/ jueves 7 de diciembre de 2023

#SOY Juan Carlos Limón pone en tendencia a los tejidos artesanales

El diseñador creó un concepto de diseño donde hace que técnicas olvidadas como el macramé, dejen de ser decorativas para crear prendas de vanguardia

Después de siete años de trabajar en una empresa dedicada a la comercialización del petróleo, Juan Carlos Limón tomó la decisión de renunciar, para dar paso a los tejidos, las texturas y sobre todo, a la exploración de diferentes regiones de México para descubrir los orígenes de sus técnicas tradicionales y dar paso a su propia marca.

“Siempre tuve interés por la moda, pero no a nivel profesional. Investigaba sobre las tendencias y en la pandemia tuve demasiado tiempo para pensar en mi proyecto. Era un ‘godín’, soy mercadólogo, imagínate el cambio de una empresa petrolera al mundo de la moda. Empecé con una mini tienda en línea y con el paso del tiempo fue creciendo y me di cuenta que me emocionaba más la moda que mi trabajo ‘godín’ y dije: es momento de dar el paso.

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Su gusto por la antropología lo llevó a realizar una investigación concisa sobre las técnicas milenarias de los maestros tejedores de diferentes regiones de México, para realizar su labor de curaduría de moda a través de su marca Casa Nativa.

“Todo empezó gracias a mi pasión por la antropología, la cual apliqué a la moda. Soy de Veracruz, un lugar muy cerrado, no es tan cosmopolita como la Ciudad de México. A los 18 años me fui a vivir a Londres y vi un mundo totalmente diferente; en Veracruz todos nos vestimos de la misma forma y en Londres todo mundo se viste como quiere y me di cuenta de que la moda es una forma de representar algo, que cada persona trata de comunicar algo por más sencillo que sea, y ahí fue donde yo empecé con la parte de la antropología y las historia que cuentan las prendas”, dice.

En su maleta llevaba el amor profundo que siente por México, y a través de su trabajo pensó en cumplir una importante misión: Lograr dignificar el trabajo de los artesanos y sus tradiciones.

“Los mexicanos tenemos una cultura muy malinchista, si la ropa está creada por un diseñador italiano o de Estados Unidos, la vemos con mayor prestigio, y es muy triste saber que las personas extranjeras valoran mucho más el trabajo de los artesanos mexicanos, que nosotros mismos. Por eso me di a la tarea de poner en alto a las personas de estas comunidades para que apreciemos el valor de las cosas que existen aquí”, afirma.

Una vez al mes viaja por diferentes regiones de la República Mexicana para buscar el arte de los diseños artesanales y realizar una curaduría de las piezas que los expertos venden y presentarla en la Ciudad de México de una forma vanguardista y renovada.

“Lo más importante de una curaduría es tener bien claro el mensaje que quieres dar, hacia quien va dirigida. Cuando realizas una selección de piezas debes estar consciente que no le va a gustar a todo el mundo, pero tienes que buscar hacer click con lo que van a ver las personas. Mis diseños son libres, espirituales y van dirigidos a las personas que les gusta ser diferentes y que aprecian y valoran el trabajo artesanal”.

Como parte de su exploración, Juan Carlos descubrió que procesos de fabricación como el macramé, han quedado olvidados.

“En uno de mis viajes conocí a una señora que vendía objetos decorativos de macramé para colocar en las paredes y me sorprendió la belleza de cada uno de ellos y lo interesante de su proceso de elaboración. Fue cuando decidí que podríamos hacer negocio y llevar este arte al diseño de moda creando una colección de faldas con este tipo de tejido”.

Dice que este tipo de trabajos artesanales pueden llevar de 20 a 25 horas, dependiendo la pieza a elaborar.

“Quiero que la gente aprecie este tipo de oficio no como una artesanía, sino como arte usable. Muchas de las grandes industrias han dejado a un lado la técnica de macramé porque no hay forma de poderla automatizar o industrializar, ya que forzosamente se tiene que hacer de manera manual, por eso muchas marcas no lo usan porque no pueden comercializarlo por lo tanto tenemos que promoverlo”.

Además de faldas de macramé, el diseñador confecciona chalecos de chaquira elaborados a mano por la comunidad Wirrárika de mujeres huicholas de San Luis Potosí, que aportan un toque excéntrico a quien lo porta; además en su tienda ubicada en la colonia Roma, se pueden encontrar joyas con gemas semipreciosas.

“Lo que quiero es impulsar a todos los artesanos y diseñadores que por algún motivo no tienen las herramientas para colocar su trabajo en plataformas de exhibición como Espacio Vogue, donde presenté mi trabajo recientemente.

