/ viernes 1 de septiembre de 2023

Christopher Tolkien: El heredero de la Tierra Media

J.R.R. Tolkien, el creador del mundo del Señor de Los Anillos, eligió a su tercer hijo, Christopher Tolkien, como el encargado de custodiar toda su obra literaria

La sombra de un padre puede ser más pesada que cargar el Anillo único, claro, si uno se deja oprimir por lo que él hizo. Ese no es el caso de Christopher Tolkien, quien en lugar de achicarse por el legado que su padre, J.R.R. Tolkien, le dejó, lo aprovechó para ampliarlo en beneficio de quienes quedaron fascinados por el mundo de la Tierra Media.

Christopher fue el tercer hijo del matrimonio entre J.R.R. Tolkien y Edith Mary Bratt, pero entre todos sus hermanos él destacó porque tuvo una mejor química con su padre, quien al morir lo nombró como su albacea literario, es decir, el encargado de custodiar todo el trabajo que el viejo profesor de la Universidad de Oxford produjo a lo largo de su vida.

Puedes leer: Figuras, videojuegos y series: el universo que surgió alrededor de El Señor de los Anillos

“Christopher estudia lo mismo que su papá, da clases de lo mismo que su papá y durante mucho tiempo, el el profesor le confiaba los borradores y los comentarios que hacía hacia su propia obra. De todos sus hijos y de todas las personas en este mundo era quien estaba más consciente y más conectado con los trabajos de su padre”, explicó Gerardo Cuevas, miembro de la Sociedad Tolkiendili de México AC.

Ahora parece una obviedad, pero al morir J.R.R. Tolkien en 1973 pocos sabían que El Señor de los Anillos era sólo la punta del iceberg de una historia mucho más grande y compleja que el viaje de Frodo y sus amigos para destruir el Anillo Único, o las aventuras de su tío Bilbo junto a unos enanos para matar a un dragón.

Lo que el mundo no sabía entonces es que el profesor de Oxford escribió mucho más que unos cuantos libros, y gracias a su hijo Christopher es que todo ese trabajo salió a la luz.

Mucho de ese trabajo estaba desordenado, dividido, esparcido y sin conexión aparente, por lo que sólo la persona que vio cómo se formaron esas historias pudo entenderlas para darle sentido y así presentarla.

“Entendiendo la obra pudo continuarla, dar a conocer textos inéditos y pues conjuntar mucho material y darle cierta forma es vital y esencial para que no solamente los aficionados la entiendan”, explicó Gerardo Cuevas.

Tras la muerte de su padre, Christopher editó una docena de libros con sus apuntes y trabajos inéditos, siendo el más importante El Silmarillion, libro publicado en 1977. La obra es un compendio de historias del mundo de la Tierra Media antes de los acontecimientos de El Hobbit.

Pero así como El Señor de los Anillos es sólo una parte en la literatura, en el mundo real ocurrió algo parecido.

Christopher junto a su esposa Ballie Jean, crearon Tolkien Estate, la empresa con la que administraban todo lo que tenía que ver con la obra de su padre, bueno, casi todo. Es a través de ella que editan y publican todos los libros póstumos de J.R.R. e incluso algunos con coautoría de Christopher.

Algunos vieron en Tolkien Estate un oportunismo para explotar económicamente la obra del britáinco de parte de uno de sus hijos, pero hasta su muerte (en el año 2020) poco se supo de la vida privada del matrimonio de Christopher y Baillie Jean, salvo que se parecía más a una pareja de clase media que a unos millonarios, pues se estima que la fortuna generada por los derechos de los libros asciende a los 500 millones de euros.

Y se habla de sólo libros por un detalle: los derechos cinematográficos no pertenecen a Tolkien Estate, ya que el mismo Tolkien, antes de morir, los vendió por una cantidad que actualmente sería equivalente a los 1.5 millones de euros.

Ahí la historia no acabó, pues tras el estreno de la trilogía de El Señor de los Anillos, Christopher demandó a New Line Cinema, productora de las cintas. Aunque al principio el pleito se prolongó en juzgados, fue hasta la intervención de Warner Bros. (que compró New Line Cinema) que se llegó a un acuerdo: 100 millones de dólares para la familia Tolkien.

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Pero ese arreglo no fue con miras de reconocer la labor de Christopher como albacea de la obra tolkiana, sino para seguir explotándola. Fue gracias a ese pago que Warner pudo, primero, producir la trilogía de El Hobbit, y segundo, vender los derechos a Amazon para la serie Los Anillos del Poder. Pero esa es otra historia, aunque nada de esto hubiera ocurrido si Christopher no hubiera usado todo sun conocimiento para seguir expandiendo la Tierra Media.

