/ sábado 14 de septiembre de 2019

Clase media en Argentina, al borde del default

Miles de personas se ven rebasadas por las deudas impagables originadas por la gran crisis económica del país gobernado por Mauricio Macri

BUENOS AIRES. Tarjetas de crédito impagas, deudas con el psicólogo, la escuela de los hijos y el servicio de salud: la clase media argentina está en crisis y al borde del default, como un espejo de lo que sucede con las cuentas públicas.

"No podemos pagar todo, nos hundimos de a poco", resume Mónica que, avergonzada por el atraso del pago del colegio de sus dos hijos, calla su apellido y se niega a dejarse fotografiar.

Como muchos de sus amigos, Mónica (42 años), abogada, y su esposo, contador, defienden a costa de deudas su modo de vida en medio de una inflación que se proyecta por encima del 50% anual.

"Sin ahorros, en los últimos tres años empezamos a financiar gastos diarios con tarjeta. Antes eran regalos de Navidad, ahora el pago de la luz, celular, comida ¡todo!", explica.

Su estrategia terminó en deudas impagables, tal como ha sucedido con la frágil economía del país. Esta semana, Argentina anunció que pediría extender los plazos para el pago de sus compromisos con acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le otorgó el año pasado un crédito de unos 57.100 millones de dólares.

"Al principio pagábamos toda la tarjeta a fin de mes, después no llegamos y con estas tasas de interés de usura (hasta el 170% anual) estamos al borde de la ruina", dice Mónica, incrédula del repentino cambio.

ESTRATEGIAS DE CLASE MEDIA

Para no renunciar al uso del auto familiar, Mónica lo reconvirtió de gasolina a gas, que cuesta la mitad, y para ahorrar en peluquería aprendió a cortarse y teñirse el cabello.

Afortunadamente son propietarios de su vivienda y ambos tienen trabajo en un país donde el desempleo llega a 10,1% y la pobreza a 32%.

La necesidad de crédito llevó a esta familia a solicitar más tarjetas. Pasaron de tres a cinco en tres años. Ninguna está al día.

"Le debemos al psicólogo, estamos atrasados con las expensas (gastos de condominio) y la prepaga (seguro de salud), cambiamos el supermercado por el mayorista y renunciamos a las vacaciones", enumeró.

No apoya al gobierno de Mauricio Macri, que acaba de impulsar la refinanciación del crédito con el FMI.

"¿Qué esperamos?, salir a flote, sabemos que nos llevará años desendeudarnos o quizás nunca lo logremos" dice Mónica. Igual Argentina.

DEUDAS PARA PAGAR DEUDA

Miguel tiene 50 años, trabaja desde hace 13 en la limpieza de una oficina y lo desvelan las deudas. Tampoco quiere revelar su apellido.

"En tres años saqué cuatro préstamos, dos para pagar la tarjeta que el banco me terminó sacando por falta de pago y otros dos para pagar los primeros créditos porque las tasas se fueron al carajo", relata.

La mitad de su salario de 30.000 pesos (500 dólares) se lo lleva el banco.

Es padre de una adolescente de 17 años y su esposa trabaja como niñera por poco dinero.

Para ahorrar en transporte hace a diario un trayecto en bicicleta, luego toma un tren desde Merlo (periferia oeste de Buenos Aires) y otro trecho pedaleando. "Así gasto unos 300 pesos al mes (5 dólares). De lo contrario sería el doble", dice al exponer su frágil economía.

"¿Placeres? Ni el cine en familia una vez al mes, sólo pagar y pagar", repite abrumado.

La familia vive en la casa de la madre de Miguel, una jubilada cuya pensión "apenas alcanza para sus remedios", se queja.

Al menos no alquila como Claudia, exgerente de una empresa que al quebrar en 2017 puso su vida y la de sus hijos patas arriba.

"Nos tuvimos que mudar a un monoambiente", explica esta mujer separada de 45 años y con dos hijos de 11 y 17.

"Pasé de gerenciar 40 locales a limpiar casas por hora, así junto unos 10.000 pesos al mes (170 dólares), justo el alquiler", dice. Su exmarido ayuda con otros gastos.

"Dormimos todos en un colchón matrimonial, me baño en malla junto con mi nena para ahorrar en gas y muchas noches tomo un vaso de agua caliente con azúcar como cena", relata Claudia que se niega a ir al comedor social adonde concurre su hijo mayor.

En 2018 cambió el colegio privado de su hija por uno público con comedor. "Siempre le dejan traer una bandeja extra", dice avergonzada.

