/ martes 17 de enero de 2023

Conversaciones con el imaginario: entrevista a la dramaturga Luisa Josefina Hernández

La dramaturga Luisa Josefina Hernández falleció el pasado 16 de enero, en El Sol de México te invitamos a leer una entrevista con esta figura tan importante para el teatro en Mexico

De 1994 a 1998, Boris Berenzon recoge quince testimonios de un grupo de intelectuales que coincidieron en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En cada uno encontramos las huellas del pensamiento de una generación que marcó en todas las áreas al siglo XX. Aquí la entrevista con la maestra Luisa Josefina Hernández.

En el homenaje que le rindió la Facultad de Filosofía y Letras para conmemorar los 70 años de ésta, usted comentó que de ellos se había perdido solo 22.

Te recomendamos: Murió la dramaturga Luisa Josefina Hernández

1.- Cuéntenos qué ha sido de la Facultad de Filosofía y Letras en esos 48 años.

Lo que ha sido el Departamento de Teatro es lo que puedo responder, porque aquí vivo.

Cuando entré el Departamento de Teatro no existía y pude ver cómo a partir de tres maestros: Enrique Ruelas, Fernando Wagner y Rodolfo Usigli, éste fue formándose; cada uno de ellos impartía tres cursos, y así cubríamos nueve materias que luego complementábamos con otras. Había una gran libertad curricular. Por ejemplo, yo estudié letras inglesas y psicología y otros, que estudiaron conmigo tuvieron sus optativas en letras españolas o en letras francesas.

A partir de esa época otras personas del mundo del teatro ajeno a la Universidad tomaron interés en enseñar en la Facultad. El Departamento de Teatro de entonces a la fecha ha logrado tener una población tal que podría ser ya un Colegio.

Esto no es fácil porque se necesitan muchos espacios y recursos. El Departamento de Teatro ha dado a México importantes representantes para la dramaturgia.

2.- Usted plantea que su generación rompió con la anterior, que era autodidacta, por su experiencia en la universidad. ¿Qué caracteriza a los que usted ha llamado "los artistas ilustrados"?

¿Los universitarios? la propuesta de una cultura ordenada. Uno viene a la Universidad a ordenar sus conocimientos; hay una voluntad previa de conocer, pero con orden. El autodidacta ¿qué hace?, conoce mucho, conoce bien pero no hay como el peso de las circunstancias, la suerte, la casualidad y el encuentro con un maestro. Yo he tenido por ejemplo muchos alumnos autodidactas, de los que he sido su única maestra. Pero si he sido maestra de autodidactas, sé muy bien la diferencia; la diferencia es la falta de orden y de disciplina. Sin embargo, no es una gran diferencia, inclusive el autodidacta puede saber mucho más que el otro, ¿no?

3.- Usted ha abordado la docencia desde la seducción, el placer y la pasión. ¿Qué significa la labor de la docencia para Luisa Josefina Hernández?

Significa pagar los conocimientos que yo recibí, porque fui sobreprotegida culturalmente, a un grado tal que, si no le diera a los demás todo lo que me dieron a mí, me sentiría en deuda y no quiero vivir en deuda, me encanta pagar mis deudas. Tuve muchas, muchas posibilidades de aprender desde pequeña, por mi familia y la universidad y por otras personas que me quisieron enseñar. Pienso que una persona que recibe tanto conocimiento, tiene que darlo inmediatamente, así de claro, las personas que comen y comen todo lo que les enseñan son unos estanques hediondos de erudición, el único chiste que tiene el saber es transmitírselo al otro.

Para mí, interiormente es un acto de gratitud. Siempre que debo hacer una declaración de este tipo lo menciono, porque en mi casa, sin insistencia, hubo un ambiente muy propicio para que yo aprendiera todo lo que se me ocurriera sin decir nunca no y además sobreprotegiéndome, haciéndome pensar. No podría quedarme con eso, de ningún modo.

