/ jueves 18 de enero de 2024

[Entrevista] José Agustín en los noventa: Rock y contracultura

En 1998, José Agustín asistió al Tianguis Cultural del Chopo, donde compartió algunas impresiones sobre el rock, la literatura y la crítica musical, las cuales recuperamos a propósito de su lamentable deceso

José Agustín recordaba que de niño no pensaba en casi nada y que sólo actuaba a base de instintos o de impulsos y decía recordar con toda claridad que el primer libro que leyó fue El libro de oro de los niños, a los seis años de edad. Ya entrado en la adolescencia, pensaba en que le gustaría mucho ser escritor, por lo que dedicaba buena parte de su tiempo a leer y escribir.

“Entonces pensaba que ojalá todo el mundo también se pusiera a hacer algo creativo”, recordó en una charla que tuvimos con él en 1997, en el Tianguis Cultural del Chopo.

Te puede interesar: Muerte de José Agustín deja a la contracultura mexicana sin su estandarte

¡Si no estoy conforme ni conmigo mismo, qué chin... voy a estar conforme con los demás!

También tenía claro que el libro que lo marcaría y que prácticamente le cambiaría la vida era Lolita, de Vladimir Nabokov, al que consideraba “un novelononón”.

Pero uno de los motores más grandes de su vida y que lo inspiró hasta el final de sus días, fue el rock, como él mismo recordó en aquella improvisada charla:

“Pues estaba muy chiquito y de repente y empecé a oír la radio, donde sonaban las primeras piezas rocanroleras, ya para 1955 eso estaba muy fuerte y a partir de entonces me volví un fanaticazo, me la pasaba oyendo rock a todas horas, yo creo que desde los 12 o 13 años, por lo que me hice de una colección muy canija de discos que obviamente hasta la fecha sigo teniendo, de hecho ahorita ando buscando varios, quiero el Different Class, de Pulp y quiero Like Swimming, de Morphine, que sé que está chingón… Obviamente tengo los otros, que también son sensacionales, también quiero los nuevos de Dylan y de los Stones…”

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Pero José Agustín no era un rocanrolero de esos que se quedan con los gustos de su juventud y que después se dedican a quejarse de que el rock de antes era mejor. Por el contrario, siempre estaba atento a las vanguardias musicales que surgían dentro de este estilo musical:

“En esta década, por la influencia que han ejercido, me gustan mucho Jane’s Addiction y Pixies, Dead Can Dance y también Sisters of Mercy, Fields of the Nephilim, y de los más recientes pues Nirvana no tanto, pero Pearl Jam sí y PJ Harvey me gusta muchísimo; me gusta Nine Inch Nails, algunas cosas de Ministry, algunas de Red Hot Chili Peppers, hay muchas cosas padrísimas”.


“Cuando empecé a escribir sobre rock, esa música estaba muy mal vista y se consideraba que no era cultura, sino una muestra vulgar y jodida de los chavos; costaba mucho trabajo tratar de abrirse campo en ese terreno”


El día de nuestro encuentro, el escritor estaba por terminar el tercer volúmen de una de sus obras icónicas, que fue La Tragicomedia Mexicana, una serie que creyó que era necesario que alguien publicara:

“La hice porque sentí que hacía falta tener de una forma más ordenada ciertos materiales que me sirvieran a mí y que le sirvieran a todo el mundo, para que cualquiera pudiera saber de dónde viene todo, qué significa, y también para que le sirviera a los investigadores, para que a partir de ahí pudieran hacer reflexiones y estudios más a fondo”.

En cuanto a los escritores de aquel momento, se decía interesado en la obra de Enrique Serna, Juan Villoro, Ricardo Chávez y Monica Lavin, así como en el trabajo de Hernán Lara Zavala, Federico Campbel, Memo Samperio Ricardo Castillo, Alberto Blanco y Naief Yehya.

Sobre la contracultura mexicana, de la cual él mismo fue pilar y activista permanente, consideraba que ésta se había visto muy limitada por varios factores:

“Pues ha estado muy estorbada para desarrollarse en medio de dificultades, problemas y represiones, así que si tomamos en cuenta ese contexto pues podemos decir que sí se ha desarrollado, porque era para que no se hubiera desarrollado nada, pero ahí vamos”.

La relación del rock con la literatura

En el momento de nuestro encuentro el escritor realizaba reseñas y críticas musicales en publicaciones como La Mosca en la Pared y El Universal, una actividad en la que también fue pionero, primero con sus reseñas en algunas publicaciones y luego con la edición del libro La Nueva Música Clásica.

“A mí me tocó empezar a escribir sobre rock hace muchísimo tiempo, mi primera nota la debo de haber escrito entre 1962 y 1963, luego ya en forma empecé a escribir en la revista Claudia. Me encantaba el rock and roll, pero era difundirlo en una época en que estaba muy mal visto y en la que se consideraba que no era cultura, sino una muestra totalmente vulgar y jodida de los chavos, entonces costaba mucho trabajo tratar de abrir en ese terreno.

