/ viernes 8 de enero de 2016

Acapulco y el Galeón del Pacífico / Francisco Fonseca N

Tuve la oportunidad de leer el libro “El Galeón del Pacífico”, obra espléndida que contiene la historia del puerto de Acapulco y su relación con Manila en el periodo 1565-1815. Mientras más me adentraba en la lectura del libro, un mundo de misterio e imaginación enriquecida -al estilo de Julio Verne- aparecía ante mis ojos. No se agota el asombro. Cada texto, síntesis de ingenio y dedicación, constituye un eslabón fundamental en el conocimiento de la historia más íntima del sur de nuestra patria.

Este libro de 1989 y que versa sobre los ataques piráticos al Puerto de Acapulco, es muy valioso por contar con las aportaciones de Jorge Denegre Vaught, Elías Trabulse, Miguel León Portilla, Fernando Benitez, Virginia Armella y otros autores. Fue coordinado editorialmente por el ensayista y diplomático mexicano Javier Wimer, fallecido en junio de 2009. Wimer fue un hombre que incidió en muchos aspectos positivos de la difusión de la cultura en México.Entre las muchas responsabilidades que tuvo, en 1984 dirigió la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.

La lectura nos adentra en la historia del Galeón y, por su intermedio, en algunos aspectos de la historia del Gran Océano y de la familia de pueblos que, en eterna dispersión e integración, han discurrido por sus aguas y por sus litorales.

Destaca la importancia que la carabela, conocida como la Nao de China, tuvo en el desarrollo de los intercambios transpacíficos hasta 1815, año que señala el fin de la empresa y el principio de un olvido que llega hasta el presente. La Nao viajaba de China a Manila y de allí a Acapulco, y viceversa, ofreciendo los mejores productos comerciales del Pacífico.

¿Quién iba a imaginar, por ejemplo, que los mexicanos fuimos los pioneros del Pacífico? ¿No fue acaso el puerto de Acapulco la puerta de entrada de aventureros y de idealistas, de filibusteros y traficantes, de misioneros iluminados y expedicionarios audaces, de comerciantes ambiciosos que afrontaron todos los riesgos para hacer posible la expansión asiática de la mercadería y el arte?

Desde 1573 Acapulco aparece vinculado por largo tiempo con el oriente a través de la ruta de las especias y en las mejores muestras de la cartografía mundial. En la vastedad de los mares del sur, el puerto guerrerense se perfilaba, desde entonces, como el punto de destino de los galeones provenientes de Manila, Ceilán y Macao, principalmente.

¿Cuántos relatos apasionados de exploradores y aventureros participarían en la descripción geográfica de uno de los lugares más bellos de la América septentrional? Sueños, arte, aventuras, mercancías, pasión religiosa, imaginación desbordada: ese es el mito del Galeón del Pacífico.

Escuchemos a Fernando Benítez: “¿Qué era la Nao de China? Algo que se escapa a la historia, una nave de Turner esfumada en el resplandor del crepúsculo, un tesoro de Aladino que cabalgaba sobre la espalda del océano, un purgatorio marinero, un barco fantasma, la ambición de los reyes, el botín de los piratas, la falda de las mujeres, los manteles de Damasco, el pañuelo de los adioses, el sufrimiento humano, la lotería de los pobres, la riqueza de las naciones, el ave del paraíso, esa magia que duró 250 años y que solo se extinguió cuando el viento de la Independencia la echó a pique y que permanece intacta en el fondo del mar”.

Hermoso libro, enriquecedor. Debemos conocer la historia de nuestra patria, del solar de los mayores, y solazarnos con sus epopeyas y grandezas. Seamos mejores mexicanos. Leamos más.

pacofonn@yahoo.com.mx

Tuve la oportunidad de leer el libro “El Galeón del Pacífico”, obra espléndida que contiene la historia del puerto de Acapulco y su relación con Manila en el periodo 1565-1815. Mientras más me adentraba en la lectura del libro, un mundo de misterio e imaginación enriquecida -al estilo de Julio Verne- aparecía ante mis ojos. No se agota el asombro. Cada texto, síntesis de ingenio y dedicación, constituye un eslabón fundamental en el conocimiento de la historia más íntima del sur de nuestra patria.

Este libro de 1989 y que versa sobre los ataques piráticos al Puerto de Acapulco, es muy valioso por contar con las aportaciones de Jorge Denegre Vaught, Elías Trabulse, Miguel León Portilla, Fernando Benitez, Virginia Armella y otros autores. Fue coordinado editorialmente por el ensayista y diplomático mexicano Javier Wimer, fallecido en junio de 2009. Wimer fue un hombre que incidió en muchos aspectos positivos de la difusión de la cultura en México.Entre las muchas responsabilidades que tuvo, en 1984 dirigió la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos.

La lectura nos adentra en la historia del Galeón y, por su intermedio, en algunos aspectos de la historia del Gran Océano y de la familia de pueblos que, en eterna dispersión e integración, han discurrido por sus aguas y por sus litorales.

Destaca la importancia que la carabela, conocida como la Nao de China, tuvo en el desarrollo de los intercambios transpacíficos hasta 1815, año que señala el fin de la empresa y el principio de un olvido que llega hasta el presente. La Nao viajaba de China a Manila y de allí a Acapulco, y viceversa, ofreciendo los mejores productos comerciales del Pacífico.

¿Quién iba a imaginar, por ejemplo, que los mexicanos fuimos los pioneros del Pacífico? ¿No fue acaso el puerto de Acapulco la puerta de entrada de aventureros y de idealistas, de filibusteros y traficantes, de misioneros iluminados y expedicionarios audaces, de comerciantes ambiciosos que afrontaron todos los riesgos para hacer posible la expansión asiática de la mercadería y el arte?

Desde 1573 Acapulco aparece vinculado por largo tiempo con el oriente a través de la ruta de las especias y en las mejores muestras de la cartografía mundial. En la vastedad de los mares del sur, el puerto guerrerense se perfilaba, desde entonces, como el punto de destino de los galeones provenientes de Manila, Ceilán y Macao, principalmente.

¿Cuántos relatos apasionados de exploradores y aventureros participarían en la descripción geográfica de uno de los lugares más bellos de la América septentrional? Sueños, arte, aventuras, mercancías, pasión religiosa, imaginación desbordada: ese es el mito del Galeón del Pacífico.

Escuchemos a Fernando Benítez: “¿Qué era la Nao de China? Algo que se escapa a la historia, una nave de Turner esfumada en el resplandor del crepúsculo, un tesoro de Aladino que cabalgaba sobre la espalda del océano, un purgatorio marinero, un barco fantasma, la ambición de los reyes, el botín de los piratas, la falda de las mujeres, los manteles de Damasco, el pañuelo de los adioses, el sufrimiento humano, la lotería de los pobres, la riqueza de las naciones, el ave del paraíso, esa magia que duró 250 años y que solo se extinguió cuando el viento de la Independencia la echó a pique y que permanece intacta en el fondo del mar”.

Hermoso libro, enriquecedor. Debemos conocer la historia de nuestra patria, del solar de los mayores, y solazarnos con sus epopeyas y grandezas. Seamos mejores mexicanos. Leamos más.

pacofonn@yahoo.com.mx

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