/ viernes 1 de marzo de 2024

Hojas de Papel | Neruda: Los versos más tristes de esa noche…

Pablo Neruda fue llevado al hospital Santa María, en Santiago de Chile el 19 de septiembre de 1973. Lo trasladó su chofer, secretario personal y fiel amigo Manuel Araya. Ese día se sintió mal y consideró conveniente una revisión por el tratamiento que llevaba hacía tiempo, por cáncer de próstata…

En 2011 Araya declaró a la revista mexicana Proceso que a pesar de sus males, ese día iba tranquilo y que –en su opinión— no iba de gravedad. Que de hecho comentaba algunos planes para las siguientes semanas.

Fue atendido por los médicos especialistas que le pidieron que se quedara en la clínica, para un mejor control. Sin embargo algo extraño ocurrió –dijo el chofer, que estuvo con él todo el tiempo-, porque como sin venir al orden que le habían dicho los doctores, en algún momento de la noche una persona vestido de médico le aplicó una inyección en el estómago…

Un día después murió el gran poeta de América, el hombre que aportó a la literatura universal una de las obras excelsas del pensamiento humano; la hondura de una de las disciplinas literarias más difíciles pero al mismo tiempo más profundas, intensas y bellas: la poesía.

Fue un gran chileno. Diplomático. Político. Y sin duda un ser humano excepcional, que entregó más de la mitad de su vida literaria a levantar la voz en nombre de la gente de trabajo, de la gente del campo, de los mineros, de los pescadores, de los obreros, de los hombres y mujeres que se parten el alma por sobrevivir y que son víctimas del abuso y de la corrupción empresarial y política…

“Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado.

No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo. No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados.”…

Doce días antes de su muerte el 23 de septiembre de 1973, había ocurrido el criminal y sangriento golpe de Estado que Augusto Pinochet asestó a la democracia y al gobierno socialista chileno.

El 11 de septiembre de ese 1973, fuerzas militares comandadas por Pinochet bombardearon el Palacio de la Moneda, sede del gobierno presidencial. Sabían que ahí se encontraba el presidente Salvador Allende. No tuvieron recato alguno en atacar con toda la furia brutal y el poder de las balas, a todo fuego, desde cielo y tierra. Un infierno que parecía interminable. La tragedia duró siete horas, comenzó a las 7.30 de la mañana y concluyó poco después de las dos de la tarde.

A la muerte del presidente constitucional, Salvador Allende ese día, militares perjuros se hicieron del poder. Todo con ayuda del gobierno estadounidense a través de la DEA y la CIA. Ese mismo día se hizo de la presidencia de la República de Chile el mismo militar a quien el presidente Allende apoyó y encumbró. Alta traición.

Neruda que respaldaba al gobierno socialista repudió el hecho. Lamentó con gran dolor la muerte de Allende. Expresó su desconcierto y desprecio a quien habría de erigirse en dictador de un país ejemplar. Ya presentía el horror de una dictadura que duró 17 años.

Días antes, durante su estancia en el hospital, lo visitó el embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, para reiterarle la invitación del gobierno mexicano para instalarse aquí. Aceptó de buena gana. Así, el día 24 de septiembre tenía pensado salir para tierra azteca. Ya no fue posible.

El diagnóstico oficial que se dio a conocer dictaminó que su muerte fue por cáncer de próstata. Lo demás fue silencio. La conmoción fue mundial. Era uno de los escritores más queridos y más reconocidos por su obra y por sus intensidades y preocupaciones… Fue enterrado en la que fue su casa, en el municipio de Isla Negra, en la costa de Chile.

Sin embargo su peregrinar no habría de terminar entonces. Años después y a raíz de las declaraciones de Araya, comenzó un largo-larguísimo litigio para desentrañar la verdadera razón de la muerte de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, que era el verdadero nombre de Pablo Neruda-: O fue realmente por el cáncer de próstata o fue envenenado, era el dilema.

