/ lunes 20 de mayo de 2019

T-MEC como instrumentación de la hegemonía económica

Uno de los aspectos fundamentales de la globalización es el redimensionamiento del concepto de soberanía, autonomía y autodeterminación de los pueblos. En oposición a los enfoques nacionalistas, la soberanía como concepto migra de un entramado de unicidad e integridad territorial, legal, política, institucional, económica y cultural, a una concepción de mayor interdependencia, de apertura a flujos de capitales, comercio, inversión y tecnologías.

Sin duda, el concepto de soberanía es una abstracción asociada a otros conceptos similares como nación, estado o país que en la globalización actual se fundan en el multilateralismo, la formación de bloques y fuertes tensiones de seguridad en todas las instituciones globales de orden multilateral.

El neopopulismo retorna a la vieja concepción de integridad de la soberanía nacionalista que implica la oposición a los flujos migratorios, el retorno de capitales, el fomento a la producción nacional y al despliegue de políticas coercitivas producto de una noción de integridad vulnerable con los enfoques económicos de seguridad nacional como es el caso de los aranceles al Acero, al Aluminio y al tomate en Estados Unidos o las novedades del T MEC, donde cada país se reservó sus asuntos estratégicos.

México eliminando el capítulo de energía por razones de seguridad nacional y soberanía. Canadá con un enfoque de pueblos originarios y de defensa de su sector agroindustrial. El caso de Estados Unidos bien conocido por las implicaciones normativas y económicas en el sector automotriz. El T MEC abarca nuevos temas y sectores, pero de ninguna manera es de “libre comercio”.

En el frenesí nacionalista y los ciclos electorales, la polarización es el escenario ad hoc. Dónde está el enemigo, cómo ajustar cuentas, qué instrumentos de presión se generan, cómo se articulan los bloques, cómo se suma a la oposición en las acciones defensivas pero se le excluye de las acciones proactivas que generan renta electoral de corto plazo, entre otras operaciones políticas cotidianas que perfilen acuerdos o desencuentros polarizantes a favor del poder hegemónico.

El T-MEC es producto de este tipo de políticas hegemónicas, y sus acuerdos marcan un hito en la trayectoria de las soberanías estratégicas de los Estados nación, que buscan marcos defensivos ante una globalización avasallante, pero a la vez proactivos a una integración de bloque comercial con reglas y ventajas para consolidar mercados, aumentar la competencia y generar condiciones de mayor equilibrio en materia laboral, en propiedad industrial, en protección de inversiones, comercio electrónico y equidad laboral entre los tres países.

El T-MEC no sólo es hijo del neopopulismo, sino que es hijo del presidente de Estados Unidos que cuestionó el TLCAN desde su campaña y prometió eliminarlo de no conseguir un acuerdo equilibrado y favorable a los intereses de su país. Las negociaciones fueron complejas, tensas, repletas de incidentes mediáticos y filtraciones que mantuvieron la narrativa defensiva y nacionalista del nuevo marco de integración regional, donde la incorporación del nuevo gobierno logró reservar los capítulos donde se lesionan la soberanía de México y ante la debilidad del Primer Ministro de Canadá que se enfrenta a un proceso electoral muy desgastado, precisamente por la defensa de su integridad territorial, de sus sectores tradicionales y de sus intereses mineros altamente cuestionados en todo el mundo.

A pesar de que ya tenemos una historia con el T MEC, lo cierto es que no ha terminado, ya que se requiere la ratificación por los tres países y ese proceso se divide en tres rutas diferenciadas para cada país. La condicionante electoral ha servido para muchas cosas y para el embate ideológico en campañas y precampañas enfatizan las diferencias que reavivan los puntos controversiales y se genera un ambiente de renegociación, chantajes y operaciones políticas para fundirse en el cóctel mediático de procesos los electorales en ciernes en los tres países.

Para México y Canadá el sector externo es significativo en proporción a su PIB y tienen muy poco margen de maniobra para operar ajustes comerciales que reduzcan el déficit comercial de Estados Unidos y las concesiones al modelo de integración de valor y promoción de inversiones impuesto por la Unión Americana reconfigurarán sectores completos, tanto el automotriz, lácteos y otras cadenas de valor, pero también en materia de comercio electrónico, telecomunicaciones, coherencia regulatoria, administración aduanera y propiedad industrial.

El T MEC, como producto del neopopulismo del presidente de Estados Unidos, augura fuertes controversias, discusiones y especulaciones mediáticas que impulsan la renegociación, la cual se irá incrementando en la medida que se acercan los procesos electorales.

El T MEC ha sido fundamental en la estrategia de reelección en Estados Unidos y la polarización conformará un ambiente desfavorable para su ratificación en ese país, sobre todo, por la mayoría demócrata en la cámara baja que empieza a configurar una oposición mecánica sólida para debilitar la fuerza del presidente.

