/ martes 9 de abril de 2019

EU golpea a Guardia Revolucionaria iraní

Es la primera vez que cataloga así a una fuerza militar de otra nación

PARÍS. Toda la región de Oriente Medio corre peligro de ingresar en una nueva espiral de tensiones como consecuencia de la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de designar como grupo terrorista a los Guardianes de la Revolución, organización considerada como la fuerza militar más poderosa del régimen de los ayatolas.

La temeraria iniciativa del ocupante de la Casa Blanca constituye un gesto de características históricas porque es la primera vez que Estados Unidos incluye en esa categoría de “movimiento fuera de la ley” a una institución de un gobierno reconocido a nivel internacional y acreditado ante la ONU.

El propio Trump admitió con orgullo el alcance de ese gesto al decir que se trata de “un paso sin precedentes” que “reconoce la realidad de que Irán no sólo es un Estado patrocinador del terrorismo”, sino que los Guardianes también “participan, financian y promueven el terrorismo como una herramienta estatal”, según el comunicado oficial de la Casa Blanca.

Irán figura desde 1984 en la lista estadounidense muy restringida de “Estados que respaldan el terrorismo”, junto con Corea del Norte, Sudán y Siria”. El proyecto de sancionar a los Guardianes de la Revolución, conocido también como Pasdaram, estaba en el aire desde que Trump llegó al poder en 2017 y cobró mayor énfasis después que Estados Unidos se retiró el año pasado del acuerdo nuclear con Irán firmado en Viena en 2015. La medida también responde a un pedido formulado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, según reconoció el interesado en el mensaje personal de agradecimiento que le envió ayer a Trump.

El principal riesgo reside en que una medida de esa índole aumenta el riesgo de represalias contra las fuerzas de Estados Unidos y los oficiales de inteligencia, sobre todo los que operan en Oriente Medio.

Foto: EFE

La sanción suscitó un debate dentro del gobierno de Trump, donde algunos funcionarios en el Pentágono y la CIA advirtieron que esa medida podría desencadenar una ola de ataques y atentados contra las tropas de EU en Oriente Medio, según el diario The Wall Street Journal.

El Pentágono admitió la existencia de ese peligro al decir que había adoptado “las medidas de precaución necesarias para garantizar la seguridad” de los soldados norteamericanos en todo el mundo.

El general Jafari, comandante del cuerpo, estaba sabía del debate en Washington y el domingo último -aun antes de que la Casa Blanca anunciara su decisión- anticipó que su país tomará "medidas equivalentes". Las fuerzas de EU en Oriente Medio "no tendrán paz”, amenazó.

La Guardia de la Revolución, creada en 1979 después del triunfo de la Revolución Islámica para proteger el nuevo sistema teocrático, tiene unos 150 mil hombres divididos en 20 formaciones, entre ellos unidades de paracaidistas, infantería de marina y una rama especializada en “operaciones especiales”, frecuentemente acusada de actividades terroristas. Ese cuerpo de elite controla también amplios sectores de la economía del país.

Por sus funciones, el comandante de ese cuerpo de élite -cargo que actualmente ocupa el general de división Mohammad- Ali Jaafari- es igualmente responsable de los grupos Al Qods, células que operan en el extranjero y, a veces, se encargan de la formación y entrenamiento de movimientos ideológicamente afines. Actualmente operan como asesores militares de las fuerzas chiitas en Irak y de la milicia libanesa Hezbola, que participa activamente en la guerra civil siria.

En los últimos años, EU impuso sanciones a decenas de entidades e individuos vinculados a los Guardianes, pero nunca había castigado directamente a ese cuerpo militar. La medida se traducirá en restricciones de viaje y posibles acciones criminales para quienes colaboren con la organización. "Esto deja claro los riesgos de hacer negocios o de proporcionar apoyo a los Guardianes”, señaló Trump.

Parece evidente ahora que la Casa Blanca tiene la intención de activar toda su potencia económica, política y judicial para aumentar la presión sobre Irán, estimó Mark Dubowitz, del think tank neoconservador Foundation for Defense of Democracies, basado en Washington.