Y se reabrió el caso. En 2011 a instancias del Partido Comunista Chileno y la familia del escritor se argumentaron serias dudas respecto de la muerte del poeta. Se pidió su exhumación. Fue exhumado en 2013. No obstante el tema fue para largo y poco se consiguió entonces…

Fue hasta 2017 cuando un grupo de expertos internacionales y nacionales-chilenos desestimaron la versión oficial al encontrar en un molar del cadáver del escritor una substancia conocida como “clostridium botulinum”; “Este es –dicen los especialistas- un bacilo que se encuentra por lo general en la tierra y que puede causar problemas al sistema nervioso e incluso la muerte”

‘Un tercer panel de expertos de las Universidades de McMaster (Canadá) y Copenhague (Dinamarca) reveló hace un año que la bacteria "estaba en su cuerpo en el momento de la muerte", lo que para la familia fue interpretado como una prueba irrefutable de que Neruda fue envenenado durante su permanencia en la clínica.’

Aun así, el caso fue sellado en septiembre de 2023 por una juez chilena. No obstante, a insistencia de familiares del poeta como del Partido Comunista Chileno y organizaciones internacionales, el 19 de febrero de este 2024, la Primera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago resolvió reabrir la investigación por la muerte del poeta chileno.

“… La jueza a cargo de la investigación, Paola Plaza, que debe esclarecer si el Premio Nobel falleció por el cáncer de próstata avanzado que lo aquejaba o si fue envenenado por un agente secreto de la dictadura”.

Es el tránsito de un gran hombre que vivo o muerto ha seguido un largo camino. El hombre que aun hoy tiene un enorme significado para la cultura mundial, para la literatura, la poesía, para la política, la diplomacia y, sobre todo, por su apego a la lucha por la justicia social.

“Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta. A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados y desde el fondo habladme toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado…”

El 21 de octubre de 1971 la Academia Sueca anunciaba el Premio Nobel de Literatura para el chileno Pablo Neruda: "Por ser autor de una poesía que, con la acción de una fuerza elemental, da vida al destino y a los sueños de un continente". Este y muchos otros reconocimientos en el mundo.

Así al poeta que nos entregó: “Crepusculario” (1923), “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924), “Residencia en la Tierra” (1925-1931), “Los versos del capitán” (1952), “Canto General” (1950), “Estravagario” (1957), así como de prosa fundamental como “Confieso que he vivido” (1974 –obra póstuma)… Tanto más…

"Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa"

Pablo Neruda nació el 12 de julio de 1904 en Parral. Su padre fue obrero y maquinista ferroviario. Su madre fue profesora en una escuela de niñas. Murió cuando Neruda tenía un mes de vida.

Pasó los dos primeros años de vida con su abuelo paterno, José Ángel Reyes Hermosilla. En 1906 se trasladó a Temuco junto a su padre. El 6 de diciembre de 1930 Neruda se casó con María Antonieta Hagenaar Vogelzang, con quien tuvo una hija, Malva Marina Trinidad en 1934 quien murió en 1943 a los ocho años. La pareja se divorció en México en 1942.

El 2 de julio de 1943 se casó en México con Delia del Carril, de quien se separó en 1955. Su tercera esposa fue Matilde Urrutia, con quien contrajo matrimonio el 28 de octubre de 1966 hasta su muerte, en septiembre de 1973.

Fue además de poeta y escritor, diplomático en distintos países a lo largo de casi cuarenta años, ya como cónsul o embajador de Chile. A lo largo de más de cincuenta años desgranó una de las obras más intensas, más hermosas, más rigurosas, consistentes, profundas y cargadas del mejor pensamiento latinoamericano. Sí, sin duda, un poeta sin igual quien después de muerto aún cabalga y así será, por los siglos y los siglos…

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.”


(…)


“Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido.”

