/ viernes 22 de noviembre de 2019

Te vi, en TV | Televisión que nos maravillas

La tele vino a ser ‘el lazo de unión entre todos los mexicanos’, un poco a la manera de La Hora Nacional

La tele vino a ser ‘el lazo de unión entre todos los mexicanos’, un poco a la manera de La Hora Nacional. Y poco a poco los aparatos de televisión y sus programas llegaron a nuestras vidas y se metieron en ellas; nos marcaron conductas, formas de ser, modelos de vida, ideas o des-ideas.

Nos trajeron una nueva forma de distracción y de arrobo. Se corría para llegar pronto y ver el programa ‘de uno’. Todo estaba en la pantalla de unos cuantos centímetros en las que veíamos –vemos- lo mismo dramas sin igual, entretenimiento, información, análisis y acaso –como para no dejar-- cultura y formación intelectual.

Se convirtió en el centro de la casa; sustituyó a la imaginación –“la loca de la casa”—que era la radio; nos quitó a los periódicos de la mano cuando se leían “de pe, a pa”; nos hizo dejar los libros a un lado para llenar nuestro cacumen del raudo mundo de la televisión: “la caja tonta” se le llegó a decir”, la misma que ocupó en muchos hogares-clase media el lugar privilegiado de la sala. Luego muchos más tendrían tele, aunque se pagara en abonos: “pero los niños quieren tener su tele”.

La conocí cuando era apenas un escuincle que fruta vendía. Un día un vecino cercano se hizo de su televisión. ¡Qué maravilla! Ver figuras ahí. Seres humanos. Historias... El vecino y su esposa tenían el privilegio que les debió costar una lana y, por lo mismo, había que recuperar la inversión. “Cine El Portón” se llamaba. No era cine. Era tele, pero se valía.

Era una televisión admiral blanco y negro. Colocaron una especie de repisa al exterior de su casa, hacia el patio, en donde la encendían los viernes-sábado-domingo. En ese patio colocaron tablones a modo de bancas. Y una mesa con platitos de fruta, dulces, y agua fresca que vendían. Cobraban la entrada: “Con asiento” –tablones- a 50 centavos por dos programas; de pie 30 centavos.

De todos modos había que pagar el tostón o los treinta centavos. Yo era de los segundos, mientras veía “El cuento” de ‘Cachirulo’ y su “Chocolatooooote expressss pulverizado...”. Y a la bella princesa –casi siempre Aurora Alvarado-- antecedente histórico del “Chapulín colorado”.

Los sábados por la noche era obligado. El abuelo se preparaba todo el día. Comentaba. Hacía cábalas con sus amigos en la peluquería de la que él era el emperador. Me llevaba de la mano para ver las funciones de box. ¡Eran fenomenales! Se daban con todo y el público gritaba, acusaba, señalaba, advertía, se emocionaba y lanzaba gritos de júbilo y mentadas de madre al adversario. Unos le iban a uno o a otro. Volaban las cáscaras de naranjas y bolas del papel de estraza de los chicharrines.

Al término se apagaba la televisión. Ya era tarde y el señor y la señora “tienen que dormir porque mañana hay que levantarse temprano”. Y eso. El asunto no terminaba ahí. En bola salíamos todos, señores, señoras –pocas ellas-, niños; y afuera de “El Portón” seguían los comentarios y repetían uno a uno los ‘jabs’ los ‘oper’, los cabezazos y lo bueno o lo malo de la pelea.

Luego de tarde en tarde se abría “El Portón” para las señoras que “a la carrera” iban a ver su ‘teleteatro’ por veinte fierros. Era el puro lagrimeo. El puro estar sin estar. “Ayer ese maldito la engañó... y su suegra la corrió de la casa”... decían... y remataban: ‘Y ahora qué vamos a hacer...’

Quién habría de decirlo de aquel invento maravilloso haría que nuestras madres-abuelas-hermanas vivieran con el “¡Jesús!” en la boca a la vista de:

Pecado Mortal (1960) de Caridad Bravo Adams; Cartas de Amor (1960) de Julio Alejandro; Estafa de Amor (1961) de Caridad Bravo Adams; La Leona (1961) de Marissa Garrido; La Mesera (1963) de Fernanda Villeli; San Martín de Porres (1964) también de Fernanda Villeli o Secreto de Confesión (1965) de Marissa Garrido... Todo el blanco y negro de la vida a su disposición.