¿Y si hay además esta idea de la seducción en el sentido de al alumno enamorar lo de la cultura? No me parece, porque los alumnos de teatro están locos de pasión por el teatro. Cuerdos no están. Son los alumnos más apasionados de la Facultad, si no tienen un salón dónde estar, ensayan en cualquier lugar y todo mundo los oye. El teatro es algo que aman. Se sacrifican, se lastiman, pasan horas de sol, se mueren de hambre, se pelean con los amigos, hacen todo por el teatro, así no es difícil enseñarles.

Tuve muchas, muchas posibilidades de aprender desde pequeña, por mi familia y la universidad y por otras personas que me quisieron enseñar.

Luisa Josefina Hernández


4. ¿Cómo confluyen o se contraponen entre sí los múltiples ejercicios de su personalidad como novelista, traductora, crítica de teatro, ensayista, dramaturga, maestra, teórica y adaptadora?

Bueno, no se hace al mismo tiempo, es como comer, cenar, desayunar y tomar un snack. El día tiene 24 horas. Por ejemplo, las traducciones a veces me las han encargado, porque querían una traducción especializada, pero en realidad yo he hecho mucha traducción porque necesitaba el dinero, porque a mí ni a nadie, el teatro le ha dado para vivir, o sea que somos maestros o somos traductores o escribimos en periódicos, lo que no deja dinero es el teatro, todo lo demás, que usted ha mencionado, sirve para vivir.

Yo tengo cuatro hijos de los que me he hecho responsable siempre. Así resulta que esas actividades son mi trabajo. Ahora, escribir, yo lo hacía como una cosa aparte, me levantaba todos los días a la cuatro de la mañana y escribía hasta las seis y a esa hora llevaba a los niños a la escuela, y así daba clases, hacía crítica de teatro y desarrollaba otras actividades para vivir. Para mi escribir sí es una cosa aparte y eso lo hago cuando todavía no he hablado con nadie y antes de que despierte mi familia.

5.- Algunos autores señalan que usted ha sido piedra angular del teatro en México desde finales de la década de los cincuenta. ¿Cuál considera que es su mayor aportación, o sus mayores aportaciones a la formación de profesionales del teatro en México?

Enseñarles, realmente eso es todo lo que yo puedo decir. Enseño a leer bien las obras, porque es muy difícil leer bien una obra de teatro; inclusive a personas cultas les resulta muy difícil leer teatro; tienen que imaginarse muchas cosas que no ven, prefieren leer un cuento o leer novelas. Yo creo que mi aportación es haber ayudado a mucha gente a leer teatro.

6.- Platíquenos de ese proceso de enseñar teatro a partir de la experiencia vital, es decir, presentando el binomio teatro-vida como algo indisoluble, sin caer en el modelo esquemático de interpretar una obra con los parámetros del presente.

Me imagino que la pregunta es porque yo en algún momento expresé la opinión de que los cursos de teoría dramática y los talleres de dramaturgia no eran motivo para que las personas que no escriben, sí escribieran. Los cursos son mejor dichos preparación para maestros, porque realmente todas las personas que estudian aquí, más tarde o más temprano terminan enseñando en alguna parte, ya sea dirección o actuación. Son preparación para maestros, pero no necesariamente talleres de creación.

Te recomendamos: ¿Cuáles son los libros más esperados en México para este 2023?

Lo que sí creo, no tanto vida y arte como talento y arte, que el talento sí es un don que no puede suplirse con talleres, puedo matarme dando talleres y aprender a enseñar cómo llevar un taller y no hacer arte. Las personas que enseñan otro tipo de arte dentro del teatro como los maestros de actuación o de dirección, supongo que tendrían algo que decir al respecto tal vez distinto.

Mis clases son siempre sobre teoría dramática, como la que doy ahora: Teoría de la crítica. Las obras que vamos a leer estos dos primeros meses, vamos a analizarlas, y esas cosas sí se aprenden con mayor o menor facilidad, llega un momento en que los alumnos trabajan y funcionan bien.

