/ jueves 28 de septiembre de 2023

La "tiranía" de la delgadez persiste en la moda

A pesar del discurso "bodypositive", la ropa de lujo sigue estando está hecha para gente delgada y la mayoría de las modelos de las pasarelas sólo subrayan el culto a la delgadez

"Está de moda, cariño, sólo hay que adelgazar", suele escucharse en la mayoría de los espacios relacionados con el mundo de la moda. Y es que a pesar del discurso "bodypositive", la ropa de lujo aún está hecha para gente delgada, mientras que las modelos siguen perpetrando el culto a la delgadez.

"Es una especie de lavado de cara", asegura Paolo Volonté, profesor del Instituto Politécnico de Milán, en Italia, donde enseña sociología de la moda.

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Las modelos robustas que ahora aparecen más a menudo en Nueva York y Londres, y también en los desfiles de París, aunque menos, pretenden "demostrar que la marca en cuestión es inclusiva", pero en realidad se trata de preservar un sistema basado en la tiranía del ideal de la delgadez", dice el experto.

El fracaso en materia de diversidad es total, según datos recogidos recientemente por Vogue Business.

De los 9 mil 137 conjuntos presentados durante 219 desfiles de moda en Nueva York, Londres, Milán y París, la pasada temporada, el 95.6 por ciento fueron presentados por modelos delgadas.

El 3.8 por ciento de las prendas fue presentado por modelos de talla mediana y sólo el 0.6 por ciento fue representado por modelos de talla grande.

Las marcas "se niegan a representar a la gente normal", resume Ekaterina Ozhiganova, quien es modelo, estudiante de Derecho y fundadora de la asociación Model Law, que defiende los derechos de las modelos.


Difícil de verbalizar

La experta realizó una encuesta sin precedentes para un grupo senatorial francés en abril.

Nueve de cada diez modelos respondieron que se sentían presionadas para cambiar su apariencia regularmente (52.5 por ciento) u ocasionalmente (37.7 por ciento).

"Es muy difícil verbalizarlo. Puedes quejarte en internet y todo el mundo te responderá: 'Cariño, ese es el trabajo'", lamenta Ozhiganova.

Sin embargo, en 2017 se aprobaron textos que introducen un certificado médico obligatorio para las modelos. Los gigantes del lujo LVMH y Kering firmaron ese mismo año una carta sobre el bienestar de las modelos, comprometiéndose a eliminar de sus castings las solicitudes de talla 32.

La prohibición de la talla 32 no significa gran cosa, según Ozhiganova, porque las tallas varían según la firma y la ropa de la talla 34 puede ser igual de pequeña.

Los estándares de belleza masculina también han cambiado. Hermès produce prendas de la talla 48 para los desfiles, según explicó recientemente Libération Véronique Nichanian.

"Cuando comencé en la moda, la talla del modelo era 52 (...) ¡El estándar sexy en ese momento era el musculoso chico de la playa!", cuentan.

Es más costoso

Es la estética de la eliminación del género lo que hace que los creadores "busquen un tipo de cuerpo similar", según Ekaterina Ozhiganova.

Para Paolo Volonté, es más fácil producir a escala industrial para cuerpos delgados y planos.

"Se comienza con el tamaño cero y se progresa con la ayuda de un algoritmo. Pero no funciona para tamaños más grandes, porque la grasa y el músculo no obedecen al algoritmo", revela.

"Es mucho más caro producir y vender ropa en tallas más grandes, se requieren muchos más conocimientos", agrega.

La alta costura, con su principio de "hecho a medida", escapa a esas estrecheces, destaca el modisto Julien Fournié, quien ha realizado desfiles dedicados a mujeres mutiladas por operaciones y cáncer, mujeres embarazadas o mujeres negras "con cuerpos diferentes".

Su modelo favorita, Michaela Tomanova, tiene cuerpo de mujer y seis centímetros más que las demás en todas partes.

Pero "la moda sigue siendo moda" y "es el mundo de fantasía de un artista", por lo que "nunca cambiará fundamentalmente", destaca.


“Un día dije basta”

Maud Le Fort no desfilará en las pasarelas de la Semana de la Moda de París, que comenzó este lunes, ya que eligió su salud antes que una carrera como modelo.

Le Fort, que ahora tiene 30 años, llegó a París cuando tenía 18 con el sueño de desfilar para las grandes marcas de la moda.

Inmediatamente fue etiquetada como "modelo comercial", es decir, no lo suficientemente delgada para los desfiles de moda de alto nivel.

"Tenía una cintura de 36.6 cm y un pecho de 85 centímetros, por lo que tenía curvas", recuerda.

"En París me dijeron que sólo iba a hacer lencería y quizás cosas muy comerciales, pero no mucha moda", comparte.

Pero Le Fort se negó a abandonar su sueño y trabajó para adelgazar aún más, aunque sin hacer ejercicio, ya que los músculos tampoco son bien vistos en la pasarela.

"Me pesaban casi todos los días. Y cuanto más peso perdía, más felicitaciones recibía", dijo.

Bajó a 49 kilogramos, a pesar de medir 1.81 metros. Logró desfilar para Armani, Balmain, Jean Paul Gaultier y Yohji Yamamoto. Pero luego se dio cuenta de que era una locura. "Un día dije 'basta'. Voy a comer, voy a hacer deporte", confiesa Le Fort.

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Ahora, con 30 años de edad, toma clases de teatro y sigue una terapia para volver a ganar confianza en sí misma y dejar atrás los años de depresión y trastornos alimenticios.

