/ viernes 13 de octubre de 2023

Supervivientes de la masacre del festival en Israel cuentan el infierno que vivieron

Sobrevivientes narran las horas críticas de la masacre en el festival Supernova

Los hermanos Osher y Michael Waknin tuvieron la idea de organizar la primera edición en Israel de Tribe of Nova, un festival de música nacido en Brasil dos décadas atrás, se anunciaba como un éxito. Unas 3.500 personas, entre israelíes y extranjeros, asisten desde el viernes 6 de octubre al evento en el sur del país.

Al amanecer del sábado 7 de octubre, los jóvenes siguen bailando cuando de repente la música tecno se detiene. Son alrededor de las 06:30 am. Y a lo lejos, se escuchan ruidos secos. "Chicos, alerta roja, reagrúpense", advierten por el altavoz.

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Chispas seguidas de explosiones invaden el anaranjado cielo. La Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antiaérea de Israel, intercepta los primeros cohetes lanzados por el grupo islamista Hamas desde Gaza.


En ese momento, "todavía reíamos y no nos tomábamos la situación en serio", explica Efraim Mordejayev, un soldado de 23 años que estaba de fiesta ese fin de semana, coincidiendo con el final de la festividad judía de Sucot.

"Estamos acostumbrados a los cohetes" lanzados desde el enclave, dice.

El joven y sus amigos empiezan a dispersarse con tranquilidad, pero enseguida se dan cuenta de que nada es como siempre. El peligro no viene solo del cielo, sino que irrumpen hombres armados, algunos vienen por el aire en paracaídas motorizados, otros en motocicletas o camionetas.


Cuando vimos a los terroristas, el pánico se desató

Matanza sistémica

Empieza entonces una persecución. Los asaltantes abaten metódicamente a quienes se cruzan en su camino, indiscriminadamente. Los agentes de seguridad y policías presentes se ven rápidamente desbordados y son también blanco de los ataques.

Todo el mundo corre para salvar su vida; algunos hacia los campos que rodean el lugar, otros intentan llegar a su vehículo aparcado en los dos aparcamientos del festival. Pero rápidamente se forma un atasco.

"Miré hacia atrás y vi que en el auto detrás de mí había tres cadáveres y que todas las ventanas estaban rotas", explica el soldado.

Foto aérea del sitio donde ocurrió el ataque de Hamas | AFP

Solo quedan dos opciones; esconderse o huir a pie a través de la llanura. Mordejayev escoge la segunda y corre de arbusto en arbusto, aterrorizado, hasta que un vehículo lo recoge en campo abierto.

La ruta 232, la única para salir de este infierno, tampoco es muy segura. Situada en paralelo al muro fronterizo que separa Israel de la Franja de Gaza, la carretera conecta el kibutz vecino de Reim a la ciudad de Sederot, unos 30 kilómetros más al norte.

"Vi a gente muriendo a mi alrededor"

A las 7 de la mañana, una cámara a bordo de un auto que logró huir, muestra cómo la trampa se cierra sobre sus ocupantes. Las ráfagas disparadas por combatientes palestinos emboscados revientan el parabrisas y obligan al conductor a detenerse, sin que se sepa si fue alcanzado.

La joven Gili Yoskovich decide abandonar su coche para correr por el campo. Pero en este paisaje desértico apenas hay donde esconderse. La mujer divisa un huerto y corre a refugiarse, con los atacantes siguiéndola de cerca.

"Fueron árbol por árbol y dispararon. Vi a gente muriendo a mi alrededor. Me quedé muy callada. No lloré, no hice nada", declaró a la BBC tras conseguir escapar con su novio. Pero no todos tuvieron la misma suerte.

Durante horas, mientras el sonido de las detonaciones de las armas automáticas se acerca cada vez más, algunos se lanzan detrás de un coche, se dispersan desordenadamente. Presas del pánico, algunos incluso se tumban entre los cadáveres con la esperanza de sobrevivir.

Algunas personas intentaron


Disparos a quemarropa

Tres horas después del inicio del ataque, los milicianos de Hamas siguen con su masacre sin encontrar resistencia.

Imágenes de videovigilancia muestran cerca de las 9 am, cómo un hombre con gorra negra y chaleco antibalas se lleva a un rehén con una camiseta ensangrentada.

Al fondo, un joven que se hace el muerto se mueve ligeramente al pensar que puede huir, pero otro asaltante se le acerca por detrás y le dispara a quemarropa.

Varios supervivientes explicaron a los medios que esperaron incluso siete horas a que el ejército israelí los rescatara. Los primeros socorristas en llegar descubren con horror el alcance de la matanza, 270 muertos.

"En cada coche había uno, dos o tres cadáveres", explica Moti Bukjin, portavoz de la oenegé israelí Zaka, a AFP. "Algunos tenían una bala en la cabeza o en la barbilla", a otros "les dispararon cuando intentaban huir y cayeron en las cunetas junto a la carretera".

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Hasta ahora se desconoce el paradero de Michael Waknin, uno de los gemelos organizadores, ¿Está vivo y escondido en algún lugar? Eso es lo que quiere creer su hermana Ausa, que no tiene noticias de él.

En cuanto a su hermano Osher, testigos lo vieron salir de su auto para socorrer a gente en medio del caso. Su viuda Sunny Waknin asegura que murió como un "héroe". Sus restos mortales fueron enterrados en Jerusalén.


