/ domingo 13 de septiembre de 2020

Acordanza

*En recuerdo de Ignacio Manuel Altamirano, padre de la literatura nacional


El romanticismo en nuestra América se caracterizó por una intensa subjetividad, la búsqueda de lo original, la fe en el genio nacional, la huida de la ciudad y el retorno al campo, la exploración de un mundo de sueños y elementos subconscientes, la ruptura con las normas morales formales, la exaltación de la espontaneidad y el entusiasmo por la libertad… En nuestros países, recién salidos de las luchas de independencia, se impusieron las ideas de la originalidad y el genio nacional, sobre las consideraciones de orden estético y formal y empujaron a los escritores a crear sus propias culturas nacionales… Este fue el caso de nuestro cultísimo indígena chontal nacido en Tixtla, hoy estado de Guerrero, Ignacio Manuel Altamirano, que lo mismo empuñó la espada en las guerras de Reforma y en la defensa de la república frente a la invasión francesa, que la pluma, con cuya escritura promovió entre los intelectuales la creación de la cultura mexicana y de una literatura que reflejara lo que somos como mexicanos, con todas nuestras complejidades y contradicciones… La acción de Altamirano no sólo va a ser fundadora en la literatura, sino que, en su gestión como legislador, promovió que la educación en nuestro país fuera libre, laica y gratuita, elevando este concepto a la propia Constitución.

Diplomático, abogado y político, Altamirano es el padre de la cultura nacional, pues a través de ella, pensaba, podían tener los mexicanos una identidad nacional. Ignacio Manuel expuso ideas como ésta: “ La juventud de hoy tiene el propósito firme de trabajar constantemente hasta llevar a cabo la creación y el desarrollo de la literatura nacional, cualesquiera que sean las peripecias que sobrevengan. Mientras que nos limitemos a imitar la novela francesa, cuya forma es inadaptable a nuestras costumbres y a nuestro modo de ser, no haremos sino pálidas y mezquinas imitaciones, así como no hemos producido más que cantos débiles imitando a los trovadores españoles y a los poetas ingleses y franceses…No negamos la gran utilidad de estudiar todas las escuelas del mundo civilizado… pero deseamos que se cree una literatura absolutamente nuestra…”

Desde los periódicos, los libros, la tribuna o la conversación Altamirano no hizo más que trabajar a favor de una literatura que, nutrida con realidades del país, fuera creando una conciencia nacional colectiva.

Él “fue núcleo y motor de la actividad literaria de su tiempo y supo no sólo mostrar el modelo, sino crearlo”, afirmó de él, Justo Sierra, por ello, buscó en el fondo de la novela “el hecho histórico, el estudio moral, la doctrina política, el estudio social, la predicación de un partido o de una secta religiosa”. La novela –creía- era el libro “de las masas” como la canción popular, el periodismo y la tribuna, y le atribuye un papel primordial en el mejoramiento de la sociedad. Por esta razón sus novelas Clemencia, El Zarco y Navidad en las Montañas, son ya libros clásicos en nuestra cultura, hay que releerlos ahora que estamos en el mes de la Patria.

*En recuerdo de Ignacio Manuel Altamirano, padre de la literatura nacional


El romanticismo en nuestra América se caracterizó por una intensa subjetividad, la búsqueda de lo original, la fe en el genio nacional, la huida de la ciudad y el retorno al campo, la exploración de un mundo de sueños y elementos subconscientes, la ruptura con las normas morales formales, la exaltación de la espontaneidad y el entusiasmo por la libertad… En nuestros países, recién salidos de las luchas de independencia, se impusieron las ideas de la originalidad y el genio nacional, sobre las consideraciones de orden estético y formal y empujaron a los escritores a crear sus propias culturas nacionales… Este fue el caso de nuestro cultísimo indígena chontal nacido en Tixtla, hoy estado de Guerrero, Ignacio Manuel Altamirano, que lo mismo empuñó la espada en las guerras de Reforma y en la defensa de la república frente a la invasión francesa, que la pluma, con cuya escritura promovió entre los intelectuales la creación de la cultura mexicana y de una literatura que reflejara lo que somos como mexicanos, con todas nuestras complejidades y contradicciones… La acción de Altamirano no sólo va a ser fundadora en la literatura, sino que, en su gestión como legislador, promovió que la educación en nuestro país fuera libre, laica y gratuita, elevando este concepto a la propia Constitución.

Diplomático, abogado y político, Altamirano es el padre de la cultura nacional, pues a través de ella, pensaba, podían tener los mexicanos una identidad nacional. Ignacio Manuel expuso ideas como ésta: “ La juventud de hoy tiene el propósito firme de trabajar constantemente hasta llevar a cabo la creación y el desarrollo de la literatura nacional, cualesquiera que sean las peripecias que sobrevengan. Mientras que nos limitemos a imitar la novela francesa, cuya forma es inadaptable a nuestras costumbres y a nuestro modo de ser, no haremos sino pálidas y mezquinas imitaciones, así como no hemos producido más que cantos débiles imitando a los trovadores españoles y a los poetas ingleses y franceses…No negamos la gran utilidad de estudiar todas las escuelas del mundo civilizado… pero deseamos que se cree una literatura absolutamente nuestra…”

Desde los periódicos, los libros, la tribuna o la conversación Altamirano no hizo más que trabajar a favor de una literatura que, nutrida con realidades del país, fuera creando una conciencia nacional colectiva.

Él “fue núcleo y motor de la actividad literaria de su tiempo y supo no sólo mostrar el modelo, sino crearlo”, afirmó de él, Justo Sierra, por ello, buscó en el fondo de la novela “el hecho histórico, el estudio moral, la doctrina política, el estudio social, la predicación de un partido o de una secta religiosa”. La novela –creía- era el libro “de las masas” como la canción popular, el periodismo y la tribuna, y le atribuye un papel primordial en el mejoramiento de la sociedad. Por esta razón sus novelas Clemencia, El Zarco y Navidad en las Montañas, son ya libros clásicos en nuestra cultura, hay que releerlos ahora que estamos en el mes de la Patria.