/ sábado 9 de noviembre de 2019

Entre cuatro paredes, reos redescubren su oficio

Un ladrón y un homicida imprudencial escapan de la vida difícil de la cárcel con la fabricación de figuras de papel maché y muebles de madera

"De por si la cárcel es dura, pero uno con su forma de ser aquí dentro la hace más dura”, afirmó José Rodríguez, interno del Reclusorio Sur quien abrazó el aprendizaje de la carpintería como un escape a la realidad terrible de estar encerrado.

Alto, musculoso, con barba y de mirada serena, recordó a El Sol de México lo impresionante que fue el primer día que pasó encarcelado, llegó de estar hospitalizado y nunca se imaginó vivir esta situación.

Él es uno de los 110 internos que trabajan en los 60 talleres que hay en el Reclusorio Sur, donde también purga sentencia Simón Alvarado, culpable de robo, pero que entre las cuatro paredes de ese sitio encontró su don, que no descubrió mientras estuvo en libertad.

Él fabrica todo tipo de figuras con papel maché, un trabajo muy acucioso que le enseño el Mamá, como en las cárceles se le conoce al preso con más tiempo de estar tras las rejas y que prácticamente le pasó la estafeta de ese taller y él, próximo a salir, enseña a otros reclusos esa labor.

De Iztapalapa

Como si estuviera en una selva, José Simón Alvarado Torres es entrevistado rodeado de animales fabricados con sus manos, a derecha tiene una jirafa, de por lo menos un metro de altura, perfectamente pintada, muy bien hecha; atrás un rinoceronte pequeño que parece embestirlo con su cuerno; hay un elefante y ya empapelado está un brontosaurio, que con patas de mecedora se convertirá en un juguete para un niño de dos años.

Cuando entró a la cárcel, confesó, no sabía hacer nada, “entra uno como mareado, me extorsionaban” y terminó por reconocer que no es nada fácil vivir en la cárcel, porque hay muchas envidias y pocas amistades.

El don que tiene de fabricar esas figuras y otras, entre ellas religiosas, catrinas e imágenes navideñas, no lo descubrió mientras anduvo en la calle por andar en el relajo, el alcohol, las drogas y el malvivir.

Sin embargo, de tanto ver como se trabajaba en ese taller del Reclusorio Sur le nació la curiosidad de aprender, querer también hacer artesanías y se le dificultó mucho el aprender, porque varias veces, admitió, que cometió equivocaciones.

Él prácticamente ordena el trabajo en el que es apoyado por otros internos, quienes también aprenden ese oficio y quizá en el futuro, cuando él deje el Reclusorio Sur alguno de ellos continuará con su tarea.

Agradece el tener tantos clientes, que le piden que le piden diferentes figuras, de las cuales lo más laborioso es hacer el esqueleto con alambrón, tiene que ser firme, luego viene el empapelado de la figura, posteriormente viene el acabado de la escultura que también es muy detallado.

En el caso de la jirafa, aseguró que hacerla le llevó por lo menos 10 días y recordó que hacer una escultura de elefante, de dos metros de altura, es la más grande que ha hecho y que lo hizo por pedido.

Trabaja de las 9:00 horas a las 17:00 con empeño, porque con eso uno se olvida de lo que pasa adentro. Además, juega futbol y de lo que planea hacer cuando deje la prisión, apuntó que le gustaría seguir con la fabricación de figuras.

Exguardaespaldas

José Rodríguez recordó que está en sentenciado a 23 años de cárcel por homicidio imprudencial, atropelló a un persona, cuyos familiares y vecinos lo golpearon, le dispararon y fue a parar al hospital, de donde lo trasladaron al Reclusorio Sur.

Lleva ocho años en la prisión y en ese tiempo, a pesar de su profesión ha preferido por todos los modos posibles evitar enfrentamiento con los otros reclusos, quienes lo califican de payaso y presumido simplemente porque no entra a la onda con ellos.

En su carpintería, el ejercicio y la escuela encontró un refugio para una vida tan difícil, como es la existencia en la cárcel, donde no hay amigos y si mucha envidia.