Pero también había noticias. Supimos –bueno, ‘los grandes’ platicaban, que habían visto en la tele a un periodista que se llamaba Jacobo Zabludovsky quien informó del asesinato del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy por el canal 2, el 22 de noviembre de 1963, a las 11:30 a.m. como luego también lo más-maravilló: La llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969 y cómo ocurrió el descenso en la superficie lunar del Eagle, en donde el astronauta Neil Armstrong sería el primer hombre en pisar al astro lejano y querido,para dejar su huella ¡oooorale’s!

Aunque la historia de la tele es vieja, porque comenzó desde que unos señores en el siglo XIX, descubrieron la “Fototelegrafía”. Uno de ellos fue un alemán, Paul Nipkow, quien en 1884 registró un “disco de exploración lumínica” luego John Logie Bird, un escocés, en 1923 perfeccionó ese disco “a base de células de selenio”... y de ahí en adelante el empeño de muchos científicos llevó a que se experimentaran transmisiones en julio de 1928 en Estados Unidos. (Lo dicen los libros).

Pero, bueno. En México hubo un hombre que se dedicó en cuerpo y alma a desarrollar la televisión. Era ingeniero y se llamaba Guillermo González Camarena: “el padre de la televisión mexicana”. Desde estudiante del Poli hizo sus primeros experimentos cuando tenía 17 años... Para 1940 ya tenía su patente: televisión a color bajo el “Sistema Tricromático Secuencial de Campos”. Fue –digamos- un adelantado en asuntos de televisión; fue fundador del canal 5 –que luego se incorpora con el canal 2 y el 4 para fundar Telesistema Mexicano. Sabios ellos que honor merecen.

Pero mientras son peras o perones, el 19 de agosto de 1946 se realizó en México la primera transmisión de televisión en blanco y negro. La hace el mismo Guillermo González Camarena desde su casa en la colonia Juárez de la Ciudad de México y en 1948 cuando inician transmisiones diarias desde el Palacio de Minería. Antes se instalaron aparatos receptores en aparadores comerciales como en tiendas y mercados: Todos quedaron azorados... En adelante la gente buscaría hacerse del aparato de televisión: “En abonos fáciles (sí, Chucha) sin enganche, con póliza y regulador”.

Se tenía ya a la vista a un enorme negocio y fuente de trabajo. Telesistema Mexicano como otras empresas que se fueron incorporando por el otorgamiento de las concesiones se convirtieron en negocios millonarios y, por lo mismo, motivo de enfrentamientos encarnizados o alianzas insospechadas... La empresa de la televisión se convirtió en un Goliat, sin David.

[Por años se debate la lo bueno y lo malo de la empresa de televisión. Con frecuencia se la acusa de ser manipuladora y con intereses económicos por encima del interés social: la ganancia... Que dispone de la información para exponer, exhibir, promover, anular. La vida o muerte de políticos o de proyectos políticos ha estado en manos de quien tiene la empresa de televisión –no sólo en México, claro-. Y esto ha sido cierto muchas veces.]

En todo caso el impacto de la televisión comercial en la vida nacional es indiscutible. Es lo de hoy y de cada día. La fortaleza para muchos de ellos está en el criterio con el que utilizan la información o la manipulan y está en el porcentaje de apoyos que les brinda el gobierno para tener control de la mayor parte de estos informativos y de programas de análisis y desglose político...Y los comerciales: ¡los malditos comerciales!

Han transcurrido muchos años desde que fue la primera emisión en México. Era la primera mitad del siglo XX y eran otros los intereses nacionales. Hoy se tienen opciones distintas: ya televisión comercial –concesionada- ya televisión cultural; televisión pública –con recursos de todos nosotros-; televisión de instituciones, de medios de comunicación distintos, de paga aunque se tienen que consumir los miles de comerciales detestables que transmiten--. Y falta mucho por decir.

Programas han ocurrido por miles... millones. Algunos inolvidables. Muchos execrables. Mucha gente vive, trabaja, sueña, entrega su vida para la televisión. Está bien. Quienes somos espectadores estamos encerrados en esa caja con ojo de cristal que todo lo ve y nada persona, porque todavía retumban en nuestros oídos y a la vista del recuerdo:

Siempre en domingo”, “La Colorina”,Cuna de lobos; Mirada de mujer”, “Gutierritos”, “El chavo del ocho”, “El chapulín colorado”,“24 Horas”,“Eco noticias” y grandes y sesudos programas de análisis... Y están por ahí: “Noches tapatías”, “El premio de los 64 mil pesos”, “¡Ratón Macías contra Halimí!”, “Santo contra Blue Demon”... y bueno... apágale, que ya vamos a dormir.

joelhsantiago@gmail.com

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La tele vino a ser ‘el lazo de unión entre todos los mexicanos’, un poco a la manera de La Hora Nacional. Y poco a poco los aparatos de televisión y sus programas llegaron a nuestras vidas y se metieron en ellas; nos marcaron conductas, formas de ser, modelos de vida, ideas o des-ideas.