Los hermanos Osher y Michael Waknin tuvieron la idea de organizar la primera edición en Israel de Tribe of Nova, un festival de música nacido en Brasil dos décadas atrás, se anunciaba como un éxito. Unas 3.500 personas, entre israelíes y extranjeros, asisten desde el viernes 6 de octubre al evento en el sur del país.

Al amanecer del sábado 7 de octubre, los jóvenes siguen bailando cuando de repente la música tecno se detiene. Son alrededor de las 06:30 am. Y a lo lejos, se escuchan ruidos secos. "Chicos, alerta roja, reagrúpense", advierten por el altavoz.

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Chispas seguidas de explosiones invaden el anaranjado cielo. La Cúpula de Hierro, el sistema de defensa antiaérea de Israel, intercepta los primeros cohetes lanzados por el grupo islamista Hamas desde Gaza.


En ese momento, "todavía reíamos y no nos tomábamos la situación en serio", explica Efraim Mordejayev, un soldado de 23 años que estaba de fiesta ese fin de semana, coincidiendo con el final de la festividad judía de Sucot.

"Estamos acostumbrados a los cohetes" lanzados desde el enclave, dice.

El joven y sus amigos empiezan a dispersarse con tranquilidad, pero enseguida se dan cuenta de que nada es como siempre. El peligro no viene solo del cielo, sino que irrumpen hombres armados, algunos vienen por el aire en paracaídas motorizados, otros en motocicletas o camionetas.


Cuando vimos a los terroristas, el pánico se desató

Matanza sistémica

Empieza entonces una persecución. Los asaltantes abaten metódicamente a quienes se cruzan en su camino, indiscriminadamente. Los agentes de seguridad y policías presentes se ven rápidamente desbordados y son también blanco de los ataques.

Todo el mundo corre para salvar su vida; algunos hacia los campos que rodean el lugar, otros intentan llegar a su vehículo aparcado en los dos aparcamientos del festival. Pero rápidamente se forma un atasco.

"Miré hacia atrás y vi que en el auto detrás de mí había tres cadáveres y que todas las ventanas estaban rotas", explica el soldado.

Foto aérea del sitio donde ocurrió el ataque de Hamas | AFP

Solo quedan dos opciones; esconderse o huir a pie a través de la llanura. Mordejayev escoge la segunda y corre de arbusto en arbusto, aterrorizado, hasta que un vehículo lo recoge en campo abierto.

La ruta 232, la única para salir de este infierno, tampoco es muy segura. Situada en paralelo al muro fronterizo que separa Israel de la Franja de Gaza, la carretera conecta el kibutz vecino de Reim a la ciudad de Sederot, unos 30 kilómetros más al norte.

"Vi a gente muriendo a mi alrededor"

A las 7 de la mañana, una cámara a bordo de un auto que logró huir, muestra cómo la trampa se cierra sobre sus ocupantes. Las ráfagas disparadas por combatientes palestinos emboscados revientan el parabrisas y obligan al conductor a detenerse, sin que se sepa si fue alcanzado.

La joven Gili Yoskovich decide abandonar su coche para correr por el campo. Pero en este paisaje desértico apenas hay donde esconderse. La mujer divisa un huerto y corre a refugiarse, con los atacantes siguiéndola de cerca.

"Fueron árbol por árbol y dispararon. Vi a gente muriendo a mi alrededor. Me quedé muy callada. No lloré, no hice nada", declaró a la BBC tras conseguir escapar con su novio. Pero no todos tuvieron la misma suerte.

Durante horas, mientras el sonido de las detonaciones de las armas automáticas se acerca cada vez más, algunos se lanzan detrás de un coche, se dispersan desordenadamente. Presas del pánico, algunos incluso se tumban entre los cadáveres con la esperanza de sobrevivir.

Algunas personas intentaron


Disparos a quemarropa

Tres horas después del inicio del ataque, los milicianos de Hamas siguen con su masacre sin encontrar resistencia.

Imágenes de videovigilancia muestran cerca de las 9 am, cómo un hombre con gorra negra y chaleco antibalas se lleva a un rehén con una camiseta ensangrentada.

Al fondo, un joven que se hace el muerto se mueve ligeramente al pensar que puede huir, pero otro asaltante se le acerca por detrás y le dispara a quemarropa.

Varios supervivientes explicaron a los medios que esperaron incluso siete horas a que el ejército israelí los rescatara. Los primeros socorristas en llegar descubren con horror el alcance de la matanza, 270 muertos.

"En cada coche había uno, dos o tres cadáveres", explica Moti Bukjin, portavoz de la oenegé israelí Zaka, a AFP. "Algunos tenían una bala en la cabeza o en la barbilla", a otros "les dispararon cuando intentaban huir y cayeron en las cunetas junto a la carretera".

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Hasta ahora se desconoce el paradero de Michael Waknin, uno de los gemelos organizadores, ¿Está vivo y escondido en algún lugar? Eso es lo que quiere creer su hermana Ausa, que no tiene noticias de él.

En cuanto a su hermano Osher, testigos lo vieron salir de su auto para socorrer a gente en medio del caso. Su viuda Sunny Waknin asegura que murió como un "héroe". Sus restos mortales fueron enterrados en Jerusalén.


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