/ sábado 15 de febrero de 2020

Entre piernas y telones

Serendipia

Hugo Hernández

La juventud, se tiende a pensar, es una etapa de felicidad absoluta. No hay problemas, todo es diversión, no hay obligaciones, y el gozo es permanente y absoluto.

Sin embargo, parece ser que la realidad es distinta.

Según datos oficiales, el suicidio entre los jóvenes de 15 a 29 años aumentó en los últimos años en México hasta colocarse como la segunda causa de muerte.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática (INEGI), en 2018, se detectaron más de 6 mil 285 suicidios lo que representa 5.2 muertes por cada 100 mil habitantes y un año antes se registraron 2 mil 599 suicidios, lo que indica que los casos casi se triplicaron de un año a otro.

Los principales métodos de suicidio, de acuerdo a la misma fuente, fueron: ahorcamiento (79.3%), disparo de armas de fuego (8.9%) y envenenamiento (3.8%).

¿Por qué hablar de un tema como éste en una columna de reseña teatral?

Respuesta puede haber muchas.

He aquí dos:

La primera es que el buen teatro, desde siempre, se ha ocupado de los problemas humanos. El teatro es un gran espejo que refleja las inquietudes, deseos, ambiciones, preocupaciones, logros, frustraciones, del grupo social en que se genera.

Y la segunda razón es porque con gran satisfacción he encontrado un montaje hecho por y para jóvenes que aborda el muy complejo tema del suicidio juvenil de una manera simple, directa, sin cortapisas, pero al mismo tiempo de forma divertida, creativa y seguramente efectiva para la comunidad a la cual va dirigida principalmente.

Es un montaje singular desde el título mismo: Serendipia, palabra que alude a la capacidad de encontrar tesoros donde nadie los ve.

La trama es aparentemente muy simple: Un joven sube al último piso de un alto edificio para desde ahí lanzarse al vacío, a los pocos minutos llega otro muchacho con la misma intención, y luego otro, y otro hasta completar una docena que, por muy distintas causas, han decidido acabar con su vida.

Contra lo que pudiera pensarse, se trata de una puesta en escena muy divertida, ágil, esperanzadora, con la que además de entretenerse seguramente los jóvenes que acudan se identificarán.

Moda, desempleo, incomprensión, comida, juegos, identidad, culpa, éstas y otras muchas son los motivos que llevan a los personajes a esa azotea desde la que quieren lanzarse para terminar con todo. Paradójicamente, encuentran ahí, al hablar con otras personas en igualdad de circunstancias, motivos nuevos para seguir con vida.

No contaré más de la trama, sólo diré que lo que se ve en escena sin duda es reflejo de lo que miles y miles de jóvenes viven hoy en la realidad y es por eso que los índices de suicidio se han elevado escandalosamente en nuestro país.

Aplauso para la autora del texto Carmen García Casales y para directores de escena, Julio César Mejía e Israel Rodríguez quienes se lanzan a llevar a escena una obra con este tema tan “incómodo”, pero al mismo tiempo necesario.

Se aplaude también el entusiasmo, mucho, de una pléyade de jóvenes actores que participan en esta puesta en escena que se presenta los sábados de febrero en el teatro Coyoacán 2, en funciones a las 18:30 y 20:30 horas.

Serendipia

Hugo Hernández

La juventud, se tiende a pensar, es una etapa de felicidad absoluta. No hay problemas, todo es diversión, no hay obligaciones, y el gozo es permanente y absoluto.

Sin embargo, parece ser que la realidad es distinta.

Según datos oficiales, el suicidio entre los jóvenes de 15 a 29 años aumentó en los últimos años en México hasta colocarse como la segunda causa de muerte.

Datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía e Informática (INEGI), en 2018, se detectaron más de 6 mil 285 suicidios lo que representa 5.2 muertes por cada 100 mil habitantes y un año antes se registraron 2 mil 599 suicidios, lo que indica que los casos casi se triplicaron de un año a otro.

Los principales métodos de suicidio, de acuerdo a la misma fuente, fueron: ahorcamiento (79.3%), disparo de armas de fuego (8.9%) y envenenamiento (3.8%).

¿Por qué hablar de un tema como éste en una columna de reseña teatral?

Respuesta puede haber muchas.

He aquí dos:

La primera es que el buen teatro, desde siempre, se ha ocupado de los problemas humanos. El teatro es un gran espejo que refleja las inquietudes, deseos, ambiciones, preocupaciones, logros, frustraciones, del grupo social en que se genera.

Y la segunda razón es porque con gran satisfacción he encontrado un montaje hecho por y para jóvenes que aborda el muy complejo tema del suicidio juvenil de una manera simple, directa, sin cortapisas, pero al mismo tiempo de forma divertida, creativa y seguramente efectiva para la comunidad a la cual va dirigida principalmente.

Es un montaje singular desde el título mismo: Serendipia, palabra que alude a la capacidad de encontrar tesoros donde nadie los ve.

La trama es aparentemente muy simple: Un joven sube al último piso de un alto edificio para desde ahí lanzarse al vacío, a los pocos minutos llega otro muchacho con la misma intención, y luego otro, y otro hasta completar una docena que, por muy distintas causas, han decidido acabar con su vida.

Contra lo que pudiera pensarse, se trata de una puesta en escena muy divertida, ágil, esperanzadora, con la que además de entretenerse seguramente los jóvenes que acudan se identificarán.

Moda, desempleo, incomprensión, comida, juegos, identidad, culpa, éstas y otras muchas son los motivos que llevan a los personajes a esa azotea desde la que quieren lanzarse para terminar con todo. Paradójicamente, encuentran ahí, al hablar con otras personas en igualdad de circunstancias, motivos nuevos para seguir con vida.

No contaré más de la trama, sólo diré que lo que se ve en escena sin duda es reflejo de lo que miles y miles de jóvenes viven hoy en la realidad y es por eso que los índices de suicidio se han elevado escandalosamente en nuestro país.

Aplauso para la autora del texto Carmen García Casales y para directores de escena, Julio César Mejía e Israel Rodríguez quienes se lanzan a llevar a escena una obra con este tema tan “incómodo”, pero al mismo tiempo necesario.

Se aplaude también el entusiasmo, mucho, de una pléyade de jóvenes actores que participan en esta puesta en escena que se presenta los sábados de febrero en el teatro Coyoacán 2, en funciones a las 18:30 y 20:30 horas.