Ese tránsito de no haber comprendido a comprender sólo Dios lo sabe, no sé cómo pasa, pero suele pasar. Yo no recuerdo haber dejado a un alumno por imposible, creo que todos los alumnos tienen un camino por donde pueden ellos pensar sus cosas. Yo platico mucho con ellos en clase, con cada uno, la literatura es vida, y hablamos de sucesos de la vida, si estamos hablando de obras de teatro evocamos los malos matrimonios, los asesinatos, todo eso que hay en las obras de teatro.

Luisa Josefina Hernández / Foto: Colección fotográfica, Biblioteca de las Artes-Cenart.


7.- ¿Cómo puede influir en teatro en la educación?

No sé cómo puede influir el teatro en la educación. Creo que el teatro es un regalo para el público, porque lo hace vivir cosas que de otra manera la gente no viviría. Cuando le dan a uno la posibilidad de vivir, es una oportunidad grandiosa. Por otra parte, cuando el teatro se da ya muy específicamente para secundarias o primarias, existe un vínculo informativo muchísimo más fuerte y significativo que una clase o unasdiapositivas.

Es mucho más importante para el alumno recibir educación de esta manera, porque puede ver, sentir, admirar y vivir. Yo creo que en México hay educación sin teatro y no diría por eso que es mala educación, ni tampoco diría que todos los que van al teatro están muy bien educados.

8.- En algunas de sus obras usted une elementos de la historia nacional y el teatro. ¿Su interpretación, así del México actual se acercaría más a una metáfora poética a una realidad aplastante?

Yo tengo muy mala idea de lo que pasa en México actualmente. Pero resulta que en diferentes ocasiones me han pedido obras para el centenario de la Revolución o el centenario de la Independencia, para muchachos de secundaria, para adolescentes; un muchacho de secundaria es un muchacho que tiene la misma inteligencia que tenemos nosotros pero que le falta experiencia, es un muchacho al que yo le tengo que dar la idea decómo quier e que sea su patria, es suya y se la tengo que presentar con una apariencia aceptable, amable, algo que le sea posible aceptar, amar y estar orgulloso.

Tengo que dar valoración a las dos cosas que han pasado en México en dos siglos, y es para educar y darles información. De cualquier manera, eso fue lo que pasó en ese momento. Si a mí me dijeran: escriba una obra sobre el México actual, no lo haría. Sin embargo, en las obras que escribo salen opiniones inevitables sobre el México actual. A mí no me gusta, pero ¿a quién le puede gustar?

Tenemos muchos problemas como país y muchos problemas como personas y mucha desconfianza de todo lo que pueda ocurrir, no es difícil opinar mal, es fácil, es normal opinar mal, yo opino mal, muy mal. Cuando tengo que dar mi opinión de este México del día de hoy, hablo igual que todo el mundo, igual que los choferes, todo el mundo dice cosas horrorosas, a menos de ser muy hipócrita.

9.- Háblenos de las esencias dramáticas como teórica y qué piensa de aquellos que la acusan de ser una escritora hipercrítica.

Es que son dos cosas distintas. Creo que no hay ningunas esencias dramáticas como teoría, a mí siempre me divierte mucho que digan que yo soy la teórica, porque yo nunca hago teoría pura sino que la uso como instrumento para analizar obras muy concretas, no creo que la teoría pura sirva para el alumno como un conocimiento que él pueda realmente poner en práctica, donde no le enseñen cómo se pone en práctica; es decir, yo le puedo decir a un alumno como está hecho un serrucho y no enseñarle a hacer nada.

Todo lo que es teoría es simplemente la forma de analizar obras, pero no voy a sacar la teoría pura como si fuera una esencia exquisita y darla como si fuera una joya, si lo que les estoy dando es un esquema que no sirve para nada mientras no lo haga yo servir para algo, no puede ser que yo sea una teórica, soy una persona capaz de analizar una obra, nada más, y de lograr que las personas vean cómo se hace.

