/ miércoles 3 de marzo de 2021

La soberanía no amenazada

La soberanía de un país no es vulnerada con los tratados o acuerdos multilaterales o binacionales firmados por el Ejecutivo y sancionados por los órganos legislativos correspondientes, el Senado en el caso de México. Los compromisos adquiridos en esos instrumentos por el Estado mexicano adoptados en pleno ejercicio de la autodeterminación, deben ser cumplidos por las naciones adherentes en los términos en que fueron pactados.

Previo a la reunión virtual entre los presidentes de México y Estados Unidos, el Ejecutivo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y los señalamientos sobre la facultad constitucional del Estado para establecer sus propias políticas en importantes materias, entre ellas las referentes a la industria eléctrica. Diplomática y general como son todas las reuniones entre jefes de Estado, en la celebrada el lunes pasado con la presencia de altos funcionarios de ambos países, lo mismo que en el comunicado conjunto emitido esa tarde, se abordaron temas como la cooperación entre ambas naciones en materia migratoria, laboral y de desarrollo de la región norteamericana dentro del tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Ni en esa tersa declaración ni en las conversaciones privadas que siguieron a la reunión aparecen los planteamientos que el presidente López Orador adelantó haría a su homólogo Joe Biden, como la entrega a México de vacunas anti Covid Sars Cov-2 o las decisiones del gobierno de México que limitan el desarrollo de energías limpias frente al cambio climático.

La respuesta del gobierno de Biden a esas cuestiones se dieron antes de la reunión: la vocera del gobierno de Washington puntualizó horas antes de esa cumbre que la actual administración atenderá primero la vacunación de toda la población del territorio norteamericano y, cumplida esa meta, estudiará las formas de ceder posibles excedentes a otros países. En cuanto a los compromisos dentro del T-MEC y en el marco de tratados internacionales como el Acuerdo de París, el Departamento de Estado había recomendado a México el establecimiento de un ambiente propicio a las inversiones públicas o privadas en energías limpias. Al comentar los puntos abordados en la entrevista, López Obrador celebró la declaración de Biden sobre el trato de igual a igual que se propone dar a México en una nueva etapa de la relación entre los dos países. Más allá de las generalidades de la declaración conjunta y de las formalidades diplomáticas obligadas en todo encuentro entre jefes de Estado, es previsible que en las pláticas privadas y en las negociaciones que seguirán en lo venidero se manifieste la determinación del gobierno norteamericano de respetar la soberanía de México, sin por ello plantear los compromisos a cuyo cumplimiento obligan instrumentos como el T-MEC, los Acuerdos de París a los que Biden regresa después del abandono del gobierno de Donald Trump.

La reiteración del propósito de Biden, pero también la preocupación del presidente López Obrador sobre supuesta vulneración de la soberanía, no tienen en realidad más sentido si se tiene en cuenta que los compromisos trilaterales e internacionales adquiridos fueron tomados y aceptados en pleno uso de la autodeterminación en forma alguna lesionada.

Digna de celebración sí es la actitud del gobierno de Joe Biden frente a México, a la región centroamericana y en lo que se refiere a la grave cuestión de la migración. Medidas concretas en este aspecto se advierten ya como la suspensión de la construcción del muro fronterizo y la apertura para el retorno de solicitantes de asilo a la Unión Americana que por presiones de la administración de Donald Trump México tuvo que aceptar y admitir el papel como tercer país en ese proceso. López Obrador planteó horas antes de su entrevista con el presidente norteamericano la instrumentación de un tratado migratorio similar al de la contratación de braceros en los años de la Segunda Guerra Mundial. Las condiciones de la actualidad difieren de las de aquella época en la que la Unión Americana requería la presencia de trabajadores mexicanos para suplir los brazos de los cientos de miles que iban a la guerra. Sin embargo, aunque no fuera una copia fiel del tratado migratorio de aquellos años, el presidente Biden menciona una migración ordenada que tenga en cuenta las necesidades de ambos países, el uno como expulsor de una población requerida de empleos y el otro urgido del concurso de los migrantes para impulsar su desarrollo.

sdelrio1934@gmail.com

La soberanía de un país no es vulnerada con los tratados o acuerdos multilaterales o binacionales firmados por el Ejecutivo y sancionados por los órganos legislativos correspondientes, el Senado en el caso de México. Los compromisos adquiridos en esos instrumentos por el Estado mexicano adoptados en pleno ejercicio de la autodeterminación, deben ser cumplidos por las naciones adherentes en los términos en que fueron pactados.