PARÍS. Toda la región de Oriente Medio corre peligro de ingresar en una nueva espiral de tensiones como consecuencia de la decisión del presidente estadounidense Donald Trump de designar como grupo terrorista a los Guardianes de la Revolución, organización considerada como la fuerza militar más poderosa del régimen de los ayatolas.

La temeraria iniciativa del ocupante de la Casa Blanca constituye un gesto de características históricas porque es la primera vez que Estados Unidos incluye en esa categoría de “movimiento fuera de la ley” a una institución de un gobierno reconocido a nivel internacional y acreditado ante la ONU.

El propio Trump admitió con orgullo el alcance de ese gesto al decir que se trata de “un paso sin precedentes” que “reconoce la realidad de que Irán no sólo es un Estado patrocinador del terrorismo”, sino que los Guardianes también “participan, financian y promueven el terrorismo como una herramienta estatal”, según el comunicado oficial de la Casa Blanca.

Irán figura desde 1984 en la lista estadounidense muy restringida de “Estados que respaldan el terrorismo”, junto con Corea del Norte, Sudán y Siria”. El proyecto de sancionar a los Guardianes de la Revolución, conocido también como Pasdaram, estaba en el aire desde que Trump llegó al poder en 2017 y cobró mayor énfasis después que Estados Unidos se retiró el año pasado del acuerdo nuclear con Irán firmado en Viena en 2015. La medida también responde a un pedido formulado por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, según reconoció el interesado en el mensaje personal de agradecimiento que le envió ayer a Trump.

El principal riesgo reside en que una medida de esa índole aumenta el riesgo de represalias contra las fuerzas de Estados Unidos y los oficiales de inteligencia, sobre todo los que operan en Oriente Medio.

Foto: EFE

La sanción suscitó un debate dentro del gobierno de Trump, donde algunos funcionarios en el Pentágono y la CIA advirtieron que esa medida podría desencadenar una ola de ataques y atentados contra las tropas de EU en Oriente Medio, según el diario The Wall Street Journal.

El Pentágono admitió la existencia de ese peligro al decir que había adoptado “las medidas de precaución necesarias para garantizar la seguridad” de los soldados norteamericanos en todo el mundo.

El general Jafari, comandante del cuerpo, estaba sabía del debate en Washington y el domingo último -aun antes de que la Casa Blanca anunciara su decisión- anticipó que su país tomará "medidas equivalentes". Las fuerzas de EU en Oriente Medio "no tendrán paz”, amenazó.

La Guardia de la Revolución, creada en 1979 después del triunfo de la Revolución Islámica para proteger el nuevo sistema teocrático, tiene unos 150 mil hombres divididos en 20 formaciones, entre ellos unidades de paracaidistas, infantería de marina y una rama especializada en “operaciones especiales”, frecuentemente acusada de actividades terroristas. Ese cuerpo de elite controla también amplios sectores de la economía del país.

Por sus funciones, el comandante de ese cuerpo de élite -cargo que actualmente ocupa el general de división Mohammad- Ali Jaafari- es igualmente responsable de los grupos Al Qods, células que operan en el extranjero y, a veces, se encargan de la formación y entrenamiento de movimientos ideológicamente afines. Actualmente operan como asesores militares de las fuerzas chiitas en Irak y de la milicia libanesa Hezbola, que participa activamente en la guerra civil siria.

En los últimos años, EU impuso sanciones a decenas de entidades e individuos vinculados a los Guardianes, pero nunca había castigado directamente a ese cuerpo militar. La medida se traducirá en restricciones de viaje y posibles acciones criminales para quienes colaboren con la organización. "Esto deja claro los riesgos de hacer negocios o de proporcionar apoyo a los Guardianes”, señaló Trump.

Parece evidente ahora que la Casa Blanca tiene la intención de activar toda su potencia económica, política y judicial para aumentar la presión sobre Irán, estimó Mark Dubowitz, del think tank neoconservador Foundation for Defense of Democracies, basado en Washington.

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