La sombra de un padre puede ser más pesada que cargar el Anillo único, claro, si uno se deja oprimir por lo que él hizo. Ese no es el caso de Christopher Tolkien, quien en lugar de achicarse por el legado que su padre, J.R.R. Tolkien, le dejó, lo aprovechó para ampliarlo en beneficio de quienes quedaron fascinados por el mundo de la Tierra Media.

Christopher fue el tercer hijo del matrimonio entre J.R.R. Tolkien y Edith Mary Bratt, pero entre todos sus hermanos él destacó porque tuvo una mejor química con su padre, quien al morir lo nombró como su albacea literario, es decir, el encargado de custodiar todo el trabajo que el viejo profesor de la Universidad de Oxford produjo a lo largo de su vida.

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“Christopher estudia lo mismo que su papá, da clases de lo mismo que su papá y durante mucho tiempo, el el profesor le confiaba los borradores y los comentarios que hacía hacia su propia obra. De todos sus hijos y de todas las personas en este mundo era quien estaba más consciente y más conectado con los trabajos de su padre”, explicó Gerardo Cuevas, miembro de la Sociedad Tolkiendili de México AC.

Ahora parece una obviedad, pero al morir J.R.R. Tolkien en 1973 pocos sabían que El Señor de los Anillos era sólo la punta del iceberg de una historia mucho más grande y compleja que el viaje de Frodo y sus amigos para destruir el Anillo Único, o las aventuras de su tío Bilbo junto a unos enanos para matar a un dragón.

Lo que el mundo no sabía entonces es que el profesor de Oxford escribió mucho más que unos cuantos libros, y gracias a su hijo Christopher es que todo ese trabajo salió a la luz.

Mucho de ese trabajo estaba desordenado, dividido, esparcido y sin conexión aparente, por lo que sólo la persona que vio cómo se formaron esas historias pudo entenderlas para darle sentido y así presentarla.

“Entendiendo la obra pudo continuarla, dar a conocer textos inéditos y pues conjuntar mucho material y darle cierta forma es vital y esencial para que no solamente los aficionados la entiendan”, explicó Gerardo Cuevas.

Tras la muerte de su padre, Christopher editó una docena de libros con sus apuntes y trabajos inéditos, siendo el más importante El Silmarillion, libro publicado en 1977. La obra es un compendio de historias del mundo de la Tierra Media antes de los acontecimientos de El Hobbit.

Pero así como El Señor de los Anillos es sólo una parte en la literatura, en el mundo real ocurrió algo parecido.

Christopher junto a su esposa Ballie Jean, crearon Tolkien Estate, la empresa con la que administraban todo lo que tenía que ver con la obra de su padre, bueno, casi todo. Es a través de ella que editan y publican todos los libros póstumos de J.R.R. e incluso algunos con coautoría de Christopher.

Algunos vieron en Tolkien Estate un oportunismo para explotar económicamente la obra del britáinco de parte de uno de sus hijos, pero hasta su muerte (en el año 2020) poco se supo de la vida privada del matrimonio de Christopher y Baillie Jean, salvo que se parecía más a una pareja de clase media que a unos millonarios, pues se estima que la fortuna generada por los derechos de los libros asciende a los 500 millones de euros.

Y se habla de sólo libros por un detalle: los derechos cinematográficos no pertenecen a Tolkien Estate, ya que el mismo Tolkien, antes de morir, los vendió por una cantidad que actualmente sería equivalente a los 1.5 millones de euros.

Ahí la historia no acabó, pues tras el estreno de la trilogía de El Señor de los Anillos, Christopher demandó a New Line Cinema, productora de las cintas. Aunque al principio el pleito se prolongó en juzgados, fue hasta la intervención de Warner Bros. (que compró New Line Cinema) que se llegó a un acuerdo: 100 millones de dólares para la familia Tolkien.

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Pero ese arreglo no fue con miras de reconocer la labor de Christopher como albacea de la obra tolkiana, sino para seguir explotándola. Fue gracias a ese pago que Warner pudo, primero, producir la trilogía de El Hobbit, y segundo, vender los derechos a Amazon para la serie Los Anillos del Poder. Pero esa es otra historia, aunque nada de esto hubiera ocurrido si Christopher no hubiera usado todo sun conocimiento para seguir expandiendo la Tierra Media.

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