/ viernes 1 de marzo de 2024

Abuela hondureña busca asilo en EU mientras lucha contra la anemia

En Honduras, trabajaba como inspectora de línea en una fábrica, pero la pobreza y la violencia, la impulsaron a buscar el sueño americano

Han pasado cinco años desde que María, de 41 años de edad, salió de su natal Honduras rumbo a Estados Unidos huyendo, como tantas otras familias centroamericanas más, de las pandillas.

Pero ahora también busca salvar su vida no solo de la violencia, sino de un mal de salud que la está consumiendo.

“Me han hecho cuatro transfusiones de sangre porque tengo mucha anemia, eso es lo que voy buscando, mi tratamiento”, contó.

Desde hace tres meses la familia está en un albergue de Tijuana, pero antes vivió cuatro años en Monterrey, Nuevo León, donde la salud de María se deterioró.

Sufrió anemia y daños en el tórax, por lo que ahora necesita una cirugía que cuesta alrededor de 150 mil pesos.

“Voy a Estados Unidos también por seguridad de vida, siento la seguridad y confianza en Dios”, comentó.

En Honduras, María trabajaba como inspectora de línea en una fábrica, pero el aumento de precio en la canasta básica, la pobreza y los malos salarios, junto a la violencia, la impulsaron a buscar el sueño americano.

“Los pandilleros de Honduras piden una renta, cuando uno no tiene eso empieza a recibir amenazas. A la hora que les da la gana te sacan y te matan con todo y familia. No pudimos hacer una denuncia porque las autoridades no hacen nada, es mejor salir quedamente y ya”, contó.

María inició su viaje junto a su pareja, su yerno y un nieto, pero otros se quedaron atrás, entre ellos cuatro de sus siete hijos.

María salió de su natal Honduras rumbo a Estados Unidos huyendo, como tantas otras familias centroamericanas más, de las pandillas.  Foto: Ángeles García / El Sol de Tijuana

“Tengo los cuatro nietos que dejó mi hijo. No hace mucho murió y a mi nuera la mataron, la torturaron, la quemaron, le quebraron la espalda y le pusieron un tiro, fueron pandilleros. Se quedaron los cuatro niños huérfanos con su abuela, la mamá de mi nuera”, lamentó.

Durante el trayecto, la familia se dedicó a vender chocolates para comprar comida y rentar espacios donde dormir.

“Llegué caminando y en camión, estado por estado iba trabajando. Cruce todo el país desde Tapachula, pedí mis papeles mexicanos (de refugiada). A los nueves meses los obtuve”, comentó.

Hace ya cuatro meses que María y su familia enfilaron hacia Tijuana para solicitar asilo en Estados Unidos a través de la aplicación CBP One.

Fue el más reciente episodio de su peligroso viaje, pero esta vez en el desierto de Sonora.

“Pasé hambre, frío y sed. Caímos en un desierto, nos quedamos dentro de un túnel, no teníamos abrigo y salimos caminando a la 1 de la mañana. Nos venimos por un camino equivocado, no había casas ni dónde pedir agua, pero encontré un carrito, un señor nos abrió la puerta y nos regaló una botella de agua”, recordó.

Con todo ese sufrimiento, enfermedad y cansancio que ha provocado dejar atrás su vida en Honduras, María siente alegría de iniciar su proceso de asilo en Estados Unidos, porque finalmente recibió cita de las autoridades norteamericanas para exponer su situación.

“Dios nos escuchó y primeramente Dios saldremos de aquí”, confió.

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“Estamos buscando en Estados Unidos trabajo, uno va buscando eso para salir hacia adelante con sus hijos y poder hacer lo que uno tiene que hacer para ver a sus hijos grandes”, finalizó.

Nota publicada en El Sol de Tijuana

Han pasado cinco años desde que María, de 41 años de edad, salió de su natal Honduras rumbo a Estados Unidos huyendo, como tantas otras familias centroamericanas más, de las pandillas.

Pero ahora también busca salvar su vida no solo de la violencia, sino de un mal de salud que la está consumiendo.

“Me han hecho cuatro transfusiones de sangre porque tengo mucha anemia, eso es lo que voy buscando, mi tratamiento”, contó.

Desde hace tres meses la familia está en un albergue de Tijuana, pero antes vivió cuatro años en Monterrey, Nuevo León, donde la salud de María se deterioró.

Sufrió anemia y daños en el tórax, por lo que ahora necesita una cirugía que cuesta alrededor de 150 mil pesos.

“Voy a Estados Unidos también por seguridad de vida, siento la seguridad y confianza en Dios”, comentó.

En Honduras, María trabajaba como inspectora de línea en una fábrica, pero el aumento de precio en la canasta básica, la pobreza y los malos salarios, junto a la violencia, la impulsaron a buscar el sueño americano.

“Los pandilleros de Honduras piden una renta, cuando uno no tiene eso empieza a recibir amenazas. A la hora que les da la gana te sacan y te matan con todo y familia. No pudimos hacer una denuncia porque las autoridades no hacen nada, es mejor salir quedamente y ya”, contó.

María inició su viaje junto a su pareja, su yerno y un nieto, pero otros se quedaron atrás, entre ellos cuatro de sus siete hijos.

María salió de su natal Honduras rumbo a Estados Unidos huyendo, como tantas otras familias centroamericanas más, de las pandillas.  Foto: Ángeles García / El Sol de Tijuana

“Tengo los cuatro nietos que dejó mi hijo. No hace mucho murió y a mi nuera la mataron, la torturaron, la quemaron, le quebraron la espalda y le pusieron un tiro, fueron pandilleros. Se quedaron los cuatro niños huérfanos con su abuela, la mamá de mi nuera”, lamentó.

Durante el trayecto, la familia se dedicó a vender chocolates para comprar comida y rentar espacios donde dormir.

“Llegué caminando y en camión, estado por estado iba trabajando. Cruce todo el país desde Tapachula, pedí mis papeles mexicanos (de refugiada). A los nueves meses los obtuve”, comentó.

Hace ya cuatro meses que María y su familia enfilaron hacia Tijuana para solicitar asilo en Estados Unidos a través de la aplicación CBP One.

Fue el más reciente episodio de su peligroso viaje, pero esta vez en el desierto de Sonora.

“Pasé hambre, frío y sed. Caímos en un desierto, nos quedamos dentro de un túnel, no teníamos abrigo y salimos caminando a la 1 de la mañana. Nos venimos por un camino equivocado, no había casas ni dónde pedir agua, pero encontré un carrito, un señor nos abrió la puerta y nos regaló una botella de agua”, recordó.

Con todo ese sufrimiento, enfermedad y cansancio que ha provocado dejar atrás su vida en Honduras, María siente alegría de iniciar su proceso de asilo en Estados Unidos, porque finalmente recibió cita de las autoridades norteamericanas para exponer su situación.

“Dios nos escuchó y primeramente Dios saldremos de aquí”, confió.

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“Estamos buscando en Estados Unidos trabajo, uno va buscando eso para salir hacia adelante con sus hijos y poder hacer lo que uno tiene que hacer para ver a sus hijos grandes”, finalizó.

Nota publicada en El Sol de Tijuana

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