Estas plataformas por fin les están dando espacios a los diseñadores mexicanos, quienes poco a poco, nos hemos abierto el camino dentro de la industria de la moda para hacer que nuestro diseño se escuche en todo el mundo”.

El experto explica que los artesanos con los que colabora no son necesariamente empresarios con grandes talleres. “Son pequeños empresarios, independientes; empresas muy pequeñas sin equipos sofisticados, son empresas familiares donde todos sus integrantes saben tejer y producir las piezas”.

Y en cuestión de compraventa, quiere dejar algo claro: “Manejo el mismo precio que ellos, y al mayoreo me quedo un porcentaje, pero el precio que me dan lo respeto, no hay ningún centavo de negociación para bajar el precio. Con las personas huicholes llegué a un acuerdo donde yo les hago un pedido mensual pase lo que pase, para que ellos tengan un ingreso fijo, una especie de nómina”.

Su mayor reto

Para Juan Carlos los retos son todo un aprendizaje para crecer y poder hacer mejor las cosas día con día.

“El mayor desafío fue aventarme a hacerlo, dije sí puedo, es el momento y dejé mi trabajo. Hay limitantes pero para mí, el cielo es el límite. Yo veo todo como una oportunidad para crecer, buscar una solución y aprender para que en el futuro todo sea más fácil.

“Ahora mis piezas se pueden comprar de forma online en redes sociales, pero lo que más me gusta es que la gente vaya a la tienda para que sientan toda la experiencia que hay ahí, yo estoy todos los fines de semana”.

Afirma que su concepto no tiene género, “somos moda Genderless todo el macramé que ofrezco no tiene género. No creo que exista algo diseñado específicamente para hombre o para mujer, la ropa es una forma de expresión, si crees que esa falda, pantalón o vestido a ti te representa y comunica lo que tú quieres transmitir a través de esa prenda, no veo por qué no usarlo”.

En el tema de la inclusión, piensa que México va por buen camino. “La discriminación no se ha acabado, pero en nuestro país hay un avance abismal en las oportunidades que hemos recibido, la segregación se ha reducido. En lo personal ser una persona de la comunidad LGBTQ+ no ha limitado en absoluto el crecimiento de este proyecto”.

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Dice que su objetivo es que haya muchas Casas Nativas en México, “la primera tienda es el principio pero pienso abrir en ciudades como San Miguel de Allende donde recibimos mucho tráfico de personas extranjeras.

“A veces no me doy cuenta de lo que estoy logrando y la gente me dice ‘estás ayudando a familias enteras de comunidades y a una gran cantidad de artesanos’”.


Después de siete años de trabajar en una empresa dedicada a la comercialización del petróleo, Juan Carlos Limón tomó la decisión de renunciar, para dar paso a los tejidos, las texturas y sobre todo, a la exploración de diferentes regiones de México para descubrir los orígenes de sus técnicas tradicionales y dar paso a su propia marca.

“Siempre tuve interés por la moda, pero no a nivel profesional. Investigaba sobre las tendencias y en la pandemia tuve demasiado tiempo para pensar en mi proyecto. Era un ‘godín’, soy mercadólogo, imagínate el cambio de una empresa petrolera al mundo de la moda. Empecé con una mini tienda en línea y con el paso del tiempo fue creciendo y me di cuenta que me emocionaba más la moda que mi trabajo ‘godín’ y dije: es momento de dar el paso.

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Su gusto por la antropología lo llevó a realizar una investigación concisa sobre las técnicas milenarias de los maestros tejedores de diferentes regiones de México, para realizar su labor de curaduría de moda a través de su marca Casa Nativa.

“Todo empezó gracias a mi pasión por la antropología, la cual apliqué a la moda. Soy de Veracruz, un lugar muy cerrado, no es tan cosmopolita como la Ciudad de México. A los 18 años me fui a vivir a Londres y vi un mundo totalmente diferente; en Veracruz todos nos vestimos de la misma forma y en Londres todo mundo se viste como quiere y me di cuenta de que la moda es una forma de representar algo, que cada persona trata de comunicar algo por más sencillo que sea, y ahí fue donde yo empecé con la parte de la antropología y las historia que cuentan las prendas”, dice.

En su maleta llevaba el amor profundo que siente por México, y a través de su trabajo pensó en cumplir una importante misión: Lograr dignificar el trabajo de los artesanos y sus tradiciones.

“Los mexicanos tenemos una cultura muy malinchista, si la ropa está creada por un diseñador italiano o de Estados Unidos, la vemos con mayor prestigio, y es muy triste saber que las personas extranjeras valoran mucho más el trabajo de los artesanos mexicanos, que nosotros mismos. Por eso me di a la tarea de poner en alto a las personas de estas comunidades para que apreciemos el valor de las cosas que existen aquí”, afirma.