Nos trajeron una nueva forma de distracción y de arrobo. Se corría para llegar pronto y ver el programa ‘de uno’. Todo estaba en la pantalla de unos cuantos centímetros en las que veíamos –vemos- lo mismo dramas sin igual, entretenimiento, información, análisis y acaso –como para no dejar-- cultura y formación intelectual.

Se convirtió en el centro de la casa; sustituyó a la imaginación –“la loca de la casa”—que era la radio; nos quitó a los periódicos de la mano cuando se leían “de pe, a pa”; nos hizo dejar los libros a un lado para llenar nuestro cacumen del raudo mundo de la televisión: “la caja tonta” se le llegó a decir”, la misma que ocupó en muchos hogares-clase media el lugar privilegiado de la sala. Luego muchos más tendrían tele, aunque se pagara en abonos: “pero los niños quieren tener su tele”.

La conocí cuando era apenas un escuincle que fruta vendía. Un día un vecino cercano se hizo de su televisión. ¡Qué maravilla! Ver figuras ahí. Seres humanos. Historias... El vecino y su esposa tenían el privilegio que les debió costar una lana y, por lo mismo, había que recuperar la inversión. “Cine El Portón” se llamaba. No era cine. Era tele, pero se valía.

Era una televisión admiral blanco y negro. Colocaron una especie de repisa al exterior de su casa, hacia el patio, en donde la encendían los viernes-sábado-domingo. En ese patio colocaron tablones a modo de bancas. Y una mesa con platitos de fruta, dulces, y agua fresca que vendían. Cobraban la entrada: “Con asiento” –tablones- a 50 centavos por dos programas; de pie 30 centavos.

De todos modos había que pagar el tostón o los treinta centavos. Yo era de los segundos, mientras veía “El cuento” de ‘Cachirulo’ y su “Chocolatooooote expressss pulverizado...”. Y a la bella princesa –casi siempre Aurora Alvarado-- antecedente histórico del “Chapulín colorado”.

Los sábados por la noche era obligado. El abuelo se preparaba todo el día. Comentaba. Hacía cábalas con sus amigos en la peluquería de la que él era el emperador. Me llevaba de la mano para ver las funciones de box. ¡Eran fenomenales! Se daban con todo y el público gritaba, acusaba, señalaba, advertía, se emocionaba y lanzaba gritos de júbilo y mentadas de madre al adversario. Unos le iban a uno o a otro. Volaban las cáscaras de naranjas y bolas del papel de estraza de los chicharrines.

Al término se apagaba la televisión. Ya era tarde y el señor y la señora “tienen que dormir porque mañana hay que levantarse temprano”. Y eso. El asunto no terminaba ahí. En bola salíamos todos, señores, señoras –pocas ellas-, niños; y afuera de “El Portón” seguían los comentarios y repetían uno a uno los ‘jabs’ los ‘oper’, los cabezazos y lo bueno o lo malo de la pelea.

Luego de tarde en tarde se abría “El Portón” para las señoras que “a la carrera” iban a ver su ‘teleteatro’ por veinte fierros. Era el puro lagrimeo. El puro estar sin estar. “Ayer ese maldito la engañó... y su suegra la corrió de la casa”... decían... y remataban: ‘Y ahora qué vamos a hacer...’

Quién habría de decirlo de aquel invento maravilloso haría que nuestras madres-abuelas-hermanas vivieran con el “¡Jesús!” en la boca a la vista de:

Pecado Mortal (1960) de Caridad Bravo Adams; Cartas de Amor (1960) de Julio Alejandro; Estafa de Amor (1961) de Caridad Bravo Adams; La Leona (1961) de Marissa Garrido; La Mesera (1963) de Fernanda Villeli; San Martín de Porres (1964) también de Fernanda Villeli o Secreto de Confesión (1965) de Marissa Garrido... Todo el blanco y negro de la vida a su disposición.

