/ sábado 10 de octubre de 2015

Renuncia alcalde de Roma por desvío de fondos

Jorge Sandoval G / El Sol de México

Corresponsal

ROMA, Italia. (OEM-Informex).- Roma, la Ciudad Eterna, se encuentra hundida en un caos político e institucional tras la renuncia, por otro lado esperada, del alcalde Ignazio Marino, arrasado por una serie de errores y pasos falsos, culminados con la acusación, fundada, de haber utilizado la tarjeta de crédito oficialmente otorgada para gastos ligados a su cargo, para pagar en cambio cenas personales. El “caso Marino” involucra directamente al partido mayoritario italiano, Partido Democrático (PD), cuyo secretario general es el primer ministro Matteo Renzi, dado que, no obstante las denuncias y el malcontento general de los habitantes de Roma, no dejó, hasta ayer, de apoyar al alcalde, no obstante la situación cada vez más precaria.

En base a la ley, el presidente de la República, a finales de este mes, tendrá que nombrar un “comisario extraordinario”, el cual presidirá la “normal administración” del municipio de la capital italiana, hasta la próxima primavera (abril o mayo) cuando se procederá a las elecciones para elegir el nuevo Gobierno de la capital italiana.

Después de 27 meses de “reinado”, Ignazio Marino se vio obligado a izar la bandera blanca cuando su partido, después del abandono de varios asesores municipales, le retiró oficialmente la confianza.

La gota que derramó el vaso fue la denuncia, presentada por la oposición, de algunas cuentas pagadas en restaurantes de la capital de cenas con amigos y familiares con la tarjeta de crédito que oficialmente debía utilizar únicamente para gastos institucionales. Es decir, usó dinero público para uso personal.

Precedentemente, Marino había sido protagonista de una serie de episodios que habían provocado las críticas y las protestas de gran parte de la población: multa a un coche suyo por no haber pagado el obligatorio seguro automovilístico; relación, si bien indirecta, con un personaje, actualmente en prisión, culpable de haber corrompido a políticos y asesores municipales desde hace muchos años; frases poco elegantes contra la prensa (“los periódicos los uso para envolver los huevos y el pescado”); la ofensa a una señora que en un acto público lo criticaba (“evidentemente sus neuronas no conectan”); la homologación de matrimonios homosexuales en ausencia de una ley nacional y, no obstante, la firme contrariedad del Vaticano; el “majestuoso” funeral de un “boss” mafioso en Roma como si se tratase de un rey mientras estaba de vacaciones en Estados Unidos, negándose a regresar y la desmentida (neta y firme) del papa Francisco de haberlo invitado a Filadelfia al Encuentro Mundial de las Familias.

El “acto final” fue el descubrimiento de las cuentas pagadas con la tarjeta de crédito que oficialmente debe utilizarse en gastos estrictamente relacionados con su cargo institucional. Sin contar con una situación, cada vez más precaria, de la ciudad eterna: calles llenas de agujeros (más de dos mil entre automovilistas y motociclistas fueron hospitalizados a causa de este problema), serios retrasos en la recolección de basura en varias zonas de la ciudad, además de un servicio de transporte público cada vez más ineficaz, etcétera.

El jefe del Gobierno (y líder del PD), Matteo Renzi, dijo basta y de hecho obligó a Marino a dimitir.

Ahora, se asistirá a una cotidiana campaña electoral con las consiguientes maniobras políticas de los diversos partidos para formar alianzas y designar a los candidatos a ocupar el sillón dejado vacante por Marino, de frente a una ciudadanía comprensiblemente desilusionada y a dos meses del inicio del Año Santo, con millones de visitantes y la consiguiente problemática logística.

A este respecto, el Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, escribió significativamente: “hay solo una certeza: los escombros de Roma”.

Jorge Sandoval G / El Sol de México

Corresponsal

ROMA, Italia. (OEM-Informex).- Roma, la Ciudad Eterna, se encuentra hundida en un caos político e institucional tras la renuncia, por otro lado esperada, del alcalde Ignazio Marino, arrasado por una serie de errores y pasos falsos, culminados con la acusación, fundada, de haber utilizado la tarjeta de crédito oficialmente otorgada para gastos ligados a su cargo, para pagar en cambio cenas personales. El “caso Marino” involucra directamente al partido mayoritario italiano, Partido Democrático (PD), cuyo secretario general es el primer ministro Matteo Renzi, dado que, no obstante las denuncias y el malcontento general de los habitantes de Roma, no dejó, hasta ayer, de apoyar al alcalde, no obstante la situación cada vez más precaria.

En base a la ley, el presidente de la República, a finales de este mes, tendrá que nombrar un “comisario extraordinario”, el cual presidirá la “normal administración” del municipio de la capital italiana, hasta la próxima primavera (abril o mayo) cuando se procederá a las elecciones para elegir el nuevo Gobierno de la capital italiana.

Después de 27 meses de “reinado”, Ignazio Marino se vio obligado a izar la bandera blanca cuando su partido, después del abandono de varios asesores municipales, le retiró oficialmente la confianza.

La gota que derramó el vaso fue la denuncia, presentada por la oposición, de algunas cuentas pagadas en restaurantes de la capital de cenas con amigos y familiares con la tarjeta de crédito que oficialmente debía utilizar únicamente para gastos institucionales. Es decir, usó dinero público para uso personal.

Precedentemente, Marino había sido protagonista de una serie de episodios que habían provocado las críticas y las protestas de gran parte de la población: multa a un coche suyo por no haber pagado el obligatorio seguro automovilístico; relación, si bien indirecta, con un personaje, actualmente en prisión, culpable de haber corrompido a políticos y asesores municipales desde hace muchos años; frases poco elegantes contra la prensa (“los periódicos los uso para envolver los huevos y el pescado”); la ofensa a una señora que en un acto público lo criticaba (“evidentemente sus neuronas no conectan”); la homologación de matrimonios homosexuales en ausencia de una ley nacional y, no obstante, la firme contrariedad del Vaticano; el “majestuoso” funeral de un “boss” mafioso en Roma como si se tratase de un rey mientras estaba de vacaciones en Estados Unidos, negándose a regresar y la desmentida (neta y firme) del papa Francisco de haberlo invitado a Filadelfia al Encuentro Mundial de las Familias.

El “acto final” fue el descubrimiento de las cuentas pagadas con la tarjeta de crédito que oficialmente debe utilizarse en gastos estrictamente relacionados con su cargo institucional. Sin contar con una situación, cada vez más precaria, de la ciudad eterna: calles llenas de agujeros (más de dos mil entre automovilistas y motociclistas fueron hospitalizados a causa de este problema), serios retrasos en la recolección de basura en varias zonas de la ciudad, además de un servicio de transporte público cada vez más ineficaz, etcétera.

El jefe del Gobierno (y líder del PD), Matteo Renzi, dijo basta y de hecho obligó a Marino a dimitir.

Ahora, se asistirá a una cotidiana campaña electoral con las consiguientes maniobras políticas de los diversos partidos para formar alianzas y designar a los candidatos a ocupar el sillón dejado vacante por Marino, de frente a una ciudadanía comprensiblemente desilusionada y a dos meses del inicio del Año Santo, con millones de visitantes y la consiguiente problemática logística.

A este respecto, el Osservatore Romano, diario de la Santa Sede, escribió significativamente: “hay solo una certeza: los escombros de Roma”.