/ jueves 4 de febrero de 2021

Disruptores | Cosita Chula, un círculo virtuoso para la industria artesanal

La Cosita Chula es una desarrolladora que invierte en talleres de primera calidad, comercializa e impulsa la innovación de los productores artesanales

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Alfredo Próspero Fonseca Reyes trae consigo un paquete bien cerrado. Parece pesado, pues siendo un hombre joven y grande le cuesta ponerlo en la mesa. Lo abre despacio, con cuidado, como si trajera cristales dentro.

Es un molcajete tallado, grueso de piedra gris, el cual Alfredo de vez en cuando lo mira con detenimiento para acariciarlo suavemente como si fuera un gato mientras da la entrevista.

Este emprendedor explica que el problema con la industria nacional de las artesanías es que pocos son los gobiernos, grandes empresarios y consumidores que comprenden el amor que el verdadero artesano imprime en cada una de sus piezas, y por ello no le dan el valor que merece.

Por eso –dice– decidió dejar su trabajo de oficina y dedicarse 100% a rescatar del olvido a esta industria mediante su propia empresa, La Cosita Chula.

Como Alfredo la describe, La Cosita Chula es una desarrolladora de la industria artesanal.

Su concepto se basa en tres pilares. Primero la empresa hace inversiones en talleres artesanales de probada calidad para convertirse en socio. Esto les permite mejorar las capacidades humanas, tecnológicas y financieras de cada taller, así como profundizar el alcance de la relación empresarial con los artesanos.

"Invertimos y vamos haciendo un plan de desarrollo junto con el taller para que vaya creciendo con su mismo flujo, de manera que la inversión se inyecta de nuevo y vaya creciendo conforme lo permita su economía y las necesidades que se tengan. No somos sólo una comercializadora, somos socios, estamos en las buenas y en las malas".

El segundo pilar consiste en todo el trabajo de marketing y comercialización de las artesanía, cuidando cumplir con estándares de calidad y hacer investigación para conocer las demandas reales del mercado y así maximizar las ventas.

El tercer pilar es la innovación en los procesos productivos y que consiste en implementar tecnología y conocimiento en procesos que no generan valor a las artesanías, como la extracción de materias primas, para así dejar que los artesanos dediquen su tiempo a la expresión artística.

"Buscamos hacer un círculo virtuoso que nos permita ser rentables y mantener un ingreso constante a través de las ventas".

Foto: Alejandro Aguilar

Actualmente La Cosita Chula trabaja con ocho talleres de artesanos dedicados al martillado de piedra, cerámica en distintas técnicas, trabajo de fibras naturales y metálicas.

Las artesanías de La Cosita Chula buscan dejar atrás la masividad y el poco valor agregado que suele encontrarse en los mercados, y ser, en su lugar, piezas artísticas con una funcionalidad y demanda en la vida diaria.

Así, la empresa ha privilegiado el segmento de la cocina y la decoración con sus platos, servilleteros, salseros, copas, tasas, tortilleros, molcajetes, baúles, ollas y cubiertos; cada pieza única, hecha a mano y con un significado en su decoración que se remonta a sus comunidades de origen.

Ubicándose en medio de la artesanía informal de calle y la artesanía de lujo, La Cosita Chula busca atacar un rango medio de la pirámide con productos de alta calidad a precios justos.

Para Alfredo, se necesita de más emprendimientos que rescaten el valor del trabajo artesanal, ya que éste se encuentra profundamente emproblemado ante la llegada de importaciones, explotación de intermediarios, poca originalidad, falta de penetración tecnológica y en general un desinterés de fomentarlo a pesar de su gran importancia económica.

La línea de fondo según este emprendedor es el ofrecer bienestar y reconocimiento para los artesanos mexicanos, y al mismo tiempo privilegiar al consumidor nacional en la estrategia de ventas para que obtenga artesanías de primer nivel.

"Un 80% del mercado de artesanías se va a otros países y como sucede con las frutas y las verduras el 20% que se queda es el más feo. Nosotros decidimos hacerlo al revés, ofrecer el mejor producto al mexicano en la mejor relación calidad-precio que pudimos y así diferenciarnos.

"Lo que hacemos es una expresión de nuestras tradiciones, de nuestra cultura, de donde vivimos. Nos dimos a la tarea de volver a enamorar a las personas que le gusta la cultura mexicana, muchos nos dijeron 'no vas a hacer este profeta en tu tierra', pero pues decidimos entregarle al mexicano lo mejor de México".