Pero también había noticias. Supimos –bueno, ‘los grandes’ platicaban, que habían visto en la tele a un periodista que se llamaba Jacobo Zabludovsky quien informó del asesinato del presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy por el canal 2, el 22 de noviembre de 1963, a las 11:30 a.m. como luego también lo más-maravilló: La llegada del hombre a la luna el 20 de julio de 1969 y cómo ocurrió el descenso en la superficie lunar del Eagle, en donde el astronauta Neil Armstrong sería el primer hombre en pisar al astro lejano y querido,para dejar su huella ¡oooorale’s!

Aunque la historia de la tele es vieja, porque comenzó desde que unos señores en el siglo XIX, descubrieron la “Fototelegrafía”. Uno de ellos fue un alemán, Paul Nipkow, quien en 1884 registró un “disco de exploración lumínica” luego John Logie Bird, un escocés, en 1923 perfeccionó ese disco “a base de células de selenio”... y de ahí en adelante el empeño de muchos científicos llevó a que se experimentaran transmisiones en julio de 1928 en Estados Unidos. (Lo dicen los libros).

Pero, bueno. En México hubo un hombre que se dedicó en cuerpo y alma a desarrollar la televisión. Era ingeniero y se llamaba Guillermo González Camarena: “el padre de la televisión mexicana”. Desde estudiante del Poli hizo sus primeros experimentos cuando tenía 17 años... Para 1940 ya tenía su patente: televisión a color bajo el “Sistema Tricromático Secuencial de Campos”. Fue –digamos- un adelantado en asuntos de televisión; fue fundador del canal 5 –que luego se incorpora con el canal 2 y el 4 para fundar Telesistema Mexicano. Sabios ellos que honor merecen.

Pero mientras son peras o perones, el 19 de agosto de 1946 se realizó en México la primera transmisión de televisión en blanco y negro. La hace el mismo Guillermo González Camarena desde su casa en la colonia Juárez de la Ciudad de México y en 1948 cuando inician transmisiones diarias desde el Palacio de Minería. Antes se instalaron aparatos receptores en aparadores comerciales como en tiendas y mercados: Todos quedaron azorados... En adelante la gente buscaría hacerse del aparato de televisión: “En abonos fáciles (sí, Chucha) sin enganche, con póliza y regulador”.

Se tenía ya a la vista a un enorme negocio y fuente de trabajo. Telesistema Mexicano como otras empresas que se fueron incorporando por el otorgamiento de las concesiones se convirtieron en negocios millonarios y, por lo mismo, motivo de enfrentamientos encarnizados o alianzas insospechadas... La empresa de la televisión se convirtió en un Goliat, sin David.

[Por años se debate la lo bueno y lo malo de la empresa de televisión. Con frecuencia se la acusa de ser manipuladora y con intereses económicos por encima del interés social: la ganancia... Que dispone de la información para exponer, exhibir, promover, anular. La vida o muerte de políticos o de proyectos políticos ha estado en manos de quien tiene la empresa de televisión –no sólo en México, claro-. Y esto ha sido cierto muchas veces.]

En todo caso el impacto de la televisión comercial en la vida nacional es indiscutible. Es lo de hoy y de cada día. La fortaleza para muchos de ellos está en el criterio con el que utilizan la información o la manipulan y está en el porcentaje de apoyos que les brinda el gobierno para tener control de la mayor parte de estos informativos y de programas de análisis y desglose político...Y los comerciales: ¡los malditos comerciales!

Han transcurrido muchos años desde que fue la primera emisión en México. Era la primera mitad del siglo XX y eran otros los intereses nacionales. Hoy se tienen opciones distintas: ya televisión comercial –concesionada- ya televisión cultural; televisión pública –con recursos de todos nosotros-; televisión de instituciones, de medios de comunicación distintos, de paga aunque se tienen que consumir los miles de comerciales detestables que transmiten--. Y falta mucho por decir.

Programas han ocurrido por miles... millones. Algunos inolvidables. Muchos execrables. Mucha gente vive, trabaja, sueña, entrega su vida para la televisión. Está bien. Quienes somos espectadores estamos encerrados en esa caja con ojo de cristal que todo lo ve y nada persona, porque todavía retumban en nuestros oídos y a la vista del recuerdo:

Siempre en domingo”, “La Colorina”,Cuna de lobos; Mirada de mujer”, “Gutierritos”, “El chavo del ocho”, “El chapulín colorado”,“24 Horas”,“Eco noticias” y grandes y sesudos programas de análisis... Y están por ahí: “Noches tapatías”, “El premio de los 64 mil pesos”, “¡Ratón Macías contra Halimí!”, “Santo contra Blue Demon”... y bueno... apágale, que ya vamos a dormir.

joelhsantiago@gmail.com

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