/ miércoles 25 de octubre de 2023

El oasis de Medellín, en peligro

El morro de Moravia, el basurero convertido en un majestuoso jardín reconocido internacionalmente, peligra por los asentamientos ilegales 

Por muchos años, el barrio colombiano de Moravia, en Medellín, fue un emblema internacional de transformación e innovación ambiental con la recuperación de un basurero y posterior transformación en un oasis, aunque después de una década de su implementación, hoy peligra por la construcción de nuevos asentamientos ilegales sobre el morro de Moravia.

Lo que alguna vez fue considerado como el mayor jardín de Medellín, ahora enfrenta una nueva transformación ante el abandono gradual de las autoridades de uno de los proyectos más ambiciosos ambientales que dejaron a la ciudad como vanguardista en materia ecológica en América Latina, al hacer caso omiso a una serie de construcciones de al menos 100 viviendas sobre el monte artificial en menos de un año.

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El morro de Moravia es un monte conformado por nueve capas de basura y una décima cubierta de tierra fértil

La “reinvasión” de los terrenos por la llegada de decenas de familias de otros países y localidades colombianas ha puesto en riesgo un proyecto tejido por décadas y daría un retroceso con el levantamiento de nuevas casas, algunas hechas con materiales reciclados, de madera de segundo uso y de lámina, e incluso, algunas son edificaciones de ladrillo y cemento, lo que atrae a la memoria los paisajes vistos durante las décadas de los 80 y 90.

Las autoridades y los residentes del barrio ya expresaron su preocupación por la remoción de la capa vegetal que cubre cerca de 1.5 millones de toneladas de desechos para construir las casas, lo que representa un riesgo sanitario severo.

El morro de Moravia es un monte conformado por nueve capas de basura y una décima cubierta de tierra fértil, donde se plantaron en su momento cerca de 15 mil plantas de 70 tipos diferentes, pero debajo de esa capa sigue estando la basura, que continúa generando gases tóxicos que pueden ser liberados con la construcción de las viviendas.

La situación empezó a complicarse desde 2020 con la pandemia de Covid 19, con desplazamientos internos, el desempleo, la migración y el abandono del gobierno del programa ambiental.

Además comenzaron a surgir grupos ilegales que vendían a los colonos algunos metros cuadrados de los jardines, sin que las autoridades actuaran y sin que los activistas protestaran porque creen que los vendedores y constructores ilegales están amparados por grupos armados.

Lo que alguna vez fue considerado un emblema de innovación ambiental, hoy enfrenta una nueva transformación, ante el abandono de las autoridades

Este territorio ha vivido una serie de transformaciones que han definido su historia. Antes de los años 70 era un terreno llano con un lago y muchos cultivos, donde cruzaban las vías del Ferrocarril de Antioquia, por lo que decenas de familias comenzaron a asentarse para aprovechar el comercio, la mayoría de ellas huían del conflicto armado interno colombiano, una guerra entre liberales y conservadores.

A finales de la década de los 70 la administración autorizó que el lago se convirtiera en un basurero municipal. Ahí comenzó a concentrarse gran parte de los desechos de una de las 16 comunas que conforman Medellín, y se alzó una gran montaña artificial de basura que alcanzó los 35 metros de altura.

Entre toneladas de residuos acumulados, miles de personas vieron un negocio en la recolección de desechos y comenzaron a instalar sus viviendas precarias enfrentando un alto riesgo sanitario.

La población en Moravia se disparó en los años 80 y 90, con el arribo de cientos de personas que huyeron del conflicto del narcotráfico. Se estima que cerca de 15 mil personas vivieron de la basura a través del reciclaje hasta 1984 cuando se prohibió el desecho de residuos.

Fue hasta 2007 que el gobierno decidió implementar uno de los programas sociales y ambientales más ambiciosos, no solo de Colombia, sino de todo Latinoamérica, se trató del Plan de Mejoramiento Integral de Moravia que proponía a los residentes adquirir legalmente sus terrenos y viviendas y recuperar el basurero para convertirlo en un territorio verde.

Durante 2007 y 2011 el basurero de Moravia vivió una transformación admirable por la comunidad internacional, gracias al empoderamiento comunitario y las intervenciones del Estado; un trabajo mancomunado por un plan de urbanismo social.


Para 2017 el jardín se convirtió en el más grande y representativo de la ciudad, con cerca de 30 mil metros cuadrados de extensión de áreas verdes y parcelas que representa el 70 por ciento del suelo recuperado.

El trabajo comunitario se convirtió en uno de los programas ambientales reconocidos internacionalmente. En 2014 fue referente del séptimo Foro Urbano Mundial, con sede en Medellín, reconocido como “El jardín más grande de Medellín”, y fue un proyecto galardonado con varias distinciones de los Gobiernos de Francia y España, entre otros.

Sin embargo, el esfuerzo de la comunidad de Moravia, que se formó por más de una década, está quedando sepultado por la inacción de un gobierno que decidió retirar de sus prioridades el impulso ambiental que en su momento fue ejemplo a nivel mundial.

Desde que el proyecto se encontraba en su apogeo, las autoridades locales decidieron en 2015 reducir el presupuesto en un 50 por ciento, dejando de realizar actividades que evitaban la apropiación territorial de grupos externos y la construcción de nuevas casas.

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Este desentendimiento del gobierno comenzó a mostrar sus frutos cuando volvieron las construcciones ilegales, disparadas desde la pandemia, y para mediados de este año se han perdido 35 mil metros cuadrados que habían sido recuperados y habilitados como áreas verdes.

