lograrlo.

Por eso es criticable la oposición irracional, visceral, aturdida, en vez de condicionada a compromisos claros, comunes. Hay momentos en la historia de las naciones en que la unidad, repito que condicionada, es indispensable para no obstruir el andar político de quien tiene en sus manos el timón de un país. No hay más que ir a las redes sociales para detectar en algunos el apetito de venganza, la sinrazón llevada al extremo, la crítica por la mera crítica sin aportar siquiera una idea. Nos guste o no el pueblo ha hablado. Con o sin contundencia ha hablado y su claridad es elocuente.

Y salvo el caso de fraudes probados el mandato se mantiene en pie. La más alta política se lleva a cabo invariablemente en el espacio de la oposición que razona y piensa, que propone y ayuda a consolidar ideales comunes. La unidad no siempre es uniformidad, ya que lo único es totalitarismo. En la disidencia inteligente siempre hay coincidencias, porque vivimos y convivimos en el mismo país buscando metas que satisfagan a todos. Los enemigos a vencer y convencer son la violencia desgarradora y un Trump enloquecido.

No hay argumento malo cuando la voluntad es buena. Repito que habida cuenta del mandato electoral sólo un loco diría que se hunda el barco en el que vamos todos. Hay que consolidar el triunfo y la disidencia. Ese es el reto. Quien se crea vencido ya lo es y el vencedor que pregone su triunfo con soberbia será siempre un vencido con apariencia de vencedor. Los malos vecinos del norte -dando por descontado que buenos los hay- son junto con la violencia los males que acechan perversamente a la nación. Cumplamos con el voto, acatémoslo y respetémoslo.

@RaulCarranca

www.facebook.com/despacho.raulcarranca

Los triunfos electorales de Morena para gobernador en Baja California y Puebla son muy claros. Hay quien dice que no son contundentes, pero ello es una regla general en política y sobre todo a seis meses de estar en el poder. Todos conocemos de memoria las condiciones políticas por las que atraviesa el país, heredadas del pasado, lo que impulsa al votante a ir paso a paso -por ejemplo en el caso de la abstención, que es una especie de mudez meditativa- y tomar las decisiones, digamos, con cautela; lo que no le resta digamos, ni un ápice de claridad al proceso electoral pasado.

En otros términos, el mandato es evidente y seguir adelante en medio de los tropiezos que son naturales en un acomodo político. Habría que ser ingenuo para pensar que un cambio, que llevó a López Obrador al triunfo, se puede realizar con la celeridad que caracteriza a un deseo que suele ser instantáneo. No es cosa fácil derribar un muro de cemento construido durante mucho tiempo; y a pesar de las palabras dicharacheras del Presidente, de su estilo propio de hablar, incluso de sus contradicciones, el pueblo ordena seguir adelante. Los grandes políticos se han hecho en caminos con obstáculos. Las rutas lisas son con frecuencia trampas.

Ahora bien, se trata de un voto de confianza. Al respecto las impugnaciones y los descontentos debidamente fundados y motivados son lo usual, pues son parte de un proceso político. ¿Pero qué significa en rigor ese voto de confianza? Principalmente dos cosas: atender el grave problema de la inseguridad, de la violencia, y afrontar a Trump con sus desatinos, violaciones constantes al Derecho y al sentido común, y sus consabidas agresiones verbales que se traducen en agresiones físicas. Muro y aranceles son ejemplos de lo que digo. Sin embargo es imprescindible la unidad para lograrlo.

Por eso es criticable la oposición irracional, visceral, aturdida, en vez de condicionada a compromisos claros, comunes. Hay momentos en la historia de las naciones en que la unidad, repito que condicionada, es indispensable para no obstruir el andar político de quien tiene en sus manos el timón de un país. No hay más que ir a las redes sociales para detectar en algunos el apetito de venganza, la sinrazón llevada al extremo, la crítica por la mera crítica sin aportar siquiera una idea. Nos guste o no el pueblo ha hablado. Con o sin contundencia ha hablado y su claridad es elocuente.

Y salvo el caso de fraudes probados el mandato se mantiene en pie. La más alta política se lleva a cabo invariablemente en el espacio de la oposición que razona y piensa, que propone y ayuda a consolidar ideales comunes. La unidad no siempre es uniformidad, ya que lo único es totalitarismo. En la disidencia inteligente siempre hay coincidencias, porque vivimos y convivimos en el mismo país buscando metas que satisfagan a todos. Los enemigos a vencer y convencer son la violencia desgarradora y un Trump enloquecido.

No hay argumento malo cuando la voluntad es buena. Repito que habida cuenta del mandato electoral sólo un loco diría que se hunda el barco en el que vamos todos. Hay que consolidar el triunfo y la disidencia. Ese es el reto. Quien se crea vencido ya lo es y el vencedor que pregone su triunfo con soberbia será siempre un vencido con apariencia de vencedor. Los malos vecinos del norte -dando por descontado que buenos los hay- son junto con la violencia los males que acechan perversamente a la nación. Cumplamos con el voto, acatémoslo y respetémoslo.

@RaulCarranca

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