/ viernes 8 de febrero de 2019

La Revolución que falló

Como se señaló en este espacio hace 8 días, Venezuela está reconfigurando el orden global, desde Rusia hasta Roger Waters han rechazado el golpe de Estado; y desde Trump hasta Kanye West han apoyado la caída de Maduro; pero, después de todo, lo que se está juzgando es el gobierno de Chávez o el brutal fracaso de Maduro.

Chávez llega al poder en un escenario de descomposición y corrupción política y social, así como de gran desprestigio a las instituciones, que sacudió el escenario y le dio en su momento potencia al Estado venezolano; por ejemplo, cuando inició con su Reforma Agraria y la expropiación petrolera, logró los menores índices de pobreza históricos en Venezuela.

Hasta ahí la sensatez imperó, había una lógica de izquierda y económica que se traducía en bienestar y crecimiento económico. ¿Qué pasó? Chávez muere y a partir de eso empieza un proceso de descomposición; el arresto de Leopoldo López, la hiperinflación, y se dispara la pobreza a casi un 90 por ciento de la población, mientras que la pobreza extrema a más del 55 por ciento de esta.

La realidad es que más allá de cualquier tamiz, el principal enemigo de la Revolución Chavista no fue Estados Unidos ni los opositores, sino Maduro y su incapacidad de potenciar y dar viabilidad al proyecto que heredó.

La política social de Chávez no fracasó, logró, como la estadística lo demuestra, avances importantes; simplemente Maduro la dinamitó peor que una invasión; ocurrencias, pajaritos que hablan, política económica ni de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario, acabaron siendo el desastre de la Revolución Bolivariana.

Hoy Venezuela ya no se trata de un proyecto político desafortunadamente, se trata de una crisis humanitaria que llevó a la mayoría de su población al exilio o a la pobreza, ya no se trata sobre el legado de Chávez, es sobre las limitaciones de Maduro.

La gran pregunta es cómo podrá salir Maduro de esto, lo que se antoja difícil cuando no puede salir de un tanque sin desmayarse; y segundo, cómo rescatar una política que generó prosperidad y equidad en el pueblo venezolano por cerca de una década.

El problema venezolano no admite reducciones o simplificaciones, tiene muchas aristas, capas y profundidades, el diálogo entre los problemas económicos como la inflación, la economía devastada y todo lo que lleva a defender a Trump y a Bolsonaro como promotores de un golpe de Estado, hacen una ecuación difícil.

Hoy, el Papa se ofrece como mediador del conflicto, se pone por arriba de los intereses mezquinos y con una estatura política por arriba de la coyuntura ¿Qué dirán los ñoños que criticaron la oposición del presidente López Obrador cuando los días nos han demostrado que era lo más sensato y conveniente para México?, tan es así que hasta el Papa hizo lo mismo.

Como se señaló en este espacio hace 8 días, Venezuela está reconfigurando el orden global, desde Rusia hasta Roger Waters han rechazado el golpe de Estado; y desde Trump hasta Kanye West han apoyado la caída de Maduro; pero, después de todo, lo que se está juzgando es el gobierno de Chávez o el brutal fracaso de Maduro.

Chávez llega al poder en un escenario de descomposición y corrupción política y social, así como de gran desprestigio a las instituciones, que sacudió el escenario y le dio en su momento potencia al Estado venezolano; por ejemplo, cuando inició con su Reforma Agraria y la expropiación petrolera, logró los menores índices de pobreza históricos en Venezuela.

Hasta ahí la sensatez imperó, había una lógica de izquierda y económica que se traducía en bienestar y crecimiento económico. ¿Qué pasó? Chávez muere y a partir de eso empieza un proceso de descomposición; el arresto de Leopoldo López, la hiperinflación, y se dispara la pobreza a casi un 90 por ciento de la población, mientras que la pobreza extrema a más del 55 por ciento de esta.

La realidad es que más allá de cualquier tamiz, el principal enemigo de la Revolución Chavista no fue Estados Unidos ni los opositores, sino Maduro y su incapacidad de potenciar y dar viabilidad al proyecto que heredó.

La política social de Chávez no fracasó, logró, como la estadística lo demuestra, avances importantes; simplemente Maduro la dinamitó peor que una invasión; ocurrencias, pajaritos que hablan, política económica ni de izquierda ni de derecha, sino todo lo contrario, acabaron siendo el desastre de la Revolución Bolivariana.

Hoy Venezuela ya no se trata de un proyecto político desafortunadamente, se trata de una crisis humanitaria que llevó a la mayoría de su población al exilio o a la pobreza, ya no se trata sobre el legado de Chávez, es sobre las limitaciones de Maduro.

La gran pregunta es cómo podrá salir Maduro de esto, lo que se antoja difícil cuando no puede salir de un tanque sin desmayarse; y segundo, cómo rescatar una política que generó prosperidad y equidad en el pueblo venezolano por cerca de una década.

El problema venezolano no admite reducciones o simplificaciones, tiene muchas aristas, capas y profundidades, el diálogo entre los problemas económicos como la inflación, la economía devastada y todo lo que lleva a defender a Trump y a Bolsonaro como promotores de un golpe de Estado, hacen una ecuación difícil.

Hoy, el Papa se ofrece como mediador del conflicto, se pone por arriba de los intereses mezquinos y con una estatura política por arriba de la coyuntura ¿Qué dirán los ñoños que criticaron la oposición del presidente López Obrador cuando los días nos han demostrado que era lo más sensato y conveniente para México?, tan es así que hasta el Papa hizo lo mismo.

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