/ viernes 4 de diciembre de 2020

Las Reinas Chulas hacen cabaret... y también comida

Ana Francis Mor integrante de Las Reinas Chulas creó el servicio No guise, de comida para llevar

Incluso en la pandemia, Las Reinas Chulas fueron pioneras. Cerraron por disposición oficial el 16 de marzo el Teatro Bar El Vicio y el 7 de abril inauguraron un nuevo concepto, el cabarezoom. Pero mientras el área artística del lugar tenía forma de generar ingresos en el semáforo rojo, el personal operativo se quedó sin trabajo.

Entonces Ana Francis Mor recordó lo que su hermana Mónica solía decir: “los problemas se resuelven cocinando”. Y era en serio. En su familia, integrada por puras mujeres, la cocina fue, literalmente, su sustento. Ana cuenta que pensó en regresar a sus orígenes para que El Vicio siguiera generando fuentes de trabajo en plena pandemia y así nació No Guise.

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“Cuando yo tenía cuatro años, mi mamá montó su primer restaurante, que en realidad era un changarrito que vendía comida para llevar en la colonia Campestre Churubusco”, recuerda en entrevista quien es la quinta de cinco hijas y creció entre fogones y cacerolas.

Era tan buena la sazón de la casa, que pronto la clientela creció. Ana hacía labores como “entregar pedidos, repartir volantes, deshebrar el pollo, pelar las papas, meserear y me ganaba algo de dinero”.

Cuando el restaurante se mudó a la colindancia entre Iztapalapa y Benito Juárez, tuvo un éxito enorme.

“El restaurante creció, mi mamá terminó comprando el edificio, puso un salón de fiestas, panadería y ahí trabajé toda mi vida hasta los 20 años cuando mi mamá se retiró y vendió todo. Aprendí a cocinar, escribir y leer más o menos al mismo tiempo”, comparte.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

Ana, a diferencia de Mónica que hoy tiene Mostaza, una panadería francesa en Polanco, nunca quiso dedicarse a la venta de comida, “porque estudié actuación y vi la chinga que es, ahí trabajé de todo, cuando me porté mal me tocó de lava trastes, cuando me porté bien me tocó la caja, mesereando, cocinando, de bar tender, comprando las cosas”.

Como sabe cocinar, nunca compra comida hecha, aunque sí disfruta comer en restaurantes. Ella misma ha dado el visto bueno a la carta de El Vicio, pero no se había querido meter a la cocina. Hasta ahora. “Habíamos estado subcontratando gente, a últimas fechas la gerente era la que decidía los menús y a raíz de la pandemia les dije ‘hijitas, vámonos a la raíz’”.

Hizo lo mismo que su mamá, con una visión empresarial. “Mi mamá empezó a vender para que las mujeres pudieran salir a trabajar y no tuvieran que cocinar porque ese era el problema de su época, a finales de los setenta, que las señoras tenían trabajos de medio tiempo, salían a las tres de la tarde hechas la greña para llegar a su casa a dar de comer, pero entraban a las ocho de la mañana, y ya habían mandado a los hijos a la escuela, ¿a qué hora iban a cocinar? Y no eran tiempos en donde los esposos podían tolerar una comida de lata y colaborar en casa, olvídalo, ni hablar”.

Aunque la época es distinta, la motivación fue semejante. Otra vez, la cocina salvó a quienes necesitaban tener ingresos y a quienes tenían que cubrir una necesidad. “Empecé a leer en Facebook mensajes tipo ‘ya no sé qué cocinar’, o ‘yo no cocino nada, qué flojera’, vi que empezaron a padecer y pensé ‘ah, pues permítanme’”, comparte la directora.

“En un punto de la pandemia, nos dimos cuenta de que ya no teníamos manera de sostener a una parte del personal. Afortunadamente la gerente es chef y se me ocurrió abrir No Guise, porque esa era la frase de batalla de los volantes de la cocina de mi mamá: 'No guise, tenemos comida para llevar’”.

Así, en julio inició este servicio de comida con entrega a domicilio, una modalidad que para entonces ya era habitual, precisamente por la recomendación de no salir de casa. No Guise tiene una comunidad en redes sociales y la atención es por WhatsApp.

Su menú cambia cada siete días y poco después de su apertura, creó el sistema on demand, con 60 platillos a elegir que se piden con una semana de anticipación.

“El menú lo decido yo, la chef no necesariamente cocinaba comida casera, su sazón es más hacia lo vegano, pero no, la idea es que vamos a comer como cuando yo era niña, así que, ¡a hacer albóndigas! Luego resultó que una de las meseras, Priscila, que lleva muchos años con nosotras cocina muy bien y los capeados le salen espléndidos. Armamos un equipo Priscila, Jimena, Gilberto quien hacía todos los trámites en la delegación para cada función presencial y le dijimos ‘pues gestiónate una picadita de cebolla’ y la trabajadora de limpieza. Algunos de los meseros se fueron yendo, pero quedamos un 70% de la planta”.

Con planes para aumentar a cien su lista de platillos on demand y dejar parte de la carta para la cocina de El Vicio cuando abra, No Guise fue una tabla de salvación para mantener fuentes de ingreso y asegurar la permanencia de un foro con 15 años de trayectoria.

“El primer golpe fue cerrar, creímos, como supongo todo mundo, que íbamos a cerrar no más allá de un mes, como cuando la influenza. Pero a la semana ya vimos que no sería así. Al principio dije descansamos tantito no pasa nada, resistamos, pero luego se vio que iba para largo y teníamos que buscar la manera de sobrevivir. Y aquí estamos”.

