/ sábado 13 de junio de 2020

El Armagedón

Es el lugar donde se efectuará la batalla final de Dios contra las fuerzas satánicas. La palabra Armagedón deriva de una expresión hebrea que significa monte Megido (Har Megiddo en hebreo). El monte Megido se encuentra al suroeste del Valle de Jezreel, en lo que se conoce como "La media luna de las tierras fértiles", al noroeste del Mar Muerto. El montículo de Megido se encuentra frente a una llanura que es el sitio histórico de muchas batallas célebres, como la de Megido (en el siglo 15 a. C.) Así lo menciona el Apocalipsis o Revelación del Apóstol San Juan.

Estas dos últimas generaciones de seres humanos hemos testificado horrendas devastaciones como la desaparición de millones de judíos en la segunda guerra mundial, la destrucción en Hiroshima y Nagasaki, las guerras de Korea, Vietman y de Golfo Pérsico, el ataque terrorista de septiembre de 2001 al territorio estadounidense, la invasión y la guerra con Irak, ataques terroristas en centros comerciales, en medios de transporte, en centros estudiantiles. Esto último, ni duda cabe, como respuesta tardía a los ataques inmisericordes a países árabes del medio oriente desde hace más de quince años.

Por supuesto que la felicidad y la alegría se frustraron en los Estados Unidos después del ataque orquestado en contra de los centros financiero, militar y político del imperio. Yo recuerdo los rostros entristecidos e inquisitivos de niños frente a sus padres; las caras de ancianos que no alcanzaban a comprender; casi podía ver los rostros de Lincoln, Roosevelt, Washington, Franklin, Jefferson, Luther King, constructores de ese país, estupefactos.

¿Era eso el Armagedón? Sí, para los miles de muertos y desaparecidos, para los enloquecidos y los psicóticos, para los creyentes y los ateos, para los ricos y para los pobres. Para muchísimos se estaba librando la batalla final que duraría una eternidad. Era el Armagedón.

Y qué podemos decir de México. ¿En dónde nos encontramos del largo camino de la guerra actual y de la inseguridad? ¿Estamos conscientes que vivimos en el país una auténtica guerra? ¿Sabemos que estamos en guerra? Pero, además ¿nos hemos dado cuenta que nos incorporaron en 2007, sin pedirnos opinión, a este conflicto? ¿Y nos damos cuenta que salimos a la calle volteando permanentemente para prevenir que nuestro prójimo no atente contra nuestra integridad y seguridad? ¿No vivimos permanentemente estresados?

Solamente que todo lo anterior es poco contra lo que hoy la humanidad entera enfrenta. Hoy, junio de 2020 nos encontramos inmersos en una tremenda pandemia de un virus originado en China en diciembre de 2019 y que ha sido denominado Covid-19. Vivimos acorralados, confinados y amenazados.

Al día de escribir este texto, 10 de junio de 2020, la Organización Mundial de la Salud reporta, a nivel mundial, casi 7 millones 500 mil personas afectadas por el virus, de las cuales han perdido la vida cerca de 450 mil, y afortunadamente se han recuperado casi 3 y medio millones. Y en México, el mismo día, las cifras que se otorgan oficialmente son de casi 125 mil contagiados, y cerca de 15 mil fallecidos.

El manejo de cifras es tendencioso, parcial. Encuentro ciertas cantidades en periódicos; otras en portales cibernéticos, unas más en ONG´S. ¿A quién creerle? ¿Qué tan cerca de quienes nos guarecemos está el maldito virus? ¿Cuáles son las mejores medidas de seguridad? ¿A quien acudir CON SEGURIDAD en caso de contagio?

¿Somos seres humanos? Dónde están nuestras habilidades y nuestra madurez histórica para haber llegado hasta el tercer milenio. ¿Dónde está nuestra inteligencia para haber creado tecnologías maravillosas y estar a punto de clonar seres humanos? Nos sentimos conquistadores del planeta y reyes de la creación. ¿Lo somos? Somos seres humanos, hablamos lenguajes muy pulidos, usamos corbata y sombrero, y hasta paraguas. Supuestamente estamos alcanzado las estrellas.

Pero, ¿en qué nos diferenciamos de los antropoides, antepasados nuestros que salieron de las cavernas a matar para comer? Han pasado poco más de 2 millones de años desde que el primer hombre salió de su cueva para otear al mundo. Sin embargo hoy matamos, no para comer, sino con saña y para destruir lo que sea, no solo la vida, sino la conciencia de la humanidad. Han pasado poco más de 2 millones de años y somos los mismos, somos el mismo ser humano, solamente que estamos al otro lado del tiempo y del espacio. También se ha dicho que este virus del siglo 21 fue creado con fines aviesos.

Destruimos porque sí. Vandalizamos porque sí. Asesinamos porque sí. Cada día que pasa estamos más lejos de la cordura, de la creatividad, de la armonía, de la mente superior, de Dios.

Al parecer la tranquilidad ya está en nuestro pasado, y la tragedia, el Armagedón, en nuestro futuro, y nosotros seguimos creyendo que el hombre ha cambiado. ¿No sigue el hombre siendo, en el tercer milenio, el lobo del hombre?


