/ martes 19 de enero de 2021

Ministerios laicales femeninos

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El Papa Francisco, después de un largo proceso eclesial y de una adecuada consulta, con la carta apostólica Spiritus Domini, ha decretado la modificación del Código de Derecho Canónico, para que las mujeres también puedan ser instituidas como Lectoras y Acólitas, con un rito litúrgico. Estos ministerios estaban reservados a los varones, porque eran etapas del camino hacia el sacerdocio, pero, en la práctica, ya también ellas realizaban esos servicios, aunque en forma extraordinaria. Había resistencias para que se les instituyera en forma estable y oficial.

Esta modificación jurídica es un paso más de la insistencia del Papa de dar a las mujeres el lugar que les corresponde en la Iglesia. No es clericalizarlas, ni darles esperanza de un sacerdocio femenino. Es reconocer su dignidad y su servicio a partir de su Bautismo y Confirmación. Es como un reconocimiento a lo que en la práctica ya realizan.

En efecto, en la mayoría de nuestras celebraciones, son mujeres las que proclaman la Palabra de Dios, pues muchos varones no se animan a hacerlo; son ellas las más dispuestas a servir en este ministerio. De igual modo, son muchísimas las mujeres que son nombradas por el obispo como Ministras Extraordinarias de la Comunión, dentro y fuera de la Misa; pero su nombramiento ha sido temporal y hay que renovárselo periódicamente. Siendo Acólitas, ya no requerirán dicha renovación.

A las esposas de los diáconos permanentes, les di autorización permanente para que dieran la Comunión. A mujeres indígenas concedí facultad de celebrar bautismos, en lugares donde no había diáconos ni sacerdotes. Esto lo tiene contemplado el Código de Derecho Canónico; es una decisión que compete al obispo local. Además, con el consentimiento de la Conferencia Episcopal y la autorización de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a ellas mismas les concedí facultad de presidir matrimonios. Estos permisos ahora se han limitado, pues gracias a Dios han aumentado los diáconos permanentes y los sacerdotes nativos.

No faltan personas que interpreten esta decisión del Papa como un paso hacia el sacerdocio femenino, y como un derecho que se les había negado. No es así y no tenemos derecho a estos ministerios. Es una gracia del Espíritu poder servir en la Iglesia. Es un ministerio no de poder, sino de servicio.

PENSAR

Entre otras cosas, dice el Papa en dicha carta:

“El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio. Estos carismas, llamados ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable".

En una carta que dirigió al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dice: “La decisión de conferir también a las mujeres estos cargos, que implican estabilidad, reconocimiento público y un mandato del obispo, hace más efectiva en la Iglesia la participación de todos en la obra de evangelización”.

Pero advierte claramente: “La Iglesia no tiene en absoluto la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres”. Por tanto, este ministerio de Lectoras y Acólitas no es un paso hacia el sacerdocio femenino.

ACTUAR

Valoremos la identidad peculiar y la misión de la mujer en la familia, en la comunidad local y en la Iglesia, superando lo que nos queda de machismo.

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El Papa Francisco, después de un largo proceso eclesial y de una adecuada consulta, con la carta apostólica Spiritus Domini, ha decretado la modificación del Código de Derecho Canónico, para que las mujeres también puedan ser instituidas como Lectoras y Acólitas, con un rito litúrgico. Estos ministerios estaban reservados a los varones, porque eran etapas del camino hacia el sacerdocio, pero, en la práctica, ya también ellas realizaban esos servicios, aunque en forma extraordinaria. Había resistencias para que se les instituyera en forma estable y oficial.

Esta modificación jurídica es un paso más de la insistencia del Papa de dar a las mujeres el lugar que les corresponde en la Iglesia. No es clericalizarlas, ni darles esperanza de un sacerdocio femenino. Es reconocer su dignidad y su servicio a partir de su Bautismo y Confirmación. Es como un reconocimiento a lo que en la práctica ya realizan.

En efecto, en la mayoría de nuestras celebraciones, son mujeres las que proclaman la Palabra de Dios, pues muchos varones no se animan a hacerlo; son ellas las más dispuestas a servir en este ministerio. De igual modo, son muchísimas las mujeres que son nombradas por el obispo como Ministras Extraordinarias de la Comunión, dentro y fuera de la Misa; pero su nombramiento ha sido temporal y hay que renovárselo periódicamente. Siendo Acólitas, ya no requerirán dicha renovación.

A las esposas de los diáconos permanentes, les di autorización permanente para que dieran la Comunión. A mujeres indígenas concedí facultad de celebrar bautismos, en lugares donde no había diáconos ni sacerdotes. Esto lo tiene contemplado el Código de Derecho Canónico; es una decisión que compete al obispo local. Además, con el consentimiento de la Conferencia Episcopal y la autorización de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, a ellas mismas les concedí facultad de presidir matrimonios. Estos permisos ahora se han limitado, pues gracias a Dios han aumentado los diáconos permanentes y los sacerdotes nativos.

No faltan personas que interpreten esta decisión del Papa como un paso hacia el sacerdocio femenino, y como un derecho que se les había negado. No es así y no tenemos derecho a estos ministerios. Es una gracia del Espíritu poder servir en la Iglesia. Es un ministerio no de poder, sino de servicio.

PENSAR

Entre otras cosas, dice el Papa en dicha carta:

“El Espíritu del Señor Jesús, fuente perenne de la vida y misión de la Iglesia, distribuye a los miembros del Pueblo de Dios los dones que permiten a cada uno, de manera diferente, contribuir a la edificación de la Iglesia y al anuncio del Evangelio. Estos carismas, llamados ministerios por ser reconocidos públicamente e instituidos por la Iglesia, se ponen a disposición de la comunidad y su misión de forma estable".

En una carta que dirigió al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dice: “La decisión de conferir también a las mujeres estos cargos, que implican estabilidad, reconocimiento público y un mandato del obispo, hace más efectiva en la Iglesia la participación de todos en la obra de evangelización”.

Pero advierte claramente: “La Iglesia no tiene en absoluto la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres”. Por tanto, este ministerio de Lectoras y Acólitas no es un paso hacia el sacerdocio femenino.

ACTUAR

Valoremos la identidad peculiar y la misión de la mujer en la familia, en la comunidad local y en la Iglesia, superando lo que nos queda de machismo.

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