Eso no es ser un teórico, un teórico sería Aristóteles, ahí está un teórico, pero esa teoría dramática no sirve para nada, usted lee a Aristóteles y no por eso escribe una obra, sirve para cultivarse, para volverse muy ilustrado y decir: yo ya leí a Aristóteles; a ver ahora, escribe tu obra por favor. Eso es un teórico y eso es del campo de la filosofía y no del campo del teatro que es muy carnal y muy mundano, muy práctico. La gente de teatro toda es gente así, gente vital y gente animada porque trabaja con asuntos humanos.

Yo no soy una persona hipercrítica sino una mujer muy pacífica.

10.- ¿Por qué la consideran una maestra muy crítica?

No sé, porque realmente soy una maestra muy consentidora. Soy tan consentidora que a mis hijos les dan celos de mis alumnos. No sé por qué dicen que soy hipercrítica. En mis artículos de televisión, tuve años de trabajar en el Canal 11 y un año más en el 13 haciendo crítica de teatro, no era yo una persona que quiere ponerse frente a una pantalla para molestar a los demás, de ningún modo. Yo no soy una persona hipercrítica sino una mujer muy pacífica.

No me siento hipercrítica de nada ni de nadie realmente.

Luisa Josefina Hernández

11.- Usted decía al principio que había estudiado psicología, ¿cree que sea posible ligar la psicología al teatro?

No, no creo que sea posible, por una razón, porque creo que el teatro le sirve muchísimo a la psicología en tanto que las personas que estudian psicología leen a Hamlet y hacen unos estudios muy científicos del complejo de Edipo y se sacan diez. Pero a nosotros nos enseñan psicología y entonces ¿cómo entendemos Hamlet?, nada le entendemos, no es con eso con lo que se entiende, o sea no es instrumento la psicología para la gente de teatro.

En los planes de estudio de la carrera de arte dramático sigue estando la psicología, pero me imagino que no como instrumento de análisis, sino como otras materias de valor informativo.

12.- Entonces usted ¿no consideraría el psicoanálisis como instrumento de análisis para el teatro?

No, porque la psicología habla con otro lenguaje. Si, por ejemplo, en una crítica literaria dijéramos que Hamlet tenía un fuerte complejo de Edipo no estaríamos comunicando nada al alumno, al director o al actor. A menos de que existiera una información previa; aun así Hamlet en el texto original se presenta como vida, sangre, muerte, usurpación, espadas, espectáculo, luces, etcétera. El término psicológico no sólo es pobre sino empobrecedor.

En cambio, cuando un psicólogo analiza un personaje de una obra de teatro, su trabajo resulta evidentemente muy sencillo y de lucimiento fácil, ninguna persona está tan codificada como un personaje. Nosotros, por lo contrario, debemos usar para nuestro trabajo conceptos de orden estético.

13.- Parecería como que la psicología hace un reduccionismo de aquellos significados que puede tener el teatro.

Sí, es decir, en vez de una persona, está la obra y la obra es más explícita que las personas porque es lo que quiere el autor dar una persona completa. Entonces naturalmente en vez de tener a un sujeto analizado durante un año, se lee en dos horas todo el material. Pero para nosotros no porque nosotros necesitamos aprender estética para entender arte, ellos lo que necesitan es una persona.

14.- ¿Ve cómo es una excelente crítica? le acaba de dar un golpe a todas aquellas corrientes de la psicología que analizan las obras de teatro como un referente para su estudio. Un ejercicio más sencillo, pero a fin de cuentas sólo un ejercicio preparatorio para su verdadero trabajo: el enfrentamiento con otro ser humano.

No es un golpe, solo que es más fácil para ellos manejar un texto previamente trabajado y sintetizado por un autor dramático, pleno de datos significativos seleccionados cuidadosamente. Eso nada tiene que ver con la crítica dramática, la cual es a fin de cuentas teoría literaria. Hubo aquí muy brillantes maestros del Departamento de Psicología cuando todavía no era una Facultad independiente y mucho le dieron con su talento al alumnado en general. También pasé por el Departamento de Historia posteriormente, pero esos son otros cantares.