Luego publiqué La nueva música clásica, un libro que trata de analizar la historia del rock, las corrientes y las versiones que existían en ese momento; creo que ese libro tuvo una función, porque permitió ver que se podían escribir libros sobre rock y que los libros de rock tenían un público, y bueno, desde entonces he seguido escribiendo toda mi vida en torno al rock and roll y también lo hago con la literatura, porque para mí ambos siempre han estado estrechamente ligados y no puedo separar una cosa de la otra”.

El autor de La nueva música clásica consideraba que ese libro permitió ver que se podían hacer libros de rock en México y que los libros de rock tenían un público aquí


Ante el cuestionamiento de qué necesitaba la juventud para abrirse a nuevas propuestas artísticas, literarias y sociales, aseguró:

“Yo creo que tratar de romper un poco con la inercia, esa inercia que el sistema te implanta, ¿no? Y tratar de ser uno mismo, porque en el momento en que te preocupas por ser tú mismo, entonces empiezas a expresarte y así llega la creatividad; de pronto habemos locos que no queremos ser borrados enteramente, que no queremos circunscribirnos a las reglas de la carrera de ratas del sistema y que de una u otra manera queremos ser nosotros mismos y encontrar gente que comparta nuestros puntos de vista, yo creo que es importante que los chavos no se vayan a lo fresa inmediatamente, sino que en verdad traten de desarrollarse de otra manera”.

Antes de despedirnos le preguntamos si visualizaba el final de sus días tan inconforme como hasta ese día, a lo que respondió:

“Yo supongo que sí… ¡Si no estoy conforme ni conmigo mismo, qué chin... voy a estar conforme con los demás"

_______________________________________

Así lo recuerdan

Cuando me inicié en el oficio de crítico musical me enteré de que él fue el pionero de la crítica musical en México (de la crítica moderna) que en 1965 publicó una reseña de un disco de Bob Dylan. Hasta dónde sé, ese es el primer registro que hay de una crítica discográfica formal en México. Él fue pionero en muchas cosas y fue un cronista interesante del rock mexicano, aunque fue más inclinado al rock anglosajón. Me parece que se va toda una época, porque fue una figura fundamental que afectó la mente de varias generaciones”.

-Jorge R Soto, La Mosca en la Pared


No recuerdo haber sentido tanta tristeza por la pérdida de una figura pública… Ahora siento algo extraño, como si fuera alguien cercano, profundamente entrelazado con mi vida, un amigo íntimo que me escribiera con regularidad. Creo que puedo decir a nombre de mi generación, que él nos cambió. Representa la esencia más intelectual del rock, un cronista incansable de su era dorada; de la psicodelia, los hippies y las drogas. No solo en lo estrictamente musical, sino en todo el contexto contracultural”.

-Mauricio “Micro” Esparza


En mi opinión él fue el primer crítico de rock en este país, con un profundo conocimiento del género. Y de rock actual, de los dosmiles. Hablabas con él y te sacaba discos de La Cortina de Hierro, cosas muy extrañas. Publicó en revistas mexicanas como La Piedra Rodante en los primeros años setenta; después se fue a Pop y siguió publicando en diversas revistas, además de sus columnas… No hay quien pueda llenar sus zapatos, la crítica mexicana musical y en las crónicas, no hay en este momento alguien con su hondura, con su bagaje cultural”.

-Beto Cronopio, “Obladi Oblada”, de Ibero 90.9


Juan Villoro dijo alguna vez que en una época sin conciertos, el rock se tuvo que vivir a través de la literatura, y es ahí donde entra la relevancia de José Agustín. En ese crossover entre cine, literatura y música, tuvo una relación con Angélica María, breve pero intensa, muy dolorosa para ambas partes. Como director de cine fue desastroso y no lo decía la crítica, lo dijo él."

-Salvador Quiahutlazollin, W Radio

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Para los millennials, él es un tótem idolatrado, paradójicamente en el olvido para una clase joven que transitó de las revistas a la web 2.0. Se va una figura irrepetible que deja un estándar muy alto para todos los que nos dedicamos a la industria musical y la contracultura."

"José Agustín es una leyenda que adoraba el rock; un ideólogo al que no le hubiera gustado ser llamado de esa forma, pero hay cosas que no se pueden esconder. Para los iniciados queda la revisión de su obra, obligatoria para quien se vaya a dedicar al mundo de las letras y la prensa; para los nostálgicos queda el redescubrimiento y la falta de referentes en mundo que se aferra al pasado por la falta de promesas cumplidas en el siglo XXI, que está viendo en vivo y a todo color el final del mundo en el que crecieron. Nos quedamos con sus letras y su crítica musical, quizá el único que hubiera sido aceptado con buenos ojos por Frank Zappa”.