Foto: Alejandro Aguilar

HIJO DE ARTESANOS

Alfredo Próspero Fonseca Reyes es un ingeniero en comunicaciones y electrónica y también la tercera generación de artesanos de la familia Fonseca, originaria de Puebla, especializada en cerámica de talavera.

Según recuerda, hace cinco años en una fiesta familiar su tío Dionisio Fonseca, maestro artesano enfermo y con penurias económicas, le platicó que se veía obligado a cerrar su taller.

Alfredo en ese momento estaba alejado de la tradición familiar y de los problemas a los que los artesanos nacionales se estaban enfrentando al trabajar para la famosa empresa de sandalias de origen brasileño Havaianas, como encargado de su comercialización en México.

"Fue en ese momento en el que me di cuenta de que era un villamelón, trabajaba en una empresa donde traíamos productos de otros países y los metíamos al mercado mexicano, (...) me sentía de alguna manera que estaba traicionándolos.

"Regresé a mi trabajo de oficina y no dejaba de pensar cómo le estaba dando en la torre a marcas mexicanas de sandalias. Me di cuenta de que quería ser parte de la solución y no del problema".

Junto a su socia Mónica Camacho, una egresada de la EGADE Business School del Tec de Monterrey especializada en innovación de negocios, Alfredo comenzó a idear el prototipo de La Cosita Chula como una comercializadora de productos artesanales y con el tiempo se convirtió en la promotora artística que es hoy.

El primer taller con el que se asoció La Cosita Chula fue precisamente el taller familiar de los Fonseca, el cual fue rescatado y hoy en día hace la mayoría del trabajo de talavera que se comercializa.

Al momento La Cosita Chula ha logrado comercializar sus productos en grandes cadenas de retail como La Comer, Walmart, CitiMarket y Liverpool, así como en una red de tiendas aliadas que antes de la pandemia llegaba a los 400 puntos de venta totales.

Foto: Alejandro Aguilar

Según explica, la pandemia obligó a La Cosita Chula a reinventarse debido al cierre de puntos de venta, principalmente en centros de playa y turísticos, así como por el cierre de la actividad restaurantera, una de sus principales clientelas.

Previo al 2020 La Cosita Chula ya había sido cobijada por el programa Hand Made de Amazon el cual empezó a comercializar sus productos, lo que le sirvió a la empresa como un gran escaparate sobre su oferta de valor.

Sin embargo durante los últimos meses la empresa se enfocó en desarrollar su propio marketplace en su página de internet y toda una red logística de embalamiento y traslado de las artesanías debido a que, según Alfredo, las empresas del ramo no son lo suficientemente cuidadosas como para confiarles los delicados trabajos artesanales.

Si antes de la pandemia el 90% de los ingresos de la empresa venían de puntos físicos, ahora esta proporción se ha invertido y corresponden hoy a su comercio en línea.

"Tuvimos que ir directamente con el consumidor final a ofrecerles nuestros productos y romper muchos paradigmas sobre la compra en línea de artesanías. Esa incertidumbre fue cambiando y fue muy padre ver que las personas nos iban recomendando de la mejor manera, que es el boca a boca.

"Creo que el mexicano se ha dado cuenta de que hay que apoyar lo que hacemos los mexicanos, porque al final del día ese círculo virtuoso en un momento también les llega a ellos".

De acuerdo con Alfredo, a pesar de los tiempos complicados esta estrategia les ha permitido gozar de salud financiera, por lo que la empresa se mantiene sana y con planes de incorporar más talleres en el futuro y lanzar puntos de venta propios una vez que la nueva normalidad se asiente.

Al mismo tiempo, Alfredo no se cierra a la posibilidad de recibir capital privado, sin embargo –dice– no ha encontrado inversionistas con un perfil adecuado.

"Encontrar inversión ha sido un poco complicado, no hemos encontrado a la persona adecuada que tenga esa visión de amor por lo que hacemos. Han llegado personas a ofrecernos dinero, pero ven esto como un negocio de manufactura. No hemos encontrado un inversionista que entienda que no somos máquinas.

"Este es un año de crecimiento, el pasado fue de entender lo que estaba pasando. Creo que hemos demostrado que el mexicano sí puede trabajar en equipo y que todos pueden salir beneficiados de esto, ese es otro de los paradigmas que estamos rompiendo y que estamos emocionados. Queremos seguir llegando a más mexicanos o extranjeros que les guste nuestra cultura y seguir compartiendo las cosas buenas que tenemos".

