/ sábado 22 de junio de 2019

No hay respeto por nada

El hombre es el lobo del hombre. Esta frase lapidaria la he utilizado en más de una ocasión a partir del conocimiento de la condición humana. El hombre es el lobo del hombre. Se destruye a sí mismo, nos destruimos paulatinamente, a pesar de ser racionales. Continuamos sorprendiéndonos. No hemos perdido nuestra capacidad de asombro.

Hoy enfrentamos el tremendo reto de una desestabilización social. Esta desestabilización social venía gestándose desde finales del siglo pasado, y se agravó considerablemente con los gobiernos panistas, y la inercia no pudo detenerse en el sexenio anterior. Fue un lastre muy pesado para hacerlo a un lado. Los gobiernos de los últimos dieciocho años que prometieron desterrar la inseguridad la aumentaron; prometieron acabar con la corrupción y la aumentaron, prometieron terminar con la impunidad y la han aumentado también. Perdieron su única oportunidad de oro. No era fácil. El meollo fue la guerra calderonista. No fue guerra, fue y ha sido una masacre que abarca al actual gobierno.

Nos encontramos cara a cara con las fuerzas de la oscuridad que medran en el anonimato, y que hacen una permanente labor de zapa. La ciudadanía nacional se impacta con los sucesos que se dan día a día en decenas de ciudades y con esa violencia que nos arrastra al precipicio de la historia. La Ciudad de México, mi ciudad, vive igualmente impactada, tal vez, si la memoria no falla, desde los acontecimientos que se produjeron con la declaración de quiebra de la Ruta 100 hace casi veinte años. Y esta onda de impacto se ha extendido al país. México mira hoy aturdido estos hechos. Manifestaciones, marchas, plantones, y también hechos sangrientos y criminales.

Las autoridades locales, llámense gobernadores, jefa de gobierno, alcaldes, fiscales, jefes de la policía, etc., responden con evasivas a los cuestionamientos periodísticos.

¿Qué ocurre hoy en nuestro país? Pudiera yo pensar que el sistema está amenazado; es más, que está lesionado, herido. Se ha atentado contra el sistema nacional, y de hecho se ha lastimado a la Patria. Al hablar de sistema no me refiero al actual gobierno; hablo de la estructura general del país que se ha mantenido incólume por más de 80 años. Hablo de ciudadanía, de autoridades, de trabajadores administrativos, de empresarios, de docentes y alumnos, de obreros, de campesinos, de técnicos, de personal de la salud, de transportistas, de intelectuales y pensadores, etc. De todos quienes vivimos bajo el manto protector de la Patria.

Serio. Muy serio. Nada ni nadie puede prevalecer por encima de los intereses de la Nación. Se han afectado las estructuras políticas, y el resultado está a la vista. Eran estructuras políticas fuertes y vigorosas. Hoy tenemos grandes movimientos políticos; se han producido crisis económicas, y la sociedad se inquieta por su trabajo, su seguridad, su educación, su poder adquisitivo.

Al día de hoy, todos los noticiarios de televisión difunden en su teaser (inicio, anticipo) imágenes de delincuentes asaltando a bordo de autobuses o microbuses, otros robando a transeúntes en plena calle, o a quienes tripulan automóviles detenidos en circuitos o periférico, sicarios disparando sus potentes armas en plena calle, en restaurantes, en centros comerciales, etc., etc. NO HAY RESPETO POR NADA.

Vemos la actuación equivocada de los servidores públicos y nos preguntamos acerca de esa pegadiza impunidad de la cual no podemos separarnos ni en el tiempo ni en el espacio; pareciera que formara, desde siempre, parte de nuestra idiosincracia, de nuestro comportamiento. Esa pegadiza -palabra que usaba con gran crítica el poeta mayor León Felipe- impunidad cada vez se incrusta más en nuestra piel, y nada ni nadie podrá desterrarla. Esa parásita impunidad que se ve en toda la estructura nacional pero que destaca más en el servicio público. Y por supuesto que va acompañada de su hermana que se llama corrupción. Es tan corrupto el empleado del gobierno que extorsiona, como el taxista que cobra veinte pesos más de lo debido, o como el tendero que despacha un kilo de ochocientos gramos. ¿Qué ocurre hoy en nuestra sociedad? ¿De dónde salen estas marranadas?

En el aire flota una sensación incierta. De pesadez. De ausencia. Es el México que camina ya por el tercer milenio. El México nuestro, y al que quieren acceder otros mexicanos. Los otros, los malos mexicanos, los prevaricadores, los que se mueven, lo repetiré una vez y otra vez, en la oscuridad y en el anonimato. Ellos son los que desvían en el ejercicio de sus deberes y llevan al país a la desestabilización.

Por muchas, muchísimas razones no debemos volver la mirada a un pasado que mutiló nuestras potencialidades para mucho tiempo. Es ancha y profunda la raíz de grandeza y generosidad que nos nutre y que nos une. El solar donde nacimos es algo más que un accidente geográfico: es el alma del pueblo, su razón de vivir y de ser.