-Francisco Hernández Ramos, Ibero 90.9.



José Agustín recordaba que de niño no pensaba en casi nada y que sólo actuaba a base de instintos o de impulsos y decía recordar con toda claridad que el primer libro que leyó fue El libro de oro de los niños, a los seis años de edad. Ya entrado en la adolescencia, pensaba en que le gustaría mucho ser escritor, por lo que dedicaba buena parte de su tiempo a leer y escribir.

“Entonces pensaba que ojalá todo el mundo también se pusiera a hacer algo creativo”, recordó en una charla que tuvimos con él en 1997, en el Tianguis Cultural del Chopo.

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¡Si no estoy conforme ni conmigo mismo, qué chin... voy a estar conforme con los demás!

También tenía claro que el libro que lo marcaría y que prácticamente le cambiaría la vida era Lolita, de Vladimir Nabokov, al que consideraba “un novelononón”.

Pero uno de los motores más grandes de su vida y que lo inspiró hasta el final de sus días, fue el rock, como él mismo recordó en aquella improvisada charla:

“Pues estaba muy chiquito y de repente y empecé a oír la radio, donde sonaban las primeras piezas rocanroleras, ya para 1955 eso estaba muy fuerte y a partir de entonces me volví un fanaticazo, me la pasaba oyendo rock a todas horas, yo creo que desde los 12 o 13 años, por lo que me hice de una colección muy canija de discos que obviamente hasta la fecha sigo teniendo, de hecho ahorita ando buscando varios, quiero el Different Class, de Pulp y quiero Like Swimming, de Morphine, que sé que está chingón… Obviamente tengo los otros, que también son sensacionales, también quiero los nuevos de Dylan y de los Stones…”

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Pero José Agustín no era un rocanrolero de esos que se quedan con los gustos de su juventud y que después se dedican a quejarse de que el rock de antes era mejor. Por el contrario, siempre estaba atento a las vanguardias musicales que surgían dentro de este estilo musical:

“En esta década, por la influencia que han ejercido, me gustan mucho Jane’s Addiction y Pixies, Dead Can Dance y también Sisters of Mercy, Fields of the Nephilim, y de los más recientes pues Nirvana no tanto, pero Pearl Jam sí y PJ Harvey me gusta muchísimo; me gusta Nine Inch Nails, algunas cosas de Ministry, algunas de Red Hot Chili Peppers, hay muchas cosas padrísimas”.


“Cuando empecé a escribir sobre rock, esa música estaba muy mal vista y se consideraba que no era cultura, sino una muestra vulgar y jodida de los chavos; costaba mucho trabajo tratar de abrirse campo en ese terreno”


El día de nuestro encuentro, el escritor estaba por terminar el tercer volúmen de una de sus obras icónicas, que fue La Tragicomedia Mexicana, una serie que creyó que era necesario que alguien publicara:

“La hice porque sentí que hacía falta tener de una forma más ordenada ciertos materiales que me sirvieran a mí y que le sirvieran a todo el mundo, para que cualquiera pudiera saber de dónde viene todo, qué significa, y también para que le sirviera a los investigadores, para que a partir de ahí pudieran hacer reflexiones y estudios más a fondo”.

En cuanto a los escritores de aquel momento, se decía interesado en la obra de Enrique Serna, Juan Villoro, Ricardo Chávez y Monica Lavin, así como en el trabajo de Hernán Lara Zavala, Federico Campbel, Memo Samperio Ricardo Castillo, Alberto Blanco y Naief Yehya.

Sobre la contracultura mexicana, de la cual él mismo fue pilar y activista permanente, consideraba que ésta se había visto muy limitada por varios factores:

“Pues ha estado muy estorbada para desarrollarse en medio de dificultades, problemas y represiones, así que si tomamos en cuenta ese contexto pues podemos decir que sí se ha desarrollado, porque era para que no se hubiera desarrollado nada, pero ahí vamos”.

La relación del rock con la literatura

En el momento de nuestro encuentro el escritor realizaba reseñas y críticas musicales en publicaciones como La Mosca en la Pared y El Universal, una actividad en la que también fue pionero, primero con sus reseñas en algunas publicaciones y luego con la edición del libro La Nueva Música Clásica.

“A mí me tocó empezar a escribir sobre rock hace muchísimo tiempo, mi primera nota la debo de haber escrito entre 1962 y 1963, luego ya en forma empecé a escribir en la revista Claudia. Me encantaba el rock and roll, pero era difundirlo en una época en que estaba muy mal visto y en la que se consideraba que no era cultura, sino una muestra totalmente vulgar y jodida de los chavos, entonces costaba mucho trabajo tratar de abrir en ese terreno.

