/ lunes 10 de abril de 2017

Magnífico duelo de artistas entre Ponce y Juan Pablo Sánchez

Marysol Fragoso

FOTOS: CORTESÍA DE TADEO ALCINA

TEXCOCO.- Cuando los toreros son capaces de crear faenas que reivindican al toreo al generar sensaciones tan intensas que revuelven el interior de ser humano, entonces se escriben páginas doradas en la historia taurina. Eso sucedió ayer en la Plaza Silverio Pérez. El resultado de la tercera corrida del ciclo no fue numérico sino artístico. Se trató de un grandioso duelo entre dos de los toreros con más temple en la actualidad: uno, un maestro español; otro un torero mexicano al alza. De este modo, tanto Enrique Ponce como Juan Pablo Sánchez han cortado un apéndice, respectivamente, sin embargo, su éxito ha sido la ejecución misma de los trasteos y la emoción que provocaron en los tendidos.

Si bien el juez de plaza Guillermo Valderrama estuvo estricto en el otorgamiento de premios para ambos coletas y al final se llevó una bronca por no conceder una oreja a Juan Pablo Sánchez en el sexto de la tarde, el público que hizo tres cuartos de entrada, ejecutó justicia por su propia mano.

Para la mayoría: Vox Populi–Vox Dei, tanto Ponce con Sánchez debieron recibir premios mayores, pero no hoy manera de medir ni el arte ni el valor. Ambos salieron del coso a pie pero también se fueron dentro del corazón de pueblo que es el que levanta a los ídolos.

Para que se generara este final, tuvo un papel fundamental el encierro de Torreón de Cañas, cuyo juego, mantuvo cautiva a los asistentes al tiempo que exigió a los toreros       dar todo.

ASÍ de lento, así de templado toreó Juan Pablo Sánchez.

ENLOQUECIÓ AL PÚBLICO

Enrique Ponce recibió  al segundo toro con lentas verónicas, aunque este protestaba en el último tiempo del capotazo. Cuando tomó la muleta lo llevó al filo del tercio para erguir la figura y torear con despaciosidad, así como con  gran estética. La naturalidad de su tauromaquia se hizo presente en una labor de suavidad y de temple en cada muletazo. Tras varios pinchazos y una estocada entera fue ovacionado en los medios.

El quinto embestía calamocheando, pero Ponce se hizo de él apenas en la segunda tanda de muletazos. Este animal poco traía por el pitón izquierdo por lo que el torero español plateó la mayor parte de su faena con la mano diestra. En base a la solera que la da la experiencia que tiene en los ruedos, además, le sumó la alegría que gusta a la gente de México para enloquecer al coso.

Remató de un cuarto de estocada arriba pero no fue suficiente para que el ejemplar doblara por lo que separó a los integrantes de su cuadrilla y recetar unos doblones al toro y luego ejecutó un certero golpe de descabello para hacerlo caer entre la pasión del público.

Por parte del palco de la autoridad recibió una oreja.

CAUTIVÓ CON SU TEMPLE

Juan Pablo Sánchez sabía que esta era una cita clave para él y la asumió con responsabilidad. Con el tercer toro cautivó en los lances y el remate a una mano. Inició la faena de muleta por el pitón derecho. Luego se descalzó para dar rienda suelta a su arte. Su faena alcanzó altas cotas al ajustarse al astado en cada pase. Hizo vibrar a la asistencia. Tras media estocada cortó una oreja.

Ante el sexto toro tuvo que meterse entre los pitones desde que se hizo de la muleta. Con cabeza fría y corazón caliente se pegó un arrimón muy serio. Aguantó enormidades para ir consiguiendo cada pase. La gente valoró su esfuerzo de provocar una embestida tras otra rozando con los muslos, los pitones del ejemplar. Tras un pinchazo y una estocada entera y arriba en la que se atracó de toro, tenía ganada la oreja. La mayoría la pidió, pero la autoridad la negó y el torero de Aguascalientes dio una vuelta al ruedo entre la clamorosa ovación popular.

DESPEDIDA

Entre estos matadores toreó el rejoneador Rodrigo Santos que tuvo una tarde desigual. El primero fue una gran toro, con tranco y nobleza, pero el potosino no estuvo fino ni en la colocación de dos rejones ni en la de banderillas. Se puso pesado con el rejón final y terminó entre división de opiniones. Para el cuarto, que marcó su despedida de esta plaza, la empresa preparó un bello marco. Una serie de caballistas realizó un carrusel para luego entregarle una escultura. Ante este toro, sus caballos rehusaron varias veces acudir al encuentro con el toro, no obstante, Rodrigo logró colocar rejones y banderillas por todo lo alto e incluso colocó una temeraria banderilla al violín. Una vez más se puso pesado con el rejón final para retirarse en silencio. Por su parte, los Forcados de Puebla no concretaron la pega del primer ejemplar y en este los hicieron al segundo intento.