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Alfredo Próspero Fonseca Reyes trae consigo un paquete bien cerrado. Parece pesado, pues siendo un hombre joven y grande le cuesta ponerlo en la mesa. Lo abre despacio, con cuidado, como si trajera cristales dentro.

Es un molcajete tallado, grueso de piedra gris, el cual Alfredo de vez en cuando lo mira con detenimiento para acariciarlo suavemente como si fuera un gato mientras da la entrevista.

Este emprendedor explica que el problema con la industria nacional de las artesanías es que pocos son los gobiernos, grandes empresarios y consumidores que comprenden el amor que el verdadero artesano imprime en cada una de sus piezas, y por ello no le dan el valor que merece.

Por eso –dice– decidió dejar su trabajo de oficina y dedicarse 100% a rescatar del olvido a esta industria mediante su propia empresa, La Cosita Chula.

Como Alfredo la describe, La Cosita Chula es una desarrolladora de la industria artesanal.

Su concepto se basa en tres pilares. Primero la empresa hace inversiones en talleres artesanales de probada calidad para convertirse en socio. Esto les permite mejorar las capacidades humanas, tecnológicas y financieras de cada taller, así como profundizar el alcance de la relación empresarial con los artesanos.

"Invertimos y vamos haciendo un plan de desarrollo junto con el taller para que vaya creciendo con su mismo flujo, de manera que la inversión se inyecta de nuevo y vaya creciendo conforme lo permita su economía y las necesidades que se tengan. No somos sólo una comercializadora, somos socios, estamos en las buenas y en las malas".

El segundo pilar consiste en todo el trabajo de marketing y comercialización de las artesanía, cuidando cumplir con estándares de calidad y hacer investigación para conocer las demandas reales del mercado y así maximizar las ventas.

El tercer pilar es la innovación en los procesos productivos y que consiste en implementar tecnología y conocimiento en procesos que no generan valor a las artesanías, como la extracción de materias primas, para así dejar que los artesanos dediquen su tiempo a la expresión artística.

"Buscamos hacer un círculo virtuoso que nos permita ser rentables y mantener un ingreso constante a través de las ventas".

Foto: Alejandro Aguilar

Actualmente La Cosita Chula trabaja con ocho talleres de artesanos dedicados al martillado de piedra, cerámica en distintas técnicas, trabajo de fibras naturales y metálicas.

Las artesanías de La Cosita Chula buscan dejar atrás la masividad y el poco valor agregado que suele encontrarse en los mercados, y ser, en su lugar, piezas artísticas con una funcionalidad y demanda en la vida diaria.

Así, la empresa ha privilegiado el segmento de la cocina y la decoración con sus platos, servilleteros, salseros, copas, tasas, tortilleros, molcajetes, baúles, ollas y cubiertos; cada pieza única, hecha a mano y con un significado en su decoración que se remonta a sus comunidades de origen.

Ubicándose en medio de la artesanía informal de calle y la artesanía de lujo, La Cosita Chula busca atacar un rango medio de la pirámide con productos de alta calidad a precios justos.

Para Alfredo, se necesita de más emprendimientos que rescaten el valor del trabajo artesanal, ya que éste se encuentra profundamente emproblemado ante la llegada de importaciones, explotación de intermediarios, poca originalidad, falta de penetración tecnológica y en general un desinterés de fomentarlo a pesar de su gran importancia económica.

La línea de fondo según este emprendedor es el ofrecer bienestar y reconocimiento para los artesanos mexicanos, y al mismo tiempo privilegiar al consumidor nacional en la estrategia de ventas para que obtenga artesanías de primer nivel.

"Un 80% del mercado de artesanías se va a otros países y como sucede con las frutas y las verduras el 20% que se queda es el más feo. Nosotros decidimos hacerlo al revés, ofrecer el mejor producto al mexicano en la mejor relación calidad-precio que pudimos y así diferenciarnos.

"Lo que hacemos es una expresión de nuestras tradiciones, de nuestra cultura, de donde vivimos. Nos dimos a la tarea de volver a enamorar a las personas que le gusta la cultura mexicana, muchos nos dijeron 'no vas a hacer este profeta en tu tierra', pero pues decidimos entregarle al mexicano lo mejor de México".