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15.- Si no hubiera sido escritora, ¿qué le hubiera gustado ser?

A mí lo que me gustó más fue tener hijos.

De 1994 a 1998, Boris Berenzon recoge quince testimonios de un grupo de intelectuales que coincidieron en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. En cada uno encontramos las huellas del pensamiento de una generación que marcó en todas las áreas al siglo XX. Aquí la entrevista con la maestra Luisa Josefina Hernández.

En el homenaje que le rindió la Facultad de Filosofía y Letras para conmemorar los 70 años de ésta, usted comentó que de ellos se había perdido solo 22.

Te recomendamos: Murió la dramaturga Luisa Josefina Hernández

1.- Cuéntenos qué ha sido de la Facultad de Filosofía y Letras en esos 48 años.

Lo que ha sido el Departamento de Teatro es lo que puedo responder, porque aquí vivo.

Cuando entré el Departamento de Teatro no existía y pude ver cómo a partir de tres maestros: Enrique Ruelas, Fernando Wagner y Rodolfo Usigli, éste fue formándose; cada uno de ellos impartía tres cursos, y así cubríamos nueve materias que luego complementábamos con otras. Había una gran libertad curricular. Por ejemplo, yo estudié letras inglesas y psicología y otros, que estudiaron conmigo tuvieron sus optativas en letras españolas o en letras francesas.

A partir de esa época otras personas del mundo del teatro ajeno a la Universidad tomaron interés en enseñar en la Facultad. El Departamento de Teatro de entonces a la fecha ha logrado tener una población tal que podría ser ya un Colegio.

Esto no es fácil porque se necesitan muchos espacios y recursos. El Departamento de Teatro ha dado a México importantes representantes para la dramaturgia.

2.- Usted plantea que su generación rompió con la anterior, que era autodidacta, por su experiencia en la universidad. ¿Qué caracteriza a los que usted ha llamado "los artistas ilustrados"?

¿Los universitarios? la propuesta de una cultura ordenada. Uno viene a la Universidad a ordenar sus conocimientos; hay una voluntad previa de conocer, pero con orden. El autodidacta ¿qué hace?, conoce mucho, conoce bien pero no hay como el peso de las circunstancias, la suerte, la casualidad y el encuentro con un maestro. Yo he tenido por ejemplo muchos alumnos autodidactas, de los que he sido su única maestra. Pero si he sido maestra de autodidactas, sé muy bien la diferencia; la diferencia es la falta de orden y de disciplina. Sin embargo, no es una gran diferencia, inclusive el autodidacta puede saber mucho más que el otro, ¿no?

3.- Usted ha abordado la docencia desde la seducción, el placer y la pasión. ¿Qué significa la labor de la docencia para Luisa Josefina Hernández?

Significa pagar los conocimientos que yo recibí, porque fui sobreprotegida culturalmente, a un grado tal que, si no le diera a los demás todo lo que me dieron a mí, me sentiría en deuda y no quiero vivir en deuda, me encanta pagar mis deudas. Tuve muchas, muchas posibilidades de aprender desde pequeña, por mi familia y la universidad y por otras personas que me quisieron enseñar. Pienso que una persona que recibe tanto conocimiento, tiene que darlo inmediatamente, así de claro, las personas que comen y comen todo lo que les enseñan son unos estanques hediondos de erudición, el único chiste que tiene el saber es transmitírselo al otro.

Para mí, interiormente es un acto de gratitud. Siempre que debo hacer una declaración de este tipo lo menciono, porque en mi casa, sin insistencia, hubo un ambiente muy propicio para que yo aprendiera todo lo que se me ocurriera sin decir nunca no y además sobreprotegiéndome, haciéndome pensar. No podría quedarme con eso, de ningún modo.

