/ sábado 26 de diciembre de 2020

Corral y sus ambiciones

Javier Corral, gobernador de Chihuahua, siempre ha sido un político polémico. Podría decirse que se pelea hasta con su sombra, haciendo honor a la fama de los broncos del Norte. En el ocaso de su cargo, arrecia sus actitudes de macho bravío y se convierte en un problema para su partido Acción Nacional.

Se le ha metido, entre ceja y ceja, pasarle la estafeta a Gustavo Madero, ignorando lo que fueron las virtudes democráticas del Blanquiazul, de permitir una contienda abierta entre varios precandidatos.

Madero lleva años esperando su turno. Nunca ha negado su aspiración por la grande de su terruño. Ve posibilidades a la sombra de su amigo y pide licencia en el Senado, para contender por el bastión panista.

Las encuestas, sin embargo, no lo favorecen. A la cabeza se encuentra la alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos, con la que simpatiza un alto porcentaje de la población.

Chihuahua ha vivido alternancias priístas y panistas y si Corral se llevó las últimas elecciones, fue por la brutal corrupción de su antecesor, César Duarte. Un Tricolor del que no se esperaban marrullerías. Daba la pala de ser un hombre honesto, comprometido y buen político.

Llegó a la encomienda y empezó el robadero. La rumorología hablaba de excesos y truhanerías, hasta que el agua llegó al río y se destapó la inmensa cloaca. Con el apoyo familiar –como acostumbran-, se había hecho de propiedades monumentales, un rancho, cría de ganado y caballos finos. Llegó al cinismo de hacerse de un banco. A su salida, las arcas estatales estaban vacías, a extremos que no había ni para la nómina.

Corral basó su campaña en la promesa de sancionar la podredumbre Duartista y, desde el inicio de su mandato enfiló a su fiscalía a poner denuncias al por mayor, en contra del sátrapa.

El personaje tiene órdenes de aprehensión, “lo busca” la interpol y, sin embargo, jamás le han echado el guante, a pesar de que se sabe que vive en alguna entidad estadounidense fronteriza, a la vista de todos.

Este fiasco ha tenido envenenado a Corral, quien, a falta del pez gordo se fue contra un Delegado priísta, Alejandro Gutiérrez, a quien le ha hecho la vida de cuadritos.

Si bien recibió la entidad en bancarrota, ha sido incapaz de sacar adelante las finanzas y su gestión ha sido mediocre. Al arribo de AMLO empezó a confrontarse con él y ya sabemos de la reacción del tlatoani a quienes se oponen a sus chocarrerías.

De forma injusta y vergonzosa, la federación le pone todo tipo de trabas al “adversario” del máximo gurú. La sanción al chihuahuense, ha sido extrema al grado de quitarle las mesas de seguridad, que tenían el objetivo de bajar la grave violencia que los asola.

En esa tesitura, Corral se adhiere a la Alianza Federalista de gobernadores y denuncia las arbitrariedades en su contra. En Palacio, ni lo ven ni lo escuchan.

Se empeña en heredarle el sitial a Madero y, en vista del primer lugar de Maru Campos, intenta bajarla de la contienda, a base de calumnias, denuestos y rumores. Dice que la alcaldesa estaba en la nómina secreta del pillo de Duarte. Lo mismo hace con el Senador morenista, Cruz Pérez Cuéllar, también suspirante al 2021.

Sol y sombra de un político difícil, que pone en un brete a Acción Nacional, de seguir por la vía de la imposición autoritaria. La consecuencia podría ser la pérdida de la entidad, interés supremo para las fuerzas de oposición, a la búsqueda de equilibrios de Poder.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

Javier Corral, gobernador de Chihuahua, siempre ha sido un político polémico. Podría decirse que se pelea hasta con su sombra, haciendo honor a la fama de los broncos del Norte. En el ocaso de su cargo, arrecia sus actitudes de macho bravío y se convierte en un problema para su partido Acción Nacional.

Se le ha metido, entre ceja y ceja, pasarle la estafeta a Gustavo Madero, ignorando lo que fueron las virtudes democráticas del Blanquiazul, de permitir una contienda abierta entre varios precandidatos.

Madero lleva años esperando su turno. Nunca ha negado su aspiración por la grande de su terruño. Ve posibilidades a la sombra de su amigo y pide licencia en el Senado, para contender por el bastión panista.

Las encuestas, sin embargo, no lo favorecen. A la cabeza se encuentra la alcaldesa de Chihuahua, María Eugenia Campos, con la que simpatiza un alto porcentaje de la población.

Chihuahua ha vivido alternancias priístas y panistas y si Corral se llevó las últimas elecciones, fue por la brutal corrupción de su antecesor, César Duarte. Un Tricolor del que no se esperaban marrullerías. Daba la pala de ser un hombre honesto, comprometido y buen político.

Llegó a la encomienda y empezó el robadero. La rumorología hablaba de excesos y truhanerías, hasta que el agua llegó al río y se destapó la inmensa cloaca. Con el apoyo familiar –como acostumbran-, se había hecho de propiedades monumentales, un rancho, cría de ganado y caballos finos. Llegó al cinismo de hacerse de un banco. A su salida, las arcas estatales estaban vacías, a extremos que no había ni para la nómina.

Corral basó su campaña en la promesa de sancionar la podredumbre Duartista y, desde el inicio de su mandato enfiló a su fiscalía a poner denuncias al por mayor, en contra del sátrapa.

El personaje tiene órdenes de aprehensión, “lo busca” la interpol y, sin embargo, jamás le han echado el guante, a pesar de que se sabe que vive en alguna entidad estadounidense fronteriza, a la vista de todos.

Este fiasco ha tenido envenenado a Corral, quien, a falta del pez gordo se fue contra un Delegado priísta, Alejandro Gutiérrez, a quien le ha hecho la vida de cuadritos.

Si bien recibió la entidad en bancarrota, ha sido incapaz de sacar adelante las finanzas y su gestión ha sido mediocre. Al arribo de AMLO empezó a confrontarse con él y ya sabemos de la reacción del tlatoani a quienes se oponen a sus chocarrerías.

De forma injusta y vergonzosa, la federación le pone todo tipo de trabas al “adversario” del máximo gurú. La sanción al chihuahuense, ha sido extrema al grado de quitarle las mesas de seguridad, que tenían el objetivo de bajar la grave violencia que los asola.

En esa tesitura, Corral se adhiere a la Alianza Federalista de gobernadores y denuncia las arbitrariedades en su contra. En Palacio, ni lo ven ni lo escuchan.

Se empeña en heredarle el sitial a Madero y, en vista del primer lugar de Maru Campos, intenta bajarla de la contienda, a base de calumnias, denuestos y rumores. Dice que la alcaldesa estaba en la nómina secreta del pillo de Duarte. Lo mismo hace con el Senador morenista, Cruz Pérez Cuéllar, también suspirante al 2021.

Sol y sombra de un político difícil, que pone en un brete a Acción Nacional, de seguir por la vía de la imposición autoritaria. La consecuencia podría ser la pérdida de la entidad, interés supremo para las fuerzas de oposición, a la búsqueda de equilibrios de Poder.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

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