Foto: Alejandro Aguilar

HIJO DE ARTESANOS

Alfredo Próspero Fonseca Reyes es un ingeniero en comunicaciones y electrónica y también la tercera generación de artesanos de la familia Fonseca, originaria de Puebla, especializada en cerámica de talavera.

Según recuerda, hace cinco años en una fiesta familiar su tío Dionisio Fonseca, maestro artesano enfermo y con penurias económicas, le platicó que se veía obligado a cerrar su taller.

Alfredo en ese momento estaba alejado de la tradición familiar y de los problemas a los que los artesanos nacionales se estaban enfrentando al trabajar para la famosa empresa de sandalias de origen brasileño Havaianas, como encargado de su comercialización en México.

"Fue en ese momento en el que me di cuenta de que era un villamelón, trabajaba en una empresa donde traíamos productos de otros países y los metíamos al mercado mexicano, (...) me sentía de alguna manera que estaba traicionándolos.

"Regresé a mi trabajo de oficina y no dejaba de pensar cómo le estaba dando en la torre a marcas mexicanas de sandalias. Me di cuenta de que quería ser parte de la solución y no del problema".

Junto a su socia Mónica Camacho, una egresada de la EGADE Business School del Tec de Monterrey especializada en innovación de negocios, Alfredo comenzó a idear el prototipo de La Cosita Chula como una comercializadora de productos artesanales y con el tiempo se convirtió en la promotora artística que es hoy.

El primer taller con el que se asoció La Cosita Chula fue precisamente el taller familiar de los Fonseca, el cual fue rescatado y hoy en día hace la mayoría del trabajo de talavera que se comercializa.

Al momento La Cosita Chula ha logrado comercializar sus productos en grandes cadenas de retail como La Comer, Walmart, CitiMarket y Liverpool, así como en una red de tiendas aliadas que antes de la pandemia llegaba a los 400 puntos de venta totales.

Foto: Alejandro Aguilar

Según explica, la pandemia obligó a La Cosita Chula a reinventarse debido al cierre de puntos de venta, principalmente en centros de playa y turísticos, así como por el cierre de la actividad restaurantera, una de sus principales clientelas.

Previo al 2020 La Cosita Chula ya había sido cobijada por el programa Hand Made de Amazon el cual empezó a comercializar sus productos, lo que le sirvió a la empresa como un gran escaparate sobre su oferta de valor.

Sin embargo durante los últimos meses la empresa se enfocó en desarrollar su propio marketplace en su página de internet y toda una red logística de embalamiento y traslado de las artesanías debido a que, según Alfredo, las empresas del ramo no son lo suficientemente cuidadosas como para confiarles los delicados trabajos artesanales.

Si antes de la pandemia el 90% de los ingresos de la empresa venían de puntos físicos, ahora esta proporción se ha invertido y corresponden hoy a su comercio en línea.

"Tuvimos que ir directamente con el consumidor final a ofrecerles nuestros productos y romper muchos paradigmas sobre la compra en línea de artesanías. Esa incertidumbre fue cambiando y fue muy padre ver que las personas nos iban recomendando de la mejor manera, que es el boca a boca.

"Creo que el mexicano se ha dado cuenta de que hay que apoyar lo que hacemos los mexicanos, porque al final del día ese círculo virtuoso en un momento también les llega a ellos".

De acuerdo con Alfredo, a pesar de los tiempos complicados esta estrategia les ha permitido gozar de salud financiera, por lo que la empresa se mantiene sana y con planes de incorporar más talleres en el futuro y lanzar puntos de venta propios una vez que la nueva normalidad se asiente.

Al mismo tiempo, Alfredo no se cierra a la posibilidad de recibir capital privado, sin embargo –dice– no ha encontrado inversionistas con un perfil adecuado.

"Encontrar inversión ha sido un poco complicado, no hemos encontrado a la persona adecuada que tenga esa visión de amor por lo que hacemos. Han llegado personas a ofrecernos dinero, pero ven esto como un negocio de manufactura. No hemos encontrado un inversionista que entienda que no somos máquinas.

"Este es un año de crecimiento, el pasado fue de entender lo que estaba pasando. Creo que hemos demostrado que el mexicano sí puede trabajar en equipo y que todos pueden salir beneficiados de esto, ese es otro de los paradigmas que estamos rompiendo y que estamos emocionados. Queremos seguir llegando a más mexicanos o extranjeros que les guste nuestra cultura y seguir compartiendo las cosas buenas que tenemos".

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