Pablo Neruda fue llevado al hospital Santa María, en Santiago de Chile el 19 de septiembre de 1973. Lo trasladó su chofer, secretario personal y fiel amigo Manuel Araya. Ese día se sintió mal y consideró conveniente una revisión por el tratamiento que llevaba hacía tiempo, por cáncer de próstata…

En 2011 Araya declaró a la revista mexicana Proceso que a pesar de sus males, ese día iba tranquilo y que –en su opinión— no iba de gravedad. Que de hecho comentaba algunos planes para las siguientes semanas.

Fue atendido por los médicos especialistas que le pidieron que se quedara en la clínica, para un mejor control. Sin embargo algo extraño ocurrió –dijo el chofer, que estuvo con él todo el tiempo-, porque como sin venir al orden que le habían dicho los doctores, en algún momento de la noche una persona vestido de médico le aplicó una inyección en el estómago…

Un día después murió el gran poeta de América, el hombre que aportó a la literatura universal una de las obras excelsas del pensamiento humano; la hondura de una de las disciplinas literarias más difíciles pero al mismo tiempo más profundas, intensas y bellas: la poesía.

Fue un gran chileno. Diplomático. Político. Y sin duda un ser humano excepcional, que entregó más de la mitad de su vida literaria a levantar la voz en nombre de la gente de trabajo, de la gente del campo, de los mineros, de los pescadores, de los obreros, de los hombres y mujeres que se parten el alma por sobrevivir y que son víctimas del abuso y de la corrupción empresarial y política…

“Sube a nacer conmigo, hermano. Dame la mano desde la profunda zona de tu dolor diseminado.

No volverás del fondo de las rocas. No volverás del tiempo subterráneo. No volverá tu voz endurecida. No volverán tus ojos taladrados.”…

Doce días antes de su muerte el 23 de septiembre de 1973, había ocurrido el criminal y sangriento golpe de Estado que Augusto Pinochet asestó a la democracia y al gobierno socialista chileno.

El 11 de septiembre de ese 1973, fuerzas militares comandadas por Pinochet bombardearon el Palacio de la Moneda, sede del gobierno presidencial. Sabían que ahí se encontraba el presidente Salvador Allende. No tuvieron recato alguno en atacar con toda la furia brutal y el poder de las balas, a todo fuego, desde cielo y tierra. Un infierno que parecía interminable. La tragedia duró siete horas, comenzó a las 7.30 de la mañana y concluyó poco después de las dos de la tarde.

A la muerte del presidente constitucional, Salvador Allende ese día, militares perjuros se hicieron del poder. Todo con ayuda del gobierno estadounidense a través de la DEA y la CIA. Ese mismo día se hizo de la presidencia de la República de Chile el mismo militar a quien el presidente Allende apoyó y encumbró. Alta traición.

Neruda que respaldaba al gobierno socialista repudió el hecho. Lamentó con gran dolor la muerte de Allende. Expresó su desconcierto y desprecio a quien habría de erigirse en dictador de un país ejemplar. Ya presentía el horror de una dictadura que duró 17 años.

Días antes, durante su estancia en el hospital, lo visitó el embajador de México en Chile, Gonzalo Martínez Corbalá, para reiterarle la invitación del gobierno mexicano para instalarse aquí. Aceptó de buena gana. Así, el día 24 de septiembre tenía pensado salir para tierra azteca. Ya no fue posible.

El diagnóstico oficial que se dio a conocer dictaminó que su muerte fue por cáncer de próstata. Lo demás fue silencio. La conmoción fue mundial. Era uno de los escritores más queridos y más reconocidos por su obra y por sus intensidades y preocupaciones… Fue enterrado en la que fue su casa, en el municipio de Isla Negra, en la costa de Chile.

Sin embargo su peregrinar no habría de terminar entonces. Años después y a raíz de las declaraciones de Araya, comenzó un largo-larguísimo litigio para desentrañar la verdadera razón de la muerte de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, que era el verdadero nombre de Pablo Neruda-: O fue realmente por el cáncer de próstata o fue envenenado, era el dilema.