Se estima que ahora existen por lo menos 600 nuevas estructuras en un terreno que en 2017 era totalmente verde.


Por muchos años, el barrio colombiano de Moravia, en Medellín, fue un emblema internacional de transformación e innovación ambiental con la recuperación de un basurero y posterior transformación en un oasis, aunque después de una década de su implementación, hoy peligra por la construcción de nuevos asentamientos ilegales sobre el morro de Moravia.

Lo que alguna vez fue considerado como el mayor jardín de Medellín, ahora enfrenta una nueva transformación ante el abandono gradual de las autoridades de uno de los proyectos más ambiciosos ambientales que dejaron a la ciudad como vanguardista en materia ecológica en América Latina, al hacer caso omiso a una serie de construcciones de al menos 100 viviendas sobre el monte artificial en menos de un año.

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El morro de Moravia es un monte conformado por nueve capas de basura y una décima cubierta de tierra fértil

La “reinvasión” de los terrenos por la llegada de decenas de familias de otros países y localidades colombianas ha puesto en riesgo un proyecto tejido por décadas y daría un retroceso con el levantamiento de nuevas casas, algunas hechas con materiales reciclados, de madera de segundo uso y de lámina, e incluso, algunas son edificaciones de ladrillo y cemento, lo que atrae a la memoria los paisajes vistos durante las décadas de los 80 y 90.

Las autoridades y los residentes del barrio ya expresaron su preocupación por la remoción de la capa vegetal que cubre cerca de 1.5 millones de toneladas de desechos para construir las casas, lo que representa un riesgo sanitario severo.

El morro de Moravia es un monte conformado por nueve capas de basura y una décima cubierta de tierra fértil, donde se plantaron en su momento cerca de 15 mil plantas de 70 tipos diferentes, pero debajo de esa capa sigue estando la basura, que continúa generando gases tóxicos que pueden ser liberados con la construcción de las viviendas.

La situación empezó a complicarse desde 2020 con la pandemia de Covid 19, con desplazamientos internos, el desempleo, la migración y el abandono del gobierno del programa ambiental.

Además comenzaron a surgir grupos ilegales que vendían a los colonos algunos metros cuadrados de los jardines, sin que las autoridades actuaran y sin que los activistas protestaran porque creen que los vendedores y constructores ilegales están amparados por grupos armados.

Lo que alguna vez fue considerado un emblema de innovación ambiental, hoy enfrenta una nueva transformación, ante el abandono de las autoridades

Este territorio ha vivido una serie de transformaciones que han definido su historia. Antes de los años 70 era un terreno llano con un lago y muchos cultivos, donde cruzaban las vías del Ferrocarril de Antioquia, por lo que decenas de familias comenzaron a asentarse para aprovechar el comercio, la mayoría de ellas huían del conflicto armado interno colombiano, una guerra entre liberales y conservadores.

A finales de la década de los 70 la administración autorizó que el lago se convirtiera en un basurero municipal. Ahí comenzó a concentrarse gran parte de los desechos de una de las 16 comunas que conforman Medellín, y se alzó una gran montaña artificial de basura que alcanzó los 35 metros de altura.

Entre toneladas de residuos acumulados, miles de personas vieron un negocio en la recolección de desechos y comenzaron a instalar sus viviendas precarias enfrentando un alto riesgo sanitario.

La población en Moravia se disparó en los años 80 y 90, con el arribo de cientos de personas que huyeron del conflicto del narcotráfico. Se estima que cerca de 15 mil personas vivieron de la basura a través del reciclaje hasta 1984 cuando se prohibió el desecho de residuos.

Fue hasta 2007 que el gobierno decidió implementar uno de los programas sociales y ambientales más ambiciosos, no solo de Colombia, sino de todo Latinoamérica, se trató del Plan de Mejoramiento Integral de Moravia que proponía a los residentes adquirir legalmente sus terrenos y viviendas y recuperar el basurero para convertirlo en un territorio verde.

Durante 2007 y 2011 el basurero de Moravia vivió una transformación admirable por la comunidad internacional, gracias al empoderamiento comunitario y las intervenciones del Estado; un trabajo mancomunado por un plan de urbanismo social.


Para 2017 el jardín se convirtió en el más grande y representativo de la ciudad, con cerca de 30 mil metros cuadrados de extensión de áreas verdes y parcelas que representa el 70 por ciento del suelo recuperado.

El trabajo comunitario se convirtió en uno de los programas ambientales reconocidos internacionalmente. En 2014 fue referente del séptimo Foro Urbano Mundial, con sede en Medellín, reconocido como “El jardín más grande de Medellín”, y fue un proyecto galardonado con varias distinciones de los Gobiernos de Francia y España, entre otros.

Sin embargo, el esfuerzo de la comunidad de Moravia, que se formó por más de una década, está quedando sepultado por la inacción de un gobierno que decidió retirar de sus prioridades el impulso ambiental que en su momento fue ejemplo a nivel mundial.

Desde que el proyecto se encontraba en su apogeo, las autoridades locales decidieron en 2015 reducir el presupuesto en un 50 por ciento, dejando de realizar actividades que evitaban la apropiación territorial de grupos externos y la construcción de nuevas casas.

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Este desentendimiento del gobierno comenzó a mostrar sus frutos cuando volvieron las construcciones ilegales, disparadas desde la pandemia, y para mediados de este año se han perdido 35 mil metros cuadrados que habían sido recuperados y habilitados como áreas verdes.

Se estima que ahora existen por lo menos 600 nuevas estructuras en un terreno que en 2017 era totalmente verde.


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