@RAlpizarV

Uno de los aspectos fundamentales de la globalización es el redimensionamiento del concepto de soberanía, autonomía y autodeterminación de los pueblos. En oposición a los enfoques nacionalistas, la soberanía como concepto migra de un entramado de unicidad e integridad territorial, legal, política, institucional, económica y cultural, a una concepción de mayor interdependencia, de apertura a flujos de capitales, comercio, inversión y tecnologías.

Sin duda, el concepto de soberanía es una abstracción asociada a otros conceptos similares como nación, estado o país que en la globalización actual se fundan en el multilateralismo, la formación de bloques y fuertes tensiones de seguridad en todas las instituciones globales de orden multilateral.

El neopopulismo retorna a la vieja concepción de integridad de la soberanía nacionalista que implica la oposición a los flujos migratorios, el retorno de capitales, el fomento a la producción nacional y al despliegue de políticas coercitivas producto de una noción de integridad vulnerable con los enfoques económicos de seguridad nacional como es el caso de los aranceles al Acero, al Aluminio y al tomate en Estados Unidos o las novedades del T MEC, donde cada país se reservó sus asuntos estratégicos.

México eliminando el capítulo de energía por razones de seguridad nacional y soberanía. Canadá con un enfoque de pueblos originarios y de defensa de su sector agroindustrial. El caso de Estados Unidos bien conocido por las implicaciones normativas y económicas en el sector automotriz. El T MEC abarca nuevos temas y sectores, pero de ninguna manera es de “libre comercio”.

En el frenesí nacionalista y los ciclos electorales, la polarización es el escenario ad hoc. Dónde está el enemigo, cómo ajustar cuentas, qué instrumentos de presión se generan, cómo se articulan los bloques, cómo se suma a la oposición en las acciones defensivas pero se le excluye de las acciones proactivas que generan renta electoral de corto plazo, entre otras operaciones políticas cotidianas que perfilen acuerdos o desencuentros polarizantes a favor del poder hegemónico.

El T-MEC es producto de este tipo de políticas hegemónicas, y sus acuerdos marcan un hito en la trayectoria de las soberanías estratégicas de los Estados nación, que buscan marcos defensivos ante una globalización avasallante, pero a la vez proactivos a una integración de bloque comercial con reglas y ventajas para consolidar mercados, aumentar la competencia y generar condiciones de mayor equilibrio en materia laboral, en propiedad industrial, en protección de inversiones, comercio electrónico y equidad laboral entre los tres países.

El T-MEC no sólo es hijo del neopopulismo, sino que es hijo del presidente de Estados Unidos que cuestionó el TLCAN desde su campaña y prometió eliminarlo de no conseguir un acuerdo equilibrado y favorable a los intereses de su país. Las negociaciones fueron complejas, tensas, repletas de incidentes mediáticos y filtraciones que mantuvieron la narrativa defensiva y nacionalista del nuevo marco de integración regional, donde la incorporación del nuevo gobierno logró reservar los capítulos donde se lesionan la soberanía de México y ante la debilidad del Primer Ministro de Canadá que se enfrenta a un proceso electoral muy desgastado, precisamente por la defensa de su integridad territorial, de sus sectores tradicionales y de sus intereses mineros altamente cuestionados en todo el mundo.

A pesar de que ya tenemos una historia con el T MEC, lo cierto es que no ha terminado, ya que se requiere la ratificación por los tres países y ese proceso se divide en tres rutas diferenciadas para cada país. La condicionante electoral ha servido para muchas cosas y para el embate ideológico en campañas y precampañas enfatizan las diferencias que reavivan los puntos controversiales y se genera un ambiente de renegociación, chantajes y operaciones políticas para fundirse en el cóctel mediático de procesos los electorales en ciernes en los tres países.

Para México y Canadá el sector externo es significativo en proporción a su PIB y tienen muy poco margen de maniobra para operar ajustes comerciales que reduzcan el déficit comercial de Estados Unidos y las concesiones al modelo de integración de valor y promoción de inversiones impuesto por la Unión Americana reconfigurarán sectores completos, tanto el automotriz, lácteos y otras cadenas de valor, pero también en materia de comercio electrónico, telecomunicaciones, coherencia regulatoria, administración aduanera y propiedad industrial.

El T MEC, como producto del neopopulismo del presidente de Estados Unidos, augura fuertes controversias, discusiones y especulaciones mediáticas que impulsan la renegociación, la cual se irá incrementando en la medida que se acercan los procesos electorales.

El T MEC ha sido fundamental en la estrategia de reelección en Estados Unidos y la polarización conformará un ambiente desfavorable para su ratificación en ese país, sobre todo, por la mayoría demócrata en la cámara baja que empieza a configurar una oposición mecánica sólida para debilitar la fuerza del presidente.

@RAlpizarV

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