Fundador de Notimex

Medalla Ricardo Flores Magón 2018

pacofonn@yahoo.com.mx






El hombre es el lobo del hombre. Esta frase lapidaria la he utilizado en más de una ocasión a partir del conocimiento de la condición humana. El hombre es el lobo del hombre. Se destruye a sí mismo, nos destruimos paulatinamente, a pesar de ser racionales. Continuamos sorprendiéndonos. No hemos perdido nuestra capacidad de asombro.

Hoy enfrentamos el tremendo reto de una desestabilización social. Esta desestabilización social venía gestándose desde finales del siglo pasado, y se agravó considerablemente con los gobiernos panistas, y la inercia no pudo detenerse en el sexenio anterior. Fue un lastre muy pesado para hacerlo a un lado. Los gobiernos de los últimos dieciocho años que prometieron desterrar la inseguridad la aumentaron; prometieron acabar con la corrupción y la aumentaron, prometieron terminar con la impunidad y la han aumentado también. Perdieron su única oportunidad de oro. No era fácil. El meollo fue la guerra calderonista. No fue guerra, fue y ha sido una masacre que abarca al actual gobierno.

Nos encontramos cara a cara con las fuerzas de la oscuridad que medran en el anonimato, y que hacen una permanente labor de zapa. La ciudadanía nacional se impacta con los sucesos que se dan día a día en decenas de ciudades y con esa violencia que nos arrastra al precipicio de la historia. La Ciudad de México, mi ciudad, vive igualmente impactada, tal vez, si la memoria no falla, desde los acontecimientos que se produjeron con la declaración de quiebra de la Ruta 100 hace casi veinte años. Y esta onda de impacto se ha extendido al país. México mira hoy aturdido estos hechos. Manifestaciones, marchas, plantones, y también hechos sangrientos y criminales.

Las autoridades locales, llámense gobernadores, jefa de gobierno, alcaldes, fiscales, jefes de la policía, etc., responden con evasivas a los cuestionamientos periodísticos.

¿Qué ocurre hoy en nuestro país? Pudiera yo pensar que el sistema está amenazado; es más, que está lesionado, herido. Se ha atentado contra el sistema nacional, y de hecho se ha lastimado a la Patria. Al hablar de sistema no me refiero al actual gobierno; hablo de la estructura general del país que se ha mantenido incólume por más de 80 años. Hablo de ciudadanía, de autoridades, de trabajadores administrativos, de empresarios, de docentes y alumnos, de obreros, de campesinos, de técnicos, de personal de la salud, de transportistas, de intelectuales y pensadores, etc. De todos quienes vivimos bajo el manto protector de la Patria.

Serio. Muy serio. Nada ni nadie puede prevalecer por encima de los intereses de la Nación. Se han afectado las estructuras políticas, y el resultado está a la vista. Eran estructuras políticas fuertes y vigorosas. Hoy tenemos grandes movimientos políticos; se han producido crisis económicas, y la sociedad se inquieta por su trabajo, su seguridad, su educación, su poder adquisitivo.

Al día de hoy, todos los noticiarios de televisión difunden en su teaser (inicio, anticipo) imágenes de delincuentes asaltando a bordo de autobuses o microbuses, otros robando a transeúntes en plena calle, o a quienes tripulan automóviles detenidos en circuitos o periférico, sicarios disparando sus potentes armas en plena calle, en restaurantes, en centros comerciales, etc., etc. NO HAY RESPETO POR NADA.

Vemos la actuación equivocada de los servidores públicos y nos preguntamos acerca de esa pegadiza impunidad de la cual no podemos separarnos ni en el tiempo ni en el espacio; pareciera que formara, desde siempre, parte de nuestra idiosincracia, de nuestro comportamiento. Esa pegadiza -palabra que usaba con gran crítica el poeta mayor León Felipe- impunidad cada vez se incrusta más en nuestra piel, y nada ni nadie podrá desterrarla. Esa parásita impunidad que se ve en toda la estructura nacional pero que destaca más en el servicio público. Y por supuesto que va acompañada de su hermana que se llama corrupción. Es tan corrupto el empleado del gobierno que extorsiona, como el taxista que cobra veinte pesos más de lo debido, o como el tendero que despacha un kilo de ochocientos gramos. ¿Qué ocurre hoy en nuestra sociedad? ¿De dónde salen estas marranadas?

En el aire flota una sensación incierta. De pesadez. De ausencia. Es el México que camina ya por el tercer milenio. El México nuestro, y al que quieren acceder otros mexicanos. Los otros, los malos mexicanos, los prevaricadores, los que se mueven, lo repetiré una vez y otra vez, en la oscuridad y en el anonimato. Ellos son los que desvían en el ejercicio de sus deberes y llevan al país a la desestabilización.

Por muchas, muchísimas razones no debemos volver la mirada a un pasado que mutiló nuestras potencialidades para mucho tiempo. Es ancha y profunda la raíz de grandeza y generosidad que nos nutre y que nos une. El solar donde nacimos es algo más que un accidente geográfico: es el alma del pueblo, su razón de vivir y de ser.

Fundador de Notimex

Medalla Ricardo Flores Magón 2018

pacofonn@yahoo.com.mx






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