Previo a la reunión virtual entre los presidentes de México y Estados Unidos, el Ejecutivo mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y los señalamientos sobre la facultad constitucional del Estado para establecer sus propias políticas en importantes materias, entre ellas las referentes a la industria eléctrica. Diplomática y general como son todas las reuniones entre jefes de Estado, en la celebrada el lunes pasado con la presencia de altos funcionarios de ambos países, lo mismo que en el comunicado conjunto emitido esa tarde, se abordaron temas como la cooperación entre ambas naciones en materia migratoria, laboral y de desarrollo de la región norteamericana dentro del tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México. Ni en esa tersa declaración ni en las conversaciones privadas que siguieron a la reunión aparecen los planteamientos que el presidente López Orador adelantó haría a su homólogo Joe Biden, como la entrega a México de vacunas anti Covid Sars Cov-2 o las decisiones del gobierno de México que limitan el desarrollo de energías limpias frente al cambio climático.

La respuesta del gobierno de Biden a esas cuestiones se dieron antes de la reunión: la vocera del gobierno de Washington puntualizó horas antes de esa cumbre que la actual administración atenderá primero la vacunación de toda la población del territorio norteamericano y, cumplida esa meta, estudiará las formas de ceder posibles excedentes a otros países. En cuanto a los compromisos dentro del T-MEC y en el marco de tratados internacionales como el Acuerdo de París, el Departamento de Estado había recomendado a México el establecimiento de un ambiente propicio a las inversiones públicas o privadas en energías limpias. Al comentar los puntos abordados en la entrevista, López Obrador celebró la declaración de Biden sobre el trato de igual a igual que se propone dar a México en una nueva etapa de la relación entre los dos países. Más allá de las generalidades de la declaración conjunta y de las formalidades diplomáticas obligadas en todo encuentro entre jefes de Estado, es previsible que en las pláticas privadas y en las negociaciones que seguirán en lo venidero se manifieste la determinación del gobierno norteamericano de respetar la soberanía de México, sin por ello plantear los compromisos a cuyo cumplimiento obligan instrumentos como el T-MEC, los Acuerdos de París a los que Biden regresa después del abandono del gobierno de Donald Trump.

La reiteración del propósito de Biden, pero también la preocupación del presidente López Obrador sobre supuesta vulneración de la soberanía, no tienen en realidad más sentido si se tiene en cuenta que los compromisos trilaterales e internacionales adquiridos fueron tomados y aceptados en pleno uso de la autodeterminación en forma alguna lesionada.

Digna de celebración sí es la actitud del gobierno de Joe Biden frente a México, a la región centroamericana y en lo que se refiere a la grave cuestión de la migración. Medidas concretas en este aspecto se advierten ya como la suspensión de la construcción del muro fronterizo y la apertura para el retorno de solicitantes de asilo a la Unión Americana que por presiones de la administración de Donald Trump México tuvo que aceptar y admitir el papel como tercer país en ese proceso. López Obrador planteó horas antes de su entrevista con el presidente norteamericano la instrumentación de un tratado migratorio similar al de la contratación de braceros en los años de la Segunda Guerra Mundial. Las condiciones de la actualidad difieren de las de aquella época en la que la Unión Americana requería la presencia de trabajadores mexicanos para suplir los brazos de los cientos de miles que iban a la guerra. Sin embargo, aunque no fuera una copia fiel del tratado migratorio de aquellos años, el presidente Biden menciona una migración ordenada que tenga en cuenta las necesidades de ambos países, el uno como expulsor de una población requerida de empleos y el otro urgido del concurso de los migrantes para impulsar su desarrollo.

sdelrio1934@gmail.com

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