Fundador de Notimex

Premio Nacional de Periodismo

pacofonn@yahoo.com.mx


Es el lugar donde se efectuará la batalla final de Dios contra las fuerzas satánicas. La palabra Armagedón deriva de una expresión hebrea que significa monte Megido (Har Megiddo en hebreo). El monte Megido se encuentra al suroeste del Valle de Jezreel, en lo que se conoce como "La media luna de las tierras fértiles", al noroeste del Mar Muerto. El montículo de Megido se encuentra frente a una llanura que es el sitio histórico de muchas batallas célebres, como la de Megido (en el siglo 15 a. C.) Así lo menciona el Apocalipsis o Revelación del Apóstol San Juan.

Estas dos últimas generaciones de seres humanos hemos testificado horrendas devastaciones como la desaparición de millones de judíos en la segunda guerra mundial, la destrucción en Hiroshima y Nagasaki, las guerras de Korea, Vietman y de Golfo Pérsico, el ataque terrorista de septiembre de 2001 al territorio estadounidense, la invasión y la guerra con Irak, ataques terroristas en centros comerciales, en medios de transporte, en centros estudiantiles. Esto último, ni duda cabe, como respuesta tardía a los ataques inmisericordes a países árabes del medio oriente desde hace más de quince años.

Por supuesto que la felicidad y la alegría se frustraron en los Estados Unidos después del ataque orquestado en contra de los centros financiero, militar y político del imperio. Yo recuerdo los rostros entristecidos e inquisitivos de niños frente a sus padres; las caras de ancianos que no alcanzaban a comprender; casi podía ver los rostros de Lincoln, Roosevelt, Washington, Franklin, Jefferson, Luther King, constructores de ese país, estupefactos.

¿Era eso el Armagedón? Sí, para los miles de muertos y desaparecidos, para los enloquecidos y los psicóticos, para los creyentes y los ateos, para los ricos y para los pobres. Para muchísimos se estaba librando la batalla final que duraría una eternidad. Era el Armagedón.

Y qué podemos decir de México. ¿En dónde nos encontramos del largo camino de la guerra actual y de la inseguridad? ¿Estamos conscientes que vivimos en el país una auténtica guerra? ¿Sabemos que estamos en guerra? Pero, además ¿nos hemos dado cuenta que nos incorporaron en 2007, sin pedirnos opinión, a este conflicto? ¿Y nos damos cuenta que salimos a la calle volteando permanentemente para prevenir que nuestro prójimo no atente contra nuestra integridad y seguridad? ¿No vivimos permanentemente estresados?

Solamente que todo lo anterior es poco contra lo que hoy la humanidad entera enfrenta. Hoy, junio de 2020 nos encontramos inmersos en una tremenda pandemia de un virus originado en China en diciembre de 2019 y que ha sido denominado Covid-19. Vivimos acorralados, confinados y amenazados.

Al día de escribir este texto, 10 de junio de 2020, la Organización Mundial de la Salud reporta, a nivel mundial, casi 7 millones 500 mil personas afectadas por el virus, de las cuales han perdido la vida cerca de 450 mil, y afortunadamente se han recuperado casi 3 y medio millones. Y en México, el mismo día, las cifras que se otorgan oficialmente son de casi 125 mil contagiados, y cerca de 15 mil fallecidos.

El manejo de cifras es tendencioso, parcial. Encuentro ciertas cantidades en periódicos; otras en portales cibernéticos, unas más en ONG´S. ¿A quién creerle? ¿Qué tan cerca de quienes nos guarecemos está el maldito virus? ¿Cuáles son las mejores medidas de seguridad? ¿A quien acudir CON SEGURIDAD en caso de contagio?

¿Somos seres humanos? Dónde están nuestras habilidades y nuestra madurez histórica para haber llegado hasta el tercer milenio. ¿Dónde está nuestra inteligencia para haber creado tecnologías maravillosas y estar a punto de clonar seres humanos? Nos sentimos conquistadores del planeta y reyes de la creación. ¿Lo somos? Somos seres humanos, hablamos lenguajes muy pulidos, usamos corbata y sombrero, y hasta paraguas. Supuestamente estamos alcanzado las estrellas.

Pero, ¿en qué nos diferenciamos de los antropoides, antepasados nuestros que salieron de las cavernas a matar para comer? Han pasado poco más de 2 millones de años desde que el primer hombre salió de su cueva para otear al mundo. Sin embargo hoy matamos, no para comer, sino con saña y para destruir lo que sea, no solo la vida, sino la conciencia de la humanidad. Han pasado poco más de 2 millones de años y somos los mismos, somos el mismo ser humano, solamente que estamos al otro lado del tiempo y del espacio. También se ha dicho que este virus del siglo 21 fue creado con fines aviesos.

Destruimos porque sí. Vandalizamos porque sí. Asesinamos porque sí. Cada día que pasa estamos más lejos de la cordura, de la creatividad, de la armonía, de la mente superior, de Dios.

Al parecer la tranquilidad ya está en nuestro pasado, y la tragedia, el Armagedón, en nuestro futuro, y nosotros seguimos creyendo que el hombre ha cambiado. ¿No sigue el hombre siendo, en el tercer milenio, el lobo del hombre?


Fundador de Notimex

Premio Nacional de Periodismo

pacofonn@yahoo.com.mx


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