Dato

Las Reinas Chulas es un colectivo de mujeres que produce sus propios espectáculos de parodia y critica social, los presenta en El Vicio

Frase

"Nos dimos cuenta de que ya no teníamos manera de sostener a una parte del personal”. Ana Francis Mor

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Incluso en la pandemia, Las Reinas Chulas fueron pioneras. Cerraron por disposición oficial el 16 de marzo el Teatro Bar El Vicio y el 7 de abril inauguraron un nuevo concepto, el cabarezoom. Pero mientras el área artística del lugar tenía forma de generar ingresos en el semáforo rojo, el personal operativo se quedó sin trabajo.

Entonces Ana Francis Mor recordó lo que su hermana Mónica solía decir: “los problemas se resuelven cocinando”. Y era en serio. En su familia, integrada por puras mujeres, la cocina fue, literalmente, su sustento. Ana cuenta que pensó en regresar a sus orígenes para que El Vicio siguiera generando fuentes de trabajo en plena pandemia y así nació No Guise.

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“Cuando yo tenía cuatro años, mi mamá montó su primer restaurante, que en realidad era un changarrito que vendía comida para llevar en la colonia Campestre Churubusco”, recuerda en entrevista quien es la quinta de cinco hijas y creció entre fogones y cacerolas.

Era tan buena la sazón de la casa, que pronto la clientela creció. Ana hacía labores como “entregar pedidos, repartir volantes, deshebrar el pollo, pelar las papas, meserear y me ganaba algo de dinero”.

Cuando el restaurante se mudó a la colindancia entre Iztapalapa y Benito Juárez, tuvo un éxito enorme.

“El restaurante creció, mi mamá terminó comprando el edificio, puso un salón de fiestas, panadería y ahí trabajé toda mi vida hasta los 20 años cuando mi mamá se retiró y vendió todo. Aprendí a cocinar, escribir y leer más o menos al mismo tiempo”, comparte.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

Ana, a diferencia de Mónica que hoy tiene Mostaza, una panadería francesa en Polanco, nunca quiso dedicarse a la venta de comida, “porque estudié actuación y vi la chinga que es, ahí trabajé de todo, cuando me porté mal me tocó de lava trastes, cuando me porté bien me tocó la caja, mesereando, cocinando, de bar tender, comprando las cosas”.

Como sabe cocinar, nunca compra comida hecha, aunque sí disfruta comer en restaurantes. Ella misma ha dado el visto bueno a la carta de El Vicio, pero no se había querido meter a la cocina. Hasta ahora. “Habíamos estado subcontratando gente, a últimas fechas la gerente era la que decidía los menús y a raíz de la pandemia les dije ‘hijitas, vámonos a la raíz’”.

Hizo lo mismo que su mamá, con una visión empresarial. “Mi mamá empezó a vender para que las mujeres pudieran salir a trabajar y no tuvieran que cocinar porque ese era el problema de su época, a finales de los setenta, que las señoras tenían trabajos de medio tiempo, salían a las tres de la tarde hechas la greña para llegar a su casa a dar de comer, pero entraban a las ocho de la mañana, y ya habían mandado a los hijos a la escuela, ¿a qué hora iban a cocinar? Y no eran tiempos en donde los esposos podían tolerar una comida de lata y colaborar en casa, olvídalo, ni hablar”.

Aunque la época es distinta, la motivación fue semejante. Otra vez, la cocina salvó a quienes necesitaban tener ingresos y a quienes tenían que cubrir una necesidad. “Empecé a leer en Facebook mensajes tipo ‘ya no sé qué cocinar’, o ‘yo no cocino nada, qué flojera’, vi que empezaron a padecer y pensé ‘ah, pues permítanme’”, comparte la directora.

“En un punto de la pandemia, nos dimos cuenta de que ya no teníamos manera de sostener a una parte del personal. Afortunadamente la gerente es chef y se me ocurrió abrir No Guise, porque esa era la frase de batalla de los volantes de la cocina de mi mamá: 'No guise, tenemos comida para llevar’”.

Así, en julio inició este servicio de comida con entrega a domicilio, una modalidad que para entonces ya era habitual, precisamente por la recomendación de no salir de casa. No Guise tiene una comunidad en redes sociales y la atención es por WhatsApp.

Su menú cambia cada siete días y poco después de su apertura, creó el sistema on demand, con 60 platillos a elegir que se piden con una semana de anticipación.

“El menú lo decido yo, la chef no necesariamente cocinaba comida casera, su sazón es más hacia lo vegano, pero no, la idea es que vamos a comer como cuando yo era niña, así que, ¡a hacer albóndigas! Luego resultó que una de las meseras, Priscila, que lleva muchos años con nosotras cocina muy bien y los capeados le salen espléndidos. Armamos un equipo Priscila, Jimena, Gilberto quien hacía todos los trámites en la delegación para cada función presencial y le dijimos ‘pues gestiónate una picadita de cebolla’ y la trabajadora de limpieza. Algunos de los meseros se fueron yendo, pero quedamos un 70% de la planta”.

Con planes para aumentar a cien su lista de platillos on demand y dejar parte de la carta para la cocina de El Vicio cuando abra, No Guise fue una tabla de salvación para mantener fuentes de ingreso y asegurar la permanencia de un foro con 15 años de trayectoria.

“El primer golpe fue cerrar, creímos, como supongo todo mundo, que íbamos a cerrar no más allá de un mes, como cuando la influenza. Pero a la semana ya vimos que no sería así. Al principio dije descansamos tantito no pasa nada, resistamos, pero luego se vio que iba para largo y teníamos que buscar la manera de sobrevivir. Y aquí estamos”.

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