/ domingo 24 de mayo de 2020

Acordanza

En recuerdo de Mujeres forjadoras de la paz

Hay ejemplos de mujeres que han sido factores decisivos para evitar la guerra y propiciar la paz. Uno es literario: pues la primera mujer que se me viene a la mente, forjadora de la paz, es Lisístrata, el personaje de la comedia del mismo nombre del griego Aristófanes, escrita en el 413 a. C. Con esta comedia, Aristófanes hizo un llamado a la paz, pues el ejército de Atenas había sufrido un gran revés en las guerra del Peloponeso y los espartanos amenazaban con atacar a la ciudad de Atenas.

A causa de esta guerra civil, las mujeres se encontraban privadas de sus maridos, que eran el sostén del hogar, o lloraban a sus hijos muertos, o estaban empobrecidas. ¿Qué podrían hacer ellas para finalizar la calamidad de la guerra? Encabezadas por Lisístrata deciden recurrir a una huelga de sexo, haciendo un acuerdo no sólo con las mujeres de Atenas y sino inclusive con las enemigas de Esparta, para no hacer el amor con sus hombre s a fin de obligarlos a pactar la paz. Lisístrata toma por asalto la Acrópolis de Atenas y los varones de la Hélade, ayunos del amor de sus mujeres, deciden bajar las armas.

Otro ejemplo, éste sí histórico, lo proporciona el escritor latino Plutarco (46-120 d.C.) en su libro Vidas paralelas.

En él relata la vida de Cayo Marcio Coriolano, un general romano que vivió en tiempos de la República, en el siglo V antes de nuestra era, y que sobresalió en la guerra contra los Volscos de Corioli, ciudad vecina a Roma. De esa victoria Cayo Marcio debió su sobrenombre de Coriolano.

Por razones políticas, Coriolano fue exiliado de Roma. Para vengarse de quienes lo expulsaron de su ciudad natal, Coriolano pacta con los Volscos una guerra contra Roma.

Habiendo llegado a las puertas de “la ciudad eterna” con el propósito de incendiarla y saquearla, las matronas de la ciudad, encabezadas por Volumnia -su madre- y por Venturia, su esposa, salieron a su encuentro para convencerlo de no atacar a su patria.

Volumnia le dice que “si combate a Roma, pasará sobre su cadáver” y razona: “pues no debo aguardar el día en que o triunfan los ciudadanos de mi hijo, o él triunfa de la Patria. Y si yo te propusiera que salvaras a ésta con la ruina de los Volscos, la prueba sería para ti, oh hijo mío, ardua y difícil; porque el destruir a tus conciudadanos no es honroso, y el hacer traición a los que de ti han confiado, es injusticia, mas ahora la paz que te pedimos es saludable a todos”.

Doblegado por las palabras de su madre, Coriolano se retira sabiendo que los Volscos le darán muerte.

Shakespeare toma el relato de Plutarco para escribir una de sus últimas tragedias y Beethoven compone una obertura sinfónica basada en este drama. Sin embargo, el sordo de Bonn no se inspira en la tragedia de Shakespeare, sino en la obra de teatro que sobre el general romano escribió el jurista y poeta alemán Heinrich Joseph von Collin, a quién se la dedicó expresamente.

Sirvan estos dos ejemplos de la antigüedad clásica para resaltar la capacidad de las mujeres para poner paz en disputas armadas. Hay otros ejemplos. Sólo que el espacio se me acaba.

En recuerdo de Mujeres forjadoras de la paz

Hay ejemplos de mujeres que han sido factores decisivos para evitar la guerra y propiciar la paz. Uno es literario: pues la primera mujer que se me viene a la mente, forjadora de la paz, es Lisístrata, el personaje de la comedia del mismo nombre del griego Aristófanes, escrita en el 413 a. C. Con esta comedia, Aristófanes hizo un llamado a la paz, pues el ejército de Atenas había sufrido un gran revés en las guerra del Peloponeso y los espartanos amenazaban con atacar a la ciudad de Atenas.

A causa de esta guerra civil, las mujeres se encontraban privadas de sus maridos, que eran el sostén del hogar, o lloraban a sus hijos muertos, o estaban empobrecidas. ¿Qué podrían hacer ellas para finalizar la calamidad de la guerra? Encabezadas por Lisístrata deciden recurrir a una huelga de sexo, haciendo un acuerdo no sólo con las mujeres de Atenas y sino inclusive con las enemigas de Esparta, para no hacer el amor con sus hombre s a fin de obligarlos a pactar la paz. Lisístrata toma por asalto la Acrópolis de Atenas y los varones de la Hélade, ayunos del amor de sus mujeres, deciden bajar las armas.

Otro ejemplo, éste sí histórico, lo proporciona el escritor latino Plutarco (46-120 d.C.) en su libro Vidas paralelas.

En él relata la vida de Cayo Marcio Coriolano, un general romano que vivió en tiempos de la República, en el siglo V antes de nuestra era, y que sobresalió en la guerra contra los Volscos de Corioli, ciudad vecina a Roma. De esa victoria Cayo Marcio debió su sobrenombre de Coriolano.

Por razones políticas, Coriolano fue exiliado de Roma. Para vengarse de quienes lo expulsaron de su ciudad natal, Coriolano pacta con los Volscos una guerra contra Roma.

Habiendo llegado a las puertas de “la ciudad eterna” con el propósito de incendiarla y saquearla, las matronas de la ciudad, encabezadas por Volumnia -su madre- y por Venturia, su esposa, salieron a su encuentro para convencerlo de no atacar a su patria.

Volumnia le dice que “si combate a Roma, pasará sobre su cadáver” y razona: “pues no debo aguardar el día en que o triunfan los ciudadanos de mi hijo, o él triunfa de la Patria. Y si yo te propusiera que salvaras a ésta con la ruina de los Volscos, la prueba sería para ti, oh hijo mío, ardua y difícil; porque el destruir a tus conciudadanos no es honroso, y el hacer traición a los que de ti han confiado, es injusticia, mas ahora la paz que te pedimos es saludable a todos”.

Doblegado por las palabras de su madre, Coriolano se retira sabiendo que los Volscos le darán muerte.

Shakespeare toma el relato de Plutarco para escribir una de sus últimas tragedias y Beethoven compone una obertura sinfónica basada en este drama. Sin embargo, el sordo de Bonn no se inspira en la tragedia de Shakespeare, sino en la obra de teatro que sobre el general romano escribió el jurista y poeta alemán Heinrich Joseph von Collin, a quién se la dedicó expresamente.

Sirvan estos dos ejemplos de la antigüedad clásica para resaltar la capacidad de las mujeres para poner paz en disputas armadas. Hay otros ejemplos. Sólo que el espacio se me acaba.

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