Los acreedores la atormentan. "Le debo 35 mil pesos (580 dólares) al colegio y 30 mil (500 dólares) al banco, estoy fundida, igual que este país", sentencia.

BUENOS AIRES. Tarjetas de crédito impagas, deudas con el psicólogo, la escuela de los hijos y el servicio de salud: la clase media argentina está en crisis y al borde del default, como un espejo de lo que sucede con las cuentas públicas.

"No podemos pagar todo, nos hundimos de a poco", resume Mónica que, avergonzada por el atraso del pago del colegio de sus dos hijos, calla su apellido y se niega a dejarse fotografiar.

Como muchos de sus amigos, Mónica (42 años), abogada, y su esposo, contador, defienden a costa de deudas su modo de vida en medio de una inflación que se proyecta por encima del 50% anual.

"Sin ahorros, en los últimos tres años empezamos a financiar gastos diarios con tarjeta. Antes eran regalos de Navidad, ahora el pago de la luz, celular, comida ¡todo!", explica.

Su estrategia terminó en deudas impagables, tal como ha sucedido con la frágil economía del país. Esta semana, Argentina anunció que pediría extender los plazos para el pago de sus compromisos con acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que le otorgó el año pasado un crédito de unos 57.100 millones de dólares.

"Al principio pagábamos toda la tarjeta a fin de mes, después no llegamos y con estas tasas de interés de usura (hasta el 170% anual) estamos al borde de la ruina", dice Mónica, incrédula del repentino cambio.

ESTRATEGIAS DE CLASE MEDIA

Para no renunciar al uso del auto familiar, Mónica lo reconvirtió de gasolina a gas, que cuesta la mitad, y para ahorrar en peluquería aprendió a cortarse y teñirse el cabello.

Afortunadamente son propietarios de su vivienda y ambos tienen trabajo en un país donde el desempleo llega a 10,1% y la pobreza a 32%.

La necesidad de crédito llevó a esta familia a solicitar más tarjetas. Pasaron de tres a cinco en tres años. Ninguna está al día.

"Le debemos al psicólogo, estamos atrasados con las expensas (gastos de condominio) y la prepaga (seguro de salud), cambiamos el supermercado por el mayorista y renunciamos a las vacaciones", enumeró.

No apoya al gobierno de Mauricio Macri, que acaba de impulsar la refinanciación del crédito con el FMI.

"¿Qué esperamos?, salir a flote, sabemos que nos llevará años desendeudarnos o quizás nunca lo logremos" dice Mónica. Igual Argentina.

DEUDAS PARA PAGAR DEUDA

Miguel tiene 50 años, trabaja desde hace 13 en la limpieza de una oficina y lo desvelan las deudas. Tampoco quiere revelar su apellido.

"En tres años saqué cuatro préstamos, dos para pagar la tarjeta que el banco me terminó sacando por falta de pago y otros dos para pagar los primeros créditos porque las tasas se fueron al carajo", relata.

La mitad de su salario de 30.000 pesos (500 dólares) se lo lleva el banco.

Es padre de una adolescente de 17 años y su esposa trabaja como niñera por poco dinero.

Para ahorrar en transporte hace a diario un trayecto en bicicleta, luego toma un tren desde Merlo (periferia oeste de Buenos Aires) y otro trecho pedaleando. "Así gasto unos 300 pesos al mes (5 dólares). De lo contrario sería el doble", dice al exponer su frágil economía.

"¿Placeres? Ni el cine en familia una vez al mes, sólo pagar y pagar", repite abrumado.

La familia vive en la casa de la madre de Miguel, una jubilada cuya pensión "apenas alcanza para sus remedios", se queja.

Al menos no alquila como Claudia, exgerente de una empresa que al quebrar en 2017 puso su vida y la de sus hijos patas arriba.

"Nos tuvimos que mudar a un monoambiente", explica esta mujer separada de 45 años y con dos hijos de 11 y 17.

"Pasé de gerenciar 40 locales a limpiar casas por hora, así junto unos 10.000 pesos al mes (170 dólares), justo el alquiler", dice. Su exmarido ayuda con otros gastos.

"Dormimos todos en un colchón matrimonial, me baño en malla junto con mi nena para ahorrar en gas y muchas noches tomo un vaso de agua caliente con azúcar como cena", relata Claudia que se niega a ir al comedor social adonde concurre su hijo mayor.

En 2018 cambió el colegio privado de su hija por uno público con comedor. "Siempre le dejan traer una bandeja extra", dice avergonzada.

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