¿Y si hay además esta idea de la seducción en el sentido de al alumno enamorar lo de la cultura? No me parece, porque los alumnos de teatro están locos de pasión por el teatro. Cuerdos no están. Son los alumnos más apasionados de la Facultad, si no tienen un salón dónde estar, ensayan en cualquier lugar y todo mundo los oye. El teatro es algo que aman. Se sacrifican, se lastiman, pasan horas de sol, se mueren de hambre, se pelean con los amigos, hacen todo por el teatro, así no es difícil enseñarles.

Tuve muchas, muchas posibilidades de aprender desde pequeña, por mi familia y la universidad y por otras personas que me quisieron enseñar.

Luisa Josefina Hernández


4. ¿Cómo confluyen o se contraponen entre sí los múltiples ejercicios de su personalidad como novelista, traductora, crítica de teatro, ensayista, dramaturga, maestra, teórica y adaptadora?

Bueno, no se hace al mismo tiempo, es como comer, cenar, desayunar y tomar un snack. El día tiene 24 horas. Por ejemplo, las traducciones a veces me las han encargado, porque querían una traducción especializada, pero en realidad yo he hecho mucha traducción porque necesitaba el dinero, porque a mí ni a nadie, el teatro le ha dado para vivir, o sea que somos maestros o somos traductores o escribimos en periódicos, lo que no deja dinero es el teatro, todo lo demás, que usted ha mencionado, sirve para vivir.

Yo tengo cuatro hijos de los que me he hecho responsable siempre. Así resulta que esas actividades son mi trabajo. Ahora, escribir, yo lo hacía como una cosa aparte, me levantaba todos los días a la cuatro de la mañana y escribía hasta las seis y a esa hora llevaba a los niños a la escuela, y así daba clases, hacía crítica de teatro y desarrollaba otras actividades para vivir. Para mi escribir sí es una cosa aparte y eso lo hago cuando todavía no he hablado con nadie y antes de que despierte mi familia.

5.- Algunos autores señalan que usted ha sido piedra angular del teatro en México desde finales de la década de los cincuenta. ¿Cuál considera que es su mayor aportación, o sus mayores aportaciones a la formación de profesionales del teatro en México?

Enseñarles, realmente eso es todo lo que yo puedo decir. Enseño a leer bien las obras, porque es muy difícil leer bien una obra de teatro; inclusive a personas cultas les resulta muy difícil leer teatro; tienen que imaginarse muchas cosas que no ven, prefieren leer un cuento o leer novelas. Yo creo que mi aportación es haber ayudado a mucha gente a leer teatro.

6.- Platíquenos de ese proceso de enseñar teatro a partir de la experiencia vital, es decir, presentando el binomio teatro-vida como algo indisoluble, sin caer en el modelo esquemático de interpretar una obra con los parámetros del presente.

Me imagino que la pregunta es porque yo en algún momento expresé la opinión de que los cursos de teoría dramática y los talleres de dramaturgia no eran motivo para que las personas que no escriben, sí escribieran. Los cursos son mejor dichos preparación para maestros, porque realmente todas las personas que estudian aquí, más tarde o más temprano terminan enseñando en alguna parte, ya sea dirección o actuación. Son preparación para maestros, pero no necesariamente talleres de creación.

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Lo que sí creo, no tanto vida y arte como talento y arte, que el talento sí es un don que no puede suplirse con talleres, puedo matarme dando talleres y aprender a enseñar cómo llevar un taller y no hacer arte. Las personas que enseñan otro tipo de arte dentro del teatro como los maestros de actuación o de dirección, supongo que tendrían algo que decir al respecto tal vez distinto.

Mis clases son siempre sobre teoría dramática, como la que doy ahora: Teoría de la crítica. Las obras que vamos a leer estos dos primeros meses, vamos a analizarlas, y esas cosas sí se aprenden con mayor o menor facilidad, llega un momento en que los alumnos trabajan y funcionan bien.

Ese tránsito de no haber comprendido a comprender sólo Dios lo sabe, no sé cómo pasa, pero suele pasar. Yo no recuerdo haber dejado a un alumno por imposible, creo que todos los alumnos tienen un camino por donde pueden ellos pensar sus cosas. Yo platico mucho con ellos en clase, con cada uno, la literatura es vida, y hablamos de sucesos de la vida, si estamos hablando de obras de teatro evocamos los malos matrimonios, los asesinatos, todo eso que hay en las obras de teatro.

Luisa Josefina Hernández / Foto: Colección fotográfica, Biblioteca de las Artes-Cenart.


7.- ¿Cómo puede influir en teatro en la educación?

No sé cómo puede influir el teatro en la educación. Creo que el teatro es un regalo para el público, porque lo hace vivir cosas que de otra manera la gente no viviría. Cuando le dan a uno la posibilidad de vivir, es una oportunidad grandiosa. Por otra parte, cuando el teatro se da ya muy específicamente para secundarias o primarias, existe un vínculo informativo muchísimo más fuerte y significativo que una clase o unasdiapositivas.

Es mucho más importante para el alumno recibir educación de esta manera, porque puede ver, sentir, admirar y vivir. Yo creo que en México hay educación sin teatro y no diría por eso que es mala educación, ni tampoco diría que todos los que van al teatro están muy bien educados.

8.- En algunas de sus obras usted une elementos de la historia nacional y el teatro. ¿Su interpretación, así del México actual se acercaría más a una metáfora poética a una realidad aplastante?

Yo tengo muy mala idea de lo que pasa en México actualmente. Pero resulta que en diferentes ocasiones me han pedido obras para el centenario de la Revolución o el centenario de la Independencia, para muchachos de secundaria, para adolescentes; un muchacho de secundaria es un muchacho que tiene la misma inteligencia que tenemos nosotros pero que le falta experiencia, es un muchacho al que yo le tengo que dar la idea decómo quier e que sea su patria, es suya y se la tengo que presentar con una apariencia aceptable, amable, algo que le sea posible aceptar, amar y estar orgulloso.

Tengo que dar valoración a las dos cosas que han pasado en México en dos siglos, y es para educar y darles información. De cualquier manera, eso fue lo que pasó en ese momento. Si a mí me dijeran: escriba una obra sobre el México actual, no lo haría. Sin embargo, en las obras que escribo salen opiniones inevitables sobre el México actual. A mí no me gusta, pero ¿a quién le puede gustar?

Tenemos muchos problemas como país y muchos problemas como personas y mucha desconfianza de todo lo que pueda ocurrir, no es difícil opinar mal, es fácil, es normal opinar mal, yo opino mal, muy mal. Cuando tengo que dar mi opinión de este México del día de hoy, hablo igual que todo el mundo, igual que los choferes, todo el mundo dice cosas horrorosas, a menos de ser muy hipócrita.

9.- Háblenos de las esencias dramáticas como teórica y qué piensa de aquellos que la acusan de ser una escritora hipercrítica.

Es que son dos cosas distintas. Creo que no hay ningunas esencias dramáticas como teoría, a mí siempre me divierte mucho que digan que yo soy la teórica, porque yo nunca hago teoría pura sino que la uso como instrumento para analizar obras muy concretas, no creo que la teoría pura sirva para el alumno como un conocimiento que él pueda realmente poner en práctica, donde no le enseñen cómo se pone en práctica; es decir, yo le puedo decir a un alumno como está hecho un serrucho y no enseñarle a hacer nada.

Todo lo que es teoría es simplemente la forma de analizar obras, pero no voy a sacar la teoría pura como si fuera una esencia exquisita y darla como si fuera una joya, si lo que les estoy dando es un esquema que no sirve para nada mientras no lo haga yo servir para algo, no puede ser que yo sea una teórica, soy una persona capaz de analizar una obra, nada más, y de lograr que las personas vean cómo se hace.

Eso no es ser un teórico, un teórico sería Aristóteles, ahí está un teórico, pero esa teoría dramática no sirve para nada, usted lee a Aristóteles y no por eso escribe una obra, sirve para cultivarse, para volverse muy ilustrado y decir: yo ya leí a Aristóteles; a ver ahora, escribe tu obra por favor. Eso es un teórico y eso es del campo de la filosofía y no del campo del teatro que es muy carnal y muy mundano, muy práctico. La gente de teatro toda es gente así, gente vital y gente animada porque trabaja con asuntos humanos.

Yo no soy una persona hipercrítica sino una mujer muy pacífica.

10.- ¿Por qué la consideran una maestra muy crítica?

No sé, porque realmente soy una maestra muy consentidora. Soy tan consentidora que a mis hijos les dan celos de mis alumnos. No sé por qué dicen que soy hipercrítica. En mis artículos de televisión, tuve años de trabajar en el Canal 11 y un año más en el 13 haciendo crítica de teatro, no era yo una persona que quiere ponerse frente a una pantalla para molestar a los demás, de ningún modo. Yo no soy una persona hipercrítica sino una mujer muy pacífica.

No me siento hipercrítica de nada ni de nadie realmente.

Luisa Josefina Hernández

11.- Usted decía al principio que había estudiado psicología, ¿cree que sea posible ligar la psicología al teatro?

No, no creo que sea posible, por una razón, porque creo que el teatro le sirve muchísimo a la psicología en tanto que las personas que estudian psicología leen a Hamlet y hacen unos estudios muy científicos del complejo de Edipo y se sacan diez. Pero a nosotros nos enseñan psicología y entonces ¿cómo entendemos Hamlet?, nada le entendemos, no es con eso con lo que se entiende, o sea no es instrumento la psicología para la gente de teatro.

En los planes de estudio de la carrera de arte dramático sigue estando la psicología, pero me imagino que no como instrumento de análisis, sino como otras materias de valor informativo.

12.- Entonces usted ¿no consideraría el psicoanálisis como instrumento de análisis para el teatro?

No, porque la psicología habla con otro lenguaje. Si, por ejemplo, en una crítica literaria dijéramos que Hamlet tenía un fuerte complejo de Edipo no estaríamos comunicando nada al alumno, al director o al actor. A menos de que existiera una información previa; aun así Hamlet en el texto original se presenta como vida, sangre, muerte, usurpación, espadas, espectáculo, luces, etcétera. El término psicológico no sólo es pobre sino empobrecedor.

En cambio, cuando un psicólogo analiza un personaje de una obra de teatro, su trabajo resulta evidentemente muy sencillo y de lucimiento fácil, ninguna persona está tan codificada como un personaje. Nosotros, por lo contrario, debemos usar para nuestro trabajo conceptos de orden estético.

13.- Parecería como que la psicología hace un reduccionismo de aquellos significados que puede tener el teatro.

Sí, es decir, en vez de una persona, está la obra y la obra es más explícita que las personas porque es lo que quiere el autor dar una persona completa. Entonces naturalmente en vez de tener a un sujeto analizado durante un año, se lee en dos horas todo el material. Pero para nosotros no porque nosotros necesitamos aprender estética para entender arte, ellos lo que necesitan es una persona.

14.- ¿Ve cómo es una excelente crítica? le acaba de dar un golpe a todas aquellas corrientes de la psicología que analizan las obras de teatro como un referente para su estudio. Un ejercicio más sencillo, pero a fin de cuentas sólo un ejercicio preparatorio para su verdadero trabajo: el enfrentamiento con otro ser humano.

No es un golpe, solo que es más fácil para ellos manejar un texto previamente trabajado y sintetizado por un autor dramático, pleno de datos significativos seleccionados cuidadosamente. Eso nada tiene que ver con la crítica dramática, la cual es a fin de cuentas teoría literaria. Hubo aquí muy brillantes maestros del Departamento de Psicología cuando todavía no era una Facultad independiente y mucho le dieron con su talento al alumnado en general. También pasé por el Departamento de Historia posteriormente, pero esos son otros cantares.

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15.- Si no hubiera sido escritora, ¿qué le hubiera gustado ser?

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