/ domingo 7 de marzo de 2021

Juana Cata, la mujer que desafió al México más machista

Una biografía escrita por la historiadora Francie Chassen-López, demuestra que Juana Cata fue mucho más que la amante zapoteca de Porfirio Díaz

Juana Catarina Romero. Quizás no reconozcas el nombre. Es normal. En la escuela nadie obliga a memorizar los nombres de las amantes de los caudillos, de esos que sí tienen biografías en Wikipedia y libros por montón.

La amante zapoteca de Porfirio Díaz. Esa es la versión oficial sobre la vida de esta mujer que se atrevió a ser libre, independiente y empresaria en una época en que las mujeres eran vistas como “criaturas tiernas y deliciosas” incapaces de contribuir a la construcción del país, según escribió un editor del periódico El Día en 1839.

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En el siglo XIX, cuando México daba sus primeros pasos democráticos y consolidaba el Estado-Nación en medio de una sangrienta lucha entre liberales y conservadores, había una ley incuestionable en todas las familias: “Los pantalones dan las órdenes, no las enaguas”.

Foto: Instituto de Investigaciones Históricas, Económicas, Políticas y Sociales

Hubo, sin embargo, una mujer que se pasó por las enaguas aquella regla. Su nombre: Juana Catarina Romero. O Juana Cata, como la llamaban sus amigos.

“Como empresaria en el comercio y en la agricultura, se transformó en una mujer moderna. Cambió su huipil y su enagua por un vestido occidental y contribuyó a la modernización de México desde Tehuantepec, donde forjó una fuerza y un poder político inimaginable para un siglo en el que las mujeres no podían decidir ni en sus propias familias”, dice en entrevista la historiadora Francie Chassen-López, quien acaba de publicar la primera biografía documentada sobre este personaje medular en la formación de la identidad nacional.

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Desde el título del libro hay una advertencia sobre el mundo desconocido al que estamos por entrar: Mujer y poder en el siglo XIX. La vida extraordinaria de Juana Catalina Romero, cacica de Tehuantepec (Taurus, 2020). En sus páginas, se derriban —o al menos se cuestionan— los mitos machistas que rodean la figura de Juana Cata, desde aquellos supuestos amoríos con Porfirio Díaz hasta sus presuntas habilidades de bruja para hablar con naguales y seducir a los hombres. También se aclara que no era zapoteca, sino mestiza.

Aquel mito de lujuriosa hechicera, dice Chassen-López, tiene su origen en las novelas, telenovelas y hasta textos históricos que se han escrito sobre Juana Cata en los últimos años. El más famoso de esos discursos fue reproducido en una de las telenovelas más exitosas de Televisa de los años noventa: El vuelo del águila, escrita por Enrique Krauze y producida por Ernesto Alonso.

Foto: Twitter @DonPorfirioDiaz

Con un rating por los cielos y un elenco de primer nivel, aquella telenovela contó con la participación de Salma Hayek, a quien le tocó interpretar a una Juana Cata “devora hombres”, una “belleza zapoteca” a la que el general Díaz no se pudo resistir. Hasta ahí quedó la historia de la primera cacica de México: la exótica agresora sexual que de noche sorprendió a Porfirio Díaz en su recámara.

Nada se mencionó sobre su labor como espía de los liberales, sus habilidades como estratega militar, su inteligencia para hacer negocios o su visión para modernizar a las comunidades más pobres. Prefirieron reducir su vida cotidiana a la de una chismosa vendedora de listones en vez de lo que verdaderamente fue antes de amasar una fortuna económica y política: una mujer valiente que jugaba al billar o a los dados con los soldados.

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Chassen-López recopila una versión más apegada a la realidad en voz del historiador Miguel Covarrubias: “Juana Cata Romero, una belleza famosa de Tehuantepec, que visitaba las barracas para jugar a los dados con los soldados, a cambio del dulce de coco que vendía. Se convirtió en la mejor amiga de Díaz, en su aliada y en líder de su servicio de inteligencia. Díaz aprendió de ella todo movimiento del enemigo”.

Foto: Universidad del Mar

Una gran pasión por la estrategia militar y una sólida convicción por la modernización del país fueron los eslabones que sellaron la amistad entre Porfirio Díaz y Juana Cata, de quienes no existen evidencias históricas para afirmar que existió una relación amorosa, afirma la investigadora.