Luego publiqué La nueva música clásica, un libro que trata de analizar la historia del rock, las corrientes y las versiones que existían en ese momento; creo que ese libro tuvo una función, porque permitió ver que se podían escribir libros sobre rock y que los libros de rock tenían un público, y bueno, desde entonces he seguido escribiendo toda mi vida en torno al rock and roll y también lo hago con la literatura, porque para mí ambos siempre han estado estrechamente ligados y no puedo separar una cosa de la otra”.

El autor de La nueva música clásica consideraba que ese libro permitió ver que se podían hacer libros de rock en México y que los libros de rock tenían un público aquí


Ante el cuestionamiento de qué necesitaba la juventud para abrirse a nuevas propuestas artísticas, literarias y sociales, aseguró:

“Yo creo que tratar de romper un poco con la inercia, esa inercia que el sistema te implanta, ¿no? Y tratar de ser uno mismo, porque en el momento en que te preocupas por ser tú mismo, entonces empiezas a expresarte y así llega la creatividad; de pronto habemos locos que no queremos ser borrados enteramente, que no queremos circunscribirnos a las reglas de la carrera de ratas del sistema y que de una u otra manera queremos ser nosotros mismos y encontrar gente que comparta nuestros puntos de vista, yo creo que es importante que los chavos no se vayan a lo fresa inmediatamente, sino que en verdad traten de desarrollarse de otra manera”.

Antes de despedirnos le preguntamos si visualizaba el final de sus días tan inconforme como hasta ese día, a lo que respondió:

“Yo supongo que sí… ¡Si no estoy conforme ni conmigo mismo, qué chin... voy a estar conforme con los demás"

_______________________________________

Así lo recuerdan

Cuando me inicié en el oficio de crítico musical me enteré de que él fue el pionero de la crítica musical en México (de la crítica moderna) que en 1965 publicó una reseña de un disco de Bob Dylan. Hasta dónde sé, ese es el primer registro que hay de una crítica discográfica formal en México. Él fue pionero en muchas cosas y fue un cronista interesante del rock mexicano, aunque fue más inclinado al rock anglosajón. Me parece que se va toda una época, porque fue una figura fundamental que afectó la mente de varias generaciones”.

-Jorge R Soto, La Mosca en la Pared


No recuerdo haber sentido tanta tristeza por la pérdida de una figura pública… Ahora siento algo extraño, como si fuera alguien cercano, profundamente entrelazado con mi vida, un amigo íntimo que me escribiera con regularidad. Creo que puedo decir a nombre de mi generación, que él nos cambió. Representa la esencia más intelectual del rock, un cronista incansable de su era dorada; de la psicodelia, los hippies y las drogas. No solo en lo estrictamente musical, sino en todo el contexto contracultural”.

-Mauricio “Micro” Esparza


En mi opinión él fue el primer crítico de rock en este país, con un profundo conocimiento del género. Y de rock actual, de los dosmiles. Hablabas con él y te sacaba discos de La Cortina de Hierro, cosas muy extrañas. Publicó en revistas mexicanas como La Piedra Rodante en los primeros años setenta; después se fue a Pop y siguió publicando en diversas revistas, además de sus columnas… No hay quien pueda llenar sus zapatos, la crítica mexicana musical y en las crónicas, no hay en este momento alguien con su hondura, con su bagaje cultural”.

-Beto Cronopio, “Obladi Oblada”, de Ibero 90.9


Juan Villoro dijo alguna vez que en una época sin conciertos, el rock se tuvo que vivir a través de la literatura, y es ahí donde entra la relevancia de José Agustín. En ese crossover entre cine, literatura y música, tuvo una relación con Angélica María, breve pero intensa, muy dolorosa para ambas partes. Como director de cine fue desastroso y no lo decía la crítica, lo dijo él."

-Salvador Quiahutlazollin, W Radio

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Para los millennials, él es un tótem idolatrado, paradójicamente en el olvido para una clase joven que transitó de las revistas a la web 2.0. Se va una figura irrepetible que deja un estándar muy alto para todos los que nos dedicamos a la industria musical y la contracultura."

"José Agustín es una leyenda que adoraba el rock; un ideólogo al que no le hubiera gustado ser llamado de esa forma, pero hay cosas que no se pueden esconder. Para los iniciados queda la revisión de su obra, obligatoria para quien se vaya a dedicar al mundo de las letras y la prensa; para los nostálgicos queda el redescubrimiento y la falta de referentes en mundo que se aferra al pasado por la falta de promesas cumplidas en el siglo XXI, que está viendo en vivo y a todo color el final del mundo en el que crecieron. Nos quedamos con sus letras y su crítica musical, quizá el único que hubiera sido aceptado con buenos ojos por Frank Zappa”.

-Francisco Hernández Ramos, Ibero 90.9.



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