Y se reabrió el caso. En 2011 a instancias del Partido Comunista Chileno y la familia del escritor se argumentaron serias dudas respecto de la muerte del poeta. Se pidió su exhumación. Fue exhumado en 2013. No obstante el tema fue para largo y poco se consiguió entonces…

Fue hasta 2017 cuando un grupo de expertos internacionales y nacionales-chilenos desestimaron la versión oficial al encontrar en un molar del cadáver del escritor una substancia conocida como “clostridium botulinum”; “Este es –dicen los especialistas- un bacilo que se encuentra por lo general en la tierra y que puede causar problemas al sistema nervioso e incluso la muerte”

‘Un tercer panel de expertos de las Universidades de McMaster (Canadá) y Copenhague (Dinamarca) reveló hace un año que la bacteria "estaba en su cuerpo en el momento de la muerte", lo que para la familia fue interpretado como una prueba irrefutable de que Neruda fue envenenado durante su permanencia en la clínica.’

Aun así, el caso fue sellado en septiembre de 2023 por una juez chilena. No obstante, a insistencia de familiares del poeta como del Partido Comunista Chileno y organizaciones internacionales, el 19 de febrero de este 2024, la Primera Sala de la Corte de Apelaciones de Santiago resolvió reabrir la investigación por la muerte del poeta chileno.

“… La jueza a cargo de la investigación, Paola Plaza, que debe esclarecer si el Premio Nobel falleció por el cáncer de próstata avanzado que lo aquejaba o si fue envenenado por un agente secreto de la dictadura”.

Es el tránsito de un gran hombre que vivo o muerto ha seguido un largo camino. El hombre que aun hoy tiene un enorme significado para la cultura mundial, para la literatura, la poesía, para la política, la diplomacia y, sobre todo, por su apego a la lucha por la justicia social.

“Yo vengo a hablar por vuestra boca muerta. A través de la tierra juntad todos los silenciosos labios derramados y desde el fondo habladme toda esta larga noche como si yo estuviera con vosotros anclado…”

El 21 de octubre de 1971 la Academia Sueca anunciaba el Premio Nobel de Literatura para el chileno Pablo Neruda: "Por ser autor de una poesía que, con la acción de una fuerza elemental, da vida al destino y a los sueños de un continente". Este y muchos otros reconocimientos en el mundo.

Así al poeta que nos entregó: “Crepusculario” (1923), “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” (1924), “Residencia en la Tierra” (1925-1931), “Los versos del capitán” (1952), “Canto General” (1950), “Estravagario” (1957), así como de prosa fundamental como “Confieso que he vivido” (1974 –obra póstuma)… Tanto más…

"Quítame el pan si quieres, quítame el aire, pero no me quites tu risa"

Pablo Neruda nació el 12 de julio de 1904 en Parral. Su padre fue obrero y maquinista ferroviario. Su madre fue profesora en una escuela de niñas. Murió cuando Neruda tenía un mes de vida.

Pasó los dos primeros años de vida con su abuelo paterno, José Ángel Reyes Hermosilla. En 1906 se trasladó a Temuco junto a su padre. El 6 de diciembre de 1930 Neruda se casó con María Antonieta Hagenaar Vogelzang, con quien tuvo una hija, Malva Marina Trinidad en 1934 quien murió en 1943 a los ocho años. La pareja se divorció en México en 1942.

El 2 de julio de 1943 se casó en México con Delia del Carril, de quien se separó en 1955. Su tercera esposa fue Matilde Urrutia, con quien contrajo matrimonio el 28 de octubre de 1966 hasta su muerte, en septiembre de 1973.

Fue además de poeta y escritor, diplomático en distintos países a lo largo de casi cuarenta años, ya como cónsul o embajador de Chile. A lo largo de más de cincuenta años desgranó una de las obras más intensas, más hermosas, más rigurosas, consistentes, profundas y cargadas del mejor pensamiento latinoamericano. Sí, sin duda, un poeta sin igual quien después de muerto aún cabalga y así será, por los siglos y los siglos…

“Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.”


(…)


“Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero. Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido. Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos, mi alma no se contenta con haberla perdido.”

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