/ miércoles 14 de febrero de 2018

Fuera de agenda

  • La despedida del general Cienfuegos

Entre los altos mandos de las Fuerzas Armadas existe una percepción de que dos variables tendrán que ser tomadas en consideración después del próximo 1 de julio, para vislumbrar quién podría ser el sustituto del general Salvador Cienfuegos Zepeda como secretario de la Defensa Nacional. Primero: quién gana; segundo: cómo gana, es decir el porcentaje con el que el candidato se alzaría con la victoria en las urnas. Esto en el escenario hipotético que no existan conflictos durante y después del periodo electoral que impliquen incorporar nuevas variables.

El general Cienfuegos ascendió en 2004 al rango de divisionario, es el primer secretario de la Defensa que alcanzó este grado con un gobierno de alternancia. Este lunes 19 de febrero cuando se celebre el día del Ejército, será la última ceremonia que le tocará encabezar al frente de la dependencia. Con su paso a retiro a partir de diciembre próximo, comenzará un relevo generacional en la cúpula militar mexicana después de 18 años.

Hombre de temple curtido en terreno durante 40 años en el ejercicio del mando de tropas, con 54 años de servicio activo, al general Cienfuegos se le reconoce que a estas alturas de su gestión, en comparación al mismo lapso de su antecesor en el cargo el general Guillermo Galván Galván, mantiene el control y la disciplina entre los generales que tienen los méritos necesarios para sustituirlo en el cargo.

Uno de ellos es un militar que destaca por sus habilidades de conciliador y conocedor del actuar de los políticos. Se dice que en la coyuntura actual del país, quien quede al frente de la Sedena deberá ser un hombre con historial táctico probado en casos concretos. Al general Roble Arturo Granados Gallardo, actual subsecretario de la Defensa, se le identifica éste y otros méritos como el que en los últimos años se ha manejado con bajo perfil en las encomiendas que ha ejercido.

Hasta los primeros días de diciembre pasado, Grana- dos Gallardo se desempeñó como jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional. Oficial de infantería miembro de la antigüedad 1968 del Colegio Militar, que en septiembre próximo cumplirá 50 años de carrera en el Ejército, de su hoja de servicios se desprende que comenzó en el Cuerpo de Guardias Presidenciales. Posteriormente estuvo comisionado en el Estado Mayor Presidencial durante la gestión del presidente José López Portillo (1976-1982). Estuvo en la sección segunda, inteligencia militar, en dos momentos diferentes, en 1986 con el general Juan Arévalo Gardoqui como titular de la Sedena, y en 1997 en contra inteligencia con el general Antonio Riviello Bazán.

De Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en la comandancia de la séptima región militar, a Mexicali, Baja California, en el cuartel de la segunda región, el general Granados es de los pocos mandos castrenses que ha estado de manera continua en labores operativas y administrativas en los últimos dos sexenios.

Es el hombre que nadie duda mostrará su lealtad al general Cienfuegos una vez que los episodios de Iguala, con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa; Tlatlaya con la presunta ejecución de 15 de los 22 abatidos por el Ejército, y otros casos que están en la agenda de los organismos civiles de derechos humanos, comiencen a generar ruido ante la anunciada intención de presentarlos ante la Corte Penal Internacional.

  • La despedida del general Cienfuegos

Entre los altos mandos de las Fuerzas Armadas existe una percepción de que dos variables tendrán que ser tomadas en consideración después del próximo 1 de julio, para vislumbrar quién podría ser el sustituto del general Salvador Cienfuegos Zepeda como secretario de la Defensa Nacional. Primero: quién gana; segundo: cómo gana, es decir el porcentaje con el que el candidato se alzaría con la victoria en las urnas. Esto en el escenario hipotético que no existan conflictos durante y después del periodo electoral que impliquen incorporar nuevas variables.

El general Cienfuegos ascendió en 2004 al rango de divisionario, es el primer secretario de la Defensa que alcanzó este grado con un gobierno de alternancia. Este lunes 19 de febrero cuando se celebre el día del Ejército, será la última ceremonia que le tocará encabezar al frente de la dependencia. Con su paso a retiro a partir de diciembre próximo, comenzará un relevo generacional en la cúpula militar mexicana después de 18 años.

Hombre de temple curtido en terreno durante 40 años en el ejercicio del mando de tropas, con 54 años de servicio activo, al general Cienfuegos se le reconoce que a estas alturas de su gestión, en comparación al mismo lapso de su antecesor en el cargo el general Guillermo Galván Galván, mantiene el control y la disciplina entre los generales que tienen los méritos necesarios para sustituirlo en el cargo.

Uno de ellos es un militar que destaca por sus habilidades de conciliador y conocedor del actuar de los políticos. Se dice que en la coyuntura actual del país, quien quede al frente de la Sedena deberá ser un hombre con historial táctico probado en casos concretos. Al general Roble Arturo Granados Gallardo, actual subsecretario de la Defensa, se le identifica éste y otros méritos como el que en los últimos años se ha manejado con bajo perfil en las encomiendas que ha ejercido.

Hasta los primeros días de diciembre pasado, Grana- dos Gallardo se desempeñó como jefe de Estado Mayor de la Defensa Nacional. Oficial de infantería miembro de la antigüedad 1968 del Colegio Militar, que en septiembre próximo cumplirá 50 años de carrera en el Ejército, de su hoja de servicios se desprende que comenzó en el Cuerpo de Guardias Presidenciales. Posteriormente estuvo comisionado en el Estado Mayor Presidencial durante la gestión del presidente José López Portillo (1976-1982). Estuvo en la sección segunda, inteligencia militar, en dos momentos diferentes, en 1986 con el general Juan Arévalo Gardoqui como titular de la Sedena, y en 1997 en contra inteligencia con el general Antonio Riviello Bazán.

De Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, en la comandancia de la séptima región militar, a Mexicali, Baja California, en el cuartel de la segunda región, el general Granados es de los pocos mandos castrenses que ha estado de manera continua en labores operativas y administrativas en los últimos dos sexenios.

Es el hombre que nadie duda mostrará su lealtad al general Cienfuegos una vez que los episodios de Iguala, con los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa; Tlatlaya con la presunta ejecución de 15 de los 22 abatidos por el Ejército, y otros casos que están en la agenda de los organismos civiles de derechos humanos, comiencen a generar ruido ante la anunciada intención de presentarlos ante la Corte Penal Internacional.