Finalmente, cuando salga de la cárcel planea poner un taller de carpintería o regresar a su antiguo trabajo, que aseguró le gusta mucho y le reditúa más que cualquier oficio.

"De por si la cárcel es dura, pero uno con su forma de ser aquí dentro la hace más dura”, afirmó José Rodríguez, interno del Reclusorio Sur quien abrazó el aprendizaje de la carpintería como un escape a la realidad terrible de estar encerrado.

Alto, musculoso, con barba y de mirada serena, recordó a El Sol de México lo impresionante que fue el primer día que pasó encarcelado, llegó de estar hospitalizado y nunca se imaginó vivir esta situación.

Él es uno de los 110 internos que trabajan en los 60 talleres que hay en el Reclusorio Sur, donde también purga sentencia Simón Alvarado, culpable de robo, pero que entre las cuatro paredes de ese sitio encontró su don, que no descubrió mientras estuvo en libertad.

Él fabrica todo tipo de figuras con papel maché, un trabajo muy acucioso que le enseño el Mamá, como en las cárceles se le conoce al preso con más tiempo de estar tras las rejas y que prácticamente le pasó la estafeta de ese taller y él, próximo a salir, enseña a otros reclusos esa labor.

De Iztapalapa

Como si estuviera en una selva, José Simón Alvarado Torres es entrevistado rodeado de animales fabricados con sus manos, a derecha tiene una jirafa, de por lo menos un metro de altura, perfectamente pintada, muy bien hecha; atrás un rinoceronte pequeño que parece embestirlo con su cuerno; hay un elefante y ya empapelado está un brontosaurio, que con patas de mecedora se convertirá en un juguete para un niño de dos años.

Cuando entró a la cárcel, confesó, no sabía hacer nada, “entra uno como mareado, me extorsionaban” y terminó por reconocer que no es nada fácil vivir en la cárcel, porque hay muchas envidias y pocas amistades.

El don que tiene de fabricar esas figuras y otras, entre ellas religiosas, catrinas e imágenes navideñas, no lo descubrió mientras anduvo en la calle por andar en el relajo, el alcohol, las drogas y el malvivir.

Sin embargo, de tanto ver como se trabajaba en ese taller del Reclusorio Sur le nació la curiosidad de aprender, querer también hacer artesanías y se le dificultó mucho el aprender, porque varias veces, admitió, que cometió equivocaciones.

Él prácticamente ordena el trabajo en el que es apoyado por otros internos, quienes también aprenden ese oficio y quizá en el futuro, cuando él deje el Reclusorio Sur alguno de ellos continuará con su tarea.

Agradece el tener tantos clientes, que le piden que le piden diferentes figuras, de las cuales lo más laborioso es hacer el esqueleto con alambrón, tiene que ser firme, luego viene el empapelado de la figura, posteriormente viene el acabado de la escultura que también es muy detallado.

En el caso de la jirafa, aseguró que hacerla le llevó por lo menos 10 días y recordó que hacer una escultura de elefante, de dos metros de altura, es la más grande que ha hecho y que lo hizo por pedido.

Trabaja de las 9:00 horas a las 17:00 con empeño, porque con eso uno se olvida de lo que pasa adentro. Además, juega futbol y de lo que planea hacer cuando deje la prisión, apuntó que le gustaría seguir con la fabricación de figuras.

Exguardaespaldas

José Rodríguez recordó que está en sentenciado a 23 años de cárcel por homicidio imprudencial, atropelló a un persona, cuyos familiares y vecinos lo golpearon, le dispararon y fue a parar al hospital, de donde lo trasladaron al Reclusorio Sur.

Lleva ocho años en la prisión y en ese tiempo, a pesar de su profesión ha preferido por todos los modos posibles evitar enfrentamiento con los otros reclusos, quienes lo califican de payaso y presumido simplemente porque no entra a la onda con ellos.

En su carpintería, el ejercicio y la escuela encontró un refugio para una vida tan difícil, como es la existencia en la cárcel, donde no hay amigos y si mucha envidia.

Finalmente, cuando salga de la cárcel planea poner un taller de carpintería o regresar a su antiguo trabajo, que aseguró le gusta mucho y le reditúa más que cualquier oficio.

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