"Todavía no acepto completamente mi cuerpo tal como es", dijo. "No tengo una relación completamente sana con la comida", puntualizó.



"Está de moda, cariño, sólo hay que adelgazar", suele escucharse en la mayoría de los espacios relacionados con el mundo de la moda. Y es que a pesar del discurso "bodypositive", la ropa de lujo aún está hecha para gente delgada, mientras que las modelos siguen perpetrando el culto a la delgadez.

"Es una especie de lavado de cara", asegura Paolo Volonté, profesor del Instituto Politécnico de Milán, en Italia, donde enseña sociología de la moda.

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Las modelos robustas que ahora aparecen más a menudo en Nueva York y Londres, y también en los desfiles de París, aunque menos, pretenden "demostrar que la marca en cuestión es inclusiva", pero en realidad se trata de preservar un sistema basado en la tiranía del ideal de la delgadez", dice el experto.

El fracaso en materia de diversidad es total, según datos recogidos recientemente por Vogue Business.

De los 9 mil 137 conjuntos presentados durante 219 desfiles de moda en Nueva York, Londres, Milán y París, la pasada temporada, el 95.6 por ciento fueron presentados por modelos delgadas.

El 3.8 por ciento de las prendas fue presentado por modelos de talla mediana y sólo el 0.6 por ciento fue representado por modelos de talla grande.

Las marcas "se niegan a representar a la gente normal", resume Ekaterina Ozhiganova, quien es modelo, estudiante de Derecho y fundadora de la asociación Model Law, que defiende los derechos de las modelos.


Difícil de verbalizar

La experta realizó una encuesta sin precedentes para un grupo senatorial francés en abril.

Nueve de cada diez modelos respondieron que se sentían presionadas para cambiar su apariencia regularmente (52.5 por ciento) u ocasionalmente (37.7 por ciento).

"Es muy difícil verbalizarlo. Puedes quejarte en internet y todo el mundo te responderá: 'Cariño, ese es el trabajo'", lamenta Ozhiganova.

Sin embargo, en 2017 se aprobaron textos que introducen un certificado médico obligatorio para las modelos. Los gigantes del lujo LVMH y Kering firmaron ese mismo año una carta sobre el bienestar de las modelos, comprometiéndose a eliminar de sus castings las solicitudes de talla 32.

La prohibición de la talla 32 no significa gran cosa, según Ozhiganova, porque las tallas varían según la firma y la ropa de la talla 34 puede ser igual de pequeña.

Los estándares de belleza masculina también han cambiado. Hermès produce prendas de la talla 48 para los desfiles, según explicó recientemente Libération Véronique Nichanian.

"Cuando comencé en la moda, la talla del modelo era 52 (...) ¡El estándar sexy en ese momento era el musculoso chico de la playa!", cuentan.

Es más costoso

Es la estética de la eliminación del género lo que hace que los creadores "busquen un tipo de cuerpo similar", según Ekaterina Ozhiganova.

Para Paolo Volonté, es más fácil producir a escala industrial para cuerpos delgados y planos.

"Se comienza con el tamaño cero y se progresa con la ayuda de un algoritmo. Pero no funciona para tamaños más grandes, porque la grasa y el músculo no obedecen al algoritmo", revela.

"Es mucho más caro producir y vender ropa en tallas más grandes, se requieren muchos más conocimientos", agrega.

La alta costura, con su principio de "hecho a medida", escapa a esas estrecheces, destaca el modisto Julien Fournié, quien ha realizado desfiles dedicados a mujeres mutiladas por operaciones y cáncer, mujeres embarazadas o mujeres negras "con cuerpos diferentes".

Su modelo favorita, Michaela Tomanova, tiene cuerpo de mujer y seis centímetros más que las demás en todas partes.

Pero "la moda sigue siendo moda" y "es el mundo de fantasía de un artista", por lo que "nunca cambiará fundamentalmente", destaca.


“Un día dije basta”

Maud Le Fort no desfilará en las pasarelas de la Semana de la Moda de París, que comenzó este lunes, ya que eligió su salud antes que una carrera como modelo.

Le Fort, que ahora tiene 30 años, llegó a París cuando tenía 18 con el sueño de desfilar para las grandes marcas de la moda.

Inmediatamente fue etiquetada como "modelo comercial", es decir, no lo suficientemente delgada para los desfiles de moda de alto nivel.

"Tenía una cintura de 36.6 cm y un pecho de 85 centímetros, por lo que tenía curvas", recuerda.

"En París me dijeron que sólo iba a hacer lencería y quizás cosas muy comerciales, pero no mucha moda", comparte.

Pero Le Fort se negó a abandonar su sueño y trabajó para adelgazar aún más, aunque sin hacer ejercicio, ya que los músculos tampoco son bien vistos en la pasarela.

"Me pesaban casi todos los días. Y cuanto más peso perdía, más felicitaciones recibía", dijo.

Bajó a 49 kilogramos, a pesar de medir 1.81 metros. Logró desfilar para Armani, Balmain, Jean Paul Gaultier y Yohji Yamamoto. Pero luego se dio cuenta de que era una locura. "Un día dije 'basta'. Voy a comer, voy a hacer deporte", confiesa Le Fort.

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Ahora, con 30 años de edad, toma clases de teatro y sigue una terapia para volver a ganar confianza en sí misma y dejar atrás los años de depresión y trastornos alimenticios.

"Todavía no acepto completamente mi cuerpo tal como es", dijo. "No tengo una relación completamente sana con la comida", puntualizó.



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