Marysol Fragoso

FOTOS: CORTESÍA DE TADEO ALCINA

TEXCOCO.- Cuando los toreros son capaces de crear faenas que reivindican al toreo al generar sensaciones tan intensas que revuelven el interior de ser humano, entonces se escriben páginas doradas en la historia taurina. Eso sucedió ayer en la Plaza Silverio Pérez. El resultado de la tercera corrida del ciclo no fue numérico sino artístico. Se trató de un grandioso duelo entre dos de los toreros con más temple en la actualidad: uno, un maestro español; otro un torero mexicano al alza. De este modo, tanto Enrique Ponce como Juan Pablo Sánchez han cortado un apéndice, respectivamente, sin embargo, su éxito ha sido la ejecución misma de los trasteos y la emoción que provocaron en los tendidos.

Si bien el juez de plaza Guillermo Valderrama estuvo estricto en el otorgamiento de premios para ambos coletas y al final se llevó una bronca por no conceder una oreja a Juan Pablo Sánchez en el sexto de la tarde, el público que hizo tres cuartos de entrada, ejecutó justicia por su propia mano.

Para la mayoría: Vox Populi–Vox Dei, tanto Ponce con Sánchez debieron recibir premios mayores, pero no hoy manera de medir ni el arte ni el valor. Ambos salieron del coso a pie pero también se fueron dentro del corazón de pueblo que es el que levanta a los ídolos.

Para que se generara este final, tuvo un papel fundamental el encierro de Torreón de Cañas, cuyo juego, mantuvo cautiva a los asistentes al tiempo que exigió a los toreros       dar todo.

ASÍ de lento, así de templado toreó Juan Pablo Sánchez.

ENLOQUECIÓ AL PÚBLICO

Enrique Ponce recibió  al segundo toro con lentas verónicas, aunque este protestaba en el último tiempo del capotazo. Cuando tomó la muleta lo llevó al filo del tercio para erguir la figura y torear con despaciosidad, así como con  gran estética. La naturalidad de su tauromaquia se hizo presente en una labor de suavidad y de temple en cada muletazo. Tras varios pinchazos y una estocada entera fue ovacionado en los medios.

El quinto embestía calamocheando, pero Ponce se hizo de él apenas en la segunda tanda de muletazos. Este animal poco traía por el pitón izquierdo por lo que el torero español plateó la mayor parte de su faena con la mano diestra. En base a la solera que la da la experiencia que tiene en los ruedos, además, le sumó la alegría que gusta a la gente de México para enloquecer al coso.

Remató de un cuarto de estocada arriba pero no fue suficiente para que el ejemplar doblara por lo que separó a los integrantes de su cuadrilla y recetar unos doblones al toro y luego ejecutó un certero golpe de descabello para hacerlo caer entre la pasión del público.

Por parte del palco de la autoridad recibió una oreja.

CAUTIVÓ CON SU TEMPLE

Juan Pablo Sánchez sabía que esta era una cita clave para él y la asumió con responsabilidad. Con el tercer toro cautivó en los lances y el remate a una mano. Inició la faena de muleta por el pitón derecho. Luego se descalzó para dar rienda suelta a su arte. Su faena alcanzó altas cotas al ajustarse al astado en cada pase. Hizo vibrar a la asistencia. Tras media estocada cortó una oreja.

Ante el sexto toro tuvo que meterse entre los pitones desde que se hizo de la muleta. Con cabeza fría y corazón caliente se pegó un arrimón muy serio. Aguantó enormidades para ir consiguiendo cada pase. La gente valoró su esfuerzo de provocar una embestida tras otra rozando con los muslos, los pitones del ejemplar. Tras un pinchazo y una estocada entera y arriba en la que se atracó de toro, tenía ganada la oreja. La mayoría la pidió, pero la autoridad la negó y el torero de Aguascalientes dio una vuelta al ruedo entre la clamorosa ovación popular.

DESPEDIDA

Entre estos matadores toreó el rejoneador Rodrigo Santos que tuvo una tarde desigual. El primero fue una gran toro, con tranco y nobleza, pero el potosino no estuvo fino ni en la colocación de dos rejones ni en la de banderillas. Se puso pesado con el rejón final y terminó entre división de opiniones. Para el cuarto, que marcó su despedida de esta plaza, la empresa preparó un bello marco. Una serie de caballistas realizó un carrusel para luego entregarle una escultura. Ante este toro, sus caballos rehusaron varias veces acudir al encuentro con el toro, no obstante, Rodrigo logró colocar rejones y banderillas por todo lo alto e incluso colocó una temeraria banderilla al violín. Una vez más se puso pesado con el rejón final para retirarse en silencio. Por su parte, los Forcados de Puebla no concretaron la pega del primer ejemplar y en este los hicieron al segundo intento.