Una vez al mes viaja por diferentes regiones de la República Mexicana para buscar el arte de los diseños artesanales y realizar una curaduría de las piezas que los expertos venden y presentarla en la Ciudad de México de una forma vanguardista y renovada.

“Lo más importante de una curaduría es tener bien claro el mensaje que quieres dar, hacia quien va dirigida. Cuando realizas una selección de piezas debes estar consciente que no le va a gustar a todo el mundo, pero tienes que buscar hacer click con lo que van a ver las personas. Mis diseños son libres, espirituales y van dirigidos a las personas que les gusta ser diferentes y que aprecian y valoran el trabajo artesanal”.

Como parte de su exploración, Juan Carlos descubrió que procesos de fabricación como el macramé, han quedado olvidados.

“En uno de mis viajes conocí a una señora que vendía objetos decorativos de macramé para colocar en las paredes y me sorprendió la belleza de cada uno de ellos y lo interesante de su proceso de elaboración. Fue cuando decidí que podríamos hacer negocio y llevar este arte al diseño de moda creando una colección de faldas con este tipo de tejido”.

Dice que este tipo de trabajos artesanales pueden llevar de 20 a 25 horas, dependiendo la pieza a elaborar.

“Quiero que la gente aprecie este tipo de oficio no como una artesanía, sino como arte usable. Muchas de las grandes industrias han dejado a un lado la técnica de macramé porque no hay forma de poderla automatizar o industrializar, ya que forzosamente se tiene que hacer de manera manual, por eso muchas marcas no lo usan porque no pueden comercializarlo por lo tanto tenemos que promoverlo”.

Además de faldas de macramé, el diseñador confecciona chalecos de chaquira elaborados a mano por la comunidad Wirrárika de mujeres huicholas de San Luis Potosí, que aportan un toque excéntrico a quien lo porta; además en su tienda ubicada en la colonia Roma, se pueden encontrar joyas con gemas semipreciosas.

“Lo que quiero es impulsar a todos los artesanos y diseñadores que por algún motivo no tienen las herramientas para colocar su trabajo en plataformas de exhibición como Espacio Vogue, donde presenté mi trabajo recientemente.

Estas plataformas por fin les están dando espacios a los diseñadores mexicanos, quienes poco a poco, nos hemos abierto el camino dentro de la industria de la moda para hacer que nuestro diseño se escuche en todo el mundo”.

El experto explica que los artesanos con los que colabora no son necesariamente empresarios con grandes talleres. “Son pequeños empresarios, independientes; empresas muy pequeñas sin equipos sofisticados, son empresas familiares donde todos sus integrantes saben tejer y producir las piezas”.

Y en cuestión de compraventa, quiere dejar algo claro: “Manejo el mismo precio que ellos, y al mayoreo me quedo un porcentaje, pero el precio que me dan lo respeto, no hay ningún centavo de negociación para bajar el precio. Con las personas huicholes llegué a un acuerdo donde yo les hago un pedido mensual pase lo que pase, para que ellos tengan un ingreso fijo, una especie de nómina”.

Su mayor reto

Para Juan Carlos los retos son todo un aprendizaje para crecer y poder hacer mejor las cosas día con día.

“El mayor desafío fue aventarme a hacerlo, dije sí puedo, es el momento y dejé mi trabajo. Hay limitantes pero para mí, el cielo es el límite. Yo veo todo como una oportunidad para crecer, buscar una solución y aprender para que en el futuro todo sea más fácil.

“Ahora mis piezas se pueden comprar de forma online en redes sociales, pero lo que más me gusta es que la gente vaya a la tienda para que sientan toda la experiencia que hay ahí, yo estoy todos los fines de semana”.

Afirma que su concepto no tiene género, “somos moda Genderless todo el macramé que ofrezco no tiene género. No creo que exista algo diseñado específicamente para hombre o para mujer, la ropa es una forma de expresión, si crees que esa falda, pantalón o vestido a ti te representa y comunica lo que tú quieres transmitir a través de esa prenda, no veo por qué no usarlo”.

En el tema de la inclusión, piensa que México va por buen camino. “La discriminación no se ha acabado, pero en nuestro país hay un avance abismal en las oportunidades que hemos recibido, la segregación se ha reducido. En lo personal ser una persona de la comunidad LGBTQ+ no ha limitado en absoluto el crecimiento de este proyecto”.

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Dice que su objetivo es que haya muchas Casas Nativas en México, “la primera tienda es el principio pero pienso abrir en ciudades como San Miguel de Allende donde recibimos mucho tráfico de personas extranjeras.

“A veces no me doy cuenta de lo que estoy logrando y la gente me dice ‘estás ayudando a familias enteras de comunidades y a una gran cantidad de artesanos’”.


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