De hecho, cuando Díaz dictó sus memorias, ni una palabra hubo sobre su amiga: “Mis únicos amigos en la ciudad de Tehuantepec eran el cura fray Mauricio López, el juez Juan A. Avendaño y don Juan Calvo. Sin esas amistades a quienes debí servicios muy oportunos y distinguidos, y sin una policía secreta que establecí, hubiera ignorado absolutamente cuanto pasaba en Tehuantepec”.

No se tiene demasiada certeza sobre en qué momento Juana Cata se unió a los liberales. A principios de 1958, vendía cigarros en su ciudad y fue así como tuvo sus primeros acercamientos con los soldados. Tehuantepec, en ese año, estaba bajo el control de los conservadores, quienes nunca vieron con buenos ojos la actitud de las mujeres tehuanas, que eran las que controlaban casi todos los mercados de la región. “Pero tampoco podemos hablar de un matriarcado, porque el poder político y económico, al final, seguía estando a cargo de los hombres”, aclara.

Si bien es cierto que las istmeñas siempre han sido asociadas con la imagen de mujeres duras, mandonas y seductoras, sería maniqueo creer que Juana Cata sólo era esa tehuana arquetípica que históricamente ha despertado los deseos sexuales de nacionales y extranjeros, dice la investigadora.

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“Las mujeres del siglo XIX fueron relegadas de la historia o fueron reproducidas en estereotipos que no corresponden a la realidad”, apunta.

En 1906, el mundo reconoció a Porfirio Díaz como The Maker of Modern Mexico (El constructor del México moderno). Valdría la pena aclarar a la comunidad internacional que no fue el único.

Juana Catarina Romero. Quizás no reconozcas el nombre. Es normal. En la escuela nadie obliga a memorizar los nombres de las amantes de los caudillos, de esos que sí tienen biografías en Wikipedia y libros por montón.

La amante zapoteca de Porfirio Díaz. Esa es la versión oficial sobre la vida de esta mujer que se atrevió a ser libre, independiente y empresaria en una época en que las mujeres eran vistas como “criaturas tiernas y deliciosas” incapaces de contribuir a la construcción del país, según escribió un editor del periódico El Día en 1839.

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Foto: Instituto de Investigaciones Históricas, Económicas, Políticas y Sociales

Hubo, sin embargo, una mujer que se pasó por las enaguas aquella regla. Su nombre: Juana Catarina Romero. O Juana Cata, como la llamaban sus amigos.

“Como empresaria en el comercio y en la agricultura, se transformó en una mujer moderna. Cambió su huipil y su enagua por un vestido occidental y contribuyó a la modernización de México desde Tehuantepec, donde forjó una fuerza y un poder político inimaginable para un siglo en el que las mujeres no podían decidir ni en sus propias familias”, dice en entrevista la historiadora Francie Chassen-López, quien acaba de publicar la primera biografía documentada sobre este personaje medular en la formación de la identidad nacional.

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Aquel mito de lujuriosa hechicera, dice Chassen-López, tiene su origen en las novelas, telenovelas y hasta textos históricos que se han escrito sobre Juana Cata en los últimos años. El más famoso de esos discursos fue reproducido en una de las telenovelas más exitosas de Televisa de los años noventa: El vuelo del águila, escrita por Enrique Krauze y producida por Ernesto Alonso.

Foto: Twitter @DonPorfirioDiaz

Con un rating por los cielos y un elenco de primer nivel, aquella telenovela contó con la participación de Salma Hayek, a quien le tocó interpretar a una Juana Cata “devora hombres”, una “belleza zapoteca” a la que el general Díaz no se pudo resistir. Hasta ahí quedó la historia de la primera cacica de México: la exótica agresora sexual que de noche sorprendió a Porfirio Díaz en su recámara.

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De hecho, cuando Díaz dictó sus memorias, ni una palabra hubo sobre su amiga: “Mis únicos amigos en la ciudad de Tehuantepec eran el cura fray Mauricio López, el juez Juan A. Avendaño y don Juan Calvo. Sin esas amistades a quienes debí servicios muy oportunos y distinguidos, y sin una policía secreta que establecí, hubiera ignorado absolutamente cuanto pasaba en Tehuantepec”.

No se tiene demasiada certeza sobre en qué momento Juana Cata se unió a los liberales. A principios de 1958, vendía cigarros en su ciudad y fue así como tuvo sus primeros acercamientos con los soldados. Tehuantepec, en ese año, estaba bajo el control de los conservadores, quienes nunca vieron con buenos ojos la actitud de las mujeres tehuanas, que eran las que controlaban casi todos los mercados de la región. “Pero tampoco podemos hablar de un matriarcado, porque el poder político y económico, al final, seguía